Punto de encuentro de Paciente Activo Paziente Bizia en el que compartimos, mostramos y aprendemos aquellas cosas que consideramos de interés.

Tocaba hacer propósitos para la semana siguiente  en uno de nuestros talleres del programa, y ella se comprometió a andar 15 o 20 minutos tres días a la semana después de comer. Algunos de los otros asistentes al taller le animaron a ello y le dijeron, con el mejor de los propósitos, que ese objetivo era sencillo, que caminar no tenía mucho misterio y menos ese tiempo. Que lo haría fácil. Ella agradeció los ánimos aunque un poco en voz baja y con cierta resignación. Continúo la ronda de propósitos, llego a otra persona que motivada por las cosas que en el taller se dicen, se propuso cambiar su forma de desayunar. Dijo que iba a introducir una pieza de fruta en la primera hora de algunas de sus mañanas. Para él era un reto porque había contado en varios momentos que a esa hora su cuerpo no le admitía nada sólido. “Eso si que es fácil de conseguir!” le dijo la mujer que había hablado antes.

Lejos de convertirse en un momento de reproches mutuos, la anécdota nos sirvió en aquel momento para reflexionar acerca de algo que muchas veces se nos olvida:  no todos nos movemos por los mismas ideas o parámetros. Muchas de las cosas que nos parecen obvias, lógicas, o sencillas, nos lo parecen desde nuestro punto de vista y desde nuestra experiencia vital, Y ese enfoque es el que muchas veces hace que nos desesperemos cuando no conseguimos hacer “algo” que todo el mundo hace con aparente sencillez. Esta decepción aparece también cuando alguien a nuestro alrededor debería de adoptar algún hábito sencillo, o que nos parece sencillo, y no entendemos porque no lo hace.

Para los asistentes a los talleres no fumadores es difícil de entender porque cuesta algo tan sencillo como no fumar más y para la amatxu es preocupante cocinar con la cantidad “justa” porque toda la vida lleva cocinando “un poco de más” para asegurarse de que nadie se quede con hambre. Tomar una pastilla es un acto sencillo que no lleva más de un par de segundos pero hay personas para las que se les hace un gesto no tan sencillo…..

El problema que puede suponer ésto es el riesgo que subyace de crear sensaciones o sentimientos de impotencia cuando nos vemos incapaces de adoptar comportamientos que el entorno califica como tonterías, sencillos, sin ninguna dificultad, etc….y que a nosotros se nos hace complicado. “Esto lo hace hasta un niño”, “te va a resultar fácil porque cualquiera puede hacerlo….”  Y luego vas y lo intentas y no te sale……No alcanzas el “nivel niño” ni el “nivel cualquiera” y de ahí a pensar que a ti te ha tocado la desgracia de “no poder” va un paso. Un muy negativo paso.

Estaría bien cuando nos planteamos un gesto, costumbre o hábito nuevo para cuidarnos o vemos que alguien cercano lo hace, no valorarlo desde el punto de vista de lo que ya hacemos o hacen sino tomando como referencia lo que nos cuesta hacer. Cada una de las dos personas de las que hablaba al principio de esta entrada consiguió su propósito. Me gusta pensar que cada una de ellas valoraba el mérito del otro. Pero también que llegaron a la conclusión de que  lo que ellos hacían y consideraban como “normal” para otros supone un esfuerzo. Y que se sintieran  satisfechos por ello.

Iñaki Etxebarria

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