Zentzuz neurtzen. Midiendo CONsentido

Etengabe, hobetzeko, gauza desberdinak neurtzen eta parekatzen ari gara.

Jaiotzen garenetik neurtzen ari gara (pisua, luzeera…)

Gure gaixotasunak kudeatzean (diabetesa adibidez), guk geuk eraman behar dugu geure kontrola, ondoren osasun adituei erakusteko.

Emaitza eta sintoma batzuk interpretatzea ere gure lana da.

Teknologiaren aurrerakutzei esker, gaur egun kontrol hori eramateko erreztasun asko ditugu, azukre neurgailu digitalak esaterako edo betiko tentsio aparatuak, bihotz taupaden maiztasuna edo oxigeno saturazioa neurtzen diguten gailuak. 

Hamaika produktu ditugu merkatuan, baina zentzuz erabili behar ditugu eta emaitzak beti osasun profesionalekin batera aztertu.

Teknologia zentzuz erabiliz, oso lagungarria izan daiteke.

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Medir, dicen en calidad que “lo que no se mide, no se mejora”. Permanentemente medimos, comparamos los datos obtenidos con nuestro alrededor, con los valores estándar, con nuestros valores anteriores.

Nacemos, lo primero que hacen es medirnos el peso, “ha pesado tres ochocientos …” como sinónimo de salud/bienestar/normalidad. Desde entonces, cada consulta a pediatría sigue la misma pauta, seguir midiendo nuestra evolución y compararla con las tablas que estadísticamente marcan los valores más habituales de nuestro entorno.

Lo primero que aprendemos a gestionar en nuestras enfermedades es que no es el personal sanitario quien controla nuestra evolución, sino que tenemos que ser nosotros quien lo llevemos todo controlado y preparado para esa visita en la que la persona encargada de nuestro control periódico se encarga de controlar que nosotros nos controlamos a nosotros mismos.

Pongamos en caso de una diabetes. Cada persona diagnosticada conoce que periódicamente debe de controlar sus niveles de azúcar en sangre. Las personas que deben controlarlo diariamente han sido entrenadas en el uso de los dispositivos de control, pero aquellas que lo hacen con una periodicidad mayor (tres/cuatro/seis/doce meses) en función de sus controles, necesitan que se realicen mediante analíticas especializadas.

Es nuestra obligación realizar dichas mediciones y conocer de primera mano los resultados así como decidir a primera vista si éstos son adecuados a nuestra situación, es decir, si vamos bien o mal, si hemos empeorado o mejorado. Independientemente de ello, si notamos cualquier síntoma asociado a nuestra enfermedad, deberemos identificarlo y ponerlo en conocimiento de los profesionales por si se necesita realizar un control específico.

Una de las cosas que sí podemos controlar es por ejemplo, nuestro peso, una evolución hacia mayor o menor peso puede indicar avances o retrocesos en nuestra enfermedad, tanto por exceso como por defecto.

La tecnología nos ayuda con ello y recientemente, se ha aprobado por parte de las autoridades sanitarias la subvención y el uso de medidores de glucosa digitales que no requieren de los antiguos sistemas de pincharse el dedo. Estos avances seguirán evolucionando, pero sigue siendo nuestra propia responsabilidad la que nos obliga a seguir realizando y cuidando la calidad de las mediciones y la toma inmediata de las decisiones en base a los resultados. Llegará un momento en el que un simple dispositivo implantado en nuestro cuerpo envíe los datos a nuestro smartphone y sin nuestra intervención registre los resultados en los sistemas informáticos de la profesión sanitaria de manera que no sólo nosotros tengamos el dato inmediatamente y su evolución y previsión, sino que en caso de problemas, la alerta llegará directamente a los profesionales, pudiendo intervenir en caso de problemas. Esto que antes parecía inalcanzable es ya una realidad diaria en el caso de las personas mayores que disponen  en sus casas de un sistema de aviso y comunicación directa con profesionales que les pueden atender y evaluar por teléfono.

Debemos utilizar adecuadamente estos medios que ponen a nuestro alcance y las autoridades sanitarias deben de velar porque los datos obtenidos sean correctamente utilizados y almacenados de una manera segura.

Bueno, pensaremos que eso es sólo para quienes tengan que utilizar un aparatito de esos, y ya les entrenan en su uso … Pues sí, es cierto, pero cada vez más, igual que disponemos de básculas en nuestro baño, también podemos disponer de “gadgets” (aparatitos) que nos miden en nuestras actividades. El más sencillo de todos es uno que llaman “pedómetro” o “podómetro” ambos términos son equivalentes. Lo que mide es la cantidad de pasos que damos en una actividad.

Si en nuestro cuidado de la salud nos dicen que está indicado un cierto nivel de actividad y nos recomiendan que demos un paseo de 1 hora al día a un paso de una cierta intensidad, tendremos un dispositivo que nos mide el tiempo que llamamos “reloj” que incluso puede tener una función en la que podemos medir el tiempo desde un momento hasta otro que llamamos “cronómetro”. Me dirás, vale eso ya lo sabíamos, pero a mi no me gusta llevar reloj. No importa, porque seguro que llevas el móvil por si acaso te llaman o necesitas hacer una llamada. Pues tu móvil incorpora un reloj y un cronómetro, si nos acostumbramos a usarlo, podremos controlar si hemos realizado el tiempo acordado o no.

De la misma manera, en ese móvil se pueden instalar aplicaciones que nos miden el número de pasos que hemos realizado sin ningún dispositivo adicional, se basa en el movimiento y en algunos casos en el GPS integrado o la geolocalización. Eso nos mide la distancia. Por lo tanto, podemos conocer el tiempo que hemos estado andando, y la distancia que hemos recorrido. Si dividimos la distancia entre el tiempo, tenemos la velocidad, o lo que es mejor o nos gusta más usar: el ritmo. Normalmente no nos dicen que vayamos veloces, pero sí con un ritmo “intenso”, es decir, que sin hacernos daño, dentro de nuestras posibilidades, vayamos al ritmo más alto que podamos.

Por lo tanto, todas tenemos en nuestros bolsillos cuando salimos a pasear, andar, trotar, lo que sea, ese aparatito que nos permite medirnos a nosotros mismos. Medir supone mejorar y mejorar es conocer cómo voy y dónde empecé y hasta donde llego ahora.

Esto explicado de una manera sencilla es el inicio de los “wearables”, aparatos electrónicos más o menos sencillos (relojes, pulseras cuantificadoras, smartphones, gps, …) que nos miden diversas situaciones en nuestra vida cotidiana.

La más sencilla puede ser esa pulsera que regalan con el periódico que una vez colocada en la muñeca, te mide la cantidad de tiempo que estás de pie, andando, corriendo, el número de pasos, la distancia, … una serie de valores que enviada al móvil o al ordenador, nos dice si hemos tenido un nivel de actividad adecuado o no. Muy interesante en caso de una vida sedentaria. El cacharrito nos lo mide. Pero somos nosotros quienes hemos de interpretar el resultado y controlar lo que hacemos de manera que en caso de hacer algo mal, podamos corregir.

Hemos oído hablar de sensores inteligentes en forma de lentilla ocular que miden de manera esperimental el nivel de glucosa en sangre y lo transmiten de manera inalámbrica a un dispositivo para registrar los datos y posteriormente analizarlo. De momento son experimentos, llegaremos a ello, en forma de lentillas o de implantes o de chips integrados que midan esos parámetros que hasta ahora no disponíamos salvo en casos profesionales.

La simple “tensión” o “presión arterial”, antes teníamos que ir a una profesional sanitaria que con un aparato “magico” denominado “estetoscopio”, escuchaba nuestros latidos a la vez que una columna de mercurio subía por una escala. Ahora todo eso lo podemos hacer en nuestra casa con un simple aparato que funciona a pilas que podemos adquirir en la farmacia y que nos permite controlar nuestros valores para luego transmitirlos al profesional para que los evalúe.

Las personas que padecen del corazón también deben de controlar la frecuencia cardíaca y para ello disponen de aparatos específicos que les miden la FC de manera inmediata y dejan registrados los valores medios, máximo y mínimo y cuándo han ocurrido.

Todo esto ahora está incluido en esos “wearables”, “gadgets” o como queramos llamarlos. La última novedad incorporada al mercado que ha venido de la mano de uno de los fabricantes más afamados, consta de un reloj inteligente que mide la velocidad en tiempo real, el pulso de manera continuada, el tiempo que estamos dormidos, la calidad del sueño, los niveles de saturación de oxígeno en sangre, y lo último de lo último, un electrocardiograma pulsando sólo con el dedo la corona del reloj.

¿Ciencia ficción? No, está ahí ya como un producto de consumo. ¿Qué es lo que tenemos que hacer con ello? Un uso CONsentido, es decir, porque queremos y porque queremos hacerlo de una manera adecuada. Deberemos conocer nuestros límites, nuestros valores adecuados y en su caso, con mediciones anómalas, acudir a los profesionales para que ellos realicen el diagnóstico adecuado.

Mi caso, llevodesde 2003 utilizando estos aparatos para medir mi esfuerzo deportivo, frecuencia cardiaca, velocidad, intensidad, … He aprendido a observar los valores y medir la evolución y lo que supone de mejora o empeoramiento. Me gusta conocer los resultados e interpretarlos junto con los profesionales (entrenadores, médicos, …) y lo último que ha llegado a mis manos es un reloj que registra permanentemente mi pulso, incluso cuando estoy dormido y que en caso de ser demasiado elevado o demasiado bajo, me manda una alerta. Cuando leí ese nueva funcionalidad pensé, “bueno, una cosa más, como cuando estás a tope en una carrera o en un sprint en la bici que te avisa si te pasas de pulsaciones …”. Pero la realidad es tozuda …

Mi aparatito me ha mandado durante tres días seguidos alertas de que durante un periodo superior a diez minutos mis pulsaciones han bajado de los valores que él entiende por normales. Esta medición se podía ajustar y lo hice, cambié el umbral de detección por si acaso, pero los valores obtenidos eran aún así demasiado bajos. Por supuesto, como todas las personas, preguntamos al “Doctor Google” para ver cuáles son los valores normales y ciertamente el aparato estaba avisando. Había oído hablar de estos sistemas de detección precoz y de que habían supuesto en algunos casos para detectar anomalías en las personas a las que se les había puesto remedio sanitario gracias a ello. Sin dudarlo, me fui con la medición a mi médico de cabecera y es él quien debe evaluar si es digno de consideración o no. Ya me ha encargado las pruebas necesarias y mirará si hay algún problema o no. Espero que no sea nada, pero si lo es, estaré agradecido a mi cacharrito que me ha avisado y que puedo poner remedio antes de que la cosa vaya a peor.

Creo que es un caso de buen uso, uso CONsentido de la tecnología. (Por supuesto, no os he dicho, que dado que mi actividad deportiva es intensa, este mismo año me realicé una prueba de esfuerzo completa y que la revisión médica de la empresa también incluye su correspondiente electrocardiograma, en el que los valores son normales hasta ahora). Medir para mejorar.

Venan @vllona

Venan Llona

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