Punto de encuentro de Paciente Activo Paziente Bizia en el que compartimos, mostramos y aprendemos aquellas cosas que consideramos de interés.

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Talleres Paciente Activo Paziente Bizia

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El programa Paciente Activo Paziente Bizia de Osasun Eskola de Osakidetza tiene varias vertientes. Una de ellas es la difusión, concienciación y reflexión que nos gusta hacer acerca de nuestro papel como enfermos de enfermedades crónicas y promover una actitud de co-responsabilidad en los adquirir conocimiento de las habilidades y cuidados necesarios para un mejor control de nuestras enfermedades. Para ello nuestra herramienta más poderosa son los talleres que organizamos y que se imparten en los tres territorios de la Comunidad Autónoma del País Vasco durante todo el año.

Conviene repasar, como buen inicio de curso, qué podéis encontrar en dichos talleres. A lo largo de  semanas y en sesiones de dos horas, se desarrolla un programa cuidadosamente pensado y estructurado en el que se van introduciendo temas de interés para mejorar nuestra salud y el control de las enfermedades. El requisito que se pide es el compromiso de acudir durante el transcurso del taller a las sesiones programadas y las ganas de aprender y participar.

Existen dos tipos de talleres: uno que llamamos “Cuidando activamente mi salud” está dirigido a personas que padecen alguna enfermedad crónica o a cuidadoras o cuidadores que tienen a su cargo enfermos crónicos. No son talleres enfocados a una enfermedad en concreto. En ellos hablamos de alimentación saludable, cómo identificar los alimentos que nos convienen, cuales elegir para hacer una dieta equilibrada, qué tener en cuenta a la hora de hacer la compra. Otro aspecto que se aborda es la actividad física: qué tipos hay y cuál es conveniente para cada persona, qué tenemos que tener en cuenta a la hora de hacer ejercicio físico.

Aunque alimentación y actividad física son los pilares, dedicamos espacio y tiempo a otros aspectos fundamentales del autocuidado: la importancia de un buen descanso mental y físico y la gestión de las emociones, aspecto importante para vivir de manera adecuada con una enfermedad que puede suponer limitaciones en nuestra vida diaria. También tienen cabida aspectos más prácticos como puede ser hablar de qué tener en cuenta a la hora de preparar una consulta con la enfermera o el médico, qué debemos conocer de los medicamentos que tomamos, qué son las voluntades anticipadas, o cuales son los recursos comunitarios que tenemos a nuestro alcance.

Todos los contenidos se enriquecen con las aportaciones de los asistentes al taller y con la experiencia que aportan los monitores, en su mayoría enfermos crónicos igual que los asistentes, lo que les da un plus al poder entender mejor lo que supone hacerse cargo del autocuidado.

El otro tipo de taller es “Cuidando mi diabetes” y son básicamente los mismos contenidos pero enfocado a las personas que tienen diabetes.

En este blog podéis consultar las fechas de los talleres previstos en fechas próximas. Si estáis interesados podéis poneros en contacto con el programa. Tenéis la información de cómo hacerlo en la página web de Osasun Eskola

COMENZAMOS CURSO

 

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Ya llevamos unos meses ausentes y después de estos meses de parón veraniego el blog del programa Paciente activo, Paziente bizia de la Osasun Eskola retoma su actividad.

Durante este curso que ahora comienza vamos a seguir con las mismas intenciones con las que nacimos: queremos que a lo largo de las semanas y a partir de lo que os contemos, nos conozcáis más, conozcáis lo que hacemos, los talleres que organizamos, los eventos en los que estamos y, sobre todo, que podamos compartir conocimiento e información de interés. Otro aspecto al que damos mucha importancia es el de nuestras vivencias y experiencias como pacientes crónicos y por ello es algo que seguirá teniendo su espacio aquí.

Nos gusta recordar que el blog es una herramienta más de difusión del programa pero también un punto de encuentro de las personas que nos leéis. Algunas y algunos de vosotros habéis participado en los talleres y nos comentáis que este espacio es un modo de continuar en contacto con el programa. También nos hacéis llegar el mensaje de que leernos os resulta de utilidad, ya sea por lo que aprendéis o porque os sentís identificados, o apoyados a descubrir. Queremos daros las gracias porque cuando oímos o leemos esos mensajes nos sentimos animados a seguir. Esperamos seguir cumpliendo esas expectativas y pondremos cariño y dedicación en ello.

Además del blog nos podéis encontrar en otras redes sociales como Facebook y Twitter y en la página web de la osasun eskola. En ésta última además existe información y otros recursos que os invitamos a explorar.

Como cada nuevo comienzo de curso se entremezclan sensaciones y pensamientos. Tenemos el objetivo de que este blog sea un espacio vivo y dinámico y por eso siempre pensamos en cómo mejorarlo y hacerlo más interesante  y ameno. Preparamos varias novedades, algunas evidentes y otras más sutiles, que iremos introduciendo progresivamente. Tanto si nos seguís acompañando como si nos empezáis a leer seréis testigos de esas novedades.

¿Preparados entonces? Vamos allá!

Escucha activa

Elena Resines

 

Estamos terminando un taller. Falta  la última sesión, la de despedida o mejor  la de hasta pronto. Todos nos hemos hecho cómplices y si no amigos-amigos, estamos en la misma onda, nos une  una experiencia común. Si nos encontramos, tendremos de qué hablar, tal vez nos veamos a menudo y ese aprendizaje entre  iguales en que nos hemos acompañado  nos permita  mantener una relación de aliados que nos refuerce y fortalezca en  el objetivo común de  cuidarnos y ser proactivos en nuestra enfermedad.

Si pasa un tiempo  sin vernos y no recordamos nuestro nombre, – ya no llevaremos la pegatina que nos lo facilita – sabremos que tenemos confianza para preguntárnoslo. Hemos pasado suficientes horas juntos compartiendo experiencias, podemos considerarnos cercanos y eso os permite ciertas licencias. Al menos eso les comentaré  yo cuando terminemos el taller. Porque a mí lo de recordar nombres….

Esta semana ha sido la sesión 6 y hemos hablado de comunicación. Siempre sonreímos y nos reconocemos en esas frases  que usamos como ejemplo, los mensajes tú. Nos sorprende saber  que hablando desde la emoción,  desde el cómo me siento , y  exponiendo el problema sin reproches, con respeto ,conseguimos mejorar la comunicación, las relaciones , evitar problemas , incluso desbloquearlos. Usemos los mensajes yo. Es la magia de la buena comunicación. Pero cuesta, estamos acostumbrados  a una comunicación más  agresiva, a veces incluso insolente.

Al llegar a esta sesión se nota que los participantes estamos a gusto, nos tratamos con familiaridad, ya se comenta que terminaremos pronto, da pena, nos hemos relajado,  se bromea entre quienes hace unas semanas no se conocían. Somos todos iguales, es lo que decimos del programa: Educación entre iguales, aprendemos todos de todos.

Hablábamos pues de comunicación y a José ,que es de palabra fácil , pregunta con frecuencia, cuestiona y  participa constantemente, siempre respetuoso , le interrumpo en uno de sus discursos y me dice ¨¡ oye , que tú también tienes que escuchar, aplícate lo que dices, déjame terminar” , con cierto aire irónico, y le digo tengo que reconocer que tienes razón , es uno de mis defectos y además conocido, pero me puede el impulso, esa retahíla interna de sucesión de  ideas para que no se me vayan , que tengo que decir esto…  y lo lanzo y me pierdo  lo que está diciendo el otro.

Otro propósito que tendré que practicar semanas  y semanas: Escuchar y dejar terminar. Mantener la mente quieta, no pensar, dejarla descansar, apagarla si es posible, dominarla y que ella no me domine. Practicar para ello, respirar profundamente, controlar mis pensamientos   y enfocarlos en positivo, cuando toque y no al escuchar al otro. Escuchar activamente, con empatía, no oír.

Tendré que tener muy presentes los Obstáculos para una buena comunicación y las habilidades de comunicación.

Propósito: Practicar la escucha activa:  me focalizaré en la persona que habla y que me quiere comunicar algo, la escucharé no solo con los oídos, sino con todos los sentidos, sin interrumpir, aunque no esté  de acuerdo, mostraré atención además con mi cuerpo, bloquearé mis ruidos internos y me centraré en la otra persona. Trataré de ver las cosas como me las cuenta, comprendiéndola, siendo consciente de lo que cuenta  y  demostrándole que la escucho. De esa forma  confiará en mí y sabrá que la valoro.

Este es mi propósito, lo practicaré dos veces al día, todos los días, una de ellas con alguien de mi familia. Con un grado de seguridad de un 9.

¿Alguien va a recordármelo y me va a preguntar si lo he cumplido o no?

 

 

Agradecer y celebrar

Si en este momento me pidieran mencionar a todas las personas que me han permitido ser la persona que hoy día soy, obviamente  no podría. Evidentemente estarían las personas más cercanas, la familia de origen, la familia actual, amistades significativas, algunos compañeros, jefes o profesores de  proyectos profesionales, sociales o de procesos de formación. Pero sería consciente de estar dejando en el olvido tantas y tantas personas que a lo largo de mi existencia,  con sus  acciones, han sido de una u otra manera maestros y maestras de mi vida. Sentiría estar siendo injusto. Ser consciente de que han existido  personas que ni recuerdas, resulta frustrante. Por ello, procuro  dar las gracias por lo que recibo y celebrar de inmediato las ocasiones que creo se merecen, por si después no hay ocasión o simplemente, no me acuerdo.

A lo largo de estas semanas estamos desarrollando un nuevo taller de Paciente Activo en el que participo como monitor. Esta es mi sexta colaboración en talleres del Programa y cada vez me asombra más como resulta una experiencia absolutamente única en la que en algún momento aparecen auténticos maestros y maestras de la vida.

La pasada semana ocurrió de nuevo. Todo iba normal, los temas que tratábamos eran “los del manual”, alimentos saludables, etiquetas de nutrición, el sodio, la sal, etc. El ambiente era normal, entramos a abordar como trabajar con la ansiedad y como vivir positivamente y de pronto una historia en primera persona hizo que el resto de los presentes quedáramos sin palabras, quietos, con los ojos enganchados en la protagonista. El relato resultaba absolutamente conmovedor, auténtico, duro, de los que no te dejan indiferente, solo sin palabras.

Todo transcurrió dentro de un respetuoso silencio y al finalizar cada uno dio las gracias a la persona que quiso compartir su experiencia.

Los monitores tenemos instrucciones de no salirnos del guion y por lo general somos bastante cumplidores. Pero esta vez lo que  tocaba era cerrar el manual y escuchar lo que ningún libro puede expresar con la fuerza y determinación que un  participante del taller puede hacerlo y con ello aportar a los demás presentes una lección magistral que sin duda nos hará cambiar algún pensamiento o creencia que nos permitirá crecer y mejorar.

En breve terminaremos los encuentros y habrá finalizado el taller. Para mí podría ser, uno más, pero no. Cada uno es especial, distinto a pesar de haber impartido el mismo temario y con los mismos medios y método. Son esos destellos de maestría de la vida que atesoran muchos de los participantes y que florecen cuando el clima es propicio lo que hacen que cada vez sea una experiencia excepcional. Junto a los agradecimientos por lo compartido y aprendido procederemos a celebrar lo vivido, para que en nuestra memoria quede un recuerdo de alegría y gratidud por todo lo recibido.

Ánjel Irastorza

Qué es para mí paciente activo

Me doy cuenta de que he pasado de tener una actividad que puedo denominar “frenética” antes de mi enfermedad a ser una persona “activa”, en todos los entornos de mi vida, y desde luego, me quedo infinitamente como estoy ahora.  Me ha parecido interesante reflexionar y en consecuencia hacer una entrada sobre lo que para mí como persona, como enferma crónica, como monitora, significa que un organismo como Osakidetza saque adelante un programa como este.

 

Reconozco que no me siento enferma, aunque hay enfermedades que no avisan, mi corazón está “tocado” y se altera cada vez que de algúna manera voy a un ritmo que no aguanta, que le supera, que no puede seguirme y también reconozco que en el mundo en que vivimos, esto no es tarea fácil.

 

Este programa supone para mí un refresco contínuo, un conocer gente nueva y compartir con ellos lo  que sé que quiero hacer porque me hace bien para mi salud física y mental, cosas que con el día a día  vas aplazando, -encuentras justificaciones para NO HACER más que para hacer-, y ya que todo lo que merece la pena, se hace con esfuerzo, estos pequeños propósitos son los que con  continuidad pasan a  hacerse hábitos. Basándome en los diferente temas que tratamos y como ejemplo, enumero estas tareas que tienen que ver con cada herramienta que usamos:

  • Levantarme cada mañana y hacer mi sesión de estiramientos y ejercicios, me levanto 45 minutos antes para poder llegar a tiempo en la planificación del día y esto me hace sentir estupendamente, aunque he de admitir que de entrada me da pereza y suelo decirme: “cinco minutos más….”.
  • Proponerme, cada día seriamente escuchar a mi hija sin interrumpirla y sin enfadarme aunque lo que me diga no me guste un ápice. Ahora está sacando su personalidad en la preadolescencia y claro, no es quien  yo quiero que sea, obediente en todo lo que YO digo, es quien es y tiene que ser, tiene su carácter y asumir esto es dificil y me cuesta.
  • Proponerme escuchar a un padre/madre del colegio sin formarme un juicio previo de lo que me está diciendo, y en consecuencia saber ponerme en su piel o empatizar y no dar ningún consejo salvo que me lo pida (esto es una tendencia muy mia…)
  • Proponerme hacer un menú semanal ajustado a lo que sé que es una alimentación saludable para mí, y así hacer que mi familia también participe de ello. (esto es más fácil, afortunadamente lo tengo ya como hábito).
  • Proponerme hacer meditación/relajación diaria para antes de irme a dormir, ser capaz de calmar a esta mente parlanchina, y en esa estupenda calma, conseguir un buen descanso, en lugar de ponerme excusas como, hoy estoy cansada, es ya muy tarde, voy a leer un rato…
  • Proponerme que aunque lleve sin teléfono fijo ni internet más de 15 días en casa, que mi cobertura de móvil es infame, que nadie me explique los motivos, que siga pagando la misma factura por un servicio que no me dan, sonria y sea capaz de darle la vuelta aportando posibles soluciones sin enfadarme con nadie, es pensar en positivo, poner la atención en lo que funciona para quitar hierro a lo que no.
  • Proponerme que como me queda una semana para mi revisión con el médico, no se me olvide nada y en consecuencia prepare la consulta médica con atenlación. Escribiré lo que me parezca importante en relación a mi enfermedad y así recordar todo lo que quiero decirle y llevarlo a la consulta, así como ser responsable de los medicamentos que tomo y preguntar todo lo que necesite saber al respecto con el médico.
  • Estar dispuesta a aprender que hay diferentes formas para tomar decisiones, y que lo más importante es tomarlas.

Todo ello hace que me quite el sombrero, es simplemente fantástico y yo creo en este precioso proyecto que es Paciente Activo.

                                                                                                                                                                            Ani Galende

¿Paciente activo?

 

De tiempo en tiempo, por mi participación en el programa paciente activo, me invitan a acudir a algún foro sanitario en el que se sigue la antigua y buena costumbre de presentarse.

Y en tal trance me suelo sorprender a mi mismo presentándome al resto de los concurrentes por mi nombre seguido de la coletilla “paciente activo”.

Me suena raro ya que puede ser que sirva para presentarme y aportar un dato  que (junto con el no uso de bata blanca o azul) ayude a los demás a situarme; pero realmente ser “paciente activo” ni me define ni, en realidad, creo que sea una finalidad por sí misma en mi vida.

Así que el otro día, en una de esas ocasiones, seguí la fórmula habitual: “Juan Carlos, paciente activo”, y a renglón seguido aclaré que si soy paciente activo no es porque ello sea una finalidad en mi vida, sino porque en mi vida lo que soy y quiero ser es: marido, padre, abogado, amigo al que le gusta disfrutar del tiempo que comparto con mis amigos, lector, turista accidental y un montón de cosas más que quiero seguir siendo la más intensamente posible.

Participar en paciente activo me ayuda a ser todo lo anterior conviviendo con la diabetes, a la que tengo muy en cuenta, pero sin entregarle el protagonismo de mi vida. El protagonismo de mi vida está en lo que yo he elegido ser y hacer. A ella me la encontré por el camino, me va a seguir por él de por vida, pero no me va a imponer su hoja de ruta. Esa es mi decisión: que la diabetes no gobierne mi vida; y para mantenerla participar en paciente activo es una herramienta importante que me ayuda a vivir como yo quiero vivir.

Paciente Activo es una herramienta y si es buena (que creo que lo es), conseguiré encontrar con ella en cada tiempo y entre las cambiantes circunstancias que se dan en mi vida (unas buscadas y otras halladas sin buscar), el ajuste necesario entre mi salud y mi vida para poder vivir lo mejor posible lo que quiero vivir.

Por eso cuando alguien que sabe con qué y cómo quiere llenar el tiempo de su vida y tiene que convivir con la diabetes o cualquier otro de estos acompañantes crónicos no deseados, encontrará en Paciente Activo una herramienta para la vida.

Juan Carlos Mendizabal

Los pilares

Hace unos días pude disfrutar de una película titulada ” la dama de oro”. No se vuestras preferencias en cuanto a cine, a mi me gusto. Los intérpretes son Helen Mirren y Ryan Reynolds, ella esta inmensa, como casi siempre. Interpreta el papel de una inmigrante austriaca, que actualmente vive en Estados Unidos. Es la única heredera del famoso cuadro ” Retrato de Adele Bloch- Bauer ” , al que renombraron ” La dama de oro” de Gustav Klimt. Debido a la aprobación de una ley en Austria, ve la posibilidad de recuperar el retrato de su tía, que en su día le robaron los nazis. Para esta tarea, se ayuda de un joven abogado, hijo de una familia amiga, que también paso por el trance de emigrar en la misma época. No os comento más de como transcurre la peli, aunque está basada en hechos reales y muchos de vosotros conoceréis la historia. Lo que si me gustaría compartir es la reflexión que hice después de verla.

Los dos protagonistas inician la historia algo distantes. Las motivaciones de ambos son diferentes. Es el transcurso de los hechos, lo que les lleva a crear un verdadero tándem. Se ve en la película, como hay veces en la que la frustración lleva a uno de los dos, a pensar en abandonar la lucha y simplemente mirar a otro lado, pero es el otro componente del equipo, el que le ayuda a encontrar la fuerza necesaria para seguir en la pelea. Ambos se ayudan, se apoyan y se acompañan mientras resuelven el conflicto actual y de paso, intentar cerrar un episodio de su pasado muy doloroso, curando viejas heridas.

Tengo que confesar que acabe la película con alguna lagrimita!! Pensaba que todos tenemos viejas heridas que no acabamos de cicatrizar, que simplemente esperan su momento, momento en el que nos sintamos con la suficiente energía vital como para hacerles frente. Y claro, todo proceso necesita un tiempo, tiempo de reflexión, de maduración, de perdón, de reconciliación y de sanación en definitiva. Y que importantes son los pilares…!! Hablo de esas personas que nos rodean, con las que compartimos  en mayor o menor medida, por las que nos sentimos apoyados, que nos hacen de pilar, y a las que a su vez apoyamos. Que afortunada soy en este sentido!!

Ya se que no todos estamos en la misma situación, y por eso existen diferentes grupos y asociaciones. Por ejemplo nosotros, desde los talleres que hacemos en paciente activo, intentamos daros nuestro apoyo, que sintáis que no estáis solos, que aprendáis de las experiencias compartidas, que conozcáis personas nuevas que conviven con problemas parecidos a los nuestros y quien sabe, puede que hasta hagáis nuevas amistades. Tenemos nuestra puerta abierta. Actualmente impartimos talleres sobre enfermedades crónicas en general y diabetes mellitus en particular. Empezamos nueva tanda de cursos a la vuelta del verano…. Estáis preparados…?? Nosotros si

Me despido con “Adele”

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Begoña Belarra

Dos veces al año

 La vida da oportunidades continuamente y a mí, además de las normales, me da dos veces al año, cuando participo como monitor a los talleres del programa paciente activo, unas cuantas oportunidades “extra”.

Dos veces al año durante unas semanas tengo la oportunidad de encontrarme con personas que desconozco (y que posiblemente no hubiese conocido) con las que comparto un factor común e importante en nuestras vidas: la diabetes; sobre la que compartimos experiencias para mejorar la calidad de nuestra vida cotidiana. Ser formador me regala conocer a todas esas personas que me ayudan a crecer.

Dos veces al año tengo la posibilidad de recordar y compartir con otros qué es lo importante de verdad en mi vida, y qué puedo hacer para que la amiga diabetes no me impida ni me limite poder vivir lo más plenamente posible las cosas y actividades que le dan sentido a mi día a día.

Dos veces al año puedo valorar con otros dónde estoy, dónde quiero estar, qué puedo hacer para llegar allí y qué tengo que poner en juego para que mi diabetes no se convierta en un obstáculo insalvable.

Dos veces al año puedo aprender con otros (y de otros) nuevas cosas, recursos, herramientas y habilidades para convivir con mi diabetes sin que sea ella quien tome el control de mi vida.

Dos veces al año aprendo a alcanzar y a hacer realidad lo que me propongo para vivir mi vida como yo quiero, contando con la ayuda de otros que también lo hacen o intentan hacerlo.

Dos veces al año recuerdo que cuando los hábitos que he ido desarrollando para el buen control de mi salud y mi vida flojean o se me han quedado olvidados en medio del día a día, puedo retomarlos y volver a ellos Si ya fui capaz de hacerlo antes también puedo recuperarlo ahora.

Dos veces al año puedo hablar de mi diabetes y compartirla con otros sin que ella sea la protagonista absoluta de mi vida, que sigue estando en mis manos.

Dos veces al año durante seis semanas comparto la vida con otros diabéticos sin que aquello sea una reunión de enfermos que sólo se cuentan desgracias, miedos y limitaciones. Durante esas semanas, dos veces al año, somos, para intentar seguir siéndolo siempre, personas que aprenden a vivir sus vidas plenamente; sabiendo que nuestra limitación, por muy crónica que sea, no es el centro de nuestra vida y no podemos dejar que lo sea.

Juan Carlos Mendizabal

De amplificadores y ecualizadores

Llegó a la primera sesión con evidente escepticismo. No sabía muy bien lo que se iba a encontrar ni qué se esperaba de él. Después de 6 años de diabético empezaba a ser complicado mantener sus niveles de glucosa dentro de lo razonable, como lo era seguir pautas, no descuidarse. Un conocido le descubrió la existencia de estos cursos, se acercó a su ambulatorio y aquí estaba, convencido de que una vez más le iban a sermonear, a reprochar errores, a poner en tela de juicio su forma de hacer o de dejar de hacer.

Era a lo que se había acostumbrado tras convivir con un sinfín de agoreros, diabéticos como él, que le anunciaban tiempos peores y desastres inevitables, ¡¡el apocalipsis!! “Ya vendrá Paco con las rebajas”, “lo tuyo es una larga luna de miel que algún día acabará”, “avisado estás”… esperando esa oportunidad para decir “ya te lo había dicho”.

Menos mal que en casa el ambiente era otro. A pesar de las ausencias a horas intempestivas para correr un ratito, no había reproche. Y había reconocimiento por el evidente esfuerzo que conlleva evitar el picoteo, no comer esa magdalena que se ha quedado sola, no engullir esa paella que me está llamando… Pero fuera todo parecía deberse a la suerte.

¿Y con qué quedarse? ¿Con lo que vives en casa o con lo que te dicen quienes supuestamente saben? ¿De qué fiarse? ¿De lo que surge del cariño o de lo que nace de la, digamos, experiencia? Dudas, muchas dudas y mucha desconfianza también.

Pero ¡sorpresa! Apenas media sesión y ya se había relajado. Para empezar los monitores tenían el mismo problema que él y hablaban abiertamente de sus logros y sus fracasos, de sus miedos y de sus deseos. No había mejores ni peores. Todos a lo mismo y para lo mismo, y todos entusiasmados al compartir “sus intimidades” con quienes seguro que saben entenderlas.

El grupo de participantes funcionaba como un amplificador. A medida que pasaba el tiempo crecía el sonido, el intercambio de experiencias, las aportaciones, la franqueza. Y podía escuchar con nitidez cada mensaje, cada idea, en parte gracias al empeño de esos dos ecualizadores amateurs que con bastante éxito, dirigían el curso.

Aquel que entró desconfiado salió más seguro de sí mismo. Gente que sabía, al menos es lo que él consideraba, se había empeñado en reforzar aquello que hacía bien para enfrentar su realidad. Y comprendían sus errores, su esporádica dejadez, sus dificultades para sortear a la pereza y a la persistente y tenaz tentación.

Salió convencido de que estaba en el buen camino, en un buen lugar.

Jose Blanco

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