Las delgadas líneas rojas

Desde el 20 de diciembre pasado se han instalado en nuestras vidas las líneas rojas. Televisión, radio, prensa, internet y redes sociales nos acercan cada día a la penúltima línea roja que tales o cuales, unas veces como dogma de fe inamovible y la mayor parte de ellas como barricada presuntamente infranqueable, se lanzan para no tener que comprometerse presentando proyectos positivos y creativos desde los que construir… pero bueno, esto no es lo que me interesa.

Son otras, más delgadas, más tenues, más imperceptibles y mucho más peligrosas, las líneas rojas que me ocupan.

En mi convivencia con la enfermedad crónica (mi compañera no invitada la diabetes) he conseguido logros en diversos campos. Unos me han costado más, otros menos y algunos aún están por llegar.

En el día a día voy descubriendo que eso logros están permanentemente amenazados por unas sutiles y delgadas líneas rojas, que he descubierto que soy muy proclive a traspasar. Y especifico:

  • El ejercicio diario, esa media horita de paseo de cada día, que muchas veces cae y desaparece ante consideraciones como: “ayer me di una buena caminata”, “Uf con este mal tiempo cojo el bus para ir a casa directamente”, “a ver si el fin de semana damos una vuelta grande”. Estas y otras “razones” (a las meras justificaciones y excusas también les gusta que las traten como algo importante: razones), suponen cruzar esa tenue línea roja que me separa del logro conseguido y del buen hábito adquirido, para llevarme a una tierra de nadie donde es espectacular la facilidad con la que se instala y prevalece la vuelta a viejas costumbres.

 

  • La alimentación. ¡Hay que ver cuántas “buenas razones” encuentro para ir desdibujando la línea divisoria entre comer saludablemente para un mejor control de la diabetes como hábito general de vida y el simple “tener cuidado” con este o aquel alimento! Es sencillísimo encontrar cada día algo que celebrar con un par de galletitas, animarme ante la tristeza de ver tanto verde en el plato alegrándolo con una patatas fritas extra, tomarme una copa de más que en realidad no era necesario tomar, probar “sólo un poquito” de ese dulce que con tanto cariño me ofrecen, no vaya a ofenderse alguien si no acepto… y tantas cosas más que hacen que cruzar la línea roja sea tremendamente sencillo.

 

  • La medicación. Ahí soy más fiel (o más temeroso tal vez) que en otros campos, aunque tiendo a justificar el olvido de la pastilla del medio día… ¡y eso que tengo la casa, el despacho y los bolsillos de mi vestuario plagados  de pastilleros específicamente dedicados a la dichosa pastillita!

 

  • El pensamiento positivo. He descubierto que de vez en cuando me aparto en mi pensamiento de los logros alcanzados en mi convivencia con la enfermedad y, por alguna oscura razón, me sitúo en la limitación que conlleva ser diabético, en las “privaciones”, las “renuncias” y en todo ese sacrificio que sirve “para no curarme nunca y estar siempre medicándome”. Esta línea roja, la de ceder a estas experiencias y sensaciones negativas (que son ciertas) para instalarme en la auto lamentación del pobrecito enfermito de por vida y en una autocompasión destructora que ponen en peligro mi decisión de vivir mi vida con mi enfermedad de manera que yo pueda vivirla con la mayor calidad de vida, es la línea roja más peligrosa, tenue, imperceptible y sutil de todas. Y, además, ya sé que cuando la traspaso y me instalo en ella surgen inmediatamente todo tipo de justificaciones y excusas que empleo como “razones” para saltarme las líneas rojas del ejercicio, la alimentación saludable y la correcta medicación.

 

¿Qué hacer? Lo primero: pararme, mirar dentro de mí con tranquilidad y paz, para intentar comprender qué me está pasando y por qué. Vamos, nada nuevo bajo el sol, que ya decían los antiguos aquello de gnosce te ipsum (conócete a ti mismo) como premisa para afrontar y resolver problemas.

Importante: cuando echo esa mirada hacia dentro he aprendido a no hacerlo desde el pensamiento negativo (que generalmente es el que me ha llevado a esa situación), sino desde la certeza de que si he traspasado líneas rojas en la mala dirección, es porque antes estaba del otro lado de esa línea: en el campo de los logros, del buen hábito construido o en construcción, de la coherencia con lo que quiero para mi vida.

Tener un ámbito en el que compartir estas vivencias con personas que seguramente también se encuentran con estos “pozos” que de vez en cuando amenazan con tragarse nuestras decisiones y logros es un privilegio, y en los talleres de Paciente Activo estamos para eso: para aprenden a llevar a cabo nuestras decisiones de vida, para ir alcanzando logros, y para aprender a mantenerlos cuando peligran.

 

Juan Carlos Mendizabal

Prevención de las úlceras por presión (upp)

 

Día mundial de la prevención de las úlceras por presión (UPP).

Hoy se celebra la cuarta edición, en diferentes países del mundo, de una nueva jornada formal y firme para exigir el establecimiento de medidas eficaces de prevención de las úlceras por presión. Como un Derecho Universal, en todos los escenarios y para todos, de acuerdo con la Declaración de Rio de Janeiro sobre la prevención de las úlceras por presión como derecho universal.

Pero, ¿que son las ulceras por presión?

Las úlceras por presión, también conocidas como úlceras de decúbito, representan un importante problema de salud con graves consecuencias para el paciente. En ocasiones dolorosas y pudiendo llegar a ser incapacitantes, repercuten en su calidad de vida; también, con  consecuencias para el cuidador, el profesional sanitario y para todo el sistema sanitario en general por el gasto importante que conlleva.

Son lesiones que pueden aparecen en cualquier zona del cuerpo, asociadas a una presión continua sobre una superficie de apoyo dura, como por ejemplo el colchón de una cama o un dispositivo sanitario.

Se produce una disminución del riego sanguíneo y como resultado una hipoxia tisular (falta de oxígeno). Aparece una degeneración rápida de los tejidos, que puede ser desde un enrojecimiento hasta rotura de la piel, pudiendo llegar  a úlceras profundas afectando a musculo e incluso hueso.

A menudo se piensa que se trata de un problema propio de las personas ancianas, pero cualquier persona expuesta a una presión prolongada tiene riesgo de padecer una ulcera por presión. Por ejemplo, una persona con una escayola muy justa y apretada, una persona con un dispositivo de hospital continuo como una sonda de alimentación, una persona que ha tenido un accidente y debe usar una silla de ruedas, personas encamadas con poca o ninguna movilización, etc.

 

Las heridas, en general, afectan a más de 400 millones de personas en el mundo y de estas, se estima que como mínimo unos 20 millones padecen heridas crónicas. Las úlceras por presión están dentro de este grupo, las denominadas heridas crónicas.

Existe un amplio grado de consenso entre asociaciones científicas, que consideran que la prevención constituye el método más eficiente y eficaz de abordar el problema de las ulceras por presión.

La prevención es el mejor tratamiento, y los cuidadores de estas personas deberían ser los principales receptores de toda la información al respecto. Son ellos los que más tiempo van a estar con las personas que necesitan los cuidados y el personal de enfermería debería encargarse de facilitar dicha información.

Los cuidados a seguir son:

Cambios posturales de la persona encamada o en silla. Como se menciona anteriormente, la inmovilización que supone estar mucho tiempo en la misma postura, apoyándose en la misma parte del cuerpo, puede ocasionar primero enrojecimiento, para pasar posteriormente a pérdida de continuidad de la piel  y pudiendo llegar a aparecer una úlcera.

Siempre que el paciente tenga movilidad, se le incentivará para que participe en estos cambios posturales.

Movilización del paciente: programada, pasiva o activa.

Si la persona se puede mover, es conveniente recordarle y animarle a ejercer movilizaciones voluntarias. En caso de que el paciente no pueda, se realizaran movilizaciones pasivas, sobre todo de las extremidades.

La movilización pasiva o activa es una parte importante, de la conservación de la agilidad de las articulaciones y el tono muscular. Las movilizaciones son movimientos de éstas, sobre una misma superficie, realizando cambios de posición o de situación.

Vigilar y cuidar el estado de la piel. Es recomendable observar el estado de la piel a diario, coincidiendo con el aseo, los cambios posturales y las movilizaciones.

Mantener la piel hidratada: la piel debe estar seca y limpia, su aseo lo realizaremos con agua tibia, jabón neutro y no frotaremos la piel al secar.

Es recomendable que las sábanas sean de algodón y se procurará que no tengan arrugas. Recordamos la importancia de no arrastrar al paciente, ya que al arrastrarle se pueden producir dichas úlceras. (El arrastramiento y las arrugas pueden producir un tipo de úlcera parecida a las ampollas producidas por las arrugas de un calcetín).

Dispositivos que alivien la presión. Se recomienda la utilización de almohadas y aparatos protectores: cojines viscóelasticos, colchones de aire, espumas especiales, etc.

No son recomendables los flotadores con forma de rosco de plástico, que antiguamente se recomendaban.

Alimentación adecuada. Siempre que el paciente pueda, se fomentará la toma de líquidos (agua, infusiones, zumos, batidos…).

Se administrará una dieta equilibrada y adecuada en función de la patología de la persona.

Además de todo lo indicado, es importante poder consultar al profesional sanitario más cercano. Normalmente el personal de enfermería es el experto en la prevención y tratamiento de las úlceras por presión y ante cualquier duda, es recomendable acudir y consultarlo con un profesional sanitario.

Itxaso Arévalo

Cuidado de los pies

Llega el verano y con él el calor, la vitalidad, las actividades al aire libre, la piscina, o la playa.

Es el momento del año en el que podemos disfrutar más de pasear relajadamente con los amigos, de tomar algo sentados en una terracita.

Volvemos a casa mucho más contentos de lo habitual y con los pies hinchados la mayoría de las veces…

Nuestros pies, esa zona extrema que casi no miramos a no ser que nos duela.

Este es el momento también de ocuparnos más de ellos si cabe, porque es un periodo más delicado debido al calor y al cambio de calzado.

La diabetes puede causarnos daño en las pequeñas terminaciones nerviosas y en los pequeñísimos vasitos sanguíneos que riegan los pies.

Este daño puede causar sensación de”acorchamiento” y reducir la sensibilidad.

Como resultado de este daño es posible que los pies no se curen con facilidad si se produce una herida, una ampolla o cualquier otra lesión.

En los talleres de Paciente Activo enseñamos lo importante que es mantener los pies en buenas condiciones y que debemos hacer para mantenerlos. Vamos a recordar lo más importante.

  • Lo primero REVISAR LOS PIES TODOS LOS DIAS.
  • Buscaremos posibles rozaduras, ampollas, sequedad, moratones o cortes.
  • Rozaduras y ampollas se producen por el roce de la piel desnuda contra el calzado
  • Sequedad se produce por el hecho de llevar los pies al aire durante más tiempo y por el calor. Pueden aparecer grietas, sobre todo en los talones y la zona externa de los pies. Estas grietas se pueden convertir en cortes.
  • Vigilaremos también las zonas de entre los dedos y debajo de los dedos porque también se pueden producir grietas, en esta ocasión por un exceso de sudoración o un mal secado tras la ducha o el baño en la playa o la piscina.
  • Si no vemos bien todas las zonas pidamos a alguien que nos mire.

Cuidado-pies

¿Como prevenir los daños?

  • Elegir un calzado adecuado: cómodo, flexible y de material transpirable. Que se ajuste bien sin apretar
  • Evitaremos así en gran medida los roces y las ampollas.
  • El mejor momento para comprar calzado es a la tarde, los pies están más dilatados y si los zapatos no aprietan en ese momento luego tampoco lo harán.
  • No se aconseja el uso de sandalias a los diabéticos, pero si se usan, que sea siempre con calcetines, que deben ser transpirables y sin elásticos que se ajusten en exceso para evitar el efecto “faja”
  • Los paseos por la playa o la piscina tampoco se aconseja que se realicen descalzos, por el riesgo que existe de cortes y rozaduras. Si no queremos renunciar a pasear por la arena que sea con escarpines o sandalias que protejan lo más posible el pie. Nunca con chanclas. Pero si decidimos pasear descalzos NO olvidar revisar los pies al salir del agua y quitar la arena que se haya podido introducir entre los dedos y debajo de ellos con mucho cuidado.
  • Ponerse protección solar en los pies, se queman con más facilidad de lo que parece.
  • Al llegar a casa revisaremos los pies por si se ha producido algún corte.
  • Y es el momento de lavar los pies con agua tibia para quitar restos de cloro y sal que deshidratan secar con esmero entre los dedos y debajo de ellos sin frotar, ejerciendo presión.
  • Ahora toca HIDRATAR. Hacerlo todos los días después del lavado pero sin poner crema entre los dedos. Puede dar lugar a maceraciones y heridas
  • No olvidar tampoco el cuidado de las uñas. El corte debe ser recto, sin que ninguna uña ejerza presión sobre el dedo de al lado. Cortar siempre con tijeras romas, nunca con tijeras que tengan punta y después limar.
  • Si a pesar de todos estos cuidados apareciera alguna heridita, ampolla o corte la limpiaremos aplicamos un desinfectante y sin dudar acudiremos a la consulta de enfermería para que nos indiquen la mejor manera de resolver el problema

Deseo a todos un verano vital, feliz y libre de problemas.

Magdalena Vázquez

¿Quieres conocer una nueva web de información sanitaria fiable?

Una de las características que debemos tener los pacientes activos es que estemos informados sobre aquellas cosas que afectan a la enfermedad que cada uno de nosotros o la persona que cuidamos tenemos. Ya hemos hablado en algún otro post de lo importante que es que la información que leemos sea contrastada, fiable y válida. Por eso os quiero presentar una nueva web que cumple todos estos requisitos.

Este mismo lunes se ha presentado en el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad una nueva herramienta que nos va a venir muy bien a todos los ciudadanos, para facilitarnos la búsqueda de información sanitaria fiable, actualizada y comprensible. Es la web de la Red de Escuelas de Salud.

Pero claro……. te preguntarás…….¿qué es esto de la Red de Escuelas de Salud? Y a mí…… ¿en qué me puede ayudar?

La Red de Escuelas de Salud es un proyecto cooperativo promovido por el Ministerio, en el que participan representantes de las distintas comunidades y ciudades autónomas, representantes de asociaciones de pacientes y del Ministerio con el objetivo de ayudar a la ciudadanía a que adquiera conocimientos, habilidades y actitudes dirigidas a que cada uno de nosotros seamos más responsables en el cuidado de nuestra salud y que participemos activamente en los cuidados de nuestra enfermedad. Por supuesto, nosotros desde el programa Paciente Activo como parte de la Osakidetzaren Osasun Eskola formamos parte de esta red.

Para facilitar esto se ha diseñado una web hecha por, para y con los pacientes desde su inicio. Aquí podrás encontrar 4 apartados: Conócenos, Enfermedades, Podemos ayudar y ¿Nos ayudas?

Diapositiva1

Desde aquí te invito a que entres, navegues por ella y si te apetece ¿Por qué no? aporta tu opinión u ofrécete voluntario para colaborar con la red. Tu ayuda será de mucha utilidad 🙂

Estibaliz Gamboa

Mi madre tiene diabetes

Mi madre tiene diabetes. Ella nunca ha sabido de qué tipo y ahora ni le importa ni podría decírmelo. No se acuerda y tampoco recuerda cuándo empezó su particular calvario, básicamente porque sufre una demencia mixta producida en gran parte por su enfermedad y las complicaciones asociadas a ella, que ahoga recuerdos cercanos pero que le permite viajar en el tiempo sin ataduras, estar aquí y allá a discreción, ver en mí a su hijo o a su hermano, aquel que murió cuando tenía la edad que tengo yo ahora.

Desde hace dos semanas vive en una residencia, en Sopelana. Ella no da crédito porque le suena a sueño inaccesible… eso de vivir cerca del mar. Pero tampoco importa porque está bien, alejada de la atmósfera contaminada de su casa de siempre, esa a la que le falta la luz que en su nuevo hogar entra a raudales por ventanas y miradores, esa en la que sólo oía la tele. Sin despedirse ha dejado atrás a la joven boliviana con la que ha vivido casi 5 años y al hijo de esta, un jovencito que corre hacia los 6 y que la llamaba “abola”. Una curiosa pareja de valientes a la que ella ha olvidado sin quererlo ni pretenderlo y a la que nosotros, los hijos de mi madre, estaremos siempre agradecidos.

Ahora está razonablemente bien, mucho mejor que hace unos pocos años. Y aunque no controla ni sus pensamientos ni nada de nada, ha dejado de angustiarse. Lleva mejor sus graves problemas de visión, su sordera, sus dificultades para moverse, sus niveles de glucosa en sangre, sus problemas cardiovasculares. Está bien atendida 24 horas al día, controlada y vigilada por personas que saben qué han de hacer. Y cada día me pregunto qué habría sucedido si hubiera disfrutado de apoyo también para mejorar su alimentación, moverse un poco más, manejar esos episodios depresivos que antes, e incluso ahora, se intentaba ocultar por estar mal vistos.

Estoy convencido de que le habría ido mucho mejor de haber tenido compañeras y compañeros de fatigas con las que compartir angustias, miedos, incertidumbres y éxitos, que aunque pocos, seguro que también los hubo… como aquella época en la que llegó a perder 15 kilos a base de esfuerzo, de comer bien y andar lo que no está escrito, y gracias a la implacable vigilancia a la que se dejó someter.

Y estoy seguro de que todo habría sido mucho más fácil si en casa hubiéramos tenido la más mínima idea de cómo actuar, si nos hubiéramos preocupado cuando hacerlo habría dado resultados nítidos y claros. Si hubiéramos sido activos y responsables. Pero éramos jóvenes y no estábamos para esos rollos y mi padre estaba a su curro mal pagado, al que sumar otro también mal pagado y que sumado al anterior le ocupaba casi la totalidad del día y algo de la noche, para al final tener poco material y mucho emocional, especialmente cuando los hijos nos hicimos adultos y empezamos a valorar lo que habíamos tenido e ignorado siempre.

Me llama poderosamente la atención –en realidad me enoja que te pasas (o mazo, como ahora suena en colegios y botellones)- que quienes hoy sufren lo que en su día sufrió mi madre, puedan disfrutar de ayuda externa y no lo hagan. Me sorprende que sea porque el perezoso es una especie de humano más extendida de lo aconsejable y aún sean mayoría quienes esperan a ver las orejas al lobo para ponerse las pilas (bueno, todo lo que hay entre el hocico y la punta del rabo), sin olvidar que aún hay mucho profesional sanitario que no ve el potencial de la educación y ayuda de pacientes a pacientes, de gente que habla el mismo idioma, sufre similares padeceres y ha de superar a diario casi idénticas barreras y enfrentar muy parecidos retos.

Es más, me cabrea, y mucho, que no se recete Paciente Activo. Y me enfada aún más que dependa del lugar en el que vivas, aunque todos seamos vecinos de un pequeño país al que unos llaman vasco, otros Euskadi y algunos Euskal Herria, que no es lo mismo pero es igual, como tan bonito nos contaba y cantaba Silvio Rodríguez.

¿Qué hay detrás de esto? Pues no lo sé pero lo intuyo. Creo que hay excesivo afán de protagonismo, de dejar impronta, además de mucha apatía y bastante miedo. Creo, además, que mandan sobre otros los mensajes del tipo “el desastre es inevitable” o “no te muevas que fuera hace mucho frío”, esos que nos mantienen paralizados en nuestras falsas zonas de confort y que tanto nos satisfacen porque así evitamos el cansancio de movernos.

Mi madre nunca ha sabido nada de esto ni le importa lo más mínimo. No sabe que su vida podría haber sido mucho mejor de haber podido disfrutar de programas como Paciente Activo y de hecho poco importa ya porque su vida es la que es y nadie puede cambiar esa cruda realidad. Así que el mensaje va dirigido a quienes sí tienen a su alcance esa alternativa y pasan de ella, como va dirigido a quienes pueden recetarla y no lo hacen. A mi no me hacen falta ensayos clínicos para saber que funcionar… funciona!!!

Jose Blanco

Alimentación y cáncer

En esta entrada quiero hablar de la Alimentación, sí, pero con respecto al Cáncer, dándole un enfoque totalmente personal… Como me gusta hablar desde mi experiencia, os diré que yo SI cambié la Alimentación y la forma de comer de una manera RADICAL durante el tratamiento de quimioterapia y a día de hoy sigo indagando, interesándome  y haciendo cambios  pequeños  poco a poco (tras el drástico parón del diagnóstico…), cambios para mí y para mi familia que me siguen de cerca… (!!que remedio, cocino yo¡¡).

Aprendí a cocinar desde mi enfermedad, antes con el trabajo que tenía no sacaba ni tiempo ni ganas, no me gustaba cocinar y sigue sin ser mi “pasa tiempo” favorito (aunque relaja mucho), lo que ha cambiado es que soy una apasionada por la salud y con ella van de la mano la Alimentación, la Gestión de las Emociones y el Ejercicio, es decir, LA “SALUD” EN LETRAS GRANDES¡¡, todo ello comentado en los talleres.

Al diagnosticarme el cáncer y saber el tratamiento que seguiría (quimioterapia, cirugía, quimioterapia de nuevo y radio), me puse en contacto con un cirujano oncólogo en Barcelona, que me habían recomendado para que me ayudara con algún tratamiento natural que paliara los efectos de la quimioterapia y la radio. Lo primero que hizo, fue enviarme una hoja donde en letras grandes ponía: “ESTILOS DE ALIMENTACIÓN, según evidencias de alimentación de una dieta anti cáncer por Michael S. Donaldson, del Nutrition Journal” con una lista de ALIMENTOS PREFERENTES y ALIMENTOS A EVITAR (no prohibir), este último lo comparto con vosotros; me recomendaba evitar: las carnes rojas, fritos, bebidas alcohólicas, con gas y azucaradas, agua clorada, bollería industrial, azúcares blancos, cualquier clase de pasta o cereal blanco, productos enlatados, envasados, procesados, conservantes, colorantes, cualquier comida precocinada, mariscos, cacahuetes, pistachos, crustáceos, embutidos y productos lácteos.

Cuando te dicen que tienes cáncer, sientes mucho miedo y cualquier cambio que te digan has de hacer para mejorar, por muy duro que pudiera parecer y que te creas (tengo la certeza de que de nada te sirve hacer cosas en las que no tienes fe, porque no darán el resultado esperado, pudiendo incluso perjudicarte..), lo haces y si luego resulta que te va bien, lo mantienes, pues bien, eso es lo que yo hice. Creía en todo lo que hacía, tenía claro que quería curarme y tomé las riendas de mi salud, como yo pensaba que tenía que hacer. Me gustaría apuntar, que también el mismo médico me aconsejó trabajar la gestión de las emociones, así como meditar.., esto sin duda sería tema de otra entrada……

Pero no quiero desviarme, la verdad es que es fácil obsesionarse  y eso es justo lo que no hemos de hacer, yo no creo en los extremos, creo que es bueno que todos conozcamos las diferentes opciones que hay para alimentarse durante una determinada enfermedad (o no..), experimentemos y observemos los resultados. Cada persona es única, creo que tenemos que saber que existen y que cada uno decida que hacer, todos tenemos la capacidad de DECIDIR que hacer si tenemos la información. Esto es lo que NO nos dicen los médicos generalmente cuando tienes una enfermedad como el cáncer, al menos a mi no, ni mi oncólogo ni mi ginecólogo, cuando creo que hay pautas en la alimentación que se pueden RECOMENDAR hacer para ayudarte en la recuperación.

Una pregunta que lanzo al aire es, ¿hasta que punto tiene que saber un oncólogo o un ginecólogo de determinada alimentación “anticancer”?, o bien.., ¿igual que conocen sobre los medicamentos?, lanzo incluso otra pregunta, ¿Por qué no hay un nutricionista especializado dentro de lo que ahora denominan (y yo desde luego estoy muy de acuerdo) ONCOLOGÍA INTEGRATIVA?, Desde luego a mi me habría ayudado mucho  y ojalá esto se haga realidad en un futuro cercano….

Últimamente se oyen muchas, llamemos, “tendencias” o “modas”, probablemente existen desde hace mucho tiempo, ancestrales incluso algunas, aunque hasta que no tienes un problema parece que no se hace visible a tus ojos multitud de variedad de estilos para una alimentación saludable: vegetarianas, veganas, crudiveganas, macrobiótica, energética, paleolítica…., un montón.., aunque a mi, como he dicho, no me gustan los extremos, selecciono lo que resuena en mi  y pruebo, busco, experimento y observo como me sienta.  De cualquier forma, parece triste pensar que tenemos que pasar por una grave enfermedad para cuestionarnos nuestro estilo de vida, donde incluimos la Alimentación y todos los conceptos que todos los que hacemos el blog vamos mencionando y damos en los talleres, ¿por qué llegar a eso?, !podemos hacer MUCHO por nuestra salud ANTES¡ …

Ani Galende       

Cinco actitudes para el autocuidado

La reacción de cada uno cuando nos diagnostican de una enfermedad crónica suele ser de lo más diversa. También es cierto que no todas las enfermedades son iguales, y, sobre todo, que cada uno de nosotros somos únicos y el modo en el que dicha enfermedad nos afecta a nosotros y a nuestras vidas es muy variado. Al conocer un diagnóstico se nos agolpan las obligaciones y las necesidades y podemos sentir agobio, desbordamiento o desazón por la mala suerte que nos ha tocado. Algo, mucho, podemos hacer. Podrían ser más, pero aquí hablaremos de cinco actitudes que podemos cultivar.

Conoce tu enfermedad. No hace falta convertirse en un experto,  pero si resulta útil conocer y saber qué es exactamente lo que nos pasa y, si lo hay, un por qué Conviene saber cuáles son las cosas que nos convienen y las que no, para poder controlarla. Resulta muy útil tener en mente cual o cuales son los objetivos a alcanzar, a veces es una cifra de algún parámetro como en la diabetes o la hipertensión arterial, a veces se trata de saber detectar los signos de que hay un empeoramiento para poder actuar precozmente, etc… Conocer lo que nos pasa nos permite focalizar, y cuando focalizamos es más probable que veamos el sentido a lo que hacemos que cuando tenemos la vivencia de que algo difuso o abstracto nos ocurre.

Adopta algunos cambios en tu vida que te beneficien. Llamémosles ajustes. En algunas ocasiones lo que nos ocurre, ya sea por su gravedad o por las limitaciones que nos provoca, nos cambia la vida de un modo drástico, pero en muchas ocasiones, los cambios en nuestro estilo de vida que debemos de realizar son más moderados. Conoce qué debes hacer y elige aquello que es probable que mayor beneficio te aporte. Cambiar hábitos es un camino que con determinación y paciencia vamos a conseguir y que podemos afrontar con la actitud de ir superando pequeños retos, disfrutando de la satisfacción de cada meta alcanzada.

Educa a tu entorno. Están ahí: la familia, los amigos, los compañeros de trabajo, los vecinos,… Compartimos con ellos tiempo y actividades y por ese motivo conviene que les tengamos informados de aquello que nos es conveniente y de lo que no. Lo más probable es que algunos de nuestras rutinas que vamos a cambiar pueda involucrarles a ellos: qué comer o qué comprar, salir a pasear, alternar con la cuadrilla, etc… También nos vamos a encontrar con  que todo el mundo tiene consejos para nosotros y, seguro que con la intención de animarnos, mucha gente intenta minimizar la importancia de que nos cuidemos. Escuchar con atención (a veces hay aportaciones valiosas!) pero hacer ver la importancia que para nosotros tiene nuestro estilo de vida también requiere muchas veces paciencia, pero con el tiempo seguro que conseguimos que nos respeten y nos ayuden.

Ten una relación proactiva con los profesionales sanitarios. ¿Cómo puedo ayudar al médico y a la enfermera a que me ayuden? La buena comunicación es la herramienta más poderosa que tenemos en ese sentido. Anímales a que te hablen de lo que te pasa, que te cuenten cuales serían los objetivos a conseguir. Puedes proponerles hacer un plan de cuidados conjunto, en el que se refleje lo que te resulta más factible hacer y lo que te supone más dificultades, plantea compromisos mutuos, pacta, aprovéchate de sus conocimientos, etc… La información que ellos tienen transfórmala en tu conocimiento. Trabajar en equipo por tu salud.

Vive. No dejes que un diagnóstico te haga dimitir de la vida. Tener una enfermedad crónica es algo, que ahora que nuestra esperanza de vida es cada vez más alta, nos pasa o nos va a pasar a la mayoría de las personas. Ser un enfermo crónico no es una etiqueta, es asumir una realidad que implica una responsabilidad por nuestra parte para con nosotros mismos. No la dejemos a un lado.

Iñaki Etxebarria

A %d blogueros les gusta esto: