BERE ARGIA IZATEA, URTZEKO BELDURRIK IZAN GABE/ SER SU LUZ, SIN MIEDO A FUNDIRNOS

Osasun-arreta gero eta gehiago zentratzen da, ez bakarrik pazientearen esperientzian, baita familiaren eta/edo zaintzaileen esperientzian ere. Osasun-profesionalen eta zainduaren arteko elkargunea dira.

Zaintzaileak dira gaixotasunak berak eragindako nolabaiteko iluntasuna izan dezaketen pertsonen argiak. Autonomia galtzea edo laguntza behar izatea eguneroko bizitzako oinarrizko premiak betetzeko edo ordezteko zaila da asimilatzea. Norbaiti falta zaion argia ondoan izatea funtsezkoa da, baina baliteke prozesu horrek zaintzailea ere itzali ahal izatea. Horregatik, zaintzaileen eskubideez ere hitz egin behar da, barruan daramaten argia itzali ez dakien eta beren senidea edo hainbeste maitasunez zaintzen duen pertsona argitzen jarraitu ahal izan dezaten.

“Ez ahaztu, agian, itsasargia zara norbaiten ekaitzean”

Vivimos en una sociedad donde la esperanza de vida cada vez es más alta y por lo tanto, las enfermedades crónicas más prevalentes. Las enfermedades neurodegenerativas están a la orden del día, pero también las cardiovasculares o las oncológicas. Todas ellas, en algún momento del proceso terapéutico terminan necesitando a alguien al lado que les cuide y les proporcione ayuda de manera que sientan que sus necesidades físicas, sociales y afectivas están cubiertas.

Es por ello, que la atención sanitaria cada vez se centra más, no solo en la experiencia del paciente sino también de la familia y/o cuidadores y cuidadoras. Son un gran activo por su triple función: tiene un papel como informante, son proveedores de cuidados y la persona que toma decisiones importantes en la organización de la vida del paciente y su familia. Son el punto de unión entre los profesionales sanitarios y la persona cuidada.

En la legislación española, tenemos la “Ley 41/2002, de 14 de noviembre, básica reguladora de la autonomía del paciente y de derechos y obligaciones en materia de información y documentación clínica” que manifiesta la importancia que tienen los derechos de los pacientes como eje básico de las relaciones clínico-asistenciales. Pero es necesario destacar el papel esencial de los cuidadores en estas relaciones clínico-asistenciales y que la sociedad y, por ende, los profesionales de salud entiendan que todo el proceso del cuidado informal puede acarrear graves consecuencias a nivel físico, psicológico, social, laboral y económico.

Pero… ¿qué significa ser persona cuidadora familiar?

Estas personas se pueden llegar a encargar de:

  • Las actividades de la casa: cocinar, limpiar, planchar, comprar, etc.
  • Ayudar en el transporte fuera del domicilio: acompañarle al médico, a urgencias, al hospital, etc.
  • Ayudar en el desplazamiento en el interior del domicilio cuando la enfermedad le provoca un déficit en la movilidad.
  • Ayudar en la higiene personal: peinarse, lavarse, vestirse…
  • Ayudar en la administración del dinero y los bienes.
  • Supervisión y administración en la toma de medicamentos. Observación de los efectos secundarios e interacciones.
  • Colaboración en las tareas de enfermería: movilización, dieta adecuada, cambio de pañales, curas de heridas, observación y valoración del estado del enfermo.
  • Resolución de situaciones conflictivas derivadas de la situación de enfermedad, por ejemplo, cuando el enfermo está agitado, triste, manifiesta dificultades en la comunicación, etc.

Todas estás actividades pueden tener una gran repercusión y consecuencias que alteran sobremanera la vida de una persona. Todo ello, conlleva a una adaptación al cambio de rol familiar y/o social y/o laboral que necesita ser planificado y organizado para que el proceso no termine siendo un agravamiento de la situación base. Los cuidadores/as son la luz de las personas que puedan estar pasando por cierta oscuridad derivada de la propia enfermedad. Ir perdiendo autonomía o ir necesitando ayuda para cubrir o suplir necesidades básicas de la vida diaria es difícil de asimilar. Tener a alguien al lado que de la luz que a uno le falta es esencial, pero es posible que ese proceso le pueda ir apagando también a la persona cuidadora.

Por esta razón, es necesario hablar también de los derechos de las personas cuidadoras para que no se les funda la luz que llevan dentro y puedan seguir iluminando a su familiar o a la persona que cuidan con tanto cariño. Por ello, tienen derecho a;

  1. Al autocuidado.
  2. A expresar sus sentimientos.
  3. A equivocarse.
  4. A dedicar tiempo a ellos mismas sin tener sentimientos de culpa.
  5. A experimentar sentimientos negativos por ver a su familiar enfermo.
  6. A pedir información sobre todo aquello que no comprendan.
  7. A buscar soluciones a problemas que se ajustan a sus necesidades y a las de sus familiares.
  8. A ser tratados con respeto.
  9. A ser reconocidos como miembros valiosos de la familia.
  10. A ser reconocidos como miembros valiosos de la sociedad.
  11. A poner límites a las demandas excesivas.
  12. A cuidar de su futuro.

               “No te olvides que tal vez, eres el faro en la tempestad de alguien”

                                                                            Tania Herrera

Zaintzaileak. Zaintzeko zaindu behar da /Cuidadores. Para cuidar hay que cuidarse.

Gaixotasun kroniko-mendetasuna duten pertsonek etengabeko eta eguneroko zaintzak behar dituzte, oporrik eta atsedenik gabe. Azken urtean, 40.000 pertsona inguruk utzi dituzte beren lanak maite duten pertsona bat zaintzeko. Zaintzaile informaletan egindako hainbat azterlanek agerian utzi dute antsietate, depresio eta osasun fisikoko arazo ugari daudela. Zaintzaileengan agertzen diren beste adierazpen emozional batzuk suminkortasuna, dolu-erreakzioa, mendekotasuna, gaixotasunarekiko beldurra dira.


Funtsezkoa da zaintzaileak bere burua zaintzea, osasun fisiko eta mentaleko egoera ezin hobean egon ahal izateko. Ariketa eta jarduera fisikoa funtsezkoak dira beste pertsonaren zaintzari hobeto aurre egin ahal izateko,oso komenigarria da, halaber, arreta galaraziko duen, animatuko duen eta lagunduko duen jarduera sozial on bati eustea. Amaitzeko, beharrezkoa da mugak jartzea eta laguntza eskatzea iristen ez denean edo gehiago ezin denean

Las personas con enfermedad crónico-dependiente necesitan de cuidados continuos y cotidianos, sin vacaciones y ni descansos. En la mayoría de las ocasiones los cuidadores son familiares: padres, cónyuges, hijos e incluso algún hermano/a.

En la actualidad, el cuidado es entendido como una cuestión social pública, y por lo tanto objeto de políticas públicas, debido entre otros, al importante impacto que tiene tanto a nivel social como económico. En el último año alrededor de 40.000 personas han dejado sus trabajos para poder dedicarse al cuidado de un ser querido. Hay que recordar que estamos en una sociedad cada vez más envejecida en la que las personas mayores cada vez son más dependientes y necesitan más cuidados.

El síndrome de carga del cuidador se ha destacado a través del tiempo como una problemática ignorada, en la que el cuidador de una persona dependiente debe cambiar su estilo de vida enfrentándose a diferentes factores estresores que, en ocasiones, no alcanza a controlar y que desencadenan un estado de agotamiento físico y mental, obstaculizando su desenvolvimiento en el entorno laboral. Diferentes estudios realizados en cuidadores informales han evidenciado una alta incidencia de ansiedad, depresión y problemas de salud física. Las dificultades que presentan están caracterizadas principalmente por sentimientos de carga, estrés y tristeza. Otras manifestaciones emocionales que aparecen en los cuidadores son irritabilidad, reacción de duelo, dependencia, temor a la enfermedad, cambios conductuales y sensación de culpabilidad por no poder atender convenientemente al paciente. Por ello, es esencial que el cuidador o cuidadora se cuiden a sí mismos para poder estar en un estado óptimo de salud física y mental y así poder atender mejor de su ser querido o persona dependiente a su cargo, siendo esencial que la persona mantenga unos hábitos de vida saludables, una alimentación adecuada y una actividad física estructurada y constante.

El ejercicio y la actividad física son fundamentales para mantenerse en un buen estado de forma y así poder afrontar mejor el cuidado de la otra persona, pero también son importantes porque ayudan a abstraerse de los problemas, aumenta las endorfinas (las cuales actúan como analgesia y producen sensación de bienestar e incluso euforia) y “obligan” a ese descanso importante y necesario del cuidado. Es recomendable salir a caminar a paso ligero, montar en bicicleta o disfrutar de una clase de gimnasia aeróbica.

Al igual que la actividad física, es muy conveniente mantener una buena actividad social que distraiga, anime y apoye. Los cuidadores, en ocasiones, pueden sentirse solos, pero hay muchas otras personas que están pasando por algo parecido y que pueden empatizar con ellos. Es importante que se rodee de personas que puedan echarle una mano o simplemente escucharle ya sea un grupo de apoyo, amigos o familiares: contar con asistencia emocional puede contribuir a que el día a día sea un poco más fácil.

Para terminar, es necesario poner límites y pedir ayuda cuando no se llega o no se puede más. El cuidar no es de superhéroes y no requiere esclavitud. Atender u ocuparse de otra persona conlleva tener que pedir ayuda de vez en cuando.  “Poner límites para no llegar al límite”. Hay que cuidarse, para poder cuidar bien.

“Lo que importa no es lo que nos haga el destino sino lo que nosotros hagamos con él”

(Florence Nightingale).

                                                                     Tania Herrera

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