Osasun fisikoa eta mentala, buruak ere zaintzak behar ditu. Salud física y mental, la cabeza también necesita de cuidados

Gaurkoan, Venanek urte honetan bizi izan duena kontatzen digu. 

100 días de 2020, más o menos, unos menos, otros más, hemos tenido que pasar por la situación de alerta sanitaria.

Recluidos en casa, con sensación de encarcelamiento, con necesidad de hacer cosas “normales” como dar un paseo, hacer algo de ejercicio, hacer compras, visitar a familia y amigos, incluso trabajar, quién iba a decir a muchos que estarían deseando trabajar “de manera normal”.

La expresión es “normal”, estabilidad, nuestros cuerpos y nuestras mentes están acostumbrados a unas rutinas, a unas maneras de hacer, a no tener que preocuparnos de adaptarnos a circunstancias excepcionales y eso nos produce tensión, lo que en inglés se llama “stress”. De eso hablamos, de que estas circunstancias, estos cambios, nos estresan y todas las personas no reaccionamos igual ante el estrés, ante la presión, ante las situaciones excepcionales.

Me gusta hablar en primera persona, de lo que yo siento y de lo que a mi me pasa para compartir mis experiencias y emociones con personas que como yo tienen que enfrentarse a estas situaciones.

En mi caso, año 2000, en la cresta de la ola en mi trabajo, entonces aún no se sabía que era eso del “burn-out”, el “´sindrome del quemado”, ahora reconocido por los expertos en seguridad y salud laboral, pero que en aquel momento, compañeras y amigas profesionales de la psicología y el trabajo me ayudaban a comprender. Esa situación junto con unas ambiciones desmedidas de la organización para la que trabajaba me “fundieron”. Un día, volviendo de un cliente conduciendo, como siempre, sin motivo aparente, me entraron unas ganas irrefenables de llorar. Para mi no era una circunstacia normal, tener ganas de llorar no era normal en mi. Tuve que ir al médico y él que que conoce, no dudó ni cinco minutos: “tú tienes un estrés de caballo y tu cuerpo pide basta”. Y así fue, si no puedes parar, haremos que tu cuerpo pare para que no tengamos otros males mayores.

Así fue, dosis de tranquilizantes que me hicieron sentarme en el sofá y mirar al infinito, antidepresivos para reducir mi actividad cerebral y poder recuperar la química de mi cerebro, s todo eso genéricamente lo llaman “depresión”. No fui el único, otro compañero tuvo también su propio episodio, en su caso tuvieron que ingresarlo un tiempo para recuperar la estabilidad y continuar. Tuvimos suerte, otras personas se dan cuenta cuando sufren un infarto, un ictus, … menos mal.

Mi episodio crítico duró nueve meses, hasta que mi equilibro químico mental se restableció y voluntariamente pedí el alta para volver a trabajar. Al volver obtuve reconocimiento, cariño y apoyo de mis compañeros pero incomprensión y casi “castigo”, aislamiento por parte de quien había permitido que su ambición empresarial llevara a sus trabajadores tan al límite. Esa persona no entendía ni quería entender nada, era de la “vieja escuela”.

La retirada posterior y paulatina de la medicación con el control médico, el apoyo durante tres años de un profesional de la psicología, técnicas de relajación, yoga, las recetas habituales para afrontar futuros episodios y necesidades y cómo afrontarlos a partir de entonces.

Lo que yo os cuento es muy liviano comparando con lo que otras personas han sufrido y están sufriendo, pero no puedo hablar por ellas, sino en mi propia experiencia y compartir mis herramientas para afrontarlo.

2012, siguiente episodio, esta vez debido a la “crisis” económica. Una vez más, se traza una línea imaginaria en la que tú estás en el lado “perjudicado”, hay tres tipos de afectados, encima tendrás que dar las gracias por no haber estado en el grupo de los “expulsados del partido”.

Mis herramientas me ayudaron a superar el proceso y a aguantar la situación durante todo el año en un ERE de reducción al 50%. Se suponía que trabajaba sólo la mitad y cobraba la mitad, pero no sé cómo, mi trabajo se realizó de la misma manera, es decir, si yo no hago mi trabajo nadie lo hace por mi, y mi trabajo se realizó. Quién lo hizo? Adivinad, yo mismo, pero en la mitad de tiempo y cobrando la mitad. Esto es estrés? Claramente, pero supe soportarlo y sobrevivir con mis propias herramientas. Finalizó el año, curiosamente la organización cerró con los mismos beneficios de siempre, quién los consiguió? La misma materia prima que soportó la crisis con su esfuerzo y la reducción de sus ingresos.

A partir de entonces, nadie ya creyó en “todos somos una piña” ya que como sucedía en “Animal Farm” de George Orwell, “todos los animales somos iguales, pero algunos somos más iguales que otros”. Te das cuenta entonces de que no te habían hecho un favor, no te habían echado porque le seguías siendo rentable y tú habías ayudado a pagar la crisis. Tal vez hubiera sido más interesante haber estado en esa línea de los “apartados del equipo”.

Tarde o temprano, las circunstancias no irían a mejor, nada había cambiado, las soluciones propuestas no tenían que ver con un cambio o una mejora en la manera de hacer, la situación tarde o temprano pasará factura.

Mientras, tu cabeza sigue peleando consigo misma y con las circunstancias. Afortunadamente tengo un trabajo que me gusta y que me permite estar permanentemente activo y activado, pero eso también desgasta. Cuando los síntomas se manifestaban, ya los conocíamos. Si te duele la cabeza, si tienes un resfriado, conoces lo que debes hacer. Pues lo mismo con la salud mental. Siempre de acuerdo con el médico, si hay episodios puntuales, se pueden tratar, si las situaciones se alargan, se tratan, … Equilibrio y tratamiento, como cualquier otra enfermedad, afrontarla junto con profesionales.

Llegamos al tercer episodio de esta película, 2018 el punto de no retorno, ya no queda a la organización (o eso piensa quien se supone que dirige sus pasos), y una vez más, son las personas las que pagan la crisis, y esta vez sí, la línea trazada hace que te expulsen del partido. No lo hacen por WhatsApp, pero igual hubiera estado mejor, te llaman a un despacho y te dicen: “Hemos (no sé por qué se utiliza el plural mayestático) decidido amortizar tu puesto de trabajo”. La persona que te lo dice es la misma que ha tomado la decisión, poder absoluto y absolutista, y lo completa diciendo que te va a indemnizar. No tienes nada que decir, ni derecho a réplica, ni queja, ni reacción, sólo shock, impacto, crisis. Recoges y te vas, como una defunción, se ha muerto tu relación tal y como la mantenías hasta entonces, alguien la ha matado. Esa gestión se puede llevar mejor o peor. Dispones de herramientas, tu médico además está para ayudarte con ello.

El momento crítico no termina ahí, con la ayuda de mi entorno, familia, amigos, se afronta como una oportunidad, un cambio y nos ponemos a ello. En esos momentos, tu mente se pone a por ello y se dota de mecanismos de supervivencia que te permiten llevarlo.

Pero nada es fácil, tus abogados te informan de que el “regalo”, esa indemnización que te merecías después de 30 años de dedicación no era tal, sino el mínimo legal. Bueno, es lo que permite la legislación y se aprovechan de ello las empresas. Pero el mundo es un pañuelo y a quien miente siempre se le pilla, y mis abogados se informan y al resto de personas en mi situación se les ha indemnizado plenamente como hubiera sido lo normal en mi caso. Ya no se trata de lo legal, sino de lo “justo” y claramente es injusto. Toca pelear, y mis abogados se ponen a ello, pero tu cabeza está en afrontar la crisis como una oportunidad y además tienen que afrontar la pelea, la de la indignación y la de la injusticia.

Una vez más, las herramientas y el apoyo médico y de tu entorno están ahí para ayudarte y utilizas todo lo que está a tu alcance para afrontarlo. Mis abogados y amigos hacen su trabajo y además te apoyan en todo, y superas tu primer semestre de adaptación a la nueva circunstancia. Toca dar la vuelta y crear nuevos proyectos, con amigos, con personas queridas, que creen en ti y en tus capacidades y posibilidades, y a quienes debo mi actual situación.

Nuevos proyectos, nuevas competencias, te dejan hacer y tú te dejas llevar por tu impulso y fuerza y ganas de sobrevivir y pelear, lo haces, lo haces bien y lo haces a conciencia, y lo consigues, pero no es gratis, el esfuerzo pasa factura y lo sabes.

Dispones de herramientas y las utilizas, y cuando la situación empieza a estabilizarse aparece esta nueva crisis. Crisis? Sí, esto no lo hemos vivido antes y nadie sabe cómo afrontarlo, cada persona con sus propias herramientas.

Pero para algunos las crisis las tomamos como oportunidades y una vez más, las hemos afrontado de esa manera, nos hemos vuelto a reinventar, y hemos vuelto a ser los mejores en lo que hacemos, la gente cree en ti, cree en tus posibilidades y capacidades y sobre todo en ti como persona, además de como profesional, esto junto con el apoyo de la familia, amigos, entorno hace que la crisis pueda ser superada.

Todo esto con herramientas, la salud mental es importante y en mi caso, estos esfuerzos me pasan factura y mi médico me apoya con los tratamientos oportunos adecuando las dosis a mis necesidades, luego yo he de regular y tomar el control sobre ello, somos un “paciente activo”.

Hoy comienza el verano, acaba la situación oficial de alerta, el virus sigue ahí, no lo hemos detenido, lo hemos afrontado, ahora tenemos herramientas para impedir su propagación de nuevo, lo afrontaremos, sin duda, depende de cada uno de nosotros.

Yo consciente de mis propia gestión me he centrado en la crisis y ahora que se puede vivir esta nueva “normalidad” es cuando toca volver a tomar las riendas en el resto de tu vida, y eso supone tu salud integral.

Empiezo esta nueva circunstancia sin ansiolíticos, tranquilizantes ni antidepresivos, he ido regulando las dosis y acabo de retirarlos del todo. Mañana retomo la actividad deportiva como ya conozco y como antes ya hice. Cuento con el apoyo de mi familia, amigos, compañeros, y cómo no, con mi médico a quien en un próximo control informaré de mis avances en todos los ámbitos. Todos ellos son mis herramientas, yo mismo soy mi propia herramienta.

Y quisiera terminar con un recuerdo especial a quienes han estado soportando estas situaciones de “crisis” de tensión hasta el máximo, ellos de verdad han vivido circunstancias excepcionales, tanto pacientes como profesionales, gracias a todos, entre todos podremos con ello.

Decía Supertramp en una portada “Crisis? What Crisis?” no quiero frivolizar, todos hemos luchado, cada una en nuestro ámbito, cada una con nuestras circunstancias, algunas se han quedado por el camino, todas somos personas, todas lucharemos y saldremos de esto.

Ánimo y ya sabemos que debemos buscar nuestras herramientas, confiar en los profesionales y dejarles hacer, pero sobre todo, tomar el control de nuestras propias circunstancias, ser “paciente activo”.

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Venan Llona

Itsasargia eta ekaitza. El faro y la tormenta

Ilargi gabeko gau ilun bat zen, itsasoa haserre zegoen, txalupa txiki batean tripulatzaile bakarrak indar guztiarekin borrokatzen zuen olatuek ez irensteko. Aurpegian haize bortitza sentitzen zuen, azken indarrak bukatzear zituen, baina ez zuen amore eman nahi. Bera borrokalari bat zen. Bapatean, urrutian argi bat ikustea iruditu zitzaion, azken esfortzua egin behar zuen. Itsasargia geroz eta gertuago zegoen, eta azkenik hondartzara iritsi zen, nekatuta, baina aldi berean, pozik.

Gutako asko izan gara esperientziarik gabeko marinelak itsas zakarrean, baina beti azaltzen da bidean gidatuko gaituen itsasargia. Fidatu egin behar dugu, esfortzu haundia egin beharko dugu, baina gure helburua ez dugu gure begietatik galdu behar, esfortzu guztiek merezi dute.

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Érase una noche de mar embravecido, una noche sin luna en la que un pequeña embarcación se mecía a las órdenes de unas aguas que amenazaban con tragarse cualquier cosa que encontrara a su paso.

La única tripulante de aquella txalupa luchaba con todas sus fuerzas por mantener el timón, haciendo sus manos con una fuerza desmedida para no ser engullida por un oleaje voraz y despiadado. Por más que intentaba mantenerse firme, sólo podía sentir el azote del fuerte viento en su rostro… se le iban agotando las fuerzas, pero no quería rendirse, no aún.

Ella era una luchadora nata, no podía desaparecer así como si nada, porque aún tenía planes, y desde luego entre ellos no estaba abandonarse a un final fatal… debía encontrar la manera. Las lágrimas de impotencia se entremezclaban con el frío y la humedad, sentía el cuerpo entumecido, parecía que un sopor quisiera apoderarse de ella mientras luchaba consigo misma por mantener sus ojos abiertos y sus escasas fuerzas en el control de aquella embarcación.

Y de repente le pareció ver un resplandor a lo lejos…. Parecía una luz que giraba y giraba sin cesar. ¡ Oh, aquello era… era… era un faro!. Sintió una señal que le indicaba que ese era el camino correcto, que debía hacer un último esfuerzo, quizá el más agotador de todos para no dejar de perder su señal…  incluso las olas le parecían menos altas, y parece que hubiera sido dotada de una fuerza extrema ….. ella quería llegar, algo le decía en su interior que esa era la luz que la llevaría de vuelta a tierra firme.

Y siguió y siguió sin perder de vista el faro, hasta que cada vez lo vio más y más cerca…. Ya era indudable; el mar parecía calmarse un poco a medida que iba acercándose al faro.

Estaba extenuada pero feliz…. Pudo arribar en la playa y se quedó sencillamente de rodillas dando gracias por haberlo logrado… ahora ya estaba en puerto seguro… sus ojos miraban con deleite aquel faro que giraba y giraba sin descanso llenándola de luz por completo en cada uno de sus vueltas.

Muchos de nosotros hemos sido en algún momento marineros inexpertos en aguas bravas, salvajes incluso, hasta el punto de llegar a pensar que el mar nos tragaría sin remedio.

Pero siempre aparece el faro, que nos guía en el camino, haciéndolo menos doloroso, menos difícil. Solo tenemos que confiar sin dejar de perder de vista nuestro objetivo. Y llegarás a puerto, no sin esfuerzo, pero con la recompensa de haberlo luchado.

Porque sinceramente, ¿quién dijo que fuera a ser fácil?

Izaskun Antúnez

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