Punto de encuentro de Paciente Activo Paziente Bizia en el que compartimos, mostramos y aprendemos aquellas cosas que consideramos de interés.

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¿Qué es la #EPOC?

epoc

Hace unos días leía en la prensa que cada año mueren aproximadamente 18.000 personas a causa de la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC) y que constituye la cuarta causa de muerte en España, según los datos registrados durante el año 2015 y publicados por el Institute for Health Metrics and Evaluation (IHME).

Según el estudio EPISCAN, elaborado por especialistas de la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica, se estima que algo más de 2 millones de españoles presentan esta enfermedad y que algo más de 1,5 millones aún no saben que la padecen.
La EPOC es una enfermedad crónica, compleja y progresiva que se caracteriza por una limitación en el flujo de aire a los pulmones. Los dos principales trastornos son el enfisema y la bronquitis crónica.

En las etapas tempranas de la enfermedad la sintomatología puede ser mínima. La progresión e intensidad de los síntomas es muy variable en cada persona y es frecuente que no se presenten síntomas hasta que la enfermedad está avanzada.

El factor de riesgo más importante en el desarrollo de esta enfermedad es el tabaco, por lo que la deshabituación tabáquica es la medida más eficaz para prevenirla y frenar su progresión.

Uno de los síntomas principales de esta enfermedad y que mayor pérdida de calidad de vida produce es la disnea, falta de aire o dificultad respiratoria. Suele aparecer en fases avanzadas de la enfermedad, es persistente, empeora con el ejercicio y se desarrolla de forma progresiva.

Otro de los síntomas de esta enfermedad es la tos crónica, generalmente de predominio matutino, suele ser productiva y puede no tener relación con el grado de obstrucción al flujo aéreo ni con la gravedad de la enfermedad.

Pueden presentarse también otros síntomas como sibilancias u opresión torácica, y en los estadios avanzados de la enfermedad es común la pérdida de peso, la anorexia y los síntomas de depresión y ansiedad.

En relación al diagnóstico, la espirometría es una prueba imprescindible para establecerlo ya que define la limitación al flujo aéreo. Es una prueba no invasiva, sencilla, estandarizada y objetiva. Contribuye a mejorar el diagnóstico precoz de una forma sencilla, evita que la enfermedad avance sin control y ayuda a proporcionar un tratamiento temprano para beneficiar el pronóstico a corto y largo plazo.

La EPOC también se asocia a otros problemas de salud, como hipertensión arterial, cardiopatía isquémica, insuficiencia cardíaca, diabetes, osteoporosis, ansiedad o depresión.

En cuanto a los cuidados, hay estudios que han evaluado los beneficios de la actividad física sobre el pronóstico y la evolución de la enfermedad. Personas fumadoras con nivel de ejercicio físico moderado y alto, presentaron menores riesgo de desarrollar EPOC que fumadores con bajo nivel de ejercicio físico.

La disminución de la actividad física es una consecuencia de la enfermedad, pero la propia inactividad es en sí misma una causa que contribuye a la mayor pérdida de función pulmonar, de modo que los fumadores que realizan poca actividad física son más propensos a ser diagnosticados posteriormente de EPOC.

El ejercicio además reduce el estrés oxidativo, tiene efecto antiinflamatorio y reduce la frecuencia de infecciones de las vías respiratorias.

Pero es importante evitar realizar ejercicio en ambiente frío, o de humedad excesiva, ya que puede provocar contracción de los bronquios y producir dificultad para respirar.

Se recomienda caminar todos los días 15 minutos en llano, aumentando 5 minutos al día, con el objetivo de caminar unos 30 minutos/día y no caminar en ayunas ni después de las comidas.

Es primordial también mantener una alimentación adecuada y evitar en la medida de lo posible el sobrepeso o la obesidad ya que puede limitar la capacidad de realizar ejercicio y agravar la dificultad para respirar.

Debemos evitar las grasas animales y la sal. No abusar de los líquidos y hacer 4 o 5 comidas ligeras al día, para que el estómago no se llene y los pulmones tengan más espacio para expandirse. Para evitar la formación de gases o pesadez, debemos masticar lentamente con la boca cerrada y evitar alimentos que provoquen gases o pesadez.

Por todo lo mencionado es esencial establecer estrategias de autocuidado y programar actividades orientadas a mantener y mejorar el estado de salud y bienestar.

Enumero algunas de estas estrategias.

1. Protegerse de sustancias nocivas del ambiente.
2. Mantener el domicilio a una temperatura y humedad óptima (45% de humedad y 19-21 °C de temperatura).
3. Tomar adecuadamente la medicación y saber para qué sirve y cómo administrársela.
4. Practicar ejercicio regular.
5. Alimentación adecuada.
6. Un descanso adecuado. Establecer rutinas para acostarse, levantarse y descansar.
7. Utilizar ropa holgada, adecuada a cada época del año.
8. Mantener el interés en realizar aquellas actividades que son importantes (lúdico-sociales).
9. Utilizar estrategias de distracción (técnicas de relajación…)
10. Vacunación antigripal y antineumocócica.

Lourdes Ochoa de Retana

Afrontando el cáncer de mama

Ani Galende

 

Hace unos días tuve la oportunidad de ver un vídeo del Doctor Mario Alonso Puig que me ha dado el enfoque perfecto para escribir esta entrada por lo que empiezo con una frase de Marco Aurelio, Emperador y filósofo del Imperio Romano  que quiero enunciar aquí:

“ Dios mío, dame el valor para cambiar las cosas que puedo cambiar, serenidad para aceptar las que no puedo cambiar y sabiduría para distinguir la diferencia”.

Cuando me dieron el diagnóstico de cáncer de mama, no podía creerlo, sé que le ha pasado a mucha gente pues vivimos pensando que esto no nos va a pasar a nosotros y cinco años después, puedo decir que  me anclé en que se habían equivocado, necesitaba oir  que yo no tenía cáncer así que me agarré a lo que ponía en el informe: “Punción mamaria compatible con carcinoma” compatible no significa que es cancer, es una posibilidad, seguro que no es mi caso…

Al principio me costó mucho aceptar algo que no podía cambiar. Después de mucho trabajo, encontré esa sabiduría que creo que todos tenemos dentro y conseguí el valor para centrarme en aquéllo que podía hacer para cambiar tomando las  acciones necesarias para llevar a cabo esos cambios.

Con claridad: Me dí cuenta que gastaba mucho tiempo y energía en intentar cambiar las cosas que no estaban en mi mano así que como quería curarme, puse todos los medios a mi alcance para ello, pasando por dejarme ayudar de los médicos que me atendían y buscando otros medios en los que yo creía que me ayudarían a sobrellevar la enfermedad con la mayor entereza posible.

Con conexión: Me pase lo que me pase, tenga la enfermedad que tenga, tengo la misma dignidad que cualquiera como persona, no me permití aislarme salvo momentos o situaciones puntuales que consideraba  necesitaba, que también los hubo, momentos de soledad buscados y necesarios para mi.

Con la guerra al pijama: De la misma manera que no me permití aislarme, procuraba vestirme  y ponerme guapa, sonreírme en el espejo, decirme lo mucho que me acepto y todo esto me permitía salir con fuerza y ánimo renovado al exterior de mis murallas. Me fijé una rutina de paseos matutinos, hiciera sol o viento y frío, me reconcilié con la increíble y preciosa naturaleza e hice las paces con el País Vasco y su clima, con la empresa para la que trabajé los 18 últimos años, conmigo misma y con un largo etcétera..

Con ejercicio físico: Esto también fue y es de gran ayuda, para mi mente y para mi brazo que se quedó más débil  y dolorido de las operaciones practicadas, ejercicios constantes de estiramiento de todos los músculos que conocía y los que descubrí además de una pequeña tabla de ejercicios y yoga. Tenemos un vehículo increíble, el mejor que hay y pueda existir en el mercado, una máquina perfecta que es nuestro cuerpo, y no sabemos conducirlo….

Con buen humor: Buscar las ganas de tenerlo, el modo de reirte, de compartir con la gente que quieres momentos agradables y alegres y alejarte de la gente que tiene cierta habilidad para hundirte en lugar de ayudarte, personas que parece que solo saben ver el aspecto feo como único aspecto de la vida.

Con el sueño: Dormir lo que necesites, no siempre tenía sueño por la noche y me desvelaba con facilidad así que me permití acostarme cada vez que notaba que lo necesitaba, daba igual la hora. Esto es algo que no había podido hacer antes y he conseguido sacarle provecho, !me levantaba nueva¡.

Con la alimentación: Procuro comer en cada comida importante algo vivo, si es posible que no tenga químicos ni esté procesado ya que cuanto más procesado esté menos energía tiene, así que como mucha ensalada, verdura  y fruta como  buen comodín de compañía en todas las comidas importantes del día y lo hago extensible a mi familia. Pruebo cosas nuevas una vez por semana y aunque la cocina no es mi pasión, he conseguido aprender a disfrutar cocinando. Está demostrado que hay alimentos que ayudan en el proceso del cáncer, es importante que te informes bien ya que no son alimentos difíciles de conseguir aunque suelen requerir un cambio en algunos hábitos de comida.

En Paciente Activo seguimos con los talleres que ya tenemos aunque empezaremos próximamente con un nuevo taller enfocado a los enfermos Oncológicos, es una buena forma de autocuidarte de mimarte y un buen regalo y reconocimiento a uno mismo, por lo que te invito a que te animes a venir si estás en esta situación.

Sé que todo lo que digo es difícil, que todas las situaciones no son iguales, que pasarás por etapas de negación, miedo, enfado, conformismo y frustración porque yo también las he pasado y también sé que todo lo que aquí he puesto, se puede hacer y funciona, porque yo lo he hecho y lo sigo haciendo.

Quiero decir también que para mí, todos los días son igual de importantes, no hay sólo un día de cáncer de mama ni de ninguna otra enfermedad  aunque ya que lo han promovido así, pongo el foco en lo que si puedo hacer y lo aprovecho para escribir esta entrada que hoy la voy a terminar con el precioso testimonio de Bea, os paso el link para que lo veáis.

“…. veo el cáncer como un inquilino que le gustó de mi casa las paredes desconchadas, los gritos y las prisas….”

 

 

Talleres Paciente Activo Paziente Bizia

taller-paciente-activo

El programa Paciente Activo Paziente Bizia de Osasun Eskola de Osakidetza tiene varias vertientes. Una de ellas es la difusión, concienciación y reflexión que nos gusta hacer acerca de nuestro papel como enfermos de enfermedades crónicas y promover una actitud de co-responsabilidad en los adquirir conocimiento de las habilidades y cuidados necesarios para un mejor control de nuestras enfermedades. Para ello nuestra herramienta más poderosa son los talleres que organizamos y que se imparten en los tres territorios de la Comunidad Autónoma del País Vasco durante todo el año.

Conviene repasar, como buen inicio de curso, qué podéis encontrar en dichos talleres. A lo largo de  semanas y en sesiones de dos horas, se desarrolla un programa cuidadosamente pensado y estructurado en el que se van introduciendo temas de interés para mejorar nuestra salud y el control de las enfermedades. El requisito que se pide es el compromiso de acudir durante el transcurso del taller a las sesiones programadas y las ganas de aprender y participar.

Existen dos tipos de talleres: uno que llamamos “Cuidando activamente mi salud” está dirigido a personas que padecen alguna enfermedad crónica o a cuidadoras o cuidadores que tienen a su cargo enfermos crónicos. No son talleres enfocados a una enfermedad en concreto. En ellos hablamos de alimentación saludable, cómo identificar los alimentos que nos convienen, cuales elegir para hacer una dieta equilibrada, qué tener en cuenta a la hora de hacer la compra. Otro aspecto que se aborda es la actividad física: qué tipos hay y cuál es conveniente para cada persona, qué tenemos que tener en cuenta a la hora de hacer ejercicio físico.

Aunque alimentación y actividad física son los pilares, dedicamos espacio y tiempo a otros aspectos fundamentales del autocuidado: la importancia de un buen descanso mental y físico y la gestión de las emociones, aspecto importante para vivir de manera adecuada con una enfermedad que puede suponer limitaciones en nuestra vida diaria. También tienen cabida aspectos más prácticos como puede ser hablar de qué tener en cuenta a la hora de preparar una consulta con la enfermera o el médico, qué debemos conocer de los medicamentos que tomamos, qué son las voluntades anticipadas, o cuales son los recursos comunitarios que tenemos a nuestro alcance.

Todos los contenidos se enriquecen con las aportaciones de los asistentes al taller y con la experiencia que aportan los monitores, en su mayoría enfermos crónicos igual que los asistentes, lo que les da un plus al poder entender mejor lo que supone hacerse cargo del autocuidado.

El otro tipo de taller es “Cuidando mi diabetes” y son básicamente los mismos contenidos pero enfocado a las personas que tienen diabetes.

En este blog podéis consultar las fechas de los talleres previstos en fechas próximas. Si estáis interesados podéis poneros en contacto con el programa. Tenéis la información de cómo hacerlo en la página web de Osasun Eskola

Pon un perro en tu vida

Hoy tenemos un invitado  en este blog que nos va a contar algo muy interesante. No te lo pierdas y sigue leyendo. Gracias Fausto por tu excelente aportación.

Fausto Sagarzazu

A nadie se le escapa que el estado anímico de una persona tiene una influencia determinante en su salud. Un individuo triste o apático acabará teniendo con más probabilidad problemas de salud que una persona alegre y vitalista. En ocasiones llega antes la enfermedad y desemboca de todas formas en un estado de tristeza y melancolía que desde luego no ayuda a la recuperación de la persona.  Y todo ello se acentúa más cuando hablamos de la tercera edad; es ley de vida.

¿Qué podemos hacer entonces para devolver a esta persona una buena dosis de positivismo y de energía? Desde aquí quiero proponeros la adopción de un perro. ¿Un perro? ¿Al que hay que cuidar a diario? Alimentarlo, sacarlo al menos un par de veces al día a la calle, cuidarlo, llevarlo al veterinario….¿Compensa todo ello?

La respuesta es un rotundo . Y las razones son variadas. Las preguntas que exponía líneas arriba cual “Pepito Grillo” recordándonos los inconvenientes de tener un perro en casa, encierran en el fondo una serie de obligaciones o hábitos diarios que son de los más convenientes para mejorar el estado de salud de nuestros mayores. El hecho de salir a diario a la calle sea probablemente una de las costumbres más beneficiosas para la tercera edad que, por su estado anímico tienden muchas veces a encerrarse en casa y dejan de hacer un mínimo de actividad física; en definitiva se abandonan y lo que es más importante, dejan de relacionarse con los demás.

Nuestro “amigo peludo”, por el contrario, nos obligará a arreglarnos, a vestirnos y a salir a la calle, con una ventaja añadida muy importante al ejercicio físico que se requiere: el pasear a un perro es una excusa perfecta para entablar conversaciones con otros dueños de perros o sencillamente con otras personas que se nos acercarán atraídos por nuestra mascota. Obliga a relacionarse a sus dueños y a entablar conversaciones con otros. Parece un asunto sin importancia, pero no lo es.

perro

¿Queremos más motivos para tener un can en nuestra casa? Todos los que tengáis uno seguro que sois capaces de responder a esta pregunta. Y es que el cariño, la compañía y la más absoluta fidelidad hacia su dueño son algunos de los términos que cualquier dueño de un perro sacará a relucir en cualquier conversación. Tener un compañero cariñoso a tu lado, que no te falla nunca, que jamás te pone mala cara y que te recibe en tu casa dando saltos de alegría aunque hayas bajado sólo cinco minutos a la calle a comprar el pan, no tiene precio.

Y hace sentirse a la persona más querida, más valorada y sobre todo más acompañada. Si observáis con detenimiento, muchos mayores acaban teniendo semejante conexión con su mascota, que sólo les falta ponerse a hablar con ella. ¡A veces incluso lo hacen!

Recapitulemos pues, las ventajas de este asunto:

  • Adquisición de buenos hábitos de vida tales como llevar orden en los horarios, salir a la calle, etcétera.
  • Socialización de la persona mayor: le ayudará a relacionarse con los demás
  • Acompañamiento: la persona mayor, a veces sola por las circunstancias (viudedad, hijos viviendo fuera de casa, etcétera), encontrará una compañía incondicional en su compañero de cuatro patas.
  • Incremento en la autoestima del dueño: el simple hecho de sentirse querido por su mascota, hará sentirse a su dueño mejor, más alegre y vital.

En definitiva, no lo dudéis. Poned un perro en la vida de vuestros mayores. Por su salud.

P.D. Desde aquí os recomiendo encarecidamente que si tomáis la decisión de acompañaros de un can, por favor no lo compréis; adoptadlo. Existen miles de perros abandonados  que viven un futuro incierto en perreras gestionadas por gente con mucha buena voluntad y muy pocos medios.

¡Animaos!

 

Reflexiones sobre la cronicidad

Magdalena Vázquez

 

Hace unos días una persona muy allegada me decía “No me asusta morir, ni siquiera he pensado nunca en ello, me asusta la vejez”

En el momento me sorprendió y me dejó sin saber qué decir. Más tarde me hizo reflexionar.

El 7 de abril hemos cebrado el día Mundial de la Salud, este año con el lema” Vence  la Diabetes”, el  17 de Mayo celebramos el Día Mundial de la Hipertensión. La última semana de Mayo, la Semana sin Humo.

Todos ellos se han establecido como medio para aumentar la conciencia global acerca de las enfermedades a las que se dedican, las causas, síntomas, tratamientos y complicaciones que de ellas se derivan. En el caso del tabaco, a controlar este problema de salud pública que puede llevarnos a enfermedades de todo tipo, crónicas (EPOC) y agudas.

No somos responsables de la genética que nos ha tocado y que INCLINAN en una parte importante de las enfermedades crónicas y algunas agudas. Pero si somos responsables de realizar los cuidados necesarios para que estas enfermedades no se manifiesten o evolucionen de la mejor manera posible y se mitiguen, en gran medida, los problemas que de ellas se pueden derivar.

A veces la” voluntad de hacer” se vuelve débil. Mucha gente me dice que “no tiene voluntad”. No es así. Todos tenemos una gran fuerza de voluntad para realizar diariamente tareas que no nos hacen felices. Aun así las realizamos. Por costumbre y porque ni siquiera nos concedemos la oportunidad de pensar que no podemos hacerlas. Es lo cotidiano. Es, lo tedioso de la vida. Aquellas cosas que no admiten réplica y de las que sólo somos conscientes cuando faltan y que por si fuera poco, sostienen nuestra vida. Varias veces al día preparamos comida. Y la compra..habrá algo más tedioso! Pero la hacemos. Haga frío o calor, nos levantamos y vamos a trabajar. Supone un esfuerzo de voluntad, pero no se nos ocurre pensar que no la tenemos para hacerlo. Son rutinas establecidas. Y cuando no podemos hacerlo, si estamos enfermos por ejemplo, notamos su falta.

Me pregunto si alguna vez pensamos en las consecuencias que tiene esa falta de voluntad a la que tanto recurrimos. Y no me refiero a las consecuencias para nuestra salud, que se dan por supuestas.

Hablo del dolor que supone para los que nos rodean y aman. Hablo de la dependencia que podemos llegar a tener cuando la enfermedad nos discapacita. No pensamos que eso nos puede pasar a nosotros. Eso les pasa a los demás

Todos pretendemos “llegar a viejos”. Pero con buena salud.

Y es que seguramente llegaremos a una edad avanzada. En nuestro país la esperanza media de vida está en 83 años, 86 para las mujeres y 80 para los hombres. En Euskadi, un poco más.

Lógicamente a mayor edad más posibilidad de padecer una o varias enfermedades crónicas. Y todas ellas conllevan efectos secundarios graves y por tanto limitantes.

 

Ani nos hablaba hace unos días, en un post enternecedor, de lo que supuso para ella tener la dedicación de un cuidador constante y otros intermitentes. Ha tenido mucha suerte de verse acompañada en su proceso de recuperar la salud.

La persona que me hablaba está casada y no tiene hijos. Tampoco más familia cercana. Su esposa también es hija única. Por lo tanto no va a disfrutar del regalo de cuidadores informales, de familiares que le dediquen su tiempo, amor y cuidados.

Y ha decidido llegar sano a la vejez. Es un enfermo crónico, desde hace poco tiempo y ha puesto su voluntad al servicio de su salud. No se plantea que no la tiene. Simplemente actúa movido por la necesidad de llegar a disfrutar de una vejez en las mejores condiciones posibles a pesar de su genética y contra ella.  Ha DECIDIDO cuidarse.

Ahora que llega el verano es más fácil realizar actividades al aire libre, caminar a la mañanita o a la caída del sol nos hará disfrutar de olores y sensaciones que no existen en invierno. Nadar, dejarnos llevar por la ingravidez, mover nuestros músculos, con un esfuerzo mínimo, dentro del agua que nos refresca. Y al salir sentir el calor del sol. Dar un paseo en bicicleta sintiendo el aire cálido en la cara. Son sensaciones de las que solo podemos disfrutar con el buen tiempo. Modificar nuestra alimentación por una más ligera y más sana. Y comer menos cantidad. El calor nos ayuda quitándonos apetito. Y sin pensarlo vamos creando hábitos que luego no nos costará mantener.

Y es que pequeños gestos diarios mejoran tanto nuestra salud, que hay que probarlo.

Hoy no lo he hecho bien

   Ánjel Irastorza

El día de ayer resulto un poco complicado. No lo hice bien y a media tarde mis niveles de azúcar debieron de entrar en números rojos.  Nada grave, solo un pequeño bache, pero que vuelve a ponerme  en guardia de la importancia  de la programación de las actividades diarias y el  cumplimiento con lo previsto. La realidad de la diabetes te vuelve a recordar que eres una  persona con algunas necesidades particulares, entre ellas, evitar los periodos largos de ayuno.

El programa para ayer por la mañana no era el habitual. Cita para una reunión que llevaba muchos meses esperando, había que madrugar un poco más, desayunar media hora antes y caminar dos kilómetros hasta el lugar de encuentro para desplazarse. Otra hora de viaje, una intensa reunión de cinco horas y media y otra vez todo el viaje de vuelta. Esta vez la caminata es bajo un radiante sol que ya pega en plan veraniego. Y entre medio, un café sin azúcar,  medio plátano que llegó demasiado tarde y ni un vaso de agua.

Total que para cuando volví a casa y me puse frente al plato de comida eran las cuatro de la tarde, habían pasado ocho horas y media de ajetreo sin más aporte que el trocito de plátano en tiempo de descuento. El caos ya asomaba, cansancio, sensación de mareo.  Y para completar el despropósito, ración indebida para matar un hambre feroz. Hacerlo peor no es fácil.

El problema resultó que por la tarde había más agenda, había compromiso con un grupo de personas a las que  acompaño en sesiones de Qi Gong, una técnica muy interesante para trabajar el cuerpo con la respiración y el movimiento suave.  Y como desconvocar aquello no quedaría bien, ¿Qué hacer?

Aproveché los cincuenta minutos que tenía de margen para descansar todo lo que pude. Pero cuando ya  has entrado en la zona naranja de la hipoglucemia es como si has pillado la borrachera, no tienes más remedio que pasar la resaca. La sensación de cansancio, la flojera, el malestar, necesita su proceso y tiempo de recuperación.

Así pues me presente ante mis compañeros en un estado poco idóneo para desarrollar una sesión y menos para dirigirla. Lo primero que hice fue contarles mi situación y advertirles de que quizá no fuese capaz de terminarla. La respuesta fue unánime: tú, lo que necesites. Fue reconfortante encontrar comprensión y aceptación.

Y de esta manera comencé a realizar una sesión acorde a la mi necesidad en ese momento, más suave que la habitual, más intuitiva, dejándome guiar por lo que mi cuerpo pedía a cada paso.  Y así resultó  una estupenda sesión de recuperación de mi estado tanto corporal como mental. Y el grupo fue un acompañamiento fantástico en el proceso.

Terminó el día y nos fuimos a descansar. Hoy al despertar lo primero que he hecho ha sido consultar mi móvil y he visto  que tenía la batería al 87% de carga. Y me he dicho, ya somos dos, yo también estoy al 87%. Pero hoy lo hago bien y mañana ya será al 100%.

 

Sin título

El autocuidado

He visto a mucha gente cuidarse como si nunca fueran a enfermar, como si  creyeran  que son inmunes a muchas de las dolencias que hay hoy en día. Yo misma he sido una de ellas, y cuando llega, es cuando sientes que el mundo que un día construiste, en el que creías, se derrumba…

Creo que todos nosotros de alguna manera participamos en el proceso de enfermar a través de una combinación de factores. Tal vez tu caso es que hayas descuidado tu dieta, el ejercicio o el descanso. O tal vez tu caso sea que hayas estado muy tenso o con mucho estrés durante largos periodos de tiempo, tanto que incluso parecía que era ya tu forma de vivir y no te has dado ocasión para relajarte. Quizás tu caso es que hayas mantenido una carga de trabajo excesiva o te hayas dedicado tanto a satisfacer las necesidades de los demás que te hayas olvidado de satisfacer las tuyas. O quizás tu caso es que  hayas mantenido en el tiempo actitudes y creencias que de alguna manera te han impedido disfrutar de la vida y sus buenas experiencias. O tal vez, incluso, tu caso es la suma de todos, no has sido capaz de reconocer tus límites tanto físicos como emocionales porque estabas “ocupado” en sobrevivir.

Desde ese momento, desde el momento en que ignoramos nuestras necesidades, cuando no nos escuchamos porque no tenemos tiempo, de alguna manera estamos participando en la pérdida de salud. Cuando ignoramos las peticiones del cuerpo y la mente en relación a la relajación, descanso, ejercicio, alimentación saludable, gestión y expresión de las emociones…., el cuerpo puede comunicarnos esta falta de atención mediante la enfermedad.

Todo nuestro potencial personal, nuestros recursos naturales, tienen mucha más importancia en el mantenimiento de nuestra salud o en  su recuperación  de lo que imaginamos. Participamos en nuestra salud mediante nuestros sentimientos, nuestras creencias, nuestra actitud hacia la vida.

Aprender que puedo hacer mucho más por mi misma de lo que creo y en consecuencia mucho por  mi salud es  cuidarse a uno mismo. Autocuidarse requiere amarse y quererse, ser activo y estar dispuesto a ser proactivo, inquieto y disciplinado.

Porque sé que tengo los recursos para lograr lo que quiera, para realizar los cambios que considere dentro de mis hábitos de vida.

Y también sé que mi mente y cuerpo son un mismo sistema, por lo que si adquiero habilidades para gestionar la mente, afectará a la salud de mi cuerpo.

Y por último, sé que puedo modelar mi conducta en las situaciones que así lo requieran y que la forma más fácil para adquirir una conducta o solucionar un problema es dividirlo en partes pequeñas o PROPÓSITOS.

Todo esto es cuidarse, y nosotros en los talleres de Paciente Activo, te mostramos como hacerlo, ¿te apuntas?.

Ani Galende

“VENCE A LA DIABETES”

Vence a la diabetes es el lema que nos propone la OMS, que celebra  el martes día 7,  el Día Mundial de la Salud.

El Consejero de Salud de nuestra Comunidad, Jon Darpón, nos recordaba recientemente la importancia de desarrollar hábitos de vida saludables que pueden prevenir hasta en un 90%,  la aparición de enfermedades como la diabetes mellitus tipo 2.

La vida sedentaria y los malos hábitos alimenticios son factores desencadenantes de esta  enfermedad crónica y otras asociadas, lo hemos comentado aquí en numerosas ocasiones. Las encuestas muestran que más del 10% de las personas mayores de 18 años de nuestra Comunidad están afectadas por la enfermedad y que prácticamente una tercera parte de la población son inactivos, es decir no desarrollan una actividad física mínima recomendada.

El Departamento Vasco de Salud recaba la participación de otros agentes como Educación, Universidades y Ayuntamientos, en una misión   de largo alcance que involucre a más y más población en torno a un objetivo como el que la OMS nos propone recordar hoy.

Para el próximo mes de mayo  se prepara el 1er Encuentro de la Red de Escuelas de Salud para la Ciudadanía, en Donostia-San Sebastián. Allí se planteará entre otras cosas, la necesidad de la alfabetización sanitaria de la población. Yo no tengo ninguna duda sobre su necesidad y de su rentabilidad social y económica.

Creo que muchos coincidiremos en que es tiempo de abordar un reto ambicioso que debe comprometer al conjunto de la sociedad, es decir a ti y a mí, en un proyecto de País en torno a la salud que vaya más allá de nuestra generación. Con horizontes a corto, medio y largo plazo, que apueste por una mejora de nuestros hábitos de vida haciéndolos más saludables, tanto en el entorno doméstico como en el laboral y el social, que vayan generando una transformación social que alumbre una nueva realidad socio económica, la de “Euskadi, Territorio Saludable”.

Quizá de esta manera, algún día no sea tan  necesario celebrar “días D”  recordatorios  de esta u otra enfermedad, y el Programa Paciente Activo y sus participantes hayan sido una palanca relevante para el cambio que esta sociedad necesita.

 

Ánjel

Las delgadas líneas rojas

Desde el 20 de diciembre pasado se han instalado en nuestras vidas las líneas rojas. Televisión, radio, prensa, internet y redes sociales nos acercan cada día a la penúltima línea roja que tales o cuales, unas veces como dogma de fe inamovible y la mayor parte de ellas como barricada presuntamente infranqueable, se lanzan para no tener que comprometerse presentando proyectos positivos y creativos desde los que construir… pero bueno, esto no es lo que me interesa.

Son otras, más delgadas, más tenues, más imperceptibles y mucho más peligrosas, las líneas rojas que me ocupan.

En mi convivencia con la enfermedad crónica (mi compañera no invitada la diabetes) he conseguido logros en diversos campos. Unos me han costado más, otros menos y algunos aún están por llegar.

En el día a día voy descubriendo que eso logros están permanentemente amenazados por unas sutiles y delgadas líneas rojas, que he descubierto que soy muy proclive a traspasar. Y especifico:

  • El ejercicio diario, esa media horita de paseo de cada día, que muchas veces cae y desaparece ante consideraciones como: “ayer me di una buena caminata”, “Uf con este mal tiempo cojo el bus para ir a casa directamente”, “a ver si el fin de semana damos una vuelta grande”. Estas y otras “razones” (a las meras justificaciones y excusas también les gusta que las traten como algo importante: razones), suponen cruzar esa tenue línea roja que me separa del logro conseguido y del buen hábito adquirido, para llevarme a una tierra de nadie donde es espectacular la facilidad con la que se instala y prevalece la vuelta a viejas costumbres.

 

  • La alimentación. ¡Hay que ver cuántas “buenas razones” encuentro para ir desdibujando la línea divisoria entre comer saludablemente para un mejor control de la diabetes como hábito general de vida y el simple “tener cuidado” con este o aquel alimento! Es sencillísimo encontrar cada día algo que celebrar con un par de galletitas, animarme ante la tristeza de ver tanto verde en el plato alegrándolo con una patatas fritas extra, tomarme una copa de más que en realidad no era necesario tomar, probar “sólo un poquito” de ese dulce que con tanto cariño me ofrecen, no vaya a ofenderse alguien si no acepto… y tantas cosas más que hacen que cruzar la línea roja sea tremendamente sencillo.

 

  • La medicación. Ahí soy más fiel (o más temeroso tal vez) que en otros campos, aunque tiendo a justificar el olvido de la pastilla del medio día… ¡y eso que tengo la casa, el despacho y los bolsillos de mi vestuario plagados  de pastilleros específicamente dedicados a la dichosa pastillita!

 

  • El pensamiento positivo. He descubierto que de vez en cuando me aparto en mi pensamiento de los logros alcanzados en mi convivencia con la enfermedad y, por alguna oscura razón, me sitúo en la limitación que conlleva ser diabético, en las “privaciones”, las “renuncias” y en todo ese sacrificio que sirve “para no curarme nunca y estar siempre medicándome”. Esta línea roja, la de ceder a estas experiencias y sensaciones negativas (que son ciertas) para instalarme en la auto lamentación del pobrecito enfermito de por vida y en una autocompasión destructora que ponen en peligro mi decisión de vivir mi vida con mi enfermedad de manera que yo pueda vivirla con la mayor calidad de vida, es la línea roja más peligrosa, tenue, imperceptible y sutil de todas. Y, además, ya sé que cuando la traspaso y me instalo en ella surgen inmediatamente todo tipo de justificaciones y excusas que empleo como “razones” para saltarme las líneas rojas del ejercicio, la alimentación saludable y la correcta medicación.

 

¿Qué hacer? Lo primero: pararme, mirar dentro de mí con tranquilidad y paz, para intentar comprender qué me está pasando y por qué. Vamos, nada nuevo bajo el sol, que ya decían los antiguos aquello de gnosce te ipsum (conócete a ti mismo) como premisa para afrontar y resolver problemas.

Importante: cuando echo esa mirada hacia dentro he aprendido a no hacerlo desde el pensamiento negativo (que generalmente es el que me ha llevado a esa situación), sino desde la certeza de que si he traspasado líneas rojas en la mala dirección, es porque antes estaba del otro lado de esa línea: en el campo de los logros, del buen hábito construido o en construcción, de la coherencia con lo que quiero para mi vida.

Tener un ámbito en el que compartir estas vivencias con personas que seguramente también se encuentran con estos “pozos” que de vez en cuando amenazan con tragarse nuestras decisiones y logros es un privilegio, y en los talleres de Paciente Activo estamos para eso: para aprenden a llevar a cabo nuestras decisiones de vida, para ir alcanzando logros, y para aprender a mantenerlos cuando peligran.

 

Juan Carlos Mendizabal

Apuntalando conceptos

Nuevo curso, nuevos talleres, nueva vuelta a los contenidos de los mismos para repasarlos y afinarlos….y volver  inevitablemente  a reflexionar sobre la labor y la apuesta por este programa dentro de la Euskal Osasun Eskola de Osakidetza. Hablaba el otro día con otro de los monitores de este programa de las dudas que a veces tengo acerca de si transmitimos lo que verdaderamente queremos decir con “paciente activo”. Así que me vais a permitir que utilice este blog para ordenar y escribir algunas ideas al respecto.

Paciente activo es un manera de afrontar y vivir la enfermedad crónica. Con esa vocación y ese objetivo nació y se desarrolla. Lo que se propone es actuar de una manera proactiva, donde se impulsa el papel del enfermo o los cuidadores de personas con enfermedades crónicas para ser protagonistas de su autocuidado y en el manejo de la enfermedad. Frente a un papel pasivo en el que se asume la enfermedad como algo que nos ha tocado y cuya atención delegamos en el sistema sanitario, se ofrece la alternativa de adoptar un papel en el que podamos ser informados de lo relevante en cuanto a nuestras enfermedades para poder implicarnos y comprometernos de un modo personal a adoptar hábitos más saludables en nuestra vida.

Consideramos que cada persona es distinta con distintas circunstancias y distintas maneras de afrontar lo que le sucede. Cada uno de nosotros tiene sus propias fortalezas y debilidades, se nos da mejor a unos hacer unas cosas y a otros, otras. Tenemos un entorno determinado, unos hábitos y costumbres determinados, una singularidad. En definitiva, cada uno de nosotros es experto en su propia vida y en la manera en la que la enfermedad le condiciona. Adaptar los cuidados generales y los tratamientos que son necesarios tiene que evolucionar desde “algo que se despacha” a algo que se decide conjuntamente con los profesionales sanitarios y con la gente que nos rodea respetando e integrando el papel de cada uno.

De vez en cuando alguien me dice que todo esto es para dar menos trabajo a médicos y enfermeras y para que la gente no vaya a sus centros de salud, para ahorrar, etc… Desconozco si alguien tiene esa idea en la cabeza, pero es algo totalmente erróneo y decepcionante si así sucede. Hay dos elementos que subyacen en todo lo que hacemos: el respeto y la confianza. El respeto por las personas con enfermedades crónicas, por su capacidad de decidir, por su autonomía para hacerlo, por la importancia que tiene su opinión. Y la confianza en su capacidad para asumir información,  para tomar decisiones de un modo responsable que  les permita un mejor manejo de su enfermedad y poder alcanzar una mayor calidad de vida.

Así que “Paciente activo”  es un programa que va más allá de impartir talleres donde se transmiten conocimientos, se proponen estrategias para cambiar actitudes y hábitos, y se comparten experiencias personales que pueden ser valiosas para los demás.  Los talleres son una manera de canalizar toda esta filosofía y son una propuesta de un modo distinto de hacer las cosas. Un modo que aporta más beneficio y satisfacción a todos, y digo todos, los que se implican en esta manera de afrontar la enfermedad. Así que seguiremos invitando a sumarse a esta manera de hacer las cosas porque creemos en ella.. Al margen del programa.

¿Todo el mundo tiene que ser un paciente activo? No, todo el mundo no. Sólo quien quiera. Pero quien quiera, que tenga la oportunidad de serlo. ¿Te animas?

Iñaki Etxebarria

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