Osasun emozionala. Salud emocional

Hoy quería compartir con vosotros un aspecto de la salud que a veces dejamos de lado precisamente porque no lo ligamos a la salud: me refiero a la salud emocional.

Gaurkoan askotan alde batera lagatzen dugun gai bati buruz hitz egin nahi dizuet: osasun emozionalari buruz.

Arraza desberdinetako pertsonekin desberdintasun asko izan ditzazkegu (fisikoak eta kulturalak adibidez), baina emozioei buruz hitz egiten badugu, ez gara hain desberdinak. Irrifar bat denek ulertzen dute.

Emozioak, gertaera desberdinen erantzunak dira eta erabat naturalak dira.

Ezin ditugu gure emozioak atxikitu, baina ez dute gure bizitza baldintzatu edo kontrolatu behar.

Osasuntsu egotea, pisu egoki bat izatea edo analisi on batzuk edukitza bainoa gehiago da. Osasuntsu egotea emozioen kudeaketa egoki bat edukitzea ere bada.

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Los seres humanos, para bien o para mal, somos animales emocionales.

En ese sentido, a pesar de que, aparentemente, entre un nepalí, un mejicano, un congoleño y un italiano, por poner un ejemplo, hay infinidad de características que nos separan (desde las físicas hasta las culturales), la realidad nos dice que en el fondo no somos tan distintos, ya que cualquiera de estos cuatro sujetos siente emociones parecidas ante estímulos similares. Una franca sonrisa, por ejemplo, te abrirá las puertas siempre, vayas donde vayas, aunque no hables el mismo idioma.

¿Y cuáles son estas emociones? Pues podemos resumirlas en las siguientes:

-Alegría

-Tristeza

-Enfado/rabia

-Miedo/sorpresa

Las emociones son una respuesta de nuestra persona ante los acontecimientos que nos van ocurriendo. Son completamente naturales, nos hacen más “humanos” y no dejan de ser mecanismos que, durante mucho tiempo nos han permitido sobrevivir en un mundo hostil (por ejemplo el miedo nos ha permitido protegernos ante situaciones peligrosas), nos han permitido defendernos cuando hemos sido atacados  (de manera literal o metafórica – para eso sirve el enfado o la rabia), o expresar nuestra condición más humana ante los demás con expresiones de alegría y tristeza según las circunstancias.

Existen culturas por un lado y criterios educativos por otro, que tratan de reprimir la expresión de nuestras emociones ante los demás. Quién no ha oído por ejemplo frases como “Los niños no lloran”  , “Levántate, no ha sido nada” o similares. Las emociones no hay que bloquearlas, ni las buenas ni las malas. La gente acostumbrada a reprimir sus emociones las acaba guardando y si me permitís la metáfora, acaban almacenándolas en una especie de olla express, que somos nosotros mismos, que puede acabar por explotar cuando menos te lo esperas. Es aquí donde entra en juego nuestra salud, y aparecen los problemas de ansiedad o depresión.

Ahora bien, una cosa es no reprimir de manera continua nuestras emociones, y otra cosa es que las emociones condicionen y controlen nuestra vida. En ese sentido es donde podemos aplicar lo que se conoce como “inteligencia emocional”. Aunque es un concepto hace mucho tiempo conocido en el campo de la psicología, fue Daniel Goleman quien lo popularizó allá a mediados de los 90 con su obra “Inteligencia emocional”. Aunque tiene sus detractores, yo desde luego os la recomiendo.

¿Y qué supone tener inteligencia emocional? Pues supone que somos capaces, por un lado,  de percibir nuestras emociones, es decir, darnos cuenta de que las tenemos. Por otro lado somos capaces de controlarlas, y de que no sean ellas las que nos controlen a nosotros. Y por último debemos de poder regularlas, es decir, dejar que fluyan más o menos según nos convenga. Esta sería la descripción de una persona con una gran inteligencia emocional.

Otra cuestión que quiero apuntar es que todo este proceso de gestión (percepción, control y regulación) emocional, conviene que aprendamos a hacerlo de manera autónoma (autogestión). En muchas ocasiones hablamos de educación con los niños; éste es un campo en el que también hay que hacerlo, cuanto antes, mejor.

Vivimos en un tiempo en la que cada vez somos más dependientes de la ayuda externa que, ojo, no digo que no sea necesaria en algunos casos. Pero el abuso de esta cultura terapéutica nos convierte en personas poco resilentes y muy vulnerables. Trabajemos con nosotros mismos; vale la pena.

Desde este blog hemos intentado transmitir la idea de que la salud de una persona va mucho más allá de tener sus hematíes, sus plaquetas o su glucosa en orden. Somos mucho más que un conjunto de músculos y huesos, aunque la propia Medicina en muchas ocasiones nos ha reducido a eso.

Creo que todos podemos encontrar ejemplos en nuestro entorno de personas que están objetivamente saludables, con buenas analíticas, sin sobrepeso, con un cuerpo ejercitado… y sin embargo están mal, irascibles, malhumoradas y con un humor cambiante.  Y viceversa: personas con enfermedades crónicas, con problemas serios de salud que gestionan sus emociones con mucha eficacia, irradian positivismo y son un ejemplo allá por donde van. Seguro que conocéis alguna.

No seremos tan pretenciosos de dar ningún consejo en un ámbito tan complejo como el emocional, pero nos damos por satisfechos si estas pocas líneas os invitan a reflexionar sobre ello. Os lanzo la pregunta: de las dos clases de personas que os proponemos, ¿cuál os parece más saludable?

Fausto Sagarzazu

Un comentario

  1. Me parece un tema muy interesante y muy necesario. Imprescindible en el crecimiento de cualquier persona (niños y CEOs) ver E. Duró positivismo o Puig C. I. VS I. E.

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