Helburu errealistak mesedez. Los objetivos, realistas por favor.

Aurreko batean atentzioa eman zidan jatetxe batean gizon batek alkoholez lagundutako jatordu oparoa egin ondoren, bukatzeko, sakarina infusioa hartu zuenean.

Gaur egun bizi garen gizartean, hamaika prokutu “light”, ekologiko, gluten edo laktosa gabekoak, bila ditzazkegu baina obesitate maila kezkagarria da, baita haurretan ere.

Produktu “osasuntsuak” edozein tokitan bila ditzazkegu (kasu batzuetan ez dira hain osasuntsuak, nahiz eta beraiek horrela adierazi). Ezin dugu egun batean jatortu ugari bat egin eta hurrengo egunean otordu osasuntsu batekin orekatu.

Ikerketa desberdinen arabera, ondo jatea baino garrantzitsuagoa da gaizki jateari uztea. Hau da, primeran dago entsalada bat jatea, baina ez ezazu hanburgesa eta patata prejituekin jan.

Garrantzitsuena gaizki jateari uztea da, eta hain osasuntsuak ez diren elikagaiak nohizean behin bakarrik jatea.

Ariketa fisikoa egitean, pixkanaka hasi, eta helburu errealistak proposatu. Hobeto da pixkanaka hastea, eta jarraipen bat izatea.

Beraz, ohitura osasuntsuak eta bete ditzazkegun helburuak ezarri.

Aunque reconozco que no soy muy aficionado al fútbol, suelo recurrir a menudo a una frase que he escuchado muchas veces a mi padre y que dijo el genial Di Stéfano al portero del Valencia, equipo que entrenó el genial argentino:

“No te pido que atajes las que vayan dentro, pero por lo menos no te metas las que vayan fuera”. La ingeniosa frase me ha venido a la memoria y me ha hecho sonreír al ver, por enésima vez, en un restaurante a un orondo señor que, tras ponerse las botas con una copiosísima comida bien regada con abundante alcohol, terminaba la comida con una infusión, no demasiado sabrosa – por la cara que ponía el comensal – y por supuesto, con sacarina en vez de con azúcar.

Estamos en una sociedad invadida por productos light, bajos en calorías, de producción ecológica, productos sin lactosa, productos sin gluten y un largo etcétera. Existe una verdadera concienciación por la alimentación y por la repercusión que ésta tiene sobre nuestra salud. Lo cual desde luego, resulta muy positivo. Existen además potentes corrientes que apuestan por dietas vegetarianas e incluso veganas. Podéis encontrar en internet multitud de recetarios de comida saludable.

Y sin embargo, existen algunos índices alarmantes de obesidad tanto en España como en el resto de países desarrollados que han ido creciendo paulatinamente en las últimas décadas. Esos índices están creciendo también en la población infantil, lo cual resulta más que preocupante.

¿Cómo se explica entonces esta paradoja? Desde mi punto de vista, la paradoja no es tal si analizamos las costumbres alimenticias del ciudadano medio. Es cierto que tenemos a nuestra disposición esos productos “sanos” (que no siempre lo son, a pesar de que así los publiciten; esa es una cuestión que trataremos en otro post) y que si nos los ofrecen es porque se venden. Es cierto también que muchas familias están concienciadas sobre este tema.

Pero no es menos cierto que no podemos compensar comidas poco saludables con comidas saludables. No sirve atiborrarnos un día para al día siguiente calmar nuestra conciencia con alimentos “sanos”.

Existen interesantes estudios que demuestran que es más importante dejar de comer mal que intentar comer bien. Me explico. Es fantástico comer más ensalada, cierto. Pero no la acompañes de una grasienta hamburguesa con patatas fritas y mayonesa. Es genial incrementar el consumo de fruta por las mañanas. Pero te hace mucho más daño comer bollería industrial por las tardes.  Es decir, no nos obsesionemos comiendo sano, centrémonos mejor en intentar dejar de comer insano. ¿Qué os propongo por lo tanto?

Dejad de comer mal. Desterrad, o consumid sólo de manera puntual, alimentos procesados. Disminuid el consumo de azúcar ¡¡está por todos los lados!!. Evitad las bebidas carbonatadas. El alcohol, con moderación. Y si no lo tomas, mejor. Las grasas malas tampoco las queremos en nuestro día a día. Reducid en vuestra cesta de la compra alimentos envasados.

En definitiva, no os obsesionéis exigiéndoos unos objetivos alimenticios difíciles de cumplir y que, en todo caso, no compensan la ingesta de otros muchos alimentos que están en nuestro día a día, que son muy poco recomendables, y que tienen mucho más efecto en nuestra salud que los primeros.

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Y con esta misma argumentación, permitidme que la traslade a otro aspecto de nuestra salud en el que también veo frecuentemente esos objetivos inalcanzables de los que hablábamos anteriormente: me refiero al ejercicio físico.

Pongamos otro caso real: un compañero mío de trabajo, muy poco dado a realizar actividades físicas, y con una notable obesidad, comenzó hace unos días a acudir al trabajo caminando. Parecía una buena idea. Sin embargo, la distancia desde su casa hasta la oficina es de …¡¡ 9 kilómetros!!, es decir hora y media de recorrido a buen paso. Y otro tanto para volver, por supuesto.

¿Sabéis cuántas veces lo hizo? Tan sólo tres. Al cuarto día volvió a utilizar el coche que, eso sí, sigue aparcando sobre la acera bajo la oficina para andar menos. Su flamante objetivo se ha quedado en agua de borrajas.

El otro día, hablando con él, le proponía: ¿por qué no vienes en transporte público, que te va a obligar a andar apenas quince minutos y así haces algo de ejercicio? ¿Por qué no subes las escaleras andando (un par de pisos) en vez de utilizar el ascensor? ¿Por qué no te propones caminar un rato tras tu jornada laboral para visitar a tu hija, en vez de utilizar el coche para todo?

Como veis, en nuestra vida tendemos en ocasiones a establecer metas muy poco realistas sobre nuestra salud que, dada su dificultad para ser alcanzadas, no superan el límite de las buenas intenciones.

Creo que es mejor fijar unos buenos hábitos de vida, por modestos que nos parezcan, que proponernos metas poco factibles que al final no cumplimos y que nos dejan además una cierta sensación de haber fracasado.

Termino citando al gran filósofo José Antonio Marina:

“Inteligencia es la capacidad de dirigir bien el comportamiento, eligiendo las metas, aprovechando la información y regulando las emociones.”

Fausto Sagarzazu

 

 

 

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