Punto de encuentro de Paciente Activo Paziente Bizia en el que compartimos, mostramos y aprendemos aquellas cosas que consideramos de interés.

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O23, Bagoaz berriz ere. 23F, Allá vamos de nuevo.

Gaur, otsailak 23 arratsaldeko 16:00etan Osakidetzaren Osasun Eskolako Paziente biziko beste ikastaro batekin hasiko gara. Oraingo honetan, Lasarten, eta diabetikoei eskeinia.

Hoy jueves 23 de febrero, a las 16 horas empezamos un nuevo taller del programa Paciente Activo / Paziente Bizia de la Osasun Eskola de Osakidetza. Esta vez toca el taller para diabéticos en Lasarte.

Esto es lo que de verdad da sentido a este proyecto: los talleres.

A través de ellos intentamos hacer realidad en un grupo concreto de personas todos los beneficios que sabemos que vienen de la mano de la decisión de comprometerse activamente en la propia salud.

Así que esta misma tarde nos damos el banderazo de salida: nuevo grupo, nuevo compañero monitor (que se estrena con toda la ilusión del mundo) y nueva oportunidad para todos de conocer, de conocernos, de compartir, de hacernos conscientes y de tomar decisiones.

Y todo de manera proactiva, que es nuestra forma de decir que le daremos un enfoque positivo y constructivo a lo que hagamos.

Gure gaixotasun kronikoari buruz gehiago jakiteko eta hark nola eragiten gaituen ezagutzeko aukera.

Oportunidad de conocer. Conocer más cosas sobre nuestra enfermedad crónica y como nos afecta en lo que vivimos. En cosas básicas del día a día (comer, hacer o no hacer ejercicio, relacionarnos con los demás, conocer nuestras emociones, etc.) o de no todos los días pero sí del “de vez en cuando” (acudir al médico o la enfermera, planificar algunas cosas para el futuro, etc.). No está nada mal aprender un poco, o un poco más, sobre algo que nos acompaña de seguido.

Elkar ezagutzeko aukera.

Oportunidad de conocernos. Seremos 16 personas entre asistentes y monitores que, posiblemente, no nos hayamos visto nunca antes, así que vamos a conocernos los unos a los otros (y también a nosotros mismos) de una manera muy especial: como personas que tenemos un elemento permanente en común: nuestra diabetes.

Partekatzeko aukera.

Oportunidad de compartir. Esto es para mí lo esencial y, seguramente, lo más hermoso y enriquecedor de estos talleres: compartir entre iguales nuestra  vivencia de la enfermedad crónica. Ver cómo nos afecta a cada uno, qué recursos o herramientas ponemos en juego ante ella (descubriendo que cada uno tenemos recursos que otros también pueden utilizar), como nos modifica o no el tipo de vida que queremos tener, como afrontamos los temores, las limitaciones y el hecho de que lo crónico es, eso, algo para toda la vida que tengo por delante.

Compartiendo sobre lo mismo descubrimos la enorme diversidad de vivencias y de respuestas y la riqueza que entre todos podemos poner sobre la mesa para ayudarnos. Compartimos nuestro “universo diabético” con otros “universos diabéticos” tan iguales y tan diferentes a la vez que es imposible que no crezcamos compartiendo.

Kontzientzia eta erabakiak hartzeko aukera.

Oportunidad de hacernos conscientes y tomar decisiones. A través de siete sesiones vamos a ir haciéndonos conscientes de cosas que nos limitan, de cosas que ignorábamos, de cosas que nos dan miedo, de cosas que no sabíamos que podíamos hacer, de fortalezas que tengo o puedo tener, de… tanto y tan variado.

paciente-activo2

Todo eso que descubrimos, y que además vamos compartiendo en el taller, nos hace  conscientes de situaciones positivas y negativas sobre las que podemos decidir; para aumentar las que nos ayudan y reducir o eliminar las que nos limitan.

En siete semanas tomamos decisiones, ponemos en marcha lo decidido y descubrimos al final que hemos cambiados algo (poco o mucho) y, lo más importante, que esa es una capacidad que tenemos para toda la vida: decidir para poder vivir como queremos hacerlo conviviendo con nuestra compañera crónica y hacer realidad nuestra decisión.

Descubrimos que podemos ser nosotros quienes decidimos cómo vamos a dirigir y vivir nuestra vida; y no la diabetes la que nos va a dirigir y limitar decidiendo por nosotros más allá de lo que estrictamente le corresponde.

Esperientzi hau bizi nahi duenak, osasun zentrora etor dadila eta Osakidetzako Osasun Eskolako Paziente biziko tailerrengatik galde dezala.

Así que el que quiera vivir esta experiencia porque tiene una enfermedad crónica, porque convive en su entorno con la enfermedad crónica o porque está fenomenal y siente que mantener la buena salud es una tarea a la que vale la pena dedicar algo de tiempo, que acuda a su Centro de Salud y pregunte por los Talleres del programa Paciente Activo / Paziente Bizia de la Osasun Eskola de Osakidetza. Ya estáis tardando.

 

Juan Carlos Mendizabal

Agradecer y celebrar

Si en este momento me pidieran mencionar a todas las personas que me han permitido ser la persona que hoy día soy, obviamente  no podría. Evidentemente estarían las personas más cercanas, la familia de origen, la familia actual, amistades significativas, algunos compañeros, jefes o profesores de  proyectos profesionales, sociales o de procesos de formación. Pero sería consciente de estar dejando en el olvido tantas y tantas personas que a lo largo de mi existencia,  con sus  acciones, han sido de una u otra manera maestros y maestras de mi vida. Sentiría estar siendo injusto. Ser consciente de que han existido  personas que ni recuerdas, resulta frustrante. Por ello, procuro  dar las gracias por lo que recibo y celebrar de inmediato las ocasiones que creo se merecen, por si después no hay ocasión o simplemente, no me acuerdo.

A lo largo de estas semanas estamos desarrollando un nuevo taller de Paciente Activo en el que participo como monitor. Esta es mi sexta colaboración en talleres del Programa y cada vez me asombra más como resulta una experiencia absolutamente única en la que en algún momento aparecen auténticos maestros y maestras de la vida.

La pasada semana ocurrió de nuevo. Todo iba normal, los temas que tratábamos eran “los del manual”, alimentos saludables, etiquetas de nutrición, el sodio, la sal, etc. El ambiente era normal, entramos a abordar como trabajar con la ansiedad y como vivir positivamente y de pronto una historia en primera persona hizo que el resto de los presentes quedáramos sin palabras, quietos, con los ojos enganchados en la protagonista. El relato resultaba absolutamente conmovedor, auténtico, duro, de los que no te dejan indiferente, solo sin palabras.

Todo transcurrió dentro de un respetuoso silencio y al finalizar cada uno dio las gracias a la persona que quiso compartir su experiencia.

Los monitores tenemos instrucciones de no salirnos del guion y por lo general somos bastante cumplidores. Pero esta vez lo que  tocaba era cerrar el manual y escuchar lo que ningún libro puede expresar con la fuerza y determinación que un  participante del taller puede hacerlo y con ello aportar a los demás presentes una lección magistral que sin duda nos hará cambiar algún pensamiento o creencia que nos permitirá crecer y mejorar.

En breve terminaremos los encuentros y habrá finalizado el taller. Para mí podría ser, uno más, pero no. Cada uno es especial, distinto a pesar de haber impartido el mismo temario y con los mismos medios y método. Son esos destellos de maestría de la vida que atesoran muchos de los participantes y que florecen cuando el clima es propicio lo que hacen que cada vez sea una experiencia excepcional. Junto a los agradecimientos por lo compartido y aprendido procederemos a celebrar lo vivido, para que en nuestra memoria quede un recuerdo de alegría y gratidud por todo lo recibido.

Ánjel Irastorza

Creencias

Puedo contaros que mi vida podría haber sido de otra forma, aunque no es así, ya que cuando cumplí 4 años, mi padre murió y tuvimos que mudarnos todos a Madrid, mi madre y mis siete hermanos. Mi madre tuvo que ponerse a trabajar, y nosotros los niños, repartidos. Mis hermanos internos en un colegio y las niñas internas en otro de lunes a viernes durante una dura temporada tanto para mi madre como para nosotros, cada uno lo vivía como le tocaba y podía. No se trata de contaros mi vida que seguro podría ser apasionante, como siento que podría serlo la de cualquier persona, pero si que me crié en un barrio muy muy humilde, de donde recuerdo que siempre quise salir. Quería otra vida, me negaba a creer que por vivir donde me había tocado vivir no podría conseguir lo que sabía que había fuera y que yo quería explorar, y que yo quería vivir. Así que  me esforcé por conseguirlo y muy importante, me lo CREÍ. Ardua tarea ya que pasaron 29 años hasta que me fui, (pero me fui) y ahora con 48 años veo que lo que soy hoy, no podría ser sin haber pasado por todo aquello que no quería…..

Las CREENCIAS se instalan en nosotros a partir de un acontecimiento de referencia que, a veces es un shock. Cuando sucede el acontecimiento, le atribuimos un sentido, tal vez arbitrario, pero  quizás es el único que se le puede dar en ese momento. Es un aprendizaje que te permite adaptarte para sobrevivir,  son como filtros que tenemos entre el mundo y nuestra comprensión de él.

De estas vivencias entre muchas cosas, salió la CREENCIA de que “soy lo suficientemente fuerte y puedo con todo”, de aquí podría sacar muchas cosas positivas, que llamaremos CREENCIAS POTENCIADORAS, como por ejemplo el hecho de tener ese “espíritu de lucha” (es muy cansado, creerme…),  que me hace esforzarme y luchar y me cuesta mucho tirar la toalla, en muchas de mis vivencias  me ha sido y de seguro será muy útil. Sin embargo, aplicando estas creencias con excesiva intensidad (que también hago), hacen que en ocasiones mi comportamiento sea inadecuado y  excesivo como por ejemplo que me cuesta mucho pedir ayuda, incluso excesivo en intensidad, como que asumo responsabilidades en exceso, que no sé decir que no...(estoy en ello…), responsabilidades o roles que no me corresponden o no puedo con ellos, y esto, pesa mucho…(efecto quemada, stress mantenido, etc…). Estos “roles” son comportamientos que  posiblemente se deriven de factores externos (trabajo, jefes, presión ambiental, etc..) o propios (si no lo hago yo, quien lo hará?…tengo que hacer lo imposible...). Algunas de estas creencias pueden ser muy radicales y constituir los propios valores, e incluso estar vinculados al nivel de la identidad, por ejemplo de estas vivencias es posible que saque incluso una “guerra” que tengo abierta contra las injusticias (mis injusticias…) como si fuera una de las misiones de mi vida…..

Creo que somos esclavos de nuestras creencias porque no reflexionamos sobre ellas de manera consciente, para nosotros son evidencias y no se cuestionan. Para mi, son una manera de controlar las cosas…..

No veo fácil  poder transmitir lo que son las CREENCIAS, seguramente un psicólogo, o un coach lo haría genial, pero me he aventurado a hacerlo yo,  porque me apasiona, (y tal vez sea un tanto osada..),  cogiendo por aquí y por allí, definiciones de talleres, cursos, libros, blogs, mezclándolo y poniéndolo en mis propias palabras podría resumirlo más o menos así: “Nuestro entorno y los valores llegan a condicionar como actuamos, las creencias forman nuestra manera de ver y entender el mundo, por supuesto desde nuestra perspectiva, y se van generando a lo largo de nuestra vida. Las creencias influirán en que mejores o no en cualquier ámbito de tu vida, por lo que  se hace importante creérselo para poder conseguirlo, no bastará solo con el esfuerzo ya que  las creencias  deciden como actuamos y si queremos cambiar algo, se hace necesario ver de donde vienen y trabajar por cambiarlas en caso necesario”.

Os dejo con una frase del libro del Doctor Miguel Ruiz “los cuatro acuerdos” que a mi me encanta, la verdad que me encanta el libro entero y si no lo habeis leído, os lo recomiendo: “el autorrechazo nace de la imagen (creencia) que tenemos de lo que significa ser perfecto y de la imposibilidad de alcanzar ese ideal…”

 

Ani Galende

De amplificadores y ecualizadores

Llegó a la primera sesión con evidente escepticismo. No sabía muy bien lo que se iba a encontrar ni qué se esperaba de él. Después de 6 años de diabético empezaba a ser complicado mantener sus niveles de glucosa dentro de lo razonable, como lo era seguir pautas, no descuidarse. Un conocido le descubrió la existencia de estos cursos, se acercó a su ambulatorio y aquí estaba, convencido de que una vez más le iban a sermonear, a reprochar errores, a poner en tela de juicio su forma de hacer o de dejar de hacer.

Era a lo que se había acostumbrado tras convivir con un sinfín de agoreros, diabéticos como él, que le anunciaban tiempos peores y desastres inevitables, ¡¡el apocalipsis!! “Ya vendrá Paco con las rebajas”, “lo tuyo es una larga luna de miel que algún día acabará”, “avisado estás”… esperando esa oportunidad para decir “ya te lo había dicho”.

Menos mal que en casa el ambiente era otro. A pesar de las ausencias a horas intempestivas para correr un ratito, no había reproche. Y había reconocimiento por el evidente esfuerzo que conlleva evitar el picoteo, no comer esa magdalena que se ha quedado sola, no engullir esa paella que me está llamando… Pero fuera todo parecía deberse a la suerte.

¿Y con qué quedarse? ¿Con lo que vives en casa o con lo que te dicen quienes supuestamente saben? ¿De qué fiarse? ¿De lo que surge del cariño o de lo que nace de la, digamos, experiencia? Dudas, muchas dudas y mucha desconfianza también.

Pero ¡sorpresa! Apenas media sesión y ya se había relajado. Para empezar los monitores tenían el mismo problema que él y hablaban abiertamente de sus logros y sus fracasos, de sus miedos y de sus deseos. No había mejores ni peores. Todos a lo mismo y para lo mismo, y todos entusiasmados al compartir “sus intimidades” con quienes seguro que saben entenderlas.

El grupo de participantes funcionaba como un amplificador. A medida que pasaba el tiempo crecía el sonido, el intercambio de experiencias, las aportaciones, la franqueza. Y podía escuchar con nitidez cada mensaje, cada idea, en parte gracias al empeño de esos dos ecualizadores amateurs que con bastante éxito, dirigían el curso.

Aquel que entró desconfiado salió más seguro de sí mismo. Gente que sabía, al menos es lo que él consideraba, se había empeñado en reforzar aquello que hacía bien para enfrentar su realidad. Y comprendían sus errores, su esporádica dejadez, sus dificultades para sortear a la pereza y a la persistente y tenaz tentación.

Salió convencido de que estaba en el buen camino, en un buen lugar.

Jose Blanco

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