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El ejercicio es bueno para el cerebro

El ejercicio nos hace más inteligentes.

En la última entrega hablé de cómo el ejercicio nos hacía más felices.

Hoy voy a hablar de los beneficios que tiene directamente en nuestro cerebro.

 

¿Sabíais que mientras entrenamos nuestro cuerpo, también lo hace nuestro cerebro?

Numerosos estudios demuestran que el ejercicio aeróbico promueve la producción de una molécula neuroprotectora que mantiene el cerebro joven y activo. Seguro que no imaginabais que cada vez que realizamos ejercicios aeróbicos como caminar, correr, nadar o andar en bicicleta estamos ejercitando nuestro cerebro.

Los científicos han descubierto que el ejercicio aeróbico promueve la producción de una molécula llamada irisina, la cual tiene efectos neuroprotectores que ayudan a mantener el cerebro joven y mejoran el aprendizaje,  que  la oxigenación cerebral que ocurre mientras  realizamos ejercicios mejora la capacidad cognitiva (la capacidad relacionada con el procesamiento de la información: la atención, percepción, memoria, resolución de problemas etc.)y protege al cerebro de la degeneración que ocurre con la vejez, según publican en la revista Cell Metabolism.

Así que si últimamente pierdes las llaves o te cuesta tomar decisiones o hasta cualquier ruido te distrae, el ejercicio puede ser tu aliado.

Aun siendo imposible asegurar que correr unos kilómetros sería la fórmula  para convertirse en un  genio,  sí  es posible prever que se podía obtener mejores resultados si se practicaba ejercicio antes de un examen o una actividad que requería concentración.

Una investigación del Intitute of Medical Psychology LMU Múnich  puso a un grupo de mujeres alemanas a estudiar palabras en idioma polaco después de haber realizado una sesión de ejercicios.

Mientras  que otro grupo  estudió  las mismas palabras sin realizar ninguna actividad física. Los resultados evidenciaron que a las mujeres que se ejercitaron antes de estudiar, aprendieron mayor cantidad de palabras que las que no realizaron ningún ejercicio previamente.

Esto se debía, según los científicos, a que la adrenalina que se produce durante el ejercicio promueve la presencia de la molécula antes mencionada IRISINA,  hormona que aumenta durante el ejercicio, que ya he dicho que funciona como neuroprotectora que mantiene el cerebro joven y activo. La investigación llegaba a la conclusión de recomendar estudiar después de haber realizado algún tipo de actividad física.

El artículo explicaba los 4 beneficios del ejercicio físico para el cerebro:

  • Mayor conexión entre las neuronas
  • Mayor memoria a corto y mediano plazo
  • Mayor trasporte de nutrientes
  • Aumento de materia blanca y gris del cerebro

Añadía, que hay evidencias de que al ejercitarnos se activa el hipocampo, que es la parte del cerebro relacionada con el aprendizaje, por tanto su activación constante  podría repercutir en una mejor capacidad de aprender.

Así que ya sabemos algo importante: podemos decir que el ejercicio es un método para ayudar a  sentirse bien, estar sano, más guapo y ser un poco más inteligente.

¿Qué os parece?

Ahora solo queda responder a las preguntas que siempre os hago.

¿Qué, cómo, cuándo y con qué frecuencia?

Itxaso Arévalo

Hablemos de actividad física

En la entrega anterior comenté los muchos beneficios que tiene el practicar ejercicio.

Es sabido que las personas que están mucho tiempo sentadas o quietas, bien porque trabajan delante de un ordenador, porque en su trabajo deben permanecer mucho tiempo estáticas o que son sedentarias en su tiempo libre, pueden tener más riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares  y  más fácilmente aumentar de peso.

Ya sabemos que hacer ejercicio es saludable, lo importante y fundamental será conocer la cantidad óptima y que tipo de ejercicio realizar. El American College of Sports Medicine, que es el mayor organismo mundial en ejercicio saludable, nos dice: “se recomienda una combinación de ejercicio cardiovascular, de fuerza, de flexibilidad y neuromotor”.

En el manual que utilizamos en los talleres hablamos de  estos tipos  de ejercicio, y comentamos que un programa completo de actividad física o de ejercicio debería  incluir una combinación de todos ellos.

 

El ejercicio cardiovascular sería por ejemplo, andar, correr, ir en bicicleta o nadar, entre otros. Son ejercicios que llamamos aeróbicos, se pueden definir como ejercicios de media  o baja intensidad donde el organismo necesita quemar hidratos de carbono y grasas para obtener energía y para ello necesita oxígeno. Van a ser beneficiosos para nuestro corazón, los pulmones y nos van ayudar a mantener el peso.

Si padecéis algún problema cardiaco o respiratorio, antes de empezar a realizar algún ejercicio hay que consultar a un profesional sanitario de vuestro centro de salud o a vuestro especialista si es que acudís a controles periódicamente.

Lo ideal es practicarlo  2 o 3 días a la semana.

 

El ejercicio de fuerza sería la realización de un entrenamiento con pesas con lo que aumentamos la fuerza y el tamaño de nuestros músculos. Es lo que se suele llamar ejercicio anaeróbico, el cual consiste en ejercicios de alta intensidad y poca duración, donde el organismo no precisa de tanto oxígeno porque obtiene la energía del ATP muscular (es la pila energética que tiene nuestros músculos para contraerse y relajarse) y la glucosa (azúcar).

Lo recomendable es ir a un gimnasio y consultar al monitor. Y lo ideal es realizarlo 2- 3 veces por semana. Además de pesas existen bandas elásticas y máquinas específicas.

 

Los ejercicios de flexibilidad son los que nos van a ayudar a estirar y relajar los músculos y articulaciones. Siempre que vayamos a poner en práctica cualquier ejercicio se debe empezar por ellos. También se deben tener en cuenta las limitaciones de cada uno y nunca hacerse daño, siempre alcanzar un punto de “ligero disconfort”, pero no dolor.

 

El entrenamiento neuromotor hace referencia al trabajo de coordinación, agilidad y equilibrio. Como ejemplos: el yoga, el tai chi  o pilates.

La posibilidad de incrementar las actividades de la vida diaria en forma de ejercicio es un buen comienzo. Por ejemplo, podemos ir andando más veces a algún lugar de lo que lo hacemos habitualmente ¿qué os parece?

Posteriormente, ir interesándonos, ir pensando,  en un ejercicio más reglado como alguno de los citados anteriormente, nadar, caminar a paso ligero, pilates…  para realizar semanalmente.

Si nunca has practicado ejercicio lo ideal es comenzar suavemente y aumentar gradualmente la duración, la frecuencia y la intensidad. Todo en función de las características individuales y progresar poco a poco. Y si eres un enfermo crónico siempre debes consultar, si se tienen dudas, sobre qué ejercicio practicar.

Es importante valorar que el ejercicio no debe causar dolor.

Cada uno de nosotros debemos pensar: qué ejercicio puedo realizar, cual es el que más me gusta o me conviene y cuando tengo pensado empezar a practicarlo.

Las preguntas: QUE, CUANTO, CUANDO y CON QUE FRECUENCIA, son las que utilizamos y las que nos hacemos a la hora de realizar un propósito.

Itxaso Arévalo

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