Consumidores sociales

Venan Llona

Estamos en verano, el buen tiempo anima a estar en la calle, salir a dar paseos, hacer deporte, y el calor anima a realizar comidas ligeras y apetece más consumir fruta, siempre tan saludable, pero como todo, en su justa medida.

Las personas que debemos cuidar nuestra alimentación lo tenemos más fácil en invierno, donde los horarios son más regulares y podemos controlar nuestros hábitos.

En nuestro entorno somos seres sociales y en cuanto nos juntamos usamos como excusa “tomar algo” ya sea unas “cervecitas”, unos “pintxos” o te encuentras con alguien y siempre, “a ver si quedamos para comer” o “hacemos una cena en el txoko”, o te vienes a comer con nosotros a la “sociedad”. Todo lo hacemos en torno a la comida y la bebida.

Vamos, pica un poco, un pintxo de tortilla, una txistorrilla, tómate un vinito de año que hemos traído de Laguardia, …

Incluso trabajando, en lugar de tener tu tiempo para tu comida regular, la jornada intensiva hace que tu horario de comida se retrase, y tus cinco infestas diarias se descompenen, no un día, sino todos los días.

Es una lucha constante la que tienes que sufrir con tu entorno “social” y contigo mismo: “venga, un heladito de postre que estamos en verano …” Y acabas harto de ponerte de mal humor contigo mismo por decir siempre que no. Por eso he decidido tomármelo de otra manera y en lugar de pelear contra el mundo, dejarme llevar y tomarme ciertas pequeñas licencias: el otro día en una comida, sí me tomé un pote, y mientras los demás tomaban otro y otro, yo me pasé al agua embotellada (cosecha del año). Relajaremos un poco nuestras restricciones para poder seguir siendo consumidores sociales y no estropear la invitación de un anfitrión teniendo que decirle no a todo. Buscaremos un punto intermedio y luego, cuando volvamos a la rutina, retomaremos los esfuerzos. Al final el verano es para que lo disfrutemos todos, nosotros y nuestro entorno “social”.

Evitando un conflicto

Lourdes Ochoa de Retana

 

En el mundo en que vivimos los conflictos forman parte del día a día en muchos ámbitos. Cuando se producen en el entorno familiar, los resolvemos de manera satisfactoria la mayoría de las ocasiones, pero en otros ámbitos por desgracia, no ocurre lo mismo.

Para enfrentarnos a ellos y abordarlos de la mejor manera posible es necesario analizar y entender cómo y porqué se ha llegado a esa situación.

Siempre que oímos la palabra conflicto, la relacionamos con algo negativo, una pelea, una bronca, una discusión…, pero no siempre tiene porque ser así.

Depende del rumbo que tome el conflicto, este tendrá unas connotaciones negativas o positivas. Si la decisión que hemos tomado es la pelea, no cabe duda que será algo negativo, pero si hemos puesto todo de nuestra parte para solucionarlo, si hemos sido capaces de solucionarlo, el conflicto habrá servido con toda seguridad para afianzar una relación, sea en el ámbito que sea.

Si ante un conflicto queremos mantener una actitud proactiva y resolver la situación de la mejor manera posible, es necesario conocer todos los elementos que interfieren en él.

Muchas veces intentamos resolver las cosas centrándonos solo en la persona implicada, olvidándonos del entorno y de sus circunstancias, que muy probablemente intervienen en el conflicto indirectamente.

Por tanto, es conveniente analizar quien está directa e indirectamente implicado, quien es la parte más afectada y que influencia existe sobre esas personas.

Ante cualquier situación de conflicto, cada uno tendremos una percepción, que muy probablemente no coincidirá con la de los demás. Cada uno tendremos una visión diferente. ¿Quién tiene la razón? ¿Cuál es la verdad? Seguramente cada parte tiene la suya.

Otro aspecto importante es conocer la causa del problema. No resolveremos el conflicto si no sabemos el motivo que nos ha llevado a él.

 

Ante los conflictos podemos responder de varias formas:

  • Compitiendo, preocupándonos más de nuestros propios intereses que los de la otra persona. Con una actitud de, “yo gano y tú pierdes”.
  • Cediendo, favoreciendo mantener la calma y la armonía y anteponiendo los intereses del otro a los nuestros.
  • Evitando el conflicto, sin satisfacer los intereses ni de una parte ni de la otra.
  • Conviniendo, preocupándonos en encontrar y llegar a un acuerdo.
  • Cooperando, satisfaciendo los intereses de ambas partas y manejando el conflicto de forma constructiva.

 

Para manejar un conflicto eficazmente, la comunicación es una herramienta fundamental. En los talleres del programa Paciente Activo, hablamos de la importancia de una buena comunicación.

Para afrontar con éxito un conflicto necesitamos tener el máximo de información, escuchar, procesar y entender los mensajes emitidos por la otra persona.

Una mala comunicación suele estar por lo general en la base de todos los conflictos. La buena comunicación es la mejor herramienta para facilitar y mejorar las relaciones y solucionar así nuestros problemas.

Cuando nos comunicamos, a veces estamos más pendientes de nuestras propias emociones que de las emociones de los demás y escuchamos pensando en lo que vamos a decir a continuación.

Una estrategia muy útil que trabajamos en los talleres del programa Paciente Activo, que siempre abre puertas y tiende puentes hacia la buena comunicación, es aprender a hablar desde el YO. De esta manera creamos una comunicación respetuosa, permitiendo expresar el problema de forma objetiva, sin acusar y sin reprochar nada. Se trata de decir lo que pensamos y cómo nos sentimos sin atribuir a nadie lo que pensamos o sentimos,  y sin herir los sentimientos de nadie.

La escucha es otra estrategia importante en comunicación y en el manejo de conflictos.

Escuchamos activamente cuando estamos abiertos a lo que la otra persona está tratando de decirnos, con el lenguaje verbal y no verbal, con la mente en blanco, centrando la atención en el otro e intentando entender todo lo que nos esta diciendo.

¡Da un paso adelante y pon en práctica estos consejos, quizás esté en tu mano evitar algún conflicto más!

Fecha de Caducidad

Sirva este post de hoy como homenaje de todas y cada una de las personas que formamos el programa Paciente Activo para ti Josetxo. Has sido un gran ejemplo para muchas personas, has sabido compartir tus conocimientos, tus experiencias, tus truquitos ayudando así a más gente de la que tú te crees. Siempre con una sonrisa en tu cara y dispuesto a ayudar. Hoy queremos recordar ese post que hace algún tiempo ya escribiste para este blog  ¿PODEMOS CONDUCIR CON DIABETES?

Gracias por formar parte de este programa, por tu implicación, por tus ganas de mejorar, por compartir, por tu sencillez. Desde aquí le mandamos un abrazo enorme a tu mujer y a tus hijos y desde la parcela que nos toca compartimos su dolor por tu pérdida.

Os dejo ahora con un sentido post de un compañero de batallas con el que compartió su último taller hace menos de un mes.

Goian bego Josetxo

 

Juan Carlos Mendizabal

“Yo ya tengo fecha de caducidad”. Eso, Josetxo, me lo dijiste al final de la segunda sesión del taller de paciente activo que compartimos como monitores hace apenas unas semanas.

Estábamos recogiendo los bártulos de la sala, comentando nuestras vivencias de enfermos crónicos, de los talleres, de esto y aquello, y tú me contaste tu combate con el cáncer y lo de la “fecha de caducidad”.

Me quedé un poquito descolocado por oír aquello, que no esperaba, y, sobre todo,  porque no perdiste tu sonrisa mientras me lo contabas. Ayer me dijeron que has muerto.

Me queda de ti el recuerdo de esa sonrisa, amplia, franca y un punto socarrona que se sobrepuso a cualquier otra cosa y la entereza y generosidad con las que te he visto llevar tu compromiso con el programa y las personas durante todo el taller.

No te cansabas de insistir cada vez que había ocasión para ello, en la importancia de tomar decisiones para poder vivir como cada uno desea vivir, y también morir.

El pensamiento positivo y la proactividad estaban siempre en tus palabras y también en tus actos. Ha sido una gozada compartir el taller contigo.

Tendrías, Josetxo, fecha de caducidad fijada pero también una agenda repleta de compromisos, citas, ilusiones y proyectos que me solías comentar de una semana para otra y que ponían de manifiesto que de “caducado” tenías muy poco en tu día a día.

Me dejas un reto, o, mejor, un propósito.

¿Te acuerdas al final de la última sesión, empaquetando el material? Acabábamos de tener la pequeña celebración de fin de taller con las participantes y dijiste: “A ver cuando hacemos una comida con los monitores de Paciente Activo, que también hay mucho que celebrar”. Te dije que mi sociedad podía ser un buen sitio y tú, sin dudarlo, dijiste: “Hecho, para después del verano, tú pones el local y yo cocinaré algo sencillo y saludable”. Nos dimos un abrazo y nos despedimos.

Así que, para después del verano, me propongo organizar una comida para los compañeros monitores de paciente activo que será rica y saludable, en la que celebraremos haberte conocido y agradeceremos un montón de cosas estupendas que nos has dejado para toda la vida.

Y como nivel de seguridad, me pongo un diez.

Gracias Josetxo, un abrazo.

 

La importancia del descanso

Itxaso Arévalo

Alguna vez os habéis parado a pensar ¿cuánto tiempo dedicamos de nuestra vida a descansar y en concreto a dormir?

Es sabido que de media pasamos un tercio de nuestras vidas  durmiendo… ¡Un tercio!

Durante el periodo de descanso es cuando reponemos fuerzas, recuperamos la energía que necesitamos para afrontar nuestro día a día, para poder seguir al día siguiente con las tareas y responsabilidades de cada uno, además si ya ha quedado claro la importancia de la práctica de ejercicio, para poder realizarla debemos descansar bien.

Dormir bien significa mayor calidad de vida y los trastornos del sueño repercuten en nuestra conducta y nuestro estado emocional.

Qué bien y a gusto nos sentimos cuando al despertarnos decimos: ¡qué bien he dormido hoy!

Dormir bien o tener un sueño reparador va a tener una influencia directa en nuestro bienestar físico y mental.

Pero la noche que descansamos mal, amanecemos agotados, a veces con los ojos enrojecidos, con “mal cuerpo” y empezamos el día con pocas ganas…

¿Qué sucede en nuestro organismo cuando dormimos?

Durante la noche se produce la secreción de hormonas que reparan el desgaste que han sufrido nuestros órganos durante el día, dichas hormonas nos ayudarán a mantener el bienestar a lo largo del día y se convierten en aliadas de nuestra salud y también de nuestra belleza, para estar  más guapos/as ¡debemos dormir y descansar bien!

Además, mientras dormimos, al estar tumbados, el organismo descansa más. Esta posición horizontal facilita que las articulaciones soporten menos peso y que nuestros músculos se liberen de la tensión, se relajen, se regeneren. Durante el sueño nuestro organismo segrega  la hormona del crecimiento importante en la regeneración del musculo.

Un buen descanso ayuda a que nuestro sistema inmunitario se fortalezca y nuestro sistema circulatorio también se beneficie, la presión sanguínea baja, por tanto el corazón necesita menos esfuerzo para bombear la  sangre a todo nuestro organismo.

Por todo ello resulta fundamental aprender pequeñas costumbres y a veces trucos  en nuestro día a día que nos van a facilitar la tarea de conciliar el sueño y poder descansar bien.

Todos nos hemos hecho alguna vez varias preguntas sobre lo que nos conviene hacer o evitar  para descansar correctamente.

Es una pregunta que nos hacemos en el taller de paciente activo: cuidando activamente mi salud”.

 bebe-duerme

¿QUÉ PODEMOS  HACER NOSOTROS O CUÁLES SON LAS MANERAS DE CONSEGUIR UN SUEÑO REPARADOR?

¿Me ducho a la mañana o a la noche?

Los que saben de esto dicen que es recomendable tomar un baño al atardecer, esta actividad va a favorecer la conciliación del sueño, porque el agua caliente ayuda a elevar la temperatura corporal contrarrestando la reducción que se produce cuando dormimos, pero el error se comete cuando la ducha  se produce justo antes de meternos a la cama, se debería realizar dos horas antes de acostarnos, porque si no, tiene efecto contrario y nos despierta, nos activa.

¿A qué hora del día hago ejercicio para dormir bien?

Como con el baño o ducha, cuando hacemos ejercicio nuestro cuerpo aumenta de temperatura, por eso se debería realizar dos o tres horas antes de acostarse.

¿Qué ceno?

No es recomendable una cena copiosa, pero aparte del  qué, también tiene importancia el ¿cuándo?

Deberían pasar tres horas entre la cena y el momento de acostarnos.

Y ¿lo de tomar un vaso de leche antes de acostarse?

Tomar leche caliente o una infusión aumenta la temperatura corporal y es positivo para ese momento del día, salvo personas con problemas gástricos o que tomen diuréticos, pue vamos a ingerir líquidos que van a dar ganas de orinar y levantarte a la noche. Si se toman diuréticos se puede consultar al médico si se pueden tomar a la mañana, así evitamos el levantarnos durante la noche para ir al baño.

¿A qué hora me acuesto?

Es conveniente adoptar una hora fija para irnos a la cama. Los seres humanos estamos programados para dormir por la noche, debemos  intentar una periodicidad biológica diaria, acostarnos y levantarnos siempre que se pueda a la misma hora.

No tomar excitantes ni alimentos que puedan interferir en el sueño como café o chocolate.

Utilizar tapones si tienes un sueño ligero

Siesta: ¿enemiga o amiga?

Si descansamos suficiente por la noche quizás no sea necesaria la siesta, sin embargo una siesta de no más de 30 minutos es reparadora según los expertos y nos inyecta energía  para afrontar la tarde, pero… no más de 30 minutos eh!!!

No ir a la cama a estudiar o a leer.

Quizás un poco de lectura te ayude a dormir, pero a veces te desvela si te despistas y lees más de 10 minutos.

El dormitorio oscuro y en silencio, la cama cómoda y  la temperatura confortable ni frio ni calor.

La melatonina es la hormona del sueño  y su secreción está ligada a  la oscuridad, los niveles diurnos son muy débiles y alcanzan su máximo antes del adormecimiento. Es la oscuridad quien estimula su secreción. Es la encargada  de la regulación de nuestros ritmos biológicos.

Consultar al médico acerca de los medicamentos que tomamos (si es el caso) para informarnos si interfieren en el sueño.

Pero, ¿Qué hago si nada de lo anterior funciona?

Si a pesar de seguir las indicaciones, a veces se nos hace cuesta arriba dejar de lado nuestras preocupaciones diurnas y nos cuesta dormirnos.

Entonces conviene levantarse de la cama e ir a otra habitación para realizar una tarea que no nos active demasiado y luego volver a la cama (leer un poco, dar un paseo por la casa).

Si aun así no nos dormimos podríamos aprender técnicas de relajación (en otra entrega podemos hablar de ellas) que serán otra forma de ayudarnos a dormir y descansar mejor.

Pero, si el problema persiste debemos acudir al médico para consultar y solicitar ayuda.

 

 

A Inés

                                                                                                           Begoña Belarra

La jubilación es diferente para cada persona. Existen muchos factores importantes que condicionan esta etapa de la vida. Nombraré varios:

  • Las condiciones físicas y psíquicas en las que se llega.
  • La edad. Hay profesiones en las que la jubilación se produce mucho antes que en otras.
  • La presencia de enfermedad. A veces nos limita tanto, que la jubilación es forzoda y pasa a ser una incapacidad laboral prolongada.
  • La propia personalidad de cada uno. Una persona creativa, abierta y con iniciativa encontrará fácilmente la forma de llenar las horas que hasta entonces lo hacia el desarrollo de su trabajo.
  • Los planes reales y factibles de que se disponga. Podemos pasarnos los 10 últimos años pensando que cuando llegue pasaremos la mitad del año en Benidorm, y la realidad es que tenemos que cuidar a los nietos.
  • El entorno tanto físico como social. No tiene nada que ver un medio rural con uno urbano. Ni una persona con una red social importante, con otra que acaba de enviudar y compartía todo el ocio con su pareja.
  • La solvencia económica. Su consecuencia sería la libertad.
  • Las cargas familiares. Hay personas que solapan en esta etapa el cuidado de los padres, con el de los nietos.

Una de mis compañeras de trabajo, aquella con la que más tiempo comparto, se jubila este mes. La semana pasada trabajamos nuestra última guardia juntas. Os contaré mi vivencia.

La primera emoción que tuve al conocer la noticia, fue claramente contradictoria y compleja. Me alegré mucho por ella, porque no todas las personas que conozco llegan a ese momento de su vida voluntariamente y en buenas condiciones físicas. Pasado el primer momento, la alegría se fue volviendo tristeza. Despedir a alguien con quién has compartido tantas horas, y con quién has llegado a cultivar una amistad, no es sencillo para mí.

Tener unos compañeros de trabajo con los que el entendimiento sea bueno, no tiene precio. Los sanitarios, como todos los demás trabajadores, tenemos vidas privadas, cosa que nos lleva a tener días o temporadas mejores y peores. Entiendo que los usuarios, no tienen por qué empatizar con nosotros, ni tan siquiera tienen qué notar que nos pase nada anormal en el transcurso de su consulta, pero con los compañeros el tema cambia mucho.

Pasamos 24h juntos, y he tenido la suerte de encontrar una persona que me ha apoyado, tolerado, consentido, mimado, escuchado, aconsejado, animado y querido siempre que ha sido necesario, es más, he tenido la sensación de que me había adoptado. Tomar conciencia de esta parte de la realidad, me produjo miedo. Pensé… ¿y ahora qué? ¿Con quién estaré? ¿Qué tal nos irá? Nunca he tenido problemas de adaptación a las situaciones nuevas, pero siempre genera una relativa intranquilidad o pequeño vértigo enfrentarse a nuevas experiencias, sobre todo si estas te obligan a salir de tu zona de confort.

Y comentado todo esto, quiero aprovechar este medio para despedir a Inés. Supongo que mi propia timidez, me dificulta verbalizar todas estas cosas. Así que… Tita Inés, ¡ha sido un gusto tenerte! No olvides que los que hemos compartido tu etapa laboral, queremos que de alguna forma, nos hagas hueco entre las múltiples actividades que vas a tener como yayo flauta. Como muy tarde, ¡nos vemos en el homenaje que nos debemos!

Mientras, solo ¡sé feliz! 

Para acabar… Una de las nuestras…

Pon un perro en tu vida

Hoy tenemos un invitado  en este blog que nos va a contar algo muy interesante. No te lo pierdas y sigue leyendo. Gracias Fausto por tu excelente aportación.

Fausto Sagarzazu

A nadie se le escapa que el estado anímico de una persona tiene una influencia determinante en su salud. Un individuo triste o apático acabará teniendo con más probabilidad problemas de salud que una persona alegre y vitalista. En ocasiones llega antes la enfermedad y desemboca de todas formas en un estado de tristeza y melancolía que desde luego no ayuda a la recuperación de la persona.  Y todo ello se acentúa más cuando hablamos de la tercera edad; es ley de vida.

¿Qué podemos hacer entonces para devolver a esta persona una buena dosis de positivismo y de energía? Desde aquí quiero proponeros la adopción de un perro. ¿Un perro? ¿Al que hay que cuidar a diario? Alimentarlo, sacarlo al menos un par de veces al día a la calle, cuidarlo, llevarlo al veterinario….¿Compensa todo ello?

La respuesta es un rotundo . Y las razones son variadas. Las preguntas que exponía líneas arriba cual “Pepito Grillo” recordándonos los inconvenientes de tener un perro en casa, encierran en el fondo una serie de obligaciones o hábitos diarios que son de los más convenientes para mejorar el estado de salud de nuestros mayores. El hecho de salir a diario a la calle sea probablemente una de las costumbres más beneficiosas para la tercera edad que, por su estado anímico tienden muchas veces a encerrarse en casa y dejan de hacer un mínimo de actividad física; en definitiva se abandonan y lo que es más importante, dejan de relacionarse con los demás.

Nuestro “amigo peludo”, por el contrario, nos obligará a arreglarnos, a vestirnos y a salir a la calle, con una ventaja añadida muy importante al ejercicio físico que se requiere: el pasear a un perro es una excusa perfecta para entablar conversaciones con otros dueños de perros o sencillamente con otras personas que se nos acercarán atraídos por nuestra mascota. Obliga a relacionarse a sus dueños y a entablar conversaciones con otros. Parece un asunto sin importancia, pero no lo es.

perro

¿Queremos más motivos para tener un can en nuestra casa? Todos los que tengáis uno seguro que sois capaces de responder a esta pregunta. Y es que el cariño, la compañía y la más absoluta fidelidad hacia su dueño son algunos de los términos que cualquier dueño de un perro sacará a relucir en cualquier conversación. Tener un compañero cariñoso a tu lado, que no te falla nunca, que jamás te pone mala cara y que te recibe en tu casa dando saltos de alegría aunque hayas bajado sólo cinco minutos a la calle a comprar el pan, no tiene precio.

Y hace sentirse a la persona más querida, más valorada y sobre todo más acompañada. Si observáis con detenimiento, muchos mayores acaban teniendo semejante conexión con su mascota, que sólo les falta ponerse a hablar con ella. ¡A veces incluso lo hacen!

Recapitulemos pues, las ventajas de este asunto:

  • Adquisición de buenos hábitos de vida tales como llevar orden en los horarios, salir a la calle, etcétera.
  • Socialización de la persona mayor: le ayudará a relacionarse con los demás
  • Acompañamiento: la persona mayor, a veces sola por las circunstancias (viudedad, hijos viviendo fuera de casa, etcétera), encontrará una compañía incondicional en su compañero de cuatro patas.
  • Incremento en la autoestima del dueño: el simple hecho de sentirse querido por su mascota, hará sentirse a su dueño mejor, más alegre y vital.

En definitiva, no lo dudéis. Poned un perro en la vida de vuestros mayores. Por su salud.

P.D. Desde aquí os recomiendo encarecidamente que si tomáis la decisión de acompañaros de un can, por favor no lo compréis; adoptadlo. Existen miles de perros abandonados  que viven un futuro incierto en perreras gestionadas por gente con mucha buena voluntad y muy pocos medios.

¡Animaos!

 

Esperando un día soleado /“Waiting on a sunny day”

Elena Resines

Esperando un día soleado es para mí un estado, un anhelo y también de una de mis canciones favoritas. En Euskadi además es una actitud proactiva, eso que tanto tratamos de fomentar en  los talleres de Paciente Activo. Estamos ya en verano y aquí tener el sol asegurado es una lotería. Por eso dejamos todo lo que tenemos entre manos cuando aparece y nos lanzamos a la playa, al monte, a los parques, a las terrazas, a la bici , la piscina , a las azoteas,(que ya es tener ganas) en fin todo eso que el otro día nos recordaba Magdalena en su post: salir a sentir el calor del sol. No tenemos medida. Hay que aprovecharlo, ¿durará todo el día?, ¿hasta mañana?, ¿unas horas? No  perdemos la oportunidad ya que no sabemos cuándo volverá a aparecer. Prioridad total al sol y prioridad total a los cuidados al tomar el sol.

El sol nos proporciona muchos beneficios: permite que nuestro cuerpo produzca vitamina D, la cual es buena para fortalecer huesos y dientes.  Es bueno para el estado de la piel, mejora  los casos de acné, psoriasis. Fortalece nuestro sistema inmunológico. Mejora la tensión arterial, porque el calor produce dilatación de los vasos sanguíneos y los niveles de colesterol. Mejora nuestro estado de ánimo debido a que los rayos ultravioleta estimulan la producción de serotonina que aumenta la sensación de bienestar y regula el sueño porque favorece la producción de melatonina, que es inductora del sueño. Hay más  pero quedémonos con estas.

 No significa que debamos estar todo el día tumbados al sol, lo podemos hacer mientras caminamos y no necesitamos horas, en realidad con pocos minutos al día, es suficiente, pero nos encanta estar al sol. Así que ya que vamos a  enchufarnos a él, dejando que sus cálidos rayos  incidan en nuestro cuerpo, hagámoslo de forma adecuada, con precaución, porque tomar el sol sin cuidados es un acto poco responsable ya que además de beneficios tiene numerosos riesgos.

La exposición inadecuada a los rayos del sol puede producir cáncer de piel, especialmente el melanoma. Pero además tiene otras consecuencias negativas como quemaduras en la piel,  aparición de manchas y  de arrugas y puede  ocasionar problemas de visión.

 La  incidencia de cáncer de piel se ha incrementado en España un 38% en los últimos cuatro años (se dan 4.000 nuevos casos al año de melanomas, aproximadamente).

Una exposición, moderada, a los rayos del sol es recomendable por los beneficios que supone para la salud, pero siempre siguiendo una serie de pautas fundamentales:

  • Utilizar una protección solar adecuada para nuestro tipo de piel y coloración. Cuanto más clara sea nuestra piel, mayor factor de protección solar debemos utilizar,es decir, dependiendo del tipo de piel que tengamos toleraremos mejor la radiación solar, por ejemplo, las personas rubias o pelirrojas tienen menos tolerancia que las personas morenas. De manera que, cuanto más clara sea nuestra piel, mayor factor de protección solar debemos utilizar. Los bebés no deben exponerse al sol, y tendremos muchísimo cuidado con los niños controlando el tiempo que están bajo el sol y aplicándoles protector
  • Aplicar la crema de protección solar adecuada a nuestro tipo de piel media hora antes de tomar el sol, para darle tiempo a nuestra piel a absorberla y mientras estemos expuestos al sol, renovarla cada dos horas, para mantener sus efectos. Y aplicársela siempre al salir del agua.
  • Evitar las horas centrales del día, de 12 a 16 horas, cuando los rayos nocivos del sol tienen una mayor incidencia y son más agresivos.
  • Ir incrementando el tiempo de las exposiciones al sol de forma paulatina. Para preparar nuestra piel de cara al verano, es importante que las exposiciones al sol sean progresivas los primeros 15 días, aumentando gradualmente el tiempo de exposición de 5 en 5 minutos, día a día, si bien no es recomendable estar más de 30 minutos.
  • Utilizar gafas de sol con filtros protectores de los rayos ultravioleta (UV) que deben garantizar una protección del 100%.
  • Usar sombreros para proteger la cabeza y las partes de la cara expuestas de forma permanente a los rayos solares, como las orejas o la nariz.
  • Si tenemos lunares, es de vital importancia vigilar si cambian de forma, tamaño, color o si pican, así mismo, controlar que no aparezcan manchas u otras afecciones en nuestra piel. Esta revisión, nos llevará pocos minutos y debemos hacerla con frecuencia, frente al espejo, antes de la ducha, y acudir al médico al menor síntoma o duda.
  • Algunos medicamentos (antibióticos, corticoides, antiinflamatorios, ansiolíticos, la píldora anticonceptiva) pueden aumentar nuestra sensibilidad al sol, debemos tener especial cuidado si estamos recibiendo algún tratamiento  con ellos y consultar en caso de duda.

 

Estas son las recomendaciones pero hay algunas cosas que se repiten boca a boca y que hacemos mal en relación a la exposición al sol:

  • No darse crema con protección solar porque ya se es moreno, o darse una protección baja (el factor de protección solar indica el número de veces por el que se multiplica el tiempo que podemos estar al sol sin quemarnos; si la exposición al sol es prolongada, no bastará con un factor de protección bajo).
  • Darse crema al llegar a la playa y una sola vez .Para estar bien protegido hay que darse crema por todo el cuerpocada 2 horas y siempre tras salir del agua (después de secarse). Las gotas de agua tienen efecto lupa y favorecen las quemaduras solares y disminuye la eficacia de los protectores solares aunque sean resistentes al agua.
  • No acostumbrarse a dar crema en algunas zonas como:cuello, calva, orejas, manos y empeines. Todas ellas exigen un factor de protección mínimo recomendado de 30. Especialmente incidir en las más delicadas como lacara, los hombros y el escote.
  • Pensar que bajo la sombrilla no nos da el sol, o que en días nublados no necesitamos protección cuando no es así porque los rayos del sol traspasan las nubes y se reflejan en el agua o la arena, por lo que también estamos expuestos a la radiación solar aunque el sol esté escondido.
  • Aprovechar las horas del mediodía porque es cuando más coge. Sucede que es cuando más intensos, directos y por tanto perjudiciales son los rayos solares.
  • Finalmente pensar que solo debemos darnos crema en la playa o la piscina y no lo hacemos cuando paseamos por la ciudad, monte, hacemos ejercicio o descansamos al sol en las terrazas. Los rayos también nos afectan en estos casos

Tan malo es que no nos dé el sol prácticamente nunca (especialmente siendo niño) como pasarse horas y horas  bajo el sol  para poder lucir un bronceado permanente e intenso. No debemos olvidar que el moreno es un signo de agresión solar en la piel y ésta de defiende adquiriendo ese tono.

Es difícil hallar la dosis justa de radiación solar que es segura ya  que depende de muchas características de cada persona, especialmente de su fototipo, de las condiciones ambientales en las que se encuentra (estación, latitud, etc.) y de que aún no sabemos qué dosis de radiación solar acumulada podría considerarse segura. El equilibrio al tomar el sol es una cuestión de salud, pero conseguirlo puede resultar difícil cuando hay tanta complejidad de factores que influyen. Si tenemos en cuenta que la mayoría de las consecuencias de una exposición excesiva al sol no se ven hasta décadas después, debemos ser conscientes que estamos viendo la punta del iceberg de lo que está por ocurrir.

Por tanto disfrutemos de los beneficios que aporta a nuestra salud  tomar el sol, teniendo en cuenta que solo son necesarios unos minutos de exposición al día, y hacerlo de manera responsable, evitando las horas centrales del día, preparando la piel poco a poco, protegiéndonos adecuadamente y teniendo siempre en cuenta que es fundamental acudir a un especialista ante cualquier cambio  que percibamos en la piel  ya sea en lunares, aparición de manchas o erupciones.

Y mientras espero a que  salga un día soleado podéis acompañarme:

 

 

 

 

Vida saludable, motivación para hacer ejercicio “social”

Venan Llona

Todos en algún momento de nuestra vida somos pacientes de algún tipo. Todos conocemos cuáles son los mecanismos para gestionar nuestras enfermedades. Suelen decir que la más importante es llevar un estilo de vida saludable, cuidar nuestra mente, nuestro cuerpo y nuestra alimentación, además de atender las necesidades específicas de la enfermedad que padecemos.

La receta es casi siempre la misma y empieza ya a dispensarse incluso por parte de la sanidad pública: haz ejercicio para tener un estado físico saludable.

¿Qué ejercicio debo hacer? El que a cada persona nos venga mejor por horario, capacidad económica, capacidad física…

¿Me puedes poner un ejemplo? Sí, claro. Tengo un ejemplo barato, asequible, limpio y que puedes hacer en cualquier momento: MOVERSE.

Y ¿cómo se hace? Tras consultar a muchos especialistas, he llegado a la conclusión de que sustituir el ascensor por subir mediante las escaleras es un primer paso (si puedo, claro). Un segundo medio es sustituir el transporte privado (coche, taxi…) por transporte público y a poder ser que tengas que desplazarte andando para cogerlo y llegar al destino final.

Si tu destino cuando vas andando te coge en donde sales y te deja justo en el lugar a donde vas, bájate una o varias paradas antes, de manera que, al menos, tengas que andar 15 minutos hasta tu lugar de destino (una velocidad normal de andar es de 5 minutos/kilómetro, luego andarás 1,25 kms nada más).

Si lo consigues, ya habrás conseguido activar tu cuerpo una cuarta parte más de lo que sueles hacer diariamente. Si lo haces a la ida y a la vuelta, te resultará menos duro y habrás andado en total 2,5 kms en 30 minutos.

Bueno, ya has llegado a casa, hay que hacer cosas, deberes, tareas… y también tienes derecho al ocio, descansar, charlar, socializar, alternar, estar con la familia, internet…

A todo eso tienes que añadir una nueva obligación, como lo es asearse, alimentarse y ahora lo denominamos no ejercicio sino actividad física, que tiene un sentido más positivo y menos cansado. Si tienes un perro por ejemplo, no le saques a la esquina para que haga sus necesidades, sácale de paseo y anda con él por lo menos 15 minutos a esa velocidad de 5 kilómetros/hora (si no puedes a ese ritmo, también vale un poco más lento, cada uno lo que pueda, pero esos 15 minutos tienen que andarse).

Vaya, sin darte cuenta, ya has hecho 3 de 4 tramos de tu actividad física diaria extra y estás a 15 minutos de dónde has salido. Ahora toca volver, y en ello invertirás otros 15 minutos. Ya has conseguido tu objetivo diario: 60’ de actividad física al día. Andar casi todo el mundo puede, pero puedes optar por el ejercicio que más te guste.

Pero, esto es aburrido y al principio lo cojo con ganas y buenos propósitos pero tarde o temprano, lo abandono. Es cierto, tendemos a pensar que tenemos poca fuerza de voluntad y con eso nos consolamos y no hacemos. Ante eso, podemos hacer varias cosas que nos animen y/o “obliguen” a realizar la actividad.

Si me gusta nadar, me apunto a un cursillo de perfeccionamiento, eso me obliga a ir unos días determinados y a unas horas específicas.

Si me gusta la bici pero me da miedo ir por las calles o carreteras, puedo apuntarse a sesiones de spinning.

Te gusta andar pero ¿te aburres haciéndolo en solitario? Llévate una radio, un MP3 o mejor, usa tu móvil como radio o como MP3 y escucha tu programa o música favorita.

También, una de las mejores armas para no encontrar excusas a la hora de salir, es hacerlo acompañado, es decir, realizar actividad física de manera “social”. Queda con una persona amiga, vecina, familiar, que a ambos os vendrá bien. Cuando se tiene que salir, si has quedado con alguien te ves más obligado a asistir a la cita que si no lo has hecho. Cuanto más grande sea el grupo mayor motivación tienes.

Te gusta correr, andar en bici, subir al monte, pero lo hace sólo, aún así puedes aumentar tu motivación, teniendo control de la cantidad de ejercicio realizado y eso pasa por apuntarlo en algún sitio.

¿Dónde puedo apuntar yo el ejercicio que hago? En un sencillo cuadernillo de bolsillo, tecnología barata, asequible y disponible en cualquier momento. ¿Te parece poco tecnológico? Prueba a utilizar cualquiera de las aplicaciones que tienes disponibles en las tiendas de aplicaciones de tu móvil. ¿Pero, si es una tienda, me cuesta dinero? No necesariamente, hay aplicaciones gratuitas que te permiten registrar el ejercicio que vas realizando, que por ejemplo utilizan el GPS para calcular la distancia que recorres, la velocidad a la que vas, el número de pasos que has recorrido, la altura que has subido, y si le metes datos como la edad, el sexo, la altura y el peso, te calculan el número de calorías consumidas.

Tener apuntado en este tipo de aplicaciones (las APPs como el WhatsApp) te permiten tener estadísticas de cuánto has cumplido tus objetivos esta semana, este mes, de cómo vas evolucionando, y cómo vas en ello.

Y, por último, si tú y tu entorno usáis la misma APP, normalmente, puedes contactar con tus amigos y compararte con ellos, jugando a ver quién gana, a ver quién hace más. Es curioso, pero cuando veo que mi hermano me está ganando esta semana, saco tiempo de donde haga falta para ver si consigo ganarle yo a él.

¿Qué aplicaciones puedo utilizar? Cualquiera que te resulte fácil y que alguien cercano a ti ya use, usa la misma que ella y compara tus resultados con esa persona. Te enseñará a manejarla, los trucos y podrás usarla como motivación.

No lo dudes, pide ayuda.

                                                                   Lourdes Ochoa de Retana

El día 17 de enero falleció mi padre, en solo 10 días su vida se apagó. Apenas tuvimos tiempo para asimilar que se iba, que nos dejaba, que nunca más le volveríamos a ver.

Es muy doloroso enfrentarse a una pérdida y adaptarse a la situación en la que el ser querido ya no está. De golpe y porrazo parece que toda tu vida se desmorona.

La intensidad de cómo vivimos el sentimiento de dolor depende de nuestra personalidad, del lazo que nos unía con la persona fallecida y de las circunstancias que rodearon la pérdida.

El duelo es un proceso dinámico que evoluciona poco a poco con el paso del tiempo. Una reacción emocional y natural ante una experiencia dolorosa. Una experiencia llena de sentimientos, llena de dolor, pena, tristeza, aflicción, culpa, resentimiento etc.

Nos cuesta mucho aceptar la pérdida y aceptar además que el ser querido ya no volverá. Resulta de gran ayuda recordarle, hablar sobre ella, comentar anécdotas, momentos vividos juntos, sus defectos y sus virtudes etc.

La muerte de un padre te deja un enorme vacío. Es uno de los retos más difíciles ante los cuales nos pone la vida.

Dicen que el tiempo todo lo cura, pero lo que el tiempo cura es el profundo dolor, porque la nostalgia que provoca la ausencia, esa nostalgia, va y viene.

En la primera etapa del duelo negamos la pérdida. No nos creemos lo que ha sucedido. Nos sentimos profundamente tristes, lloramos y lloramos y no somos conscientes de lo sucedido.

En la segunda etapa comenzamos a ser conscientes de la pérdida. No tenemos interés por las cosas y aparece la angustia y la rabia. Esta fase es difícil y tenemos sentimientos contradictorios. Hay veces que estamos alegres por algo y al minuto nos recriminamos por ello. Aparecen sentimientos de culpabilidad, pensamos que de alguna manera pudimos evitar su muerte o podíamos haber actuado de otra manera en algún momento.

En la última fase, volvemos a encontrar un sentido a nuestra vida.  Ya no recordamos al ser querido con tristeza sino con cariño y nostalgia.

Negar el dolor y ocultarlo puede provocar mayor dolor y sufrimiento. Es bueno pensar que aunque nuestro ser querido ya no esté, el vínculo que teníamos con él siempre permanecerá.

Se podría decir que el duelo para cada persona es único y diferente y desde luego para mí lo ha sido.

Han sido meses muy duros pero no he estado sola en este largo proceso, he tenido compañía, un gran apoyo, una gran ayuda, un bastón al que con fuerza me he agarrado en muchas ocasiones. Y doy las gracias por ello.

Es muy importante no aislarse en esas circunstancias, no escondernos bajo el caparazón de la tristeza que en esos momentos nos invade, y que expresemos y compartamos nuestros sentimientos.

Necesitar ayuda y pedirla no es un signo de debilidad, todo lo contrario, es un signo de fuerza y afrontamiento. Pedir ayuda también significa ser activo.

Lo que sí es importante es saber dónde dirigirnos.

Quizás solo tengamos que mirar a nuestro alrededor, podemos encontrarla en nuestro entorno más cercano, puede ser un compañero de trabajo, un vecino, un amigo, un familiar, un profesional de la salud…

Si somos proactivos en la búsqueda de ayuda, en la búsqueda de recursos, podemos convertirnos también en fuente de información  y ayuda para otras personas.

Yo he tenido esa ayuda, y a ti, desde aquí, quiero darte las gracias.

¡Pedir ayuda también es ser activo!

Reflexiones sobre la cronicidad

Magdalena Vázquez

 

Hace unos días una persona muy allegada me decía “No me asusta morir, ni siquiera he pensado nunca en ello, me asusta la vejez”

En el momento me sorprendió y me dejó sin saber qué decir. Más tarde me hizo reflexionar.

El 7 de abril hemos cebrado el día Mundial de la Salud, este año con el lema” Vence  la Diabetes”, el  17 de Mayo celebramos el Día Mundial de la Hipertensión. La última semana de Mayo, la Semana sin Humo.

Todos ellos se han establecido como medio para aumentar la conciencia global acerca de las enfermedades a las que se dedican, las causas, síntomas, tratamientos y complicaciones que de ellas se derivan. En el caso del tabaco, a controlar este problema de salud pública que puede llevarnos a enfermedades de todo tipo, crónicas (EPOC) y agudas.

No somos responsables de la genética que nos ha tocado y que INCLINAN en una parte importante de las enfermedades crónicas y algunas agudas. Pero si somos responsables de realizar los cuidados necesarios para que estas enfermedades no se manifiesten o evolucionen de la mejor manera posible y se mitiguen, en gran medida, los problemas que de ellas se pueden derivar.

A veces la” voluntad de hacer” se vuelve débil. Mucha gente me dice que “no tiene voluntad”. No es así. Todos tenemos una gran fuerza de voluntad para realizar diariamente tareas que no nos hacen felices. Aun así las realizamos. Por costumbre y porque ni siquiera nos concedemos la oportunidad de pensar que no podemos hacerlas. Es lo cotidiano. Es, lo tedioso de la vida. Aquellas cosas que no admiten réplica y de las que sólo somos conscientes cuando faltan y que por si fuera poco, sostienen nuestra vida. Varias veces al día preparamos comida. Y la compra..habrá algo más tedioso! Pero la hacemos. Haga frío o calor, nos levantamos y vamos a trabajar. Supone un esfuerzo de voluntad, pero no se nos ocurre pensar que no la tenemos para hacerlo. Son rutinas establecidas. Y cuando no podemos hacerlo, si estamos enfermos por ejemplo, notamos su falta.

Me pregunto si alguna vez pensamos en las consecuencias que tiene esa falta de voluntad a la que tanto recurrimos. Y no me refiero a las consecuencias para nuestra salud, que se dan por supuestas.

Hablo del dolor que supone para los que nos rodean y aman. Hablo de la dependencia que podemos llegar a tener cuando la enfermedad nos discapacita. No pensamos que eso nos puede pasar a nosotros. Eso les pasa a los demás

Todos pretendemos “llegar a viejos”. Pero con buena salud.

Y es que seguramente llegaremos a una edad avanzada. En nuestro país la esperanza media de vida está en 83 años, 86 para las mujeres y 80 para los hombres. En Euskadi, un poco más.

Lógicamente a mayor edad más posibilidad de padecer una o varias enfermedades crónicas. Y todas ellas conllevan efectos secundarios graves y por tanto limitantes.

 

Ani nos hablaba hace unos días, en un post enternecedor, de lo que supuso para ella tener la dedicación de un cuidador constante y otros intermitentes. Ha tenido mucha suerte de verse acompañada en su proceso de recuperar la salud.

La persona que me hablaba está casada y no tiene hijos. Tampoco más familia cercana. Su esposa también es hija única. Por lo tanto no va a disfrutar del regalo de cuidadores informales, de familiares que le dediquen su tiempo, amor y cuidados.

Y ha decidido llegar sano a la vejez. Es un enfermo crónico, desde hace poco tiempo y ha puesto su voluntad al servicio de su salud. No se plantea que no la tiene. Simplemente actúa movido por la necesidad de llegar a disfrutar de una vejez en las mejores condiciones posibles a pesar de su genética y contra ella.  Ha DECIDIDO cuidarse.

Ahora que llega el verano es más fácil realizar actividades al aire libre, caminar a la mañanita o a la caída del sol nos hará disfrutar de olores y sensaciones que no existen en invierno. Nadar, dejarnos llevar por la ingravidez, mover nuestros músculos, con un esfuerzo mínimo, dentro del agua que nos refresca. Y al salir sentir el calor del sol. Dar un paseo en bicicleta sintiendo el aire cálido en la cara. Son sensaciones de las que solo podemos disfrutar con el buen tiempo. Modificar nuestra alimentación por una más ligera y más sana. Y comer menos cantidad. El calor nos ayuda quitándonos apetito. Y sin pensarlo vamos creando hábitos que luego no nos costará mantener.

Y es que pequeños gestos diarios mejoran tanto nuestra salud, que hay que probarlo.

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