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Kontsultan komunikatzen: Pista batzuk eta epilogo bat. Comunicando en la consulta: Algunas pistas y un epílogo.

Gure osasun profesionalekin komunikazio on bat edukitzea oso garrantzitsua da gaixotasun kronikoen kontrolarentzat. Gaurkoan, gure komunikazioa hobetzeko pista batzuk emango dizkizuegu, gure kontsulta probetxuagarriagoa izateko.

Una parte importante del control de las enfermedades crónicas depende de nuestra comunicación con los profesionales sanitarios: con la enfermera y la médica de atención primaria,  y en ocasiones también con la enfermera y médica de alguna especialidad más concreta. Este aspecto es muy importante porque  en función  de qué  comunicamos y  cómo lo hacemos estamos poniendo información encima de la mesa que es valiosa en ambos sentidos: para el paciente y el profesional. Queremos hoy aquí sugerir algunas prácticas que pueden ayudar a que nuestra comunicación en la consulta mejore y sea de ese modo más beneficiosa y eficaz para el buen manejo del autocuidado.

Esan gertatzen zaizuna, zure eguneroko bizitzan duen oihartzuna eta sortzen dizkizun kezkak.

Comunica lo que te pasa y la repercusión que tiene en tu vida cotidiana o tus preocupaciones al respecto. Nos sentimos mal porque ciertos síntomas nos preocupan especialmente, o porque sabiendo que no son preocupantes nos impiden realizar algunas tareas que para nosotros son importantes. A veces seguir las recomendaciones como un determinado tipo de alimentación nos ocasiona mucho trastorno porque implica cambiar nuestra vida cotidiana de modo notable. No debemos de quedarnos solo en los síntomas (tos, dolor, cansancio, dificultad para respirar, etc…), si no explicar porque les damos importancia. Esa información es relevante y valiosa.

Informazio asko jasotzen baduzu, idazteko edo gauza garrantzitsuenak esateko esan. Zer edo zer ulertzen ez baduzu era sinpleagoan esplikatzeko esaiozu.

Si es mucha información, pide que te la pongan por escrito o que te digan cuales son las cosas más importantes. Cuando nos comunican el resultado de una prueba o un diagnóstico, es frecuente que nos quedemos pensando en ello y que todo lo que nos dicen después no lo escuchemos bien.  En otros momentos, nos dicen cuál es la preparación que hay que hacer antes de una prueba o las precauciones que hay que tener con un tratamiento o cuál es el lugar dónde hay que acudir para alguna consulta adicional y en ese momento lo entendemos pero luego se nos olvida. Podemos solicitar que nos den la información por escrito o preguntar qué es lo más importante de todo lo que nos dicen y asegurarnos de que nos acordaremos mejor de lo principal. También puedes sugerir que el lenguaje utilizado sea sencillo y comprensible para ti.

Ahal den heinean, bidaltzen dizkizuen edo ez dizkizuen proba desberdinen arrazoiak zein diren azaltzeko eskatu. Medikazioen funtzioa zein den galdetu, elikagai batzuk hartzearen edo baztertzearen arrazoiak….

Solicita, que en la medida de lo posible, te expliquen cuales son las razones para realizar esa analítica que te piden, la radiografía o la resonancia, o por el contrario por qué consideran que no lo van a hacer. Haz saber tu interés en conocer cuál es la importancia de tomar determinadas medidas como hacer ejercicio o elegir unos determinados alimentos y restringir otros en el manejo de tu enfermedad., cuál es la función concreta de los medicamentos que tomas, etc…. Cuando conocemos el porque de lo que hacemos, nuestra predisposición a hacer esas tareas es mayor. Esto es así porque le vemos el sentido y sabemos el objetivo que perseguimos.

Tratua egin edo negoziatu. Gauza asko aldatu behar badituzu eta dena bapatean ezin duzula egin pentsatzen baduzu, esaiozu.

Negocia. Si te sientes abrumado por la cantidad de cosas que te dicen que tienes que hacer, por la dificultad que supone el hacerlas en tu caso, o te sientes con poca confianza en “cambiar totalmente tu vida”, plantéalo tal cual. Puedes proponer un plan que aborde las tareas paulatinamente, centrándote primero en lo que te ves con más confianza para cumplir y/o en lo que más beneficio te puede reportar. Puedes plantear una serie de visitas continuadas para ir valorando los progresos o para ir introduciendo nuevos hábitos, o comentar las dificultades, o lo que surja.

Ez gorde informazioa. Pilula bat hartzen ez bazaude, ariketa egiten ez baduzu…esan. Datu faltsuekin lana egitean, erabaki okerrak har daitezke.

No ocultes información. Si se trabaja con datos falsos, se tomarán con más probabilidad decisiones erróneas o ineficaces. Si no estás tomando una pastilla porque te sienta mal, o porque se te olvida o por la razón que sea, hazlo saber. Si no estás cuidando el descanso, la alimentación o el ejercicio, dilo. Es posible que el asunto a abordar de modo prioritario sea buscar las motivaciones o los modos de poder resolver esos problemas. De este modo evitamos que los profesionales están invirtiendo su tiempo, energía y conocimiento en abordar cuestiones equivocadas (¿por qué no funciona este tratamiento?) y logramos que nos podamos centrar todos en soluciones eficaces.

Bila ezazu osasun profesionalean aliatu bat. Bere jakinduriari probetxua atera eta abantailak aprobetxatu.

Busca en el profesional sanitario un aliado. Aprovecha sus conocimientos, y piensa en cómo sacar el máximo provecho de cada consulta a la que vayas. Todo ello irá en beneficio de tu salud y en el mejor control de tu enfermedad. Ten en cuenta que por ser crónica, tu enfermedad es un largo camino que recorrer y vas a necesitar ayuda y apoyo para no despistarte de rumbo, para transitar los tramos más complicados y para sentirte acompañado y reconfortado. La sensación de equipo que podéis lograr tú y las enfermeras y médicos que visitas regularmente hará que todos os sintáis más implicados y satisfechos.

Harreman adeitsu batek gure komunikazioa hobetu dezake eta enpatia harreman bat sor dezake osasun-profesionalaren eta pazientearen artean; era honetan, hobeto egiten da lan.

No debemos tener miedo para dar un paso y tomar la iniciativa buscando una mejor coordinación y comunicación con los profesionales sanitarios. Nuestros prejuicios hacen que pensemos que es probable que se puedan sentir molestos o cuestionados, pero la realidad dice que se trabaja mejor por un objetivo común cuando se percibe la implicación de la otra persona. Debates acerca de quien tiene que tomar la iniciativa y proponer las cosas son estériles y aquello de “el uno por el otro, la casa sin barrer” no debería ocurrir. Para todos puede suponer una nueva forma de vivir una consulta o una relación entre el médico o enfermera y el paciente pero con respeto y mostrando actitud de colaborar,  ese enfoque de equipo entre aliados puede ser una herramienta muy poderosa en beneficio de todos.

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Iñaki Etxebarria

La comunicación con el profesional sanitario

Juan Carlos Mendizabal

Como paciente diabético he ido asumiendo que tengo que integrar la enfermedad crónica (condición que me acompañará mientras viva) entre mis responsabilidades diarias (igual que la familia, amigos, trabajo, etc.). En este camino he encontrado la necesidad de comunicar con los profesionales sanitarios, y revisar qué papel tiene en mi proyecto.

Lo primero que tengo claro es que esa comunicación es una necesidad: yo no soy médico, ni tengo formación sanitaria ni conocimientos o medios a mi alcance para controlar solo mi diabetes.

Como paciente activo pongo en marcha lo que yo puedo aportar: la decisión de cuidarme permanentemente y la intención (muchas veces no alcanzada ni cumplida) de desarrollar hábitos de vida que ayuden a un buen control del azúcar.

Eso no es suficiente. Necesito también la implicación del sanitario para llevar a cabo mi decisión. Para ello, el primer paso ha sido identificar a estos profesionales como colaboradores, con un papel muy importante, en mi proyecto de tener la mejor calidad de vida posible en mi enfermedad crónica.

Es un momento de inflexión que produce un cambio fundamental: dejar de ver a los profesionales de la sanidad como:

  • Personas ajenas a mi vida cotidiana que intentan incidir en ella desde unos conocimientos que yo no tengo ni entiendo.
  • Personas que intentan (dicen que por mi bien) imponer normas y limitaciones en mi vida cotidiana sin preguntarme si yo deseo o necesito algo de eso, o si estoy de acuerdo, o si lo entiendo. Periódicamente me recuerdan las limitaciones que me impone la diabetes en un “idioma” que muchas veces me resulta incomprensible.
  • Personas a los que de vez en cuando les cuento alguna historieta para ver si me dejan tranquilo.

Esa imagen del profesional sanitario la he vivido en etapas en que percibía mi enfermedad como una molestia pasajera que podía ser controlada con un poco de medicación  y sin demasiados cuidados ni esfuerzos por mi parte.

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Esa imagen ha ido cediendo en la medida en que he asumido que la enfermedad es permanente, y o me encargo de ella o sus efectos minarán mi calidad de vida cotidiana. La diabetes es mía, y no la tengo porque me la diagnostique el médico o me la ayude a controlar la enfermera. La responsabilidad de enfrentarla es también mía y la decisión de comenzar a hacerlo también me corresponde sólo a mí.

A partir de ahí ha surgido también una nueva percepción de los profesionales de la salud, como colaboradores implicados en una decisión, en un proyecto importante para mí.

Tener una buena sintonía con quien quiero que colabore conmigo, me lleva a descubrir que tengo que comunicarme con él de otra manera, más participativa, comprometida y segura. Tengo que conseguir que los sanitarios pasen a ser:

  • Personas expertas que me aportan conocimientos, orientación, consejo, herramientas, apoyo…
  • Personas que se implican con mi decisión de tomar un papel activo en el control de mi diabetes.
  • Personas que comparten y con las que comparto cosas importantes desde la cercanía y la confianza.

Tengo que comenzar a comunicarme con ellos de otra manera, porque descubro que hasta ese momento,  me he presentado ante ellos:

  • Como el contenido de un papel con datos que me daba un médico para que lo entregase a otro médico capaz de descifrarlo y saber qué me pasa y cómo se arregla.
  • Como la víctima propiciatoria resignada a que me quiten las pequeñas alegrías de mí día a día.
  • Como un objeto de adivinación: “este de la bata blanca que ha debido estudiar mucho, que demuestre lo listo que es, y que adivine lo que me pasa y lo arregle”.
  • Como alguien ante quien asentir a todo lo que me diga durante los 5 minutillos que me va a dedicar, que luego ya haré lo que quiera.

Tengo que cambiar: el/la de la bata blanca me interesa: me pueden ayudar en mi objetivo. Tengo que poder contar con él, tengo que implicarlo en mi proyecto.

El cambio pasa por ver en él, más allá del que está sentado al otro lado de la mesa, a alguien que, si le convenzo, se pasará a este lado de la misma mesa para ser alguien que me acompaña. Él me lo puede poner más o menos fácil, pero el primer paso debe ser mío:

  • Compartiendo con él lo que supone mi enfermedad en mi día a día.
  • Intentando aportarle los datos e información que necesita para poner en juego con eficacia sus recursos profesionales conmigo.
  • Siendo sincero, preguntando lo que no sé.
  • Sabiendo que él tiene un papel propio, y distinto del mío, en mi tratamiento y que entre ambos podemos encontrar soluciones efectivas.
  • Tomando una actitud participativa en el tratamiento: no voy a “pasar el examen” o a “aguantar el chaparrón”; intento ir a colaborar.

Yo he tenido mucha suerte: mi enfermera se implicó en mi enfermedad antes de que yo mismo lo hiciera, supo transmitírmelo de manera cercana y segura, y me convenció de que era algo importante. Miró y vio por mí, lo que yo no era capaz de ver. Lo hizo  comunicándose conmigo sin reñirme, sonriendo, preguntando y escuchando, proponiendo, no imponiendo, esperando, compartiendo herramientas y soluciones.

Y me convenció a participar en el programa de Paciente Activo. Si tú no has tenido tanta suerte con tus profesionales sanitarios, recuerda que el primer paso debe ser tuyo. Lo normal es que recibas una buena respuesta y comenzar a transformar la mesa de la consulta en una superficie donde compartir y hacer crecer nuestra decisión de controlar la enfermedad.

Y si tienes dudas, miedos o problemas para lanzarte a comunicarte de otra manera con quienes colaboran en tu salud, no te preocupes: en los Talleres de Paciente Activo te ayudamos a hacerlo.

Escucha activa

Elena Resines

 

Estamos terminando un taller. Falta  la última sesión, la de despedida o mejor  la de hasta pronto. Todos nos hemos hecho cómplices y si no amigos-amigos, estamos en la misma onda, nos une  una experiencia común. Si nos encontramos, tendremos de qué hablar, tal vez nos veamos a menudo y ese aprendizaje entre  iguales en que nos hemos acompañado  nos permita  mantener una relación de aliados que nos refuerce y fortalezca en  el objetivo común de  cuidarnos y ser proactivos en nuestra enfermedad.

Si pasa un tiempo  sin vernos y no recordamos nuestro nombre, – ya no llevaremos la pegatina que nos lo facilita – sabremos que tenemos confianza para preguntárnoslo. Hemos pasado suficientes horas juntos compartiendo experiencias, podemos considerarnos cercanos y eso os permite ciertas licencias. Al menos eso les comentaré  yo cuando terminemos el taller. Porque a mí lo de recordar nombres….

Esta semana ha sido la sesión 6 y hemos hablado de comunicación. Siempre sonreímos y nos reconocemos en esas frases  que usamos como ejemplo, los mensajes tú. Nos sorprende saber  que hablando desde la emoción,  desde el cómo me siento , y  exponiendo el problema sin reproches, con respeto ,conseguimos mejorar la comunicación, las relaciones , evitar problemas , incluso desbloquearlos. Usemos los mensajes yo. Es la magia de la buena comunicación. Pero cuesta, estamos acostumbrados  a una comunicación más  agresiva, a veces incluso insolente.

Al llegar a esta sesión se nota que los participantes estamos a gusto, nos tratamos con familiaridad, ya se comenta que terminaremos pronto, da pena, nos hemos relajado,  se bromea entre quienes hace unas semanas no se conocían. Somos todos iguales, es lo que decimos del programa: Educación entre iguales, aprendemos todos de todos.

Hablábamos pues de comunicación y a José ,que es de palabra fácil , pregunta con frecuencia, cuestiona y  participa constantemente, siempre respetuoso , le interrumpo en uno de sus discursos y me dice ¨¡ oye , que tú también tienes que escuchar, aplícate lo que dices, déjame terminar” , con cierto aire irónico, y le digo tengo que reconocer que tienes razón , es uno de mis defectos y además conocido, pero me puede el impulso, esa retahíla interna de sucesión de  ideas para que no se me vayan , que tengo que decir esto…  y lo lanzo y me pierdo  lo que está diciendo el otro.

Otro propósito que tendré que practicar semanas  y semanas: Escuchar y dejar terminar. Mantener la mente quieta, no pensar, dejarla descansar, apagarla si es posible, dominarla y que ella no me domine. Practicar para ello, respirar profundamente, controlar mis pensamientos   y enfocarlos en positivo, cuando toque y no al escuchar al otro. Escuchar activamente, con empatía, no oír.

Tendré que tener muy presentes los Obstáculos para una buena comunicación y las habilidades de comunicación.

Propósito: Practicar la escucha activa:  me focalizaré en la persona que habla y que me quiere comunicar algo, la escucharé no solo con los oídos, sino con todos los sentidos, sin interrumpir, aunque no esté  de acuerdo, mostraré atención además con mi cuerpo, bloquearé mis ruidos internos y me centraré en la otra persona. Trataré de ver las cosas como me las cuenta, comprendiéndola, siendo consciente de lo que cuenta  y  demostrándole que la escucho. De esa forma  confiará en mí y sabrá que la valoro.

Este es mi propósito, lo practicaré dos veces al día, todos los días, una de ellas con alguien de mi familia. Con un grado de seguridad de un 9.

¿Alguien va a recordármelo y me va a preguntar si lo he cumplido o no?

 

 

Otro enfoque

“Hola, soy Lucia Torre Galende, hoy es 23 de Marzo de  2012 y no he ido al cole, por esa razón estoy escribiendo. No he ido porque por la noche he tenido 39 de fiebre y también estoy resfriada, pero lo importante es que no le pegue la fiebre a mamá porque si no, le tendrán que ingresar en el hospital y eso a mi no me hace gracia por eso cuando toso o estornudo me tapo la boca para que los gérmenes no peguen a las defensas y a los leucocitos, porque ¿sabéis qué?, que hay que tener 3100 defensas y mami solo tiene 120 así que la estoy cuidando y mimando aunque yo esté malita”.

 

Este es el cuento que me he encontrado en uno de los libros de cuentos de mi hija, por ese entonces me estaban dando las últimas sesiones de quimioterapia y ella tenía 8 años. No pude evitar echarme a llorar cuando lo encontré. Es muy difícil ver en esos momentos como se siente tu hija con todo lo que ha pasado, cuando te ve así, cuando te ve llorar de miedo y de tristeza, cuando te ve sin fuerzas después de una sesión de quimio, el primer día que después de quince días viendo que se te cae el pelo a manadas, decido, mientras está dormida, afeitarme la cabeza, esa cara cuando me vio…, y yo con una sonrisa, procuré transmitirle tranquilidad.

En mi proceso de curación del cáncer, tuve que lidiar con muchas cosas, pero especialmente con una de las decisiones más difíciles e importantes en mi vida: “¿que hago?”, “¿como se lo digo a mi hija?”, o mejor “¿y si no se lo digo?” “¿que debo hacer?. Recuerdo que en el proceso un día me preguntó: “mamá, ¿y si la medicina no funciona?, ¿y si no te cura?”a  lo que respondí: “bueno, ¿ cuando tú te pones malita, te cura la medicina?, (ella asintió), pues entonces, porqué no va a curarme a mi?”, parece que se quedó tranquila con la respuesta…tampoco quería mentirle, en realidad no lo sabía.

Yo había leído mucho al respecto y me convenció el hecho de que tenía que saber la verdad quitándole todo el hierro que pudiera y por supuesto viéndome y sintiéndome positiva, siempre pensé que lo superaría y eso era lo que transmitía con mi actitud, a ella también.  Leí que no hay que mentir  y de ahí nació mi idea de ir explicándole como funcionaba el cuerpo como si fuera un cuento;  porqué me quedaba débil después de una sesión de quimioterapia, la importancia de seguir con las rutinas y dar mis paseos en cuanto me sintiera mejor, la importancia de comer sano, los alimentos que ayudaban a subir las defensas, descansar bien, escuchar al cuerpo y un largo etcétera que ella escuchaba siempre con los ojos muy abiertos y atenta a cualquier sensación. Empezamos a meditar por las noches juntas con un libro que traía un CD de meditaciones para niños (buenísimo por cierto) y aunque parezca extraño, establecimos un vínculo distinto y mayor de lo que ya teníamos de por sí.

Es cierto que después tuvo que vivir un episodio muy duro que me temo tiene grabado en su mente a fuego y del que no quiere hablar, cuando a causa de la cardiopatía que me produjo la quimioterapia, tuvieron que llevarme al hospital en ambulancia casi sin vida. De este episodio donde ella estaba presente, le han quedado muchos miedos. Lo último que recuerdo es verla llorando  asustada y darse la vuelta tapándose la boca con las manos, para que yo no la viera llorar…

La vida a veces es dura, aunque sigue siendo preciosa¡¡, y todo lo que nos ocurre nos enseña algo, yo estoy segura. Procuramos que nuestros hijos no sufran nada, pero eso no es posible en este mundo, no se puede vivir en una burbuja y siento que lo que hay que hacer es darles mucho amor y enseñarles a vivir en cualquier entorno por difícil o duro que sea.  tarea difícil aunque fascinante… Yo no elegí esta situación pero por alguna razón, ella también ha tenido que vivirla.

Ani Galende

Otra comunicación es posible… casi siempre

El otro día, como tantos otros, fue al colegio para recoger a mi hija. Fui en coche porque es muy complicado llegar de otra forma. Y aparqué donde tantas otras veces. No es que fuera muy ortodoxo el lugar elegido pero no molestaba a nadie.

Recogí a mi Candela y rápidamente nos dirigimos al coche porque teníamos algo de prisa. Y ¡sorpresa! alguien había colocado su vehículo en un lugar impensable, al menos para mi y para algunas otras personas que observaron perplejas el espectáculo, y no podíamos movernos.

35 minutos tardó la propietaria de dicho vehículo en regresar!!! 35 minutos en los que ni siquiera se le ocurrió mirar –lo tenía muy fácil- por si el conductor o conductora del coche al que impedía el paso esperaba para salir. Con tranquilidad, sin inmutarse, prototipo de persona que no ve otro mundo que no sea su propio ombligo.

Y allí estaba yo, convertido en esa fiera que llevo dentro, para, cargado de razón, escupírsela sin piedad, dejándole bien claro que su actitud era difícilmente presentable, además de incívica y sobradamente egoísta. Vamos, fue tal el chorreo que no tuvo ni oportunidad de reconocer que había metido la pata. Sólo intentaba defenderse, protegerse del chaparrón de improperios que se le había venido encima.

Al final dijo una tontería supina, “¿es que no te puede pasar a ti algo parecido?”, como si lo de aparcar mal fuera algo que pasa y no algo que se hace de forma deliberada, y se fue. Y mi conciencia empezó a funcionar.

Me empecé a cuestionar qué había logrado con mi avalancha de reproches, si tal vez hubiera conseguido algo más planteando las cosas de otra forma. Imaginé haber actuado con flema, preguntándole con calma si alguna vez miraba a su alrededor cuando conducía, si se percataba de que compartía carretera con otros conductores. Tal vez podría haberle comentado que sienta bastante mal que alguien condicione tu movilidad sin motivo alguno, que alguien disponga de tu tiempo sin importarle qué es lo que tienes que hacer con él. Incluso podría haberle preguntado si había tenido algún problema para estacionar tan rematadamente mal y ni siquiera preocuparse por las consecuencias.

No sé qué habría sucedido, pero seguramente habría conseguido algún tipo de respuesta, algún tipo de aclaración. Incluso una disculpa. Desde luego algo más que una impertinencia sin sentido y esa convicción interesada con la que se fue de que la víctima había sido ella y no yo.

En definitiva, erré el planteamiento aunque me asistía la razón. Me equivoqué aunque he podido comprobar que aparca mal todos los días, que sistemáticamente desoye los requerimientos de quienes regulan el estacionamiento en el colegio los días de mayor afluencia de vehículos.

Ya nos lo contó Anjel… piensa en lo que quieres obtener y después comunica de la forma más adecuada para llegar a ese fin. Si no lo haces así te puedes encontrar con sorpresas no deseadas y seguro que nunca con lo que realmente quieres. Y esto es aplicable a cualquier escenario, el que he dibujado, una discusión familiar, en la consulta con tu médico, en un bar…

Jose Blanco

Enfermedad y comunicación consciente

Una buena comunicación es  esencial  para disfrutar de  una vida saludable, y lo es más  cuando necesitamos tratar aspectos relacionados con una enfermedad crónica como la nuestra.

Necesitamos que las personas más próximas con las que nos relacionamos estén informadas de nuestras necesidades particulares en relación a nuestra salud y orientarlas sobre cómo nos pueden ayudar.

Cuántos conflictos podríamos evitar con nuestros seres queridos si nos comunicarnos adecuadamente, y a su vez, cuanta más compresión tendríamos de ellos si atendiéramos a sus palabras  y que los mensajes entre nosotros fueran claros.

Comunicarse bien no es tarea fácil, y tampoco tan difícil, aunque  deberemos poner empeño si queremos tener mejores resultados. No podemos no comunicar y todo lo que hacemos, decimos y dejamos de hacer y decir, es mensaje. Otra cosa es la calidad de nuestra comunicación.

Por mucho que se sepa de comunicación parece que siempre faltan cosas por aprender. Muchas personas no practican algo tan básico como escuchar y entender. Y cuando entramos en el terreno de lo personal, sobre todo en momentos de tensión, todo lo aprendido se bloquea  y se actúa de modo contrario.

Comunicación procede de la palabra latina “communicare”  que significa compartir algo, poner en común. La necesidad de comunicar y  compartir es siempre algo muy importante para las personas. Son la esencia de las relaciones.

Son muchos factores a tener en cuenta para una buena comunicación , el quien, qué, como lo dice, en qué idioma se expresa, si utiliza música, imágenes, con qué medios, si texto escrito, teléfono, vídeo, multimedia, en qué canal emite, visual, auditivo, gustativo, olfativo, corporal-emocional,  a quien va dirigido el mensaje,  con qué duración, en  qué contexto, tiempo o espacio.

Y de todo ello resulta  que es más importante el cómo se dice a lo que se dice. La forma como nos llega la información nos impacta más que el propio contenido de las palabras, que por supuesto, son muy importantes y que deben de ser precisas y apropiadas.

Hoy los estudios nos demuestran que lo que más nos influencia de la información que recibimos es lo visual y las características de la voz, por encima del propio discurso. Tanto como que el 55% de la capacidad  de impacto de una comunicación depende del lenguaje corporal con el que se emite el mensaje, un 35% de las características de la voz, y un modesto 7%  de las palabras que contiene el mensaje.

A semejanza a las virtudes, hay seis aspectos capitales a cuidar para generar una  comunicación consciente:

La primera, TENER OBJETIVO.  Plantearse de antemano lo que queremos que ocurra con la comunicación, a donde nos gustaría  llegar, qué consecuencias deseamos que tenga. Definir el rumbo y modular  la  velocidad e intensidad en función del curso de la conversación.

La segunda, CREAR CONTEXTO Y SINTONÍA.  Para disfrutar de una buena comunicación deberemos de elegir lugares y momentos adecuados, evitar los ruidos e interrupciones innecesarias, preparar esos pequeños detalles que nos hacen sentir comodidad y relajación.  Las personas tenemos muchos recursos para sintonizarnos, busquemos la onda emocional que nos permita incluso tratar temas espinosos en los que no estemos de acuerdo. Si mantenemos la sintonía será más fácil llegar a un acuerdo o pactar un desacuerdo amistosamente.

La tercera, ESCUCHAR Y ENTENDER A LA OTRA PERSONA.  No basta con escuchar pasivamente. Además deberíamos de tratar de entender lo que nos están expresando, asegurarnos de que estamos interpretando bien el mensaje que nos ofrecen y para ello, de vez en cuando, podemos preguntar a nuestro interlocutor si comparte nuestra recopilación de lo escuchado.

La cuarta, LA RESONANCIA. Cuando recibimos información nuestros propios recuerdos se activan, nos resuenan las viejas imágenes, conversaciones y emociones que están archivadas en nuestra memoria. Es imposible no resonar y por ello es importante ser consciente de lo que ocurre en nuestro propio interior mientras escuchamos a la otra persona. Deberemos decidir qué  queremos compartir y qué no, y en todo caso evitar juzgar críticamente a nuestro interlocutor.  Nuestra percepción individual no es la verdad absoluta y cuando necesitemos expresar desacuerdos  también será conviene comprender la posición de la otra persona.

La quinta, LA RESPUESTA. Nuestra respuesta es consecuencia de las resonancias que hemos experimentado durante la escucha y por ello deberíamos ser muy cuidadosos con lo que aportamos, si lo que proponemos es lo que nos convendría a nosotros desde nuestra propia realidad o mantenemos la objetividad suficiente para ofrecer opiniones y puntos de vista útiles para la otra persona. Siempre podremos compartir las resonancias vividas, las emociones que uno ha experimentado con lo escuchado. Aviso,  los consejos no suelen servir de mucho. Salvo que se pidan, a casi nadie le gustan los consejos.

Y sexta, LA DESPEDIDA. Cierra el círculo. Aprovecha los momentos finales para hacer un repaso rápido de lo compartido y propón una nueva ocasión de encuentro. Y para terminar, agradece todo lo recibido.

Ánjel Irastorza

El arte de escuchar

Recientemente he leído que escuchar a otra persona es regalarle un espacio para expresarse, para compartir, para crear por encima del sonido de tu propia voz que busca su protagonismo….., no puedo estar más de acuerdo¡¡.

Escuchar es un arte… y se puede cultivar..

Y no solo hablo de escuchar a los demás, hablo también de escucharte a ti mismo, que tiene aún más poder, ya que puedes entender, entenderte y darte cuenta.

En tu entorno más cercano, conoces a alguien que escuche? Alguien que sepa esperar con más o menos paciencia a que el otro termine de hablar?. Si reflexionas es dificil mantener una conversación de escucha ya que estás pensando -mientras supuestamente escuchas- lo que vas a responder, creando al final mas bien una mezcla de dos monólogos, el mío y el de enfrente, y así no hay conexión posible, es como si cada uno hubiera decidido ya tener razón -su razón-  y esperar nuestro turno para “argumentarla” y “demostrarla”.

También hay veces que usamos las palabras simplemente para llenar un espacio. ¿A quien no le ha pasado sentirse incómodo entre dos personas -o más- en silencio y hablar de lo primero que se pasa por la mente para llenar ese vacío?, es como si pensaras “dí algo para interrumpir ese momento incómodo y tapar el sentimiento que pueda haber detrás y así no me escucho a mi tampoco”.

Pues es fascinante lo que se puede llegar a sentir escuchando, haciendo de esto un propósito diario.

Este es otro gran tema que tratamos en los talleres junto con la comunicación.

Os dejo con una fábula que habla por si sola…

El joven discípulo de un filósofo sabio llega a casa de éste y le dice:

  • Oye, maestro, un amigo tuyo estuvo hablando de ti con malevolencia…….
  • !Espera¡ -lo interrumple el filósofo- ¿ya hiciste pasar por las tres rejas lo que vas a contarme?
  • ¿Las tres rejas?
  • Sí. La primera es la verdad. ¿Estás seguro de que lo que quieres decirme es absolutamente cierto?
  • No. Lo oí comentar a unos vecinos…
  • Al menos lo habrás hecho pasar por la segunda reja, que es la bondad. Eso que deseas decirme ¿es bueno para alguien?
  • No, en realidad, no. Al contrario..
  • ¡Ah, vaya!, la última reja es la necesidad ¿Es necesario hacerme saber esto que tanto te inquieta?
  • A decir verdad, no.
  • Entonces -dijo el sabio sonriendo-, si no es verdadero, ni bueno ni necesario, sepultémoslo en el olvido.

Existen  ejercicios muy buenos para aprender a escucharnos y escuchar, os voy a proponer uno, que es simple aunque dificil: Pasar una comida entera en la misma compañía que habitualmente – ahora que estais de vacaciones resultará más “sencillo”-  en SILENCIO TOTAL,  solo escuchar el sonido de los cubiertos, del pan al cortarse, del vaso al llenarse, de la servilleta, de la respiración, agudizaremos los sentidos porque estaremos más atentos. Seremos mucho más conscientes de como comemos, de como masticamos si es que lo hacemos en lugar de “engullir”. Nos entrará la risa, es posible, no pasa nada, reiros, y luego valorar como os sentís. Descubrireis  muchas sensaciones en las que no suseles reparar en tu día a día..

Ya me direis que tal, es un pequeño propósito para estas vacaciones, un día en el mes, o a la semana, poco a poco y recordar que una de las claves principales para establecer los propósitos es QUERER HACERLOS, aunque sea por curiosidad….

Yo tengo puesto en el movil una frase muy locuaz para mí: “muérdete la lengua”…….

Ani Galende

Los ángeles no tienen hélices.

En realidad ni siquiera creo que existan los ángeles, al menos tal y como nos los han pintado: niños desnudos con alas y pelito rizado o señoritas de largos cabellos,  también aladas y con largas túnicas. Pero tuve una experiencia que me hizo dudar.

Mi padre vivía sus últimas horas en este mundo, tumbado en el sofá de un triste salón en el que también en primavera entra poca luz. Y aquella era una oscura tarde de finales de octubre.

Mi madre estaba sentada junto a él, en su sillón de siempre. Tenía esa cara de circunstancias de quien está superado por lo que ocurre a su alrrededor, de quien prefiere obviar la crisis como si fuera un mal sueño que termina al despertar, que se olvida si no te ocupas de él.

Frente a ellos estaba yo, sin saber qué hacer para mitigar el sufrimiento de mi padre ni qué decir para hacer más llevadero el mal momento que mi madre vivía y no sabía expresar.

Y entonces llegó Julio. Sólo le vi aquella tarde y de él sólo recuerdo que tenía barba y cara amable. No nos conocía. Había contactado con él a través de mi cuñado. La única referencia que me habían dado era “es un buen tipo que tal vez te pueda ayudar en algo”. ¡Y vaya si lo hizo!

En cuanto entró en casa saludó y se centró en mi padre. No se entretuvo un solo instante en observar el lugar en el que se encontraba. Obviamente no era importante. Se acercó a él, le cogió de la mano y le preguntó cómo estaba. No obtuvo respuesta alguna, lo que no impidió que siguiera hablándole, como si mi padre pudiera escucharle. Y tal vez podía.

Tras unos minutos se dirigió a mi madre. “Pilar, ¿cómo estás? ¿Sabes lo que está pasando? ¿Cómo lo llevas?”. Y sucedió algo impensable, porque hasta aquel momento se podían contar con los dedos de una mano las veces que había exteriorizado sus sentimientos. Mi madre lloró, se liberó, aunque fuera sólo un ratito. Aquel desconocido había conseguido que se mostrase la mujer que también era y que había mantenido oculta años y años.

Y ya calmada me tocó a mi. Julio comprobó que todo estaba más o menos en orden y me animó a tomar un café, pero no en casa. Mejor en el bar de la esquina. Un café con leche y un americano con hielo y empezamos a hablar. “Han sido 3-4 meses duros desde que diagnosticaron a mi padre un tumor cerebral, pero mejor así que esas agonías interminables. Estamos teniendo tiempo de despedirnos…”.

Julio asentía, atento a lo que comentaba, hasta que preguntó: “Y tú ¿qué? ¿Cómo estás tú?”. Aún hoy, casi 11 años después, se me eriza el vello cuando recuerdo ese momento, cómo repentinamente me vi nítidamente reflejado en un espejo que hasta ese momento había evitado mirar. Y también lloré y también me liberé. Pero no para un rato sino lo suficiente para llevar con dignididad lo que después llegó.

Volvimos a casa y en segundos mi padre empeoró. Julio me animó a que avisara a mis hermanas porque se acercaba el momento. Y llegó a la mañana siguiente, rodeado de todos nosotros. Dejó de respirar y dejó de sufrir. Y ya sólo, en aquella habitación oscura junto al cuerpo que había albergado a mi padre, sólo podía pensar en el desconocido que la tarde anterior había llegado a casa como llovido del cielo, para poner orden y facilitar la despedida menos traumática. Ese hombre que no recuerdo cómo se fue ni cuándo. Lo recuerdo como si sencillamente hubiera desaparecido.

Si los ángeles existen seguro que son como él, seres absolutamente normales con una capacidad de empatizar enorme. No nos ofreció soluciones porque no las tenía. No nos contó nada de su vida porque en esos momentos eran nuestras vivencias las importantes. Sólo nos ofreció su comprensión y su hombro por si pudieran servir de ayuda.

Para mi, comunicador por obsesión, Julio es un ejemplo a seguir, su capacidad de decir sin hablar, de generar confianza sin explicarse. Y aún mejor, como él, a mi alrededor hay personas que jamás han intentado decirme cómo he de enfrentar mi diabetes. Y en mente tengo a mi mujer- que no es mía pero ya me entendéis-, que simplemente me ha hecho saber que ahí está, para lo que necesite.

¿Haces tú lo mismo con quien padece a tu lado? ¿Hacen lo mismo contigo? ¿Te comunicas con la gente de tu entorno, con tú médico? En los cursos de Paciente Activo encuentras claves para actuar y también algunas respuestas relevantes. Cuando das con ellas, lo ves. Sorprende que casi todas estaban ahí, ante tus ojos.

 

Jose Blanco

 

¡Ah! Julio es parte de la esencia del programa “Cuidando Contigo” del Hospital San Juan de Dios de Santurtzi.

Comunicando…

Parece que tengo una mente diseñada para el drama. Hoy he llegado sola a casa dejando a mi hija con mi marido en el barrio, pretendía darme una ducha  y eso hice, tranquilamente y sin prisas. Al salir del cuarto de baño oigo que me suena el móvil y al  cogerlo veo en la pantalla que es mi vecina de enfrente – de EN- FREN -TE y la única que tengo en la planta –  desde su móvil, descuelgo y oigo la voz de mi hija bajito preguntándome que si estoy en casa, – hacía media hora escasa que les había dejado – me bloquea el MIEDO y lo primero que me viene a la mente es – ¿que ha pasado?, porqué me llama desde el móvil de mi vecina?, !si acabo de dejarlos¡, !algo le ha pasado a mi marido¡- entro en pánico porque además en mi casa no tengo buena cobertura, eso ya me pone de los nervios y más en esa situación-  mi hija no me oía y repetía constantemente lo mismo, “¿estás en casa?”, yo veía  ya el accidente de su padre, “le ha pillado un coche y la vecina lo ha visto todo..”,  bueno, y la escena con todo el drama también, adelantándome y además con malas noticias absolutamente injustificadas, !!terrible¡¡, ¿no creeis?.

¿Como reacciono?, pues después de ver el hecho en sí, creo que podía haber gestionado mejor la situación, que ahora leyéndola resulta hasta cómica, pero como suelo hacer cuando tengo miedo, me enfado, esta vez con mi hija que lo único que hizo fué llamar al timbre de la vecina al ver que yo no le abría la puerta, ella en ningún momento está enfadada ni chilla ni molesta – podría aprender de ella, la verdad – pero yo me pongo a regañarla diciéndole que porqué ha tenido que llamar a la vecina, que donde estaba su padre, etc……, o lo que es lo mismo, haciendo un drama de la nada…Leí una vez que las palabras son MAGIA, y pueden ser magia NEGRA o magia BLANCA en función de como las uses, ¡que gran verdad¡, ya puedes tener el parloteo en la mente que le darás aún más poder si lo llevas a las palabras, como suelo decir,  la magia negra es como si escupieras veneno contra el que toque…

La mente juega malas pasadas de forma constante, un parloteo contínuo que si dejamos vencer, puede llevarnos a situaciones complicadas. Existen técnicas efectivas para gestionarlo y poder darle la vuelta. Por ejemplo en la misma situación descrita, cuando descuelgo el móvil y oigo a mi hija y me vengan todos esos pensamientos, ayuda mucho pararse y contar – cerrar los ojos, no pasa nada, nadie te está viendo y así consigues mayor enfoque en lo que quieres lograr, que es calmarte –  igual que antes de discutir o de enfadarse, pararse e irse o alejarse en un momento dado justo antes de que explotes si ves que  no vas a poder gestionar bien la situación, hay personas que llevan ese temple en los genes, y hay otras que no tenemos esa suerte y tenemos que cultivarlo, que se puede y es muy recomendable.

Después de calmado, cuando aparecen esas visiones catastróficas, también serás capaz de razonarlas antes de que ellas te venzan,  las visiones vienen con la misma fuerza, pero tú no le dás la misma importancia.

Cuando entra mi hija por la puerta, ya en calma, se dicen las cosas de otra forma, primero ESCUCHAR lo que el otro tiene que decir,  por supuesto sin interrumpir, ¿como podría fluir la comunicación si no escuchamos?, y cuando acaba se le explica con buen tono y buenas palabras, otra forma de hacer las cosas en una próxima ocasión. Una buena manera sería explicarle ante todo como me he sentido yo al escucharla, y luego expresarle los motivos sin ataques y sin juzgarla, si hablamos desde nuestro sentir y no  desde el otro – ¿porqué has llamado a la vecina? En su lugar usar “he sentido miedo cuando te he oido en el teléfono y me asusté”….

La comunicación es uno de los contenidos que tratamos en los talleres de Paciente Activo, y hablamos de diferentes técnicas para que sean productivas.

A todo esto podeis preguntaros que si las sé, porqué no me las aplico.., pues aún no os he dicho lo que hice cuando llegó mi marido un rato después, supuestamente !todo lo había enredado él¡, pues conseguí hacer lo que os he descrito, decirle sin levantar la voz, la que se había liado y con todo el amor del que fuí capaz, darle la alternativa de que se podría haber arreglado simplemente con dejarle las llaves a la niña……., además !!yo también estoy aprendiendo¡¡..

Ani Galende

Preparar la consulta para no olvidar.

Cada día se diagnostican enfermedades. En todo el mundo por millones?

Pero a mí sólo me sucedió ayer.

Fiebre alta que no remite, analítica de control y vaya…me ha tocado.

Hallazgo casual me dice el médico y consulta los resultados complejos, con el compañero de la consulta de al lado

-” Pero estos resultados indican curación, comentan”.” Por seguridad vamos a enviarte al especialista, pero coincidimos en que estas curada”.

Seguro, pienso en shock, pero yo sigo con fiebre, me siento fatal y por si no fuera suficiente, me dicen que he estado enferma y que no lo he sabido hasta ahora.

Intentan tranquilizarme, pero no lo consiguen. Solo oigo que tengo una enfermedad que a mí me suena a grave, de la que no me he enterado, que me va a dejar una huella de por vida y que me he curado??? No entiendo. Pero en este momento no puedo ni hablar, mucho menos pensar o preguntar.

El doctor Google, al que consulto inmediatamente llegar a casa, sólo consigue aumentar más el caos y las dudas.

La semana que pasa hasta que voy al especialista vivo en un infierno de dudas y preguntas.

Por fin llego a la consulta del especialista que va a solucionar mis dudas.

Me recibe con una amplia sonrisa, que agradezco.

-“Tu médico te ha enviado a descartar una enfermedad que no tienes”

– COMO???

– “No tienes”… y me sonríe de nuevo.

Salgo de la consulta mucho más tranquila. La contundente respuesta del amabilísimo doctor me ha dejado, otra vez, sin palabras. Tranquila, aliviada, pero con las mismas dudas…

No puedo creerlo. He perdido, de nuevo, la oportunidad de preguntar.

¿A QUE NOS SUENA?

En los talleres de Paciente Activo enseñamos a preparar la consulta con el médico.

¿Qué debemos hacer?

-Anotar todas las dudas

-Preguntar de forma clara.

-Repetir lo que estamos entendiendo, por si hay algún error.

-No salir de la consulta si no entendemos lo que hay que hacer respecto a tratamientos, pruebas, etc.

Y si a pesar de haber preparado la consulta y haber preguntado todo lo que nos crea dudas no lo tenemos claro, volver a consultar con nuestro médico o nuestra enfermera.

El acceso es fácil, nos conocen y aunque no dispongan de mucho tiempo están dispuestos a dedicárnoslo. Seguro que aclaran gustosos lo que no hemos entendido.

Y un consejo, Doctor Google no aclara dudas. Solo crea más.

Magdalena Vázquez

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