Itsasargia eta ekaitza. El faro y la tormenta

Ilargi gabeko gau ilun bat zen, itsasoa haserre zegoen, txalupa txiki batean tripulatzaile bakarrak indar guztiarekin borrokatzen zuen olatuek ez irensteko. Aurpegian haize bortitza sentitzen zuen, azken indarrak bukatzear zituen, baina ez zuen amore eman nahi. Bera borrokalari bat zen. Bapatean, urrutian argi bat ikustea iruditu zitzaion, azken esfortzua egin behar zuen. Itsasargia geroz eta gertuago zegoen, eta azkenik hondartzara iritsi zen, nekatuta, baina aldi berean, pozik.

Gutako asko izan gara esperientziarik gabeko marinelak itsas zakarrean, baina beti azaltzen da bidean gidatuko gaituen itsasargia. Fidatu egin behar dugu, esfortzu haundia egin beharko dugu, baina gure helburua ez dugu gure begietatik galdu behar, esfortzu guztiek merezi dute.

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Érase una noche de mar embravecido, una noche sin luna en la que un pequeña embarcación se mecía a las órdenes de unas aguas que amenazaban con tragarse cualquier cosa que encontrara a su paso.

La única tripulante de aquella txalupa luchaba con todas sus fuerzas por mantener el timón, haciendo sus manos con una fuerza desmedida para no ser engullida por un oleaje voraz y despiadado. Por más que intentaba mantenerse firme, sólo podía sentir el azote del fuerte viento en su rostro… se le iban agotando las fuerzas, pero no quería rendirse, no aún.

Ella era una luchadora nata, no podía desaparecer así como si nada, porque aún tenía planes, y desde luego entre ellos no estaba abandonarse a un final fatal… debía encontrar la manera. Las lágrimas de impotencia se entremezclaban con el frío y la humedad, sentía el cuerpo entumecido, parecía que un sopor quisiera apoderarse de ella mientras luchaba consigo misma por mantener sus ojos abiertos y sus escasas fuerzas en el control de aquella embarcación.

Y de repente le pareció ver un resplandor a lo lejos…. Parecía una luz que giraba y giraba sin cesar. ¡ Oh, aquello era… era… era un faro!. Sintió una señal que le indicaba que ese era el camino correcto, que debía hacer un último esfuerzo, quizá el más agotador de todos para no dejar de perder su señal…  incluso las olas le parecían menos altas, y parece que hubiera sido dotada de una fuerza extrema ….. ella quería llegar, algo le decía en su interior que esa era la luz que la llevaría de vuelta a tierra firme.

Y siguió y siguió sin perder de vista el faro, hasta que cada vez lo vio más y más cerca…. Ya era indudable; el mar parecía calmarse un poco a medida que iba acercándose al faro.

Estaba extenuada pero feliz…. Pudo arribar en la playa y se quedó sencillamente de rodillas dando gracias por haberlo logrado… ahora ya estaba en puerto seguro… sus ojos miraban con deleite aquel faro que giraba y giraba sin descanso llenándola de luz por completo en cada uno de sus vueltas.

Muchos de nosotros hemos sido en algún momento marineros inexpertos en aguas bravas, salvajes incluso, hasta el punto de llegar a pensar que el mar nos tragaría sin remedio.

Pero siempre aparece el faro, que nos guía en el camino, haciéndolo menos doloroso, menos difícil. Solo tenemos que confiar sin dejar de perder de vista nuestro objetivo. Y llegarás a puerto, no sin esfuerzo, pero con la recompensa de haberlo luchado.

Porque sinceramente, ¿quién dijo que fuera a ser fácil?

Izaskun Antúnez

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