Hoy no lo he hecho bien

   Ánjel Irastorza

El día de ayer resulto un poco complicado. No lo hice bien y a media tarde mis niveles de azúcar debieron de entrar en números rojos.  Nada grave, solo un pequeño bache, pero que vuelve a ponerme  en guardia de la importancia  de la programación de las actividades diarias y el  cumplimiento con lo previsto. La realidad de la diabetes te vuelve a recordar que eres una  persona con algunas necesidades particulares, entre ellas, evitar los periodos largos de ayuno.

El programa para ayer por la mañana no era el habitual. Cita para una reunión que llevaba muchos meses esperando, había que madrugar un poco más, desayunar media hora antes y caminar dos kilómetros hasta el lugar de encuentro para desplazarse. Otra hora de viaje, una intensa reunión de cinco horas y media y otra vez todo el viaje de vuelta. Esta vez la caminata es bajo un radiante sol que ya pega en plan veraniego. Y entre medio, un café sin azúcar,  medio plátano que llegó demasiado tarde y ni un vaso de agua.

Total que para cuando volví a casa y me puse frente al plato de comida eran las cuatro de la tarde, habían pasado ocho horas y media de ajetreo sin más aporte que el trocito de plátano en tiempo de descuento. El caos ya asomaba, cansancio, sensación de mareo.  Y para completar el despropósito, ración indebida para matar un hambre feroz. Hacerlo peor no es fácil.

El problema resultó que por la tarde había más agenda, había compromiso con un grupo de personas a las que  acompaño en sesiones de Qi Gong, una técnica muy interesante para trabajar el cuerpo con la respiración y el movimiento suave.  Y como desconvocar aquello no quedaría bien, ¿Qué hacer?

Aproveché los cincuenta minutos que tenía de margen para descansar todo lo que pude. Pero cuando ya  has entrado en la zona naranja de la hipoglucemia es como si has pillado la borrachera, no tienes más remedio que pasar la resaca. La sensación de cansancio, la flojera, el malestar, necesita su proceso y tiempo de recuperación.

Así pues me presente ante mis compañeros en un estado poco idóneo para desarrollar una sesión y menos para dirigirla. Lo primero que hice fue contarles mi situación y advertirles de que quizá no fuese capaz de terminarla. La respuesta fue unánime: tú, lo que necesites. Fue reconfortante encontrar comprensión y aceptación.

Y de esta manera comencé a realizar una sesión acorde a la mi necesidad en ese momento, más suave que la habitual, más intuitiva, dejándome guiar por lo que mi cuerpo pedía a cada paso.  Y así resultó  una estupenda sesión de recuperación de mi estado tanto corporal como mental. Y el grupo fue un acompañamiento fantástico en el proceso.

Terminó el día y nos fuimos a descansar. Hoy al despertar lo primero que he hecho ha sido consultar mi móvil y he visto  que tenía la batería al 87% de carga. Y me he dicho, ya somos dos, yo también estoy al 87%. Pero hoy lo hago bien y mañana ya será al 100%.

 

Sin título

Esquivando Hidratos de carbono

 

Juan Carlos Mendizabal

(O COMER FUERA DE CASA EN VERANO)

Ya estamos metidos en Junio y se nota en todo. Como a muchos el trabajo me obliga a comer cinco días a la semana fuera de casa. Unos días toca taper, otros improviso algo ligero y más o menos saludable en el office del despacho y, la mayor parte de días como fuera. Ya sabéis, el socorrido menú del día. Se me olvidaba: soy diabético.

En mi caso el tema principal es esquivar la ingente cantidad de hidratos de carbono que esperan agazapados a que me descuide y para los que parece que tengo un imán.

Es verdad que en verano el tiempo invita y ayuda haciendo que la ensalada, unos espárragos o una sopa o crema fría me lleguen a parecer una estupenda y refrescante entrada. Primer obstáculo superado… salvo que me ofrezcan ensaladilla, ¡que está tan rica y refrescante!

El problema serio viene con los segundos y sus acompañamientos: al apetecible escalope (que ya va con un rebozo rico en carbohidratos) le acompaña algo que casi siempre suelen ser hidratos: patatas en forma variada, arroz, pasta; y, rara vez, unas verduritas salteadas o a la plancha. Uno a esto el pan (cuyo primer trozo e incluso un segundo suele caer ya antes de elegir) y veo cómo se han disparado los hidratos de mi comida casi sin sentir.

El postre suelo resolverlo con fruta (ahora que apetece más y hay variedad), queso o yogur; que siempre es lo último que “canta” el camarero después de lanzar al vuelo los flanes, los brownies, los coulants, el helado y otros deliciosos venenos.

Lo cierto es que de unos años a esta parte creo que se me ha hecho algo más fácil comer fuera de casa cuando tengo que cuidar la dieta o, simplemente, quiero mantener esos hábitos saludables que tanto me han costado implantar y mantener en mi día a día.

Creo que es así debido tanto a los propios restaurantes, que intentan ofrecer cosas más saludables en sus cartas y menús; como a lo que he aprendido sobre comer saludable (que no es estar a dieta) para convivir adecuadamente con la diabetes.

He aprendido a organizar un menú bastante saludable con los tres primeros y los tres segundos del menú del día de casi cualquier restaurante (incluidos los chinos) a base de unos pocos trucos: vigilar mi tendencia a echar mano al cestillo del pan sin contar cuantas rebanadas llevo, eliminar o reducir el acompañamiento rico en hidratos (¿me cambias las patatas por unos pimientitos?), pedir dos primeros, reducir el menú a plato único el día que me voy a dedicar a los hidratos (pasta, arroces, legumbres) o cambiar el postre por un café.

En los talleres de Paciente Activo aprendemos a eso, a comer saludablemente según el estado de cada uno desarrollando pequeñas (o enormes) destrezas que nos ayudan a comer como hemos decidido que es importante comer para cada uno.

Y en caso de duda, ¡cuantas veces cierro los ojos y visualizo ese plato saludable del que tanto hemos hablado!

¡Buen provecho!

plato

La política de los pequeños gestos.

Iñaki Etxebarria

Son días éstos de promesas y propuestas. Se nos apela a los ciudadanos a que nos impliquemos en elegir la sociedad que queremos en los próximos años articulada en torno a temas importantes como la economía, la educación y la sanidad entre otros. Grandes temas sobre los que reflexionar y decidir. Independientemente de la confianza y la credibilidad que nos merezcan lo que oímos, es un buen momento para reflexionar acerca de nuestro papel de ciudadanos en relación con nuestra salud en general o con los sistemas sanitarios.

Apostar por un modelo de sanidad en donde los pacientes con enfermedades crónicas conozcan más  y  mejor su enfermedad y contribuyan al mejor control de su enfermedad y a la mejora de su estado de salud, es apostar por una serie de valores determinados: crear un espacio más amplio (físico o teórico)  en el que se encuentren los profesionales sanitarios y los pacientes y ciudadanos, una mayor implicación en el cuidado propio abandonando un modo tradicional de ser enfermo pasivo y de delegar los asuntos y decisiones relacionados con nuestra salud, una mayor implicación en mejorar el buen funcionamiento de los sistemas sanitarios, una co-responsabilidad a través de la toma de decisiones compartidas en aquello que tiene que ver con los auto-cuidados, tratamientos recibidos y seguridad del paciente, y una demanda de información de calidad y de formación.

Por todo ello, más allá de los temas de política a gran escala de los que estos días se habla, nos queda un espacio por ocupar cada día ( y no cada cuatro años), en la que todos esos valores pueden ser reivindicados asumiéndolos cada vez con más naturalidad e implicándonos en su difusión y ejercicio con algunos gestos: optar por una alimentación saludable, decidir llevar una vida activa, establecer nuestra estrategia para disfrutar lo más que podamos de nuestra vida adaptándola las limitaciones que podamos tener, ser responsables con la medicación que tenemos que tomar y  con las citas a las que tenemos que acudir ofreciendo colaboración, etc…

Cada gesto es un paso hacia una sociedad compuesta de ciudadanos y pacientes comprometidos con su salud. Gestos que suman y modelan nuestro compromiso, para los próximos años. Es la política de los pequeños, y propios,  gestos.

 

Escucha activa

Elena Resines

 

Estamos terminando un taller. Falta  la última sesión, la de despedida o mejor  la de hasta pronto. Todos nos hemos hecho cómplices y si no amigos-amigos, estamos en la misma onda, nos une  una experiencia común. Si nos encontramos, tendremos de qué hablar, tal vez nos veamos a menudo y ese aprendizaje entre  iguales en que nos hemos acompañado  nos permita  mantener una relación de aliados que nos refuerce y fortalezca en  el objetivo común de  cuidarnos y ser proactivos en nuestra enfermedad.

Si pasa un tiempo  sin vernos y no recordamos nuestro nombre, – ya no llevaremos la pegatina que nos lo facilita – sabremos que tenemos confianza para preguntárnoslo. Hemos pasado suficientes horas juntos compartiendo experiencias, podemos considerarnos cercanos y eso os permite ciertas licencias. Al menos eso les comentaré  yo cuando terminemos el taller. Porque a mí lo de recordar nombres….

Esta semana ha sido la sesión 6 y hemos hablado de comunicación. Siempre sonreímos y nos reconocemos en esas frases  que usamos como ejemplo, los mensajes tú. Nos sorprende saber  que hablando desde la emoción,  desde el cómo me siento , y  exponiendo el problema sin reproches, con respeto ,conseguimos mejorar la comunicación, las relaciones , evitar problemas , incluso desbloquearlos. Usemos los mensajes yo. Es la magia de la buena comunicación. Pero cuesta, estamos acostumbrados  a una comunicación más  agresiva, a veces incluso insolente.

Al llegar a esta sesión se nota que los participantes estamos a gusto, nos tratamos con familiaridad, ya se comenta que terminaremos pronto, da pena, nos hemos relajado,  se bromea entre quienes hace unas semanas no se conocían. Somos todos iguales, es lo que decimos del programa: Educación entre iguales, aprendemos todos de todos.

Hablábamos pues de comunicación y a José ,que es de palabra fácil , pregunta con frecuencia, cuestiona y  participa constantemente, siempre respetuoso , le interrumpo en uno de sus discursos y me dice ¨¡ oye , que tú también tienes que escuchar, aplícate lo que dices, déjame terminar” , con cierto aire irónico, y le digo tengo que reconocer que tienes razón , es uno de mis defectos y además conocido, pero me puede el impulso, esa retahíla interna de sucesión de  ideas para que no se me vayan , que tengo que decir esto…  y lo lanzo y me pierdo  lo que está diciendo el otro.

Otro propósito que tendré que practicar semanas  y semanas: Escuchar y dejar terminar. Mantener la mente quieta, no pensar, dejarla descansar, apagarla si es posible, dominarla y que ella no me domine. Practicar para ello, respirar profundamente, controlar mis pensamientos   y enfocarlos en positivo, cuando toque y no al escuchar al otro. Escuchar activamente, con empatía, no oír.

Tendré que tener muy presentes los Obstáculos para una buena comunicación y las habilidades de comunicación.

Propósito: Practicar la escucha activa:  me focalizaré en la persona que habla y que me quiere comunicar algo, la escucharé no solo con los oídos, sino con todos los sentidos, sin interrumpir, aunque no esté  de acuerdo, mostraré atención además con mi cuerpo, bloquearé mis ruidos internos y me centraré en la otra persona. Trataré de ver las cosas como me las cuenta, comprendiéndola, siendo consciente de lo que cuenta  y  demostrándole que la escucho. De esa forma  confiará en mí y sabrá que la valoro.

Este es mi propósito, lo practicaré dos veces al día, todos los días, una de ellas con alguien de mi familia. Con un grado de seguridad de un 9.

¿Alguien va a recordármelo y me va a preguntar si lo he cumplido o no?

 

 

Mi cuerpo 10

Bego Belarra

Estamos en junio ya. En la calle hoy, luce un sol radiante. La temperatura que marca mi coche es de 27 grados. Apetece ponerse ropa ligera ya, incluso me ha apetecido darme un baño en la piscina o en la playa. Este año no he mirado todavía mis bañadores, no me los he probado. Me mantengo activa, y sigo una alimentación equilibrada, por lo que no veo problemas para seguir utilizando los mismos. Pero… ¿ qué veo cuando me miro al espejo ? Tengo ya una edad en la que la respuesta empieza a ser cada vez más simple. Es la siguiente: una mujer joven ( porque yo me siento así), pero con los suficientes años ya como para no estar en inspiración continúa, metiendo la tripita que me sale. Quiero decir con esto, que cada vez acepto mejor mi cuerpo, cosa que no quiere decir que no lo cuide… ¡ Que espero que me dure muchos años y es responsabilidad mía mimarlo ! Tengo la suerte no haber tenido sobrepeso nunca, y cada vez aunque me vea más mayor, me gusto más.

 

Hace 25 años, me miraba y no era capaz de ver más allá de las imperfecciones que yo creía que tenía, según los modelos que se pueden observar por ejemplo en la publicidad. No quisiera seguir sin comentar, el flaco favor que nos hacen los anuncios publicitarios y los medios visuales en este sentido. Si recibes información continúa sobre lo que en ese sentido es bonito, aceptable y perfecto, no parece raro que acabes aceptando ese modelo como válido. ¡ Qué pena no haber tenido a esa edad, el conocimiento actual !

 

El paso del tiempo hace que la piel pierda elasticidad. La consecuencia directa es la flacidez. Personalmente pienso que no existe crema, ni tratamiento estético capaz de solucionar este problema, pero no tengo el respaldo de ningún estudio científico que lo pueda avalar, por lo que no deja de ser mi opinión. Si ponéis la palabra «flacidez» en el buscador, aparecerán cientos de páginas web con consejos sobre cómo mejorarla. Es decisión vuestra que hacéis con esa información, yo simplemente intento mantener un cuerpo sano, haciendo ejercicio regular ( ejercicio que me estimule y me divierta) y llevando una alimentación variada y equilibrada.

 

Supongo que lo que para mí es una experiencia satisfactoria, para otras personas resulta una verdadera tortura. Disfruto tumbada al sol. Mis huesos y articulaciones me lo agradecen, me molestan menos en verano. Me encanta nadar, me relaja muchísimo. Pero hoy, en una conversación, he recordado un caso que conozco de un matrimonio con dos hijas, ambas anoréxicas. Hace tiempo que perdí el contacto con ellas, espero que se encuentren estables y bien. Siento que por mucho que lo intente, nunca seré consciente del sufrimiento de esa familia. Supongo que la impotencia que sentían esos padres era infinita, e imagino a la par, que el hecho de ir a la piscina, o pensar ponerse un biquini para esas adolescentes, podría ser un hecho durísimo.

 

La organización mundial de la salud (OMS) define la anorexia nerviosa como un trastorno caracterizado por la presencia de una pérdida intencionada de peso inducida o mantenida por el mismo enfermo. Existe una psicopatología específica caracterizada por la persistencia, con carácter de idea obsesiva, de miedo intenso a engordar, de modo que el enfermo se impone a sí mismo el permanecer por debajo de un límite de peso corporal. Los síntomas incluyen dietas restrictivas, ejercicio excesivo, vómitos autoprovocados, abuso de laxantes, consumo de reductores de apetito y diuréticos. La bulimia nerviosa es un síndrome caracterizado por episodios repetidos de atracones de comida y una excesiva preocupación por el control del peso, que conduce a comer demasiado y a continuación vomitar o tomar purgantes o laxantes. La sintomatología puede ser común en ambos trastornos, por lo que muchos pacientes son difíciles de clasificar en un grupo concreto.

 

He leído un artículo científico en el que decía que actualmente el 60 % de los casos se curaban. ¡ Suerte y ánimo a l@s que estáis en esta lucha ! Espero que consigáis vencerla pronto

 

Mientras, mañana yo con mi cuerpo 10 y mi bañador, nos daremos nuestro primer baño de este verano.

Os dejo con Tina Turner y su simply the best… ¡ espero llegar a los 76 años igual de vital que  ella

 

El cuidador

Hoy quiero hablar de una figura que me parece vital a la hora de vivir una enfermedad crónica, de la índole que sea aunque voy a centrarme en la enfermedad de la que más puedo hablar con algo de conocimiento, EL CÁNCER.

 

Vaya por delante que estas palabras son una reflexión en alto respecto a esa figura que está ahí en todo momento. Alguno de mis compañeros ya la ha mencionado en alguna entrada, y yo aquí quiero que sea la protagonista absoluta. Esta figura, la del cuidador puede ser una madre o padre, un marido o pareja, un hijo/hija, un amigo/a, una hermana/o, o muchos a la vez, cualquier persona que en los momentos difíciles de una enfermedad esté y se haga sentir cercano.

 

Para mi el cáncer es una palabra que llevaba implícita la palabra muerte y digo llevaba porque ya no lo siento igual, y la prueba es que estoy aquí. A mi cuando me dieron los resultados de la punción que me hicieron en la mama, no había ningún médico, tenía que recoger los resultados y entregarlos al ginecólogo otro dia en otro centro. Es cierto que podía no haber abierto el sobre ya que venía cerrado, pero yo quería saber, confirmar que estaba bien. En esa hoja poco entendía salvo el veredicto de “posible carcinoma de mama”. Recuerdo que mi marido y mi hija estaban dando vueltas con el coche porque no podían aparcar y yo salí del centro y abrí la carta esperando al coche, no tuve que decirle nada a mi marido, me vió la cara que de veras es el espejo del alma y ya sabía que no eran buenas noticias. Ese fin de semana era puente y el ginecólogo no podría verme hasta la siguiente semana por lo menos, la idea era irnos de fin de semana y teníamos el coche cargado con las maletas, así que tenía ese papel en mi mano para al menos durante cuatro días darle vueltas y vueltas… y decidí aferrarme a la palabra de “posible antes de que me diagnosticaran con total firmeza el carcinoma. Mi marido y mi amigos estuvieron conmigo todo el tiempo, escuchándome llorar, maldecir, gritar, y volver a hablar del tema una y otra vez…., el monotema.

 

Estar a tu lado en esos momentos lo significó todo para mi. Muchas veces no me apetecía  ni hablar, me llamaba mi familia (tengo 7 hermanos, creerme que es grande..) mis amigas de Madrid, y yo no quería contestar no me apetecía hablar con nadie y ahí estaba mi marido, dándoles todo tipo de explicaciones día tras día con toda la paciencia y poniendo la cara y la voz por mi…, atendía a mi hija pequeña, me acompañaba al médico, procuraba animarme aunque fuera el primer desanimado, hacía la comida, la compra, trabajaba y estaba pendiente todo el tiempo. He sido muy terca para determinadas cosas y con la medicación no soy muy buena enferma. La radio me estaba haciendo daño, yo lo sabía, lo notaba, pero los médicos me decían que no era la radio, que todo estaba bien con las pruebas que me hacían. Entonces un día, decido dejar la radio, bajo mi responsabilidad, después de mucho pensarlo y con muchos miedos, aunque a la vez con la seguridad de que algo no iba bien. Mi marido no estaba deacuerdo, tenía miedo, y sin embargo también estuvo ahí dejándome hacer, apoyando mis decisiones que en algúnas circunstancias no compartía. ¿Os haceis una idea de lo dificil que es ver que alguien que quieres está haciendo cosas que crees que no son las correctas y que tal vez por eso muera? Porque eso es lo que pensaba él y sin embargo me apoyó…

 

En esos momentos empezó lo más duro, ahí mi ánimo si cayó en picado cuando me dijeron que mi corazón no había podido con la medicación e incluso me hablaron de un trasplante. Recuerdo como lloraba diciéndole a mi marido que no moriría de cáncer pero moriría por la medicación que había ayudado a salvarme del cáncer¡¡, y aún en esa desesperación, tenía palabras de ánimo o simplemente me abrazaba. Qué duro ha sido también para él¡¡.

 

Hablo de mi marido porque es la persona que más cerca he tenido en uno de los momentos más difíciles de mi vida, aunque no puedo dejar de nombrar a mi madre, que a sus 77 años (de entonces) y con todo lo que ha pasado en la vida,  venía desde madrid a estar conmigo cuando me daban la quimioterapia, a mis hermanos siempre detrás para saber de mí, especialmente a mi hermano Baudi que siempre traía a mi madre.  A mis hermanas que sé que sufrieron mucho desde la distancia a veces sin saber que hacer, a mis amigas del alma, Mar y Azu, a mis amigas de la empresa Nieves, Julia y Yolanda, siempre a mi lado, y a mis amigos Nuria y Manu cuyo apoyo incondicional nos ayudó mucho cuidando de nuestra niña tantas veces…, y escuchándome siempre.  Todos ellos son de algún modo cuidadores.

 

Los talleres que hacemos también están destinados a esta figura tan importante, y yo quiero dedicar esta entrada a todos aquellos familiares y amigos que de algún modo cuidan de personas con enfermedades crónicas, más o menos complicadas, y especialmente a mi amiga Susi, que ahora está atravesando un momento muy complicado como Cuidador de un familiar cercano. Muchas gracias  a todos por sentir que estáis ahí.

Ani Galende

La personalidad de cada músico ejecutante

Hemos terminado hace poco, y después de ocho semanas, uno de los talleres «Cuidando activamente mi salud» que el programa imparte a lo largo del año. Inevitablemente uno hace balance cuando se termina. Hace uno una valoración más oficial y simultáneamente va haciendo la personal.

Dedicar dos horas a la semana durante dos meses a acudir a un curso donde inicialmente tampoco tienes muy claro en qué consiste es un compromiso que hay que agradecer siempre. Cuando dos personas aplazan su cita con un médico especialista porque les coincidía con el taller y priorizan venir a éste, piensas que algo va bien.

Me gusta, creo haberlo dicho en alguna otra ocasión, que las cosas importantes y los hallazgos sorprendentes no caigan en la atonía de la cotidianidad. Por eso quiero aprovechar hoy para volver a poner el acento en dos aspectos de los que uno se da cuenta una y otra vez y que no hay que dejar de celebrar.

Al principio siempre hay una amalgama de expectativas, deseos y actitudes entre los y las asistentes al taller. Los que van a hablar de sus experiencias, los que van a aprender, los que no saben a que van, los que van temerosos, los que son más extrovertidos, etc…Seria difícil diseccionar cual es el proceso pero con el tiempo todos nos acompasamos. Y termina el grupo en algo parecido a eso que se llama aprendizaje colaborativo. Va surgiendo el interés de unos por otros, las preguntas pasan de lo genérico a aspectos más concretos y de la sorpresa a la curiosidad. Hay quien encuentra consuelo, información o ánimo en lo que otra dice, y se establecen, sutilmente, conexiones que generan un sentimiento latente de empatía.

Me gusta que la gente salga reforzada en su autoestima como enfermos. Vienen  a aprender pero también enseñan lo mucho que saben. Tendríamos que  plantearnos en algún momento si la «música» que resuena en los sistemas sanitarios no está compuesta por demasiados «tienes que..», «deberías….»,  y algunos otros mensajes «culpabilizadores». En ocasiones, si la tonada fuera algo así como «con lo que tu sabes de como afecta tu enfermedad a tu vida y lo que yo puedo aportarte desde mi conocimiento científico, seguro que conseguiremos llevar ésto a buen puerto», da la sensación de que todo iría mejor  y sería más gratificante.

Empatía, conocimiento y acompañamiento. Algo parecido al jazz. que partiendo de una sólida base musical, con profundos conocimientos, permite cierto nivel de improvisación, y un fraseo y sonido que refleja la personalidad de cada músico ejecutante.

Con jazz os dejo. Aunque la canción solo tenga relación con este post por haber sonado de fondo mientras se escribía. O quizás tenga alguna conexión más….

Iñaki Etxebarria

Lanzar una moneda #SemanaSinHumo

Desde el pasado dia 24 de Mayo y hasta mañana día 31 de  se viene desarrollando la Semana sin Humo. El jueves pasado publicamos una entrada en el blog hablando del tema. Tiene el asunto tanta relevancia que en esta ocasión no se le dedica un día si no que toda una semana y por eso queremos hoy incidir en el tema.

El tabaco es el factor evitable que más muertes causa en la población. Sus efectos nocivos tienen que ver con ser causa de enfermedades respiratorias crónicas como la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC) y por ser factor de riesgo importante y comprobado para las enfermedades cardiovasculares (infartos de miocardio, accidentes cerebrovasculares, obstrucción de la circulación sanguínea por obstrucción de las arterias., etc) y para distintos, muchos, tipos de cáncer: pulmón, estómago, laringe, vejiga, boca,…

No parece que sea la falta de información acerca de los efectos perjudiciales de fumar el elemento fundamental en el mantenimiento del hábito. Resulta curioso en ocasiones observar a personas con una alimentación saludable, practicantes de ejercicio físico de modo regular, y comprometidas con un estilo de vida sano para ellos y para las personas de su entorno y que fuman. Para el tabaco siempre hay alguna excusa: «el único vicio que tengo», «lo que yo hago no se puede llamar fumar porque fumo muy poco», «no vamos a ser perfectos en todo», etc….

Con el tabaco, como con otros factores de riesgo, pasa que uno o una piensa que no le va a tocar, que es algo que les pasa a los demás, o se piensa que se exagera, que no será para tanto, que, al fin y al cabo, no será tan malo cuando lo permiten, y que en definitiva, la percepción de la  salud propia es en general buena a pesar del tabaco. Y sin embargo, si uno se plantea qué probabilidad tiene de que el tabaco contribuya a su muerte a través de una de las muchas enfermedades en las que está implicado, sólo tiene que lanzar una moneda al aire: si sale cara, se librará, si sale cruz, no.

El daño que provoca el tabaco en nuestro organismo es lento, progresivo y silencioso. Es posible que esas tres características sean la causa de que cueste tanto tener conciencia del daño que provocan. Pero también es inexorable. Todo ello mientras se fuma. Porque desde el minuto uno en el que se decide dejar atrás la vida de fumador, el marcador empieza a ponerse en positivo, y se necesitará lanzar muchas más veces la moneda para que salga cruz. Merece la pena dedicarle un momento a pensar si se quiere seguir fumando.

Iñaki Etxebarria

Quiero dejarlo

La semana pasada tuve la suerte de asistir al inicio de dos nuevos talleres de cuidando activamente mi salud en mi comarca. En la sesión 1, hacemos una actividad denominada «gestionando nuestras creencias». Hay un momento en el que los asistentes, tienen oportunidad de poner en práctica lo explicado. Uno de los participantes, expuso su problema con el hábito de fumar. Voy a utilizar su argumento, pero creo que será el que cualquier fumador en su situación relataría. » Quiero pero no puedo! He llegado a estar sin fumar dos años, pero por un mal cuarto de hora volví, y hasta ahora! »

 

Me hubiera encantado explicarle algunas cosas que creo le hubieran resultado útiles. No tuve oportunidad de hacerlo, así que, con vuestro permiso, voy a utilizar este foro.

 

En nuestra comarca y supongo que en el resto también, existe un programa de ayuda a la deshabituación tabáquica. Puede ser de forma individual o en grupo. Este tipo de intervenciones se realiza cuando la persona está decidida a dejar de fumar en las siguientes semanas. Se acude a 5-6 sesiones, lo que lo prolonga en el tiempo unos dos meses. Ir a las sesiones no garantiza la deshabituación, pero ayuda en el proceso.

 

Definiré algunos conceptos:

 

  • dejar de fumar para la mayoría de los fumadores es un proceso. Quiero decir con esto, que un porcentaje alto de personas no consigue dejarlo definitivamente en el primer intento. Recae, y much@s más de una vez, desafortunadamente. Así que se suceden periodos en los que se fuma , con los que no.
  • Una recaída es el periodo en el que se fuma de manera continuada, tras otro periodo en el que no se fumaba. Ayuda después de una recaída, saber que es parte del proceso normal. Y sobretodo, no perder nunca de vista el objetivo real y último, que no será otro que mantenernos SIN siempre.
  • Una caída es cuando dentro de un periodo prolongado sin tabaco, en una ocasión concreta se fuma UN cigarrillo, pero se continúa sin hacerlo.
  • Es importante elegir bien el momento para dejarlo. Deberá ser aquel en el que nos sintamos con la motivación adecuada, y además si es posible, el entorno favorable.
  • Si además revisamos nuestras creencias limitadoras, aquellas como «yo no puedo» y logramos reconducirlas en algo así como » he estado ya dos años sin hacerlo, claro que puedo!!», las posibilidades de éxito irán aumentando.
  •  La información y ayuda se recibe a través del medico o enfermera de atención primaria.
  • Siempre será mejor intentarlo, aunque se fracase en ese intento, que no intentarlo nunca.

 

Ahora me gustaría contaros mi vivencia en este sentido. Empecé a fumar con catorce años. Solamente lo hacía para sentirme más mayor y por la tontería de hacer lo que hacían las demás. Al principio era los fines de semana. Después alguno entre semana también. Siempre a escondidas de mis padres. No me atreví a fumar delante de ellos hasta los diecisiete años. Reconozco que era una fumadora social. Cuando llegaba al paquete diario, me asustaba y lo dejaba. Alternaba periodos de uno o dos años SIN, con periodos CON. Hubo un momento de mi vida, en el que encontré la motivación suficiente para no volver a hacerlo, fue el día que decidí tener un hijo. Actualmente llevo 11 años de abstinencia. Se que no puedo bajar la guardia, porque aunque no nací fumadora, sí que moriré siéndolo, aunque espero que en inactivo. Cuando lo necesité, no existía o yo no conocía este programa, ni estaba tan extendido como ahora.  Me hubiera ayudado en mis recaídas, saber que aunque no fuera esta vez, lo conseguiría, que era importante pensar que solo lo posponía, no que lo abandonaba. Afortunadamente hace mucho ya, que no pienso en el tabaco, lo he cambiado por el deporte, que como sabéis es un hábito más saludable. Lo que realmente quisiera transmitir es que aunque no es una tarea fácil, porque no deja de ser una adicción que abandonas, todos pasamos en la vida por el momento ideal para dejarlo, solamente hay que estar atento y preparado para cuando llegue.

 

Os dejo con el boss, que me encanta…!!! Trabajando en un sueño… Suerte con el vuestro!

Bego Belarra

 

 

Si quieres, puedes!

En la entrega pasada comenté que me gustaba la palabra MOTIVACION

Motivación: el conjunto de factores internos o externos que determinan en parte las acciones de una persona.

Las “cosas” que impulsan a un individuo a llevar a cabo ciertas acciones y mantener firme su conducta hasta lograr cumplir los objetivos planteados.

Ahora que se acerca el verano es buena época para empezar a realizar ejercicio o continuar si ya eres de los que lo realizan.

En esta entrega voy a daros “consejos” o “estrategias”  para seguir estando motivado a la hora de empezar  o  seguir moviéndote.

Qué os parece:

Buscar tu razón: Encuentra tu porqué quieres hacer ejercicio.

¿Quieres sentirte más sano?¿quieres bajar peso?¿necesitas dormir mejor ¿controlar tu azúcar sanguíneo?¿últimamente la tensión arterial está más alta de lo habitual?

Buscar “contraexcusas”: Siempre tenemos o buscamos “excusas” que nos frenan a la hora de comenzar a realizar ejercicio, mi consejo  es tener prevista y escribirla (cuando escribimos algo lo interiorizamos más),   una “contra excusa” para cada excusa, por ejemplo: hoy hace frío/ me abrigaré más, o, hoy hace calor/llevaré agua.

Plantearse objetivos alcanzables: Metas realistas a corto plazo.

Pensar en el grado de seguridad que  tenemos de poder cumplir completamente este propósito u objetivo (meta). En los talleres de paciente activo utilizamos una escala del 0 al 10 (donde 0 es muy inseguro y 10 es muy seguro) ¿qué número escogerías para definir tu nivel de seguridad?

Si el grado de seguridad es menor de 7, quizás tendrás  que pensar en un objetivo o meta más accesible.

 

Evaluarte cada poco tiempo: Por ejemplo medir o contabilizar lo que tardas en dar el paseo que habitualmente realizas. Repetir la medición cada dos meses y comparar lo que vas mejorando.

 

Planificar actividades de ocio en las que el ejercicio sea el protagonista: Disfrutar del deporte o del ejercicio como un premio y no como una penitencia.

 

Buscar gente: Pasear, entrenar en grupo, subir al monte es más entretenido en grupo, además si ya has quedado es una contraexcusa.

Prémiate  y anímate: Cuando hayas logrado los objetivos planteados date un  premio!

Comparte con tu familia, amigos, compañeros de trabajo: Seguro que te animan a continuar y quizás alguno quiera animarse a realizarlo contigo.

El descanso es importante: Procura descansar lo suficiente, cuanto más descansado estés, más ganas tendrás para hacer ejercicio, cuanto más te canses haciendo ejercicio mejor dormirás.

Lleva ropa adecuada: Intenta ir cómodo y bien equipado dependiendo del clima y del ejercicio elegido.

No seas duro contigo mismo: Sé flexible, no te castigues si no has conseguido todo lo que te habías planteado. El ejercicio no lo lleves como una obligación, intenta disfrutar con ello.

Y para finalizar  recuerda:

QUE, CUANTO, CUANDO Y CON QUE FRERCUENCIA…

Itxaso Arévalo