Punto de encuentro de Paciente Activo Paziente Bizia en el que compartimos, mostramos y aprendemos aquellas cosas que consideramos de interés.

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Para quien más, para quien menos, el verano es época de parar el día a día y dedicarse a hacer esas cosas con las que soñamos que haremos durante  el resto del año. Lo que después suele ocurrir, es que en muchas ocasiones la realidad es muy diferente de lo soñado, pero eso ya es otra cosa.

Pensamos que el verano, tiempo de vacatas,  tendremos ese tiempo que de costumbre nos falta para hacer ejercicio, para comer limpio a base de ensaladas frescas cuyos componentes habremos comprado en un mercado tradicional, y que por fin dormiremos regularmente y tranquilamente  esas ocho horas, que el resto de año siempre tienen recortes.

Pero, ¿es eso lo que ocurre? O, ocurre todo lo contrario.  Que nos cebamos a base de paellas y pizzas, que las cañas nos entran como agua, que hace mucho caloret para salir a andar y que dormimos diez horas como sapos o no pegamos ojo con el torrijo.  Y por si fuera poco, mandamos a paseo a las dichosas pastillas, al carajo con las obligaciones, que estamos de vacaciones.

Esta parte vacacional del verano invita a cierta flojera mental y corporal, a ser más flexibles con los buenos hábitos, con las virtudes, y a dejar espacio a las tentaciones propias del tiempo de holgar.

Según Wikipedia, la tentación es el deseo de realizar una acción inmediatamente agradable pero probablemente dañina a largo plazo, por multitud de razones: legal, social, psicológica,  etc, y en ese etc, es donde tenemos que incluir las consecuencias sobre nuestra salud.

El verano, las vacaciones, lo que a primera vista se presenta como una oportunidad para mejorar nuestro funcionamiento vital y  de trabajar con nuestras “cronicidades”, a menudo se convierte en una gran trampa. Un tiempo lleno de riesgos contra nuestra salud, lleno de tentaciones de verano.

Estar consciente de ello nos puede ayudar a superar, si no todos, algunos. No bajar la guardia, pensar que para el cuerpo todos los días son iguales, que los excesos son eso, excesos, inconvenientes a nuestra salud y que al cuerpo no le importa si trabajas o estás de vacaciones.

Por lo tanto, conviene hacerse un plan especial para estos tiempos de perdición.

Primero, la medicación. Sigue siendo fundamental mantener dosis y frecuencias. Nada de, estamos de vacaciones.

Segundo, sigue cuidando la dieta. Tienes mejores oportunidades para dedicarte a preparar cosas interesantes, a experimentar platos saludables, a entretenerte comprando y probando cosas nuevas.

Tercero, aprovecha el buen tiempo, el campo, la playa, o donde estés, para caminar o hacer cualquier otro ejercicio, procurando evitar las horas de calor y tomando las precauciones que ya conocemos.

Cuarto, tira de agenda y llama, escribe o quedas a tomar algo con esas personas que por una cosa u otras has estado poco o nada con ellas durante el año. Cuida las relaciones como si fuesen flores, hay que  regarlas y abonarlas.

Cinco, si,  descansa, duerme lo que necesites, túmbate a la bartola y dedícate a leer esos libros que te han quedado amontonados desde las últimas navidades.

Por último, y después de hacer todo lo anterior, puedes, no hacer nada. También es algo estupendo, algo que a algunos cuesta aprender y otros nunca lo han experimentado. Y  verdaderamente, es una estupenda tentación para el verano.

Ánjel Irastorza

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