Punto de encuentro de Paciente Activo Paziente Bizia en el que compartimos, mostramos y aprendemos aquellas cosas que consideramos de interés.

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#Hipogluzemia #Hipoglucemia

hipoglucemia

Miguel Indurainen jarraitzaileak bazarete ziur oroituko zaretela 1996ko Tourrean Les Arcsera igotzean izan zuen ahuleriaz.

Recuerdo haber pasado muchos buenos ratos viendo a Miguel Indurain. No puedo decir que sea aficionada al ciclismo, pero sí que lo era a este gran ciclista en concreto. Para aquellos que no le conocéis, fue el ganador del tour de Francia desde 1991 hasta 1995. Tenía muchísimos seguidores, que seguro deseaban que ganara también en el 96.  Desafortunadamente no fue así.  Si le seguíais, seguro que recordareis  la famosa pájara que tuvo subiendo a Les Arcs en el tour de 1996. Me gustaría aprovechar este recuerdo para explicar que le paso ese día.

Ariketa fisikoa egitean glukosaren beharra igo egiten da. Behar baino glukosa gehiago badugu, gorputzak gorde egiten du ariketa fisikoa egiten gaudenerako edo baraualdirako. Gure glukosa erreserbak bukatuz gero, ahuldadea nabarituko dugu, hau da hipogluzemia bat. Hipogluzemia, odoleko glukosa, maila gomendagarri batetik jaisten denean gertatzen da.

Durante el ejercicio físico, nuestras necesidades de glucosa aumentan. La glucosa es el alimento con el que se nutren nuestras células. La obtenemos de los alimentos. Si consumimos más de la que necesitamos, el cuerpo la almacena para poder utilizarla en situaciones de ejercicio o ayuno prolongado en el tiempo. Si el desgaste que tenemos ha agotado nuestra reserva, tendremos lo que se denomina una pájara. Cursa con hipoglucemia, lo que significa que nuestra glucosa en sangre está por debajo del nivel recomendable.

Oso garrantzitsua da sintomak ezagutzea: zurbiltasuna, dardarak, izerdia, ahuldadea, bihotz taupada azkarrak, gosea, ikusmen bikoitza, zorabioa, irritabilitatea, kontzientzia galera edo koma.

Las personas con diabetes que llevan tratamientos con insulina o antidiabéticos orales, pueden sufrir hipoglucemias. Es importante que conozcan los síntomas que produce, estos son: palidez, temblores, sudoración, sensación de debilidad, palpitaciones, hambre, visión borrosa, mareo, irritabilidad e incluso pérdida de conciencia y coma. No es necesario que se presenten todos. Pero si eres diabético o cuidador de uno es importante conocerlos, para poder reconocer la situación y resolverla con rapidez. Si disponéis de glucómetro en casa, es el momento de utilizarlo para confirmar que el nivel de glucosa está por debajo de 70 mg/ml. Hay personas que han sufrido muchas, y al haberse repetido tantas veces, el cuerpo necesita un nivel más bajo para dar síntomas, lo que hace que la situación sea más peligrosa.

Hipogluzemia baten aurrean, pausu hauek jarraitu behar dira:

Una vez confirmada, la prioridad será subir el nivel de glucosa en sangre. Para esto podéis hacer varias cosas, que en vuestro caso en concreto será vuestro médico o enfermera quien os marcará la prioridad. Para aquellos que no lo tenéis claro, os doy unas pautas generales:

     – Glukometroa edukiz gero, odoleko glukosa maila begiratu.

               – Ariketa fisikoa egiteari utzi.

-cesar la actividad física.

– Ura azukrearekin hartu eta ondoren fruta edo ogitarteko bat jan.

– tomar agua templada con una cucharada de azúcar y después una pieza de fruta,  o un bocadillo pequeño. Si se produce poco antes de la hora de una comida principal, adelantarla.

– 15 minutura sintomak ez badira hobetzen, aurreko pausua errepikatu.

– si 15 minutos después de la ingesta no mejoran los síntomas, repetir todo el ciclo.

– 15 minutura berdin jarraituz gero, sendagileari deitu.

               – si a los 15 minutos tampoco mejora, avisar al médico con rapidez.

               – Glukagoi injekzioa jarri etxean edukiz gero.

– algunos diabéticos tienen en casa inyecciones de glucagón (deben guardarse en la nevera) para utilizarlas en estos casos. Si vuestro medico cree conveniente que la tengáis os la prescribirá.

Si habéis tenido una hipoglucemia aislada, en la próxima visita a vuestro referente de salud, se lo comunicáis. Si se repiten con frecuencia,  conviene adelantar la cita y consultarlo.

Y ya que hemos empezado con uno de los reyes del ciclismo, veo acertado cerrar con una de las reinas, pero esta vez de la salsa… azúcar…!!!

 

                                                                                                            Begoña Belarra

Ojo con la diabetes

Magdalena Vázquez

Hoy, 14 de noviembre, es el día mundial de la Diabetes. Se considera, junto con la obesidad, la epidemia del siglo XXI

El lema elegido  este año es:  OJO CON LA DIABETES.

Las actividades de este año buscan la promoción de dos mensajes,

La detección de la diabetes tipo 2, porque una de cada dos personas que la sufren, no la tienen diagnosticada. Y el diagnostico de la enfermedad es crucial para prevenir, modificar y reducir el curso de  las complicaciones que de ella se derivan. Como todos  sabemos, una persona con diabetes tipo 2 puede vivir muchos años sin que la enfermedad muestre síntomas. Mientras tanto el azúcar alto en sangre va dañando órganos vitales como los ojos o los riñones.

Si crees que estas incluido en alguno de los factores de riesgo o tienes algún síntoma o signo de padecer una diabetes, consulta con los profesionales. Durante todo el año se realizan cribados para detectar la enfermedad.

En el día mundial de la Diabetes asociaciones y profesionales, salen a la calle a realizar glucosas capilares. Es una prueba sencilla e indolora que puede darnos una idea de cómo esta nuestro azúcar en sangre. No dejes pasar la oportunidad si te encuentras con ellos, de que te la realicen. Si todo va bien enhorabuena. Si no va tan bien acude a los profesionales para que ellos hagan un diagnostico certero. Recuerda que la mitad de las personas padecen diabetes sin saberlo.

La detección de las complicaciones de la diabetes, que es parte esencial del control de la diabetes. Y el claro objetivo es evitarlas, que no se produzcan.

Una vez detectada la enfermedad, tendremos que vivir con ella el resto de nuestros días. No se cura, pero si se puede controlar de manera que el daño que pueda realizar en nuestro organismo sea mínimo o inexistente.

La prevención de estos daños pasa por estilos de vida saludables:

  • Mantener el peso óptimo.
  • Realizar una dieta equilibrada.
  • Evitar el sedentarismo.
  • Evitar el tabaquismo.

Hay que tener presente que los pequeños cambios que hagamos en nuestro estilo de vida, supone grandes cambios en la salud.

Es una carrera de larga distancia en la que paso a paso nos vamos acercando a la meta que no es otra que la de mantener nuestro cuerpo en las mejores condiciones posibles ya que trabajamos para tener un futuro mejor, libre de  complicaciones.

Debido al aumento exponencial de obesidad y diabetes en la infancia y la adolescencia es muy importante, de cara al futuro, tener en cuenta que todo lo que hagamos para nosotros es el legado que dejamos a nuestros hijos.

Una dieta equilibrada donde la comida basura sea algo muy muy circunstancial. Compartir con ellos el ejercicio físico que tanto beneficio nos aporta. No fumar nunca delante de ellos, si somos fumadores. O mejor aún, dejar de fumar. ES LA MEJOR HERENCIA PARA UN FUTURO MEJOR.

 

 

 

 

La comunicación con el profesional sanitario

Juan Carlos Mendizabal

Como paciente diabético he ido asumiendo que tengo que integrar la enfermedad crónica (condición que me acompañará mientras viva) entre mis responsabilidades diarias (igual que la familia, amigos, trabajo, etc.). En este camino he encontrado la necesidad de comunicar con los profesionales sanitarios, y revisar qué papel tiene en mi proyecto.

Lo primero que tengo claro es que esa comunicación es una necesidad: yo no soy médico, ni tengo formación sanitaria ni conocimientos o medios a mi alcance para controlar solo mi diabetes.

Como paciente activo pongo en marcha lo que yo puedo aportar: la decisión de cuidarme permanentemente y la intención (muchas veces no alcanzada ni cumplida) de desarrollar hábitos de vida que ayuden a un buen control del azúcar.

Eso no es suficiente. Necesito también la implicación del sanitario para llevar a cabo mi decisión. Para ello, el primer paso ha sido identificar a estos profesionales como colaboradores, con un papel muy importante, en mi proyecto de tener la mejor calidad de vida posible en mi enfermedad crónica.

Es un momento de inflexión que produce un cambio fundamental: dejar de ver a los profesionales de la sanidad como:

  • Personas ajenas a mi vida cotidiana que intentan incidir en ella desde unos conocimientos que yo no tengo ni entiendo.
  • Personas que intentan (dicen que por mi bien) imponer normas y limitaciones en mi vida cotidiana sin preguntarme si yo deseo o necesito algo de eso, o si estoy de acuerdo, o si lo entiendo. Periódicamente me recuerdan las limitaciones que me impone la diabetes en un “idioma” que muchas veces me resulta incomprensible.
  • Personas a los que de vez en cuando les cuento alguna historieta para ver si me dejan tranquilo.

Esa imagen del profesional sanitario la he vivido en etapas en que percibía mi enfermedad como una molestia pasajera que podía ser controlada con un poco de medicación  y sin demasiados cuidados ni esfuerzos por mi parte.

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Esa imagen ha ido cediendo en la medida en que he asumido que la enfermedad es permanente, y o me encargo de ella o sus efectos minarán mi calidad de vida cotidiana. La diabetes es mía, y no la tengo porque me la diagnostique el médico o me la ayude a controlar la enfermera. La responsabilidad de enfrentarla es también mía y la decisión de comenzar a hacerlo también me corresponde sólo a mí.

A partir de ahí ha surgido también una nueva percepción de los profesionales de la salud, como colaboradores implicados en una decisión, en un proyecto importante para mí.

Tener una buena sintonía con quien quiero que colabore conmigo, me lleva a descubrir que tengo que comunicarme con él de otra manera, más participativa, comprometida y segura. Tengo que conseguir que los sanitarios pasen a ser:

  • Personas expertas que me aportan conocimientos, orientación, consejo, herramientas, apoyo…
  • Personas que se implican con mi decisión de tomar un papel activo en el control de mi diabetes.
  • Personas que comparten y con las que comparto cosas importantes desde la cercanía y la confianza.

Tengo que comenzar a comunicarme con ellos de otra manera, porque descubro que hasta ese momento,  me he presentado ante ellos:

  • Como el contenido de un papel con datos que me daba un médico para que lo entregase a otro médico capaz de descifrarlo y saber qué me pasa y cómo se arregla.
  • Como la víctima propiciatoria resignada a que me quiten las pequeñas alegrías de mí día a día.
  • Como un objeto de adivinación: “este de la bata blanca que ha debido estudiar mucho, que demuestre lo listo que es, y que adivine lo que me pasa y lo arregle”.
  • Como alguien ante quien asentir a todo lo que me diga durante los 5 minutillos que me va a dedicar, que luego ya haré lo que quiera.

Tengo que cambiar: el/la de la bata blanca me interesa: me pueden ayudar en mi objetivo. Tengo que poder contar con él, tengo que implicarlo en mi proyecto.

El cambio pasa por ver en él, más allá del que está sentado al otro lado de la mesa, a alguien que, si le convenzo, se pasará a este lado de la misma mesa para ser alguien que me acompaña. Él me lo puede poner más o menos fácil, pero el primer paso debe ser mío:

  • Compartiendo con él lo que supone mi enfermedad en mi día a día.
  • Intentando aportarle los datos e información que necesita para poner en juego con eficacia sus recursos profesionales conmigo.
  • Siendo sincero, preguntando lo que no sé.
  • Sabiendo que él tiene un papel propio, y distinto del mío, en mi tratamiento y que entre ambos podemos encontrar soluciones efectivas.
  • Tomando una actitud participativa en el tratamiento: no voy a “pasar el examen” o a “aguantar el chaparrón”; intento ir a colaborar.

Yo he tenido mucha suerte: mi enfermera se implicó en mi enfermedad antes de que yo mismo lo hiciera, supo transmitírmelo de manera cercana y segura, y me convenció de que era algo importante. Miró y vio por mí, lo que yo no era capaz de ver. Lo hizo  comunicándose conmigo sin reñirme, sonriendo, preguntando y escuchando, proponiendo, no imponiendo, esperando, compartiendo herramientas y soluciones.

Y me convenció a participar en el programa de Paciente Activo. Si tú no has tenido tanta suerte con tus profesionales sanitarios, recuerda que el primer paso debe ser tuyo. Lo normal es que recibas una buena respuesta y comenzar a transformar la mesa de la consulta en una superficie donde compartir y hacer crecer nuestra decisión de controlar la enfermedad.

Y si tienes dudas, miedos o problemas para lanzarte a comunicarte de otra manera con quienes colaboran en tu salud, no te preocupes: en los Talleres de Paciente Activo te ayudamos a hacerlo.

Hoy no lo he hecho bien

   Ánjel Irastorza

El día de ayer resulto un poco complicado. No lo hice bien y a media tarde mis niveles de azúcar debieron de entrar en números rojos.  Nada grave, solo un pequeño bache, pero que vuelve a ponerme  en guardia de la importancia  de la programación de las actividades diarias y el  cumplimiento con lo previsto. La realidad de la diabetes te vuelve a recordar que eres una  persona con algunas necesidades particulares, entre ellas, evitar los periodos largos de ayuno.

El programa para ayer por la mañana no era el habitual. Cita para una reunión que llevaba muchos meses esperando, había que madrugar un poco más, desayunar media hora antes y caminar dos kilómetros hasta el lugar de encuentro para desplazarse. Otra hora de viaje, una intensa reunión de cinco horas y media y otra vez todo el viaje de vuelta. Esta vez la caminata es bajo un radiante sol que ya pega en plan veraniego. Y entre medio, un café sin azúcar,  medio plátano que llegó demasiado tarde y ni un vaso de agua.

Total que para cuando volví a casa y me puse frente al plato de comida eran las cuatro de la tarde, habían pasado ocho horas y media de ajetreo sin más aporte que el trocito de plátano en tiempo de descuento. El caos ya asomaba, cansancio, sensación de mareo.  Y para completar el despropósito, ración indebida para matar un hambre feroz. Hacerlo peor no es fácil.

El problema resultó que por la tarde había más agenda, había compromiso con un grupo de personas a las que  acompaño en sesiones de Qi Gong, una técnica muy interesante para trabajar el cuerpo con la respiración y el movimiento suave.  Y como desconvocar aquello no quedaría bien, ¿Qué hacer?

Aproveché los cincuenta minutos que tenía de margen para descansar todo lo que pude. Pero cuando ya  has entrado en la zona naranja de la hipoglucemia es como si has pillado la borrachera, no tienes más remedio que pasar la resaca. La sensación de cansancio, la flojera, el malestar, necesita su proceso y tiempo de recuperación.

Así pues me presente ante mis compañeros en un estado poco idóneo para desarrollar una sesión y menos para dirigirla. Lo primero que hice fue contarles mi situación y advertirles de que quizá no fuese capaz de terminarla. La respuesta fue unánime: tú, lo que necesites. Fue reconfortante encontrar comprensión y aceptación.

Y de esta manera comencé a realizar una sesión acorde a la mi necesidad en ese momento, más suave que la habitual, más intuitiva, dejándome guiar por lo que mi cuerpo pedía a cada paso.  Y así resultó  una estupenda sesión de recuperación de mi estado tanto corporal como mental. Y el grupo fue un acompañamiento fantástico en el proceso.

Terminó el día y nos fuimos a descansar. Hoy al despertar lo primero que he hecho ha sido consultar mi móvil y he visto  que tenía la batería al 87% de carga. Y me he dicho, ya somos dos, yo también estoy al 87%. Pero hoy lo hago bien y mañana ya será al 100%.

 

Sin título

Esquivando Hidratos de carbono

 

Juan Carlos Mendizabal

(O COMER FUERA DE CASA EN VERANO)

Ya estamos metidos en Junio y se nota en todo. Como a muchos el trabajo me obliga a comer cinco días a la semana fuera de casa. Unos días toca taper, otros improviso algo ligero y más o menos saludable en el office del despacho y, la mayor parte de días como fuera. Ya sabéis, el socorrido menú del día. Se me olvidaba: soy diabético.

En mi caso el tema principal es esquivar la ingente cantidad de hidratos de carbono que esperan agazapados a que me descuide y para los que parece que tengo un imán.

Es verdad que en verano el tiempo invita y ayuda haciendo que la ensalada, unos espárragos o una sopa o crema fría me lleguen a parecer una estupenda y refrescante entrada. Primer obstáculo superado… salvo que me ofrezcan ensaladilla, ¡que está tan rica y refrescante!

El problema serio viene con los segundos y sus acompañamientos: al apetecible escalope (que ya va con un rebozo rico en carbohidratos) le acompaña algo que casi siempre suelen ser hidratos: patatas en forma variada, arroz, pasta; y, rara vez, unas verduritas salteadas o a la plancha. Uno a esto el pan (cuyo primer trozo e incluso un segundo suele caer ya antes de elegir) y veo cómo se han disparado los hidratos de mi comida casi sin sentir.

El postre suelo resolverlo con fruta (ahora que apetece más y hay variedad), queso o yogur; que siempre es lo último que “canta” el camarero después de lanzar al vuelo los flanes, los brownies, los coulants, el helado y otros deliciosos venenos.

Lo cierto es que de unos años a esta parte creo que se me ha hecho algo más fácil comer fuera de casa cuando tengo que cuidar la dieta o, simplemente, quiero mantener esos hábitos saludables que tanto me han costado implantar y mantener en mi día a día.

Creo que es así debido tanto a los propios restaurantes, que intentan ofrecer cosas más saludables en sus cartas y menús; como a lo que he aprendido sobre comer saludable (que no es estar a dieta) para convivir adecuadamente con la diabetes.

He aprendido a organizar un menú bastante saludable con los tres primeros y los tres segundos del menú del día de casi cualquier restaurante (incluidos los chinos) a base de unos pocos trucos: vigilar mi tendencia a echar mano al cestillo del pan sin contar cuantas rebanadas llevo, eliminar o reducir el acompañamiento rico en hidratos (¿me cambias las patatas por unos pimientitos?), pedir dos primeros, reducir el menú a plato único el día que me voy a dedicar a los hidratos (pasta, arroces, legumbres) o cambiar el postre por un café.

En los talleres de Paciente Activo aprendemos a eso, a comer saludablemente según el estado de cada uno desarrollando pequeñas (o enormes) destrezas que nos ayudan a comer como hemos decidido que es importante comer para cada uno.

Y en caso de duda, ¡cuantas veces cierro los ojos y visualizo ese plato saludable del que tanto hemos hablado!

¡Buen provecho!

plato

“VENCE A LA DIABETES”

Vence a la diabetes es el lema que nos propone la OMS, que celebra  el martes día 7,  el Día Mundial de la Salud.

El Consejero de Salud de nuestra Comunidad, Jon Darpón, nos recordaba recientemente la importancia de desarrollar hábitos de vida saludables que pueden prevenir hasta en un 90%,  la aparición de enfermedades como la diabetes mellitus tipo 2.

La vida sedentaria y los malos hábitos alimenticios son factores desencadenantes de esta  enfermedad crónica y otras asociadas, lo hemos comentado aquí en numerosas ocasiones. Las encuestas muestran que más del 10% de las personas mayores de 18 años de nuestra Comunidad están afectadas por la enfermedad y que prácticamente una tercera parte de la población son inactivos, es decir no desarrollan una actividad física mínima recomendada.

El Departamento Vasco de Salud recaba la participación de otros agentes como Educación, Universidades y Ayuntamientos, en una misión   de largo alcance que involucre a más y más población en torno a un objetivo como el que la OMS nos propone recordar hoy.

Para el próximo mes de mayo  se prepara el 1er Encuentro de la Red de Escuelas de Salud para la Ciudadanía, en Donostia-San Sebastián. Allí se planteará entre otras cosas, la necesidad de la alfabetización sanitaria de la población. Yo no tengo ninguna duda sobre su necesidad y de su rentabilidad social y económica.

Creo que muchos coincidiremos en que es tiempo de abordar un reto ambicioso que debe comprometer al conjunto de la sociedad, es decir a ti y a mí, en un proyecto de País en torno a la salud que vaya más allá de nuestra generación. Con horizontes a corto, medio y largo plazo, que apueste por una mejora de nuestros hábitos de vida haciéndolos más saludables, tanto en el entorno doméstico como en el laboral y el social, que vayan generando una transformación social que alumbre una nueva realidad socio económica, la de “Euskadi, Territorio Saludable”.

Quizá de esta manera, algún día no sea tan  necesario celebrar “días D”  recordatorios  de esta u otra enfermedad, y el Programa Paciente Activo y sus participantes hayan sido una palanca relevante para el cambio que esta sociedad necesita.

 

Ánjel

Diabetes Experience Day

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El pasado 13 de febrero se celebró la tercera edición del Diabetes Experience Day del cual tengo que decir que fue esencialmente una gran fiesta de la solidaridad y la esperanza para las personas que compartimos tener diabetes. Fuimos casi 1500 personas reunidas en Madrid, 1500 personas más decidieron ver la retransmisión por streaming, a las que deberíamos sumar las miles que compartieron en las redes sociales.

Fueron muchas y muy variadas las presentaciones que pudimos seguir de personas contando sus experiencias con la diabetes u ofreciendo sus conocimientos.

Científicos de primer nivel hablando de sus investigaciones en la búsqueda de soluciones a la diabetes como el trasplante de células pancreáticas, la labor de investigación en diabetes de más de 500 personas del Programa Ciberdem, las nuevas bombas de insulina, el Proyecto Drive comentado el doctor José Luis Pedraz en la Universidad del País Vasco (UPV/EHU) que participa a través del grupo de investigación NanoBioCel, y una larga lista de experiencias personales de superación con la enfermedad.

Hasta la magia tuvo su espacio de la mano de Juama Gonzalez. A mí me correspondió el privilegio de  llevar la voz y el testimonio de  Paciente Activo y contribuir con ello a poner un granito más en una causa muy loable como aportar un enfoque más social y experiencial a la necesidad de información y formación por parte de los pacientes.

Como datos tenemos que en nuestro entorno el 8% de la población general tiene diabetes, el 15% tiene prediabetes y el 4% tiene diabetes y no lo sabe, que el 40% de pacientes con diabetes nunca han recibido educación sobre su enfermedad, el 80% de quienes han participado en cursos de formación sobre diabetes los considera útiles, el 60% de familiares con personas con diabetes no han participado nunca en ningún programa de formación y el 80% de profesionales entrevistados aseguran que estos programas sobre autocontrol reducirían la carga de la enfermedad.

Y para rematar, que los nuevos datos proyectan que a nivel global  la cifra de personas con diabetes aumentará hasta los 553 millones para el 2030. Se puede decir que la diabetes es la enfermedad del futuro.

Encontré que hay iniciativas sociales en el entorno digital muy interesantes como Suma Pasos Contra la Diabetes o la comunidad en Face Book Noches sin dormir y sobre todo que hay un mundo de personas que cada uno desde su posición están trabajando para hacer que quienes hoy tenemos diabetes o quienes la tengan en un futuro, tengamos más y mejores oportunidades de vivir con plenitud y sentido. Gracias a todas ellas y en especial a Canal Diabetes por este gran evento.

Toda la sesión en: canal diabetes

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Ánjel

Las delgadas líneas rojas

Desde el 20 de diciembre pasado se han instalado en nuestras vidas las líneas rojas. Televisión, radio, prensa, internet y redes sociales nos acercan cada día a la penúltima línea roja que tales o cuales, unas veces como dogma de fe inamovible y la mayor parte de ellas como barricada presuntamente infranqueable, se lanzan para no tener que comprometerse presentando proyectos positivos y creativos desde los que construir… pero bueno, esto no es lo que me interesa.

Son otras, más delgadas, más tenues, más imperceptibles y mucho más peligrosas, las líneas rojas que me ocupan.

En mi convivencia con la enfermedad crónica (mi compañera no invitada la diabetes) he conseguido logros en diversos campos. Unos me han costado más, otros menos y algunos aún están por llegar.

En el día a día voy descubriendo que eso logros están permanentemente amenazados por unas sutiles y delgadas líneas rojas, que he descubierto que soy muy proclive a traspasar. Y especifico:

  • El ejercicio diario, esa media horita de paseo de cada día, que muchas veces cae y desaparece ante consideraciones como: “ayer me di una buena caminata”, “Uf con este mal tiempo cojo el bus para ir a casa directamente”, “a ver si el fin de semana damos una vuelta grande”. Estas y otras “razones” (a las meras justificaciones y excusas también les gusta que las traten como algo importante: razones), suponen cruzar esa tenue línea roja que me separa del logro conseguido y del buen hábito adquirido, para llevarme a una tierra de nadie donde es espectacular la facilidad con la que se instala y prevalece la vuelta a viejas costumbres.

 

  • La alimentación. ¡Hay que ver cuántas “buenas razones” encuentro para ir desdibujando la línea divisoria entre comer saludablemente para un mejor control de la diabetes como hábito general de vida y el simple “tener cuidado” con este o aquel alimento! Es sencillísimo encontrar cada día algo que celebrar con un par de galletitas, animarme ante la tristeza de ver tanto verde en el plato alegrándolo con una patatas fritas extra, tomarme una copa de más que en realidad no era necesario tomar, probar “sólo un poquito” de ese dulce que con tanto cariño me ofrecen, no vaya a ofenderse alguien si no acepto… y tantas cosas más que hacen que cruzar la línea roja sea tremendamente sencillo.

 

  • La medicación. Ahí soy más fiel (o más temeroso tal vez) que en otros campos, aunque tiendo a justificar el olvido de la pastilla del medio día… ¡y eso que tengo la casa, el despacho y los bolsillos de mi vestuario plagados  de pastilleros específicamente dedicados a la dichosa pastillita!

 

  • El pensamiento positivo. He descubierto que de vez en cuando me aparto en mi pensamiento de los logros alcanzados en mi convivencia con la enfermedad y, por alguna oscura razón, me sitúo en la limitación que conlleva ser diabético, en las “privaciones”, las “renuncias” y en todo ese sacrificio que sirve “para no curarme nunca y estar siempre medicándome”. Esta línea roja, la de ceder a estas experiencias y sensaciones negativas (que son ciertas) para instalarme en la auto lamentación del pobrecito enfermito de por vida y en una autocompasión destructora que ponen en peligro mi decisión de vivir mi vida con mi enfermedad de manera que yo pueda vivirla con la mayor calidad de vida, es la línea roja más peligrosa, tenue, imperceptible y sutil de todas. Y, además, ya sé que cuando la traspaso y me instalo en ella surgen inmediatamente todo tipo de justificaciones y excusas que empleo como “razones” para saltarme las líneas rojas del ejercicio, la alimentación saludable y la correcta medicación.

 

¿Qué hacer? Lo primero: pararme, mirar dentro de mí con tranquilidad y paz, para intentar comprender qué me está pasando y por qué. Vamos, nada nuevo bajo el sol, que ya decían los antiguos aquello de gnosce te ipsum (conócete a ti mismo) como premisa para afrontar y resolver problemas.

Importante: cuando echo esa mirada hacia dentro he aprendido a no hacerlo desde el pensamiento negativo (que generalmente es el que me ha llevado a esa situación), sino desde la certeza de que si he traspasado líneas rojas en la mala dirección, es porque antes estaba del otro lado de esa línea: en el campo de los logros, del buen hábito construido o en construcción, de la coherencia con lo que quiero para mi vida.

Tener un ámbito en el que compartir estas vivencias con personas que seguramente también se encuentran con estos “pozos” que de vez en cuando amenazan con tragarse nuestras decisiones y logros es un privilegio, y en los talleres de Paciente Activo estamos para eso: para aprenden a llevar a cabo nuestras decisiones de vida, para ir alcanzando logros, y para aprender a mantenerlos cuando peligran.

 

Juan Carlos Mendizabal

Cuidado de los pies

Llega el verano y con él el calor, la vitalidad, las actividades al aire libre, la piscina, o la playa.

Es el momento del año en el que podemos disfrutar más de pasear relajadamente con los amigos, de tomar algo sentados en una terracita.

Volvemos a casa mucho más contentos de lo habitual y con los pies hinchados la mayoría de las veces…

Nuestros pies, esa zona extrema que casi no miramos a no ser que nos duela.

Este es el momento también de ocuparnos más de ellos si cabe, porque es un periodo más delicado debido al calor y al cambio de calzado.

La diabetes puede causarnos daño en las pequeñas terminaciones nerviosas y en los pequeñísimos vasitos sanguíneos que riegan los pies.

Este daño puede causar sensación de”acorchamiento” y reducir la sensibilidad.

Como resultado de este daño es posible que los pies no se curen con facilidad si se produce una herida, una ampolla o cualquier otra lesión.

En los talleres de Paciente Activo enseñamos lo importante que es mantener los pies en buenas condiciones y que debemos hacer para mantenerlos. Vamos a recordar lo más importante.

  • Lo primero REVISAR LOS PIES TODOS LOS DIAS.
  • Buscaremos posibles rozaduras, ampollas, sequedad, moratones o cortes.
  • Rozaduras y ampollas se producen por el roce de la piel desnuda contra el calzado
  • Sequedad se produce por el hecho de llevar los pies al aire durante más tiempo y por el calor. Pueden aparecer grietas, sobre todo en los talones y la zona externa de los pies. Estas grietas se pueden convertir en cortes.
  • Vigilaremos también las zonas de entre los dedos y debajo de los dedos porque también se pueden producir grietas, en esta ocasión por un exceso de sudoración o un mal secado tras la ducha o el baño en la playa o la piscina.
  • Si no vemos bien todas las zonas pidamos a alguien que nos mire.

Cuidado-pies

¿Como prevenir los daños?

  • Elegir un calzado adecuado: cómodo, flexible y de material transpirable. Que se ajuste bien sin apretar
  • Evitaremos así en gran medida los roces y las ampollas.
  • El mejor momento para comprar calzado es a la tarde, los pies están más dilatados y si los zapatos no aprietan en ese momento luego tampoco lo harán.
  • No se aconseja el uso de sandalias a los diabéticos, pero si se usan, que sea siempre con calcetines, que deben ser transpirables y sin elásticos que se ajusten en exceso para evitar el efecto “faja”
  • Los paseos por la playa o la piscina tampoco se aconseja que se realicen descalzos, por el riesgo que existe de cortes y rozaduras. Si no queremos renunciar a pasear por la arena que sea con escarpines o sandalias que protejan lo más posible el pie. Nunca con chanclas. Pero si decidimos pasear descalzos NO olvidar revisar los pies al salir del agua y quitar la arena que se haya podido introducir entre los dedos y debajo de ellos con mucho cuidado.
  • Ponerse protección solar en los pies, se queman con más facilidad de lo que parece.
  • Al llegar a casa revisaremos los pies por si se ha producido algún corte.
  • Y es el momento de lavar los pies con agua tibia para quitar restos de cloro y sal que deshidratan secar con esmero entre los dedos y debajo de ellos sin frotar, ejerciendo presión.
  • Ahora toca HIDRATAR. Hacerlo todos los días después del lavado pero sin poner crema entre los dedos. Puede dar lugar a maceraciones y heridas
  • No olvidar tampoco el cuidado de las uñas. El corte debe ser recto, sin que ninguna uña ejerza presión sobre el dedo de al lado. Cortar siempre con tijeras romas, nunca con tijeras que tengan punta y después limar.
  • Si a pesar de todos estos cuidados apareciera alguna heridita, ampolla o corte la limpiaremos aplicamos un desinfectante y sin dudar acudiremos a la consulta de enfermería para que nos indiquen la mejor manera de resolver el problema

Deseo a todos un verano vital, feliz y libre de problemas.

Magdalena Vázquez

Mi madre tiene diabetes

Mi madre tiene diabetes. Ella nunca ha sabido de qué tipo y ahora ni le importa ni podría decírmelo. No se acuerda y tampoco recuerda cuándo empezó su particular calvario, básicamente porque sufre una demencia mixta producida en gran parte por su enfermedad y las complicaciones asociadas a ella, que ahoga recuerdos cercanos pero que le permite viajar en el tiempo sin ataduras, estar aquí y allá a discreción, ver en mí a su hijo o a su hermano, aquel que murió cuando tenía la edad que tengo yo ahora.

Desde hace dos semanas vive en una residencia, en Sopelana. Ella no da crédito porque le suena a sueño inaccesible… eso de vivir cerca del mar. Pero tampoco importa porque está bien, alejada de la atmósfera contaminada de su casa de siempre, esa a la que le falta la luz que en su nuevo hogar entra a raudales por ventanas y miradores, esa en la que sólo oía la tele. Sin despedirse ha dejado atrás a la joven boliviana con la que ha vivido casi 5 años y al hijo de esta, un jovencito que corre hacia los 6 y que la llamaba “abola”. Una curiosa pareja de valientes a la que ella ha olvidado sin quererlo ni pretenderlo y a la que nosotros, los hijos de mi madre, estaremos siempre agradecidos.

Ahora está razonablemente bien, mucho mejor que hace unos pocos años. Y aunque no controla ni sus pensamientos ni nada de nada, ha dejado de angustiarse. Lleva mejor sus graves problemas de visión, su sordera, sus dificultades para moverse, sus niveles de glucosa en sangre, sus problemas cardiovasculares. Está bien atendida 24 horas al día, controlada y vigilada por personas que saben qué han de hacer. Y cada día me pregunto qué habría sucedido si hubiera disfrutado de apoyo también para mejorar su alimentación, moverse un poco más, manejar esos episodios depresivos que antes, e incluso ahora, se intentaba ocultar por estar mal vistos.

Estoy convencido de que le habría ido mucho mejor de haber tenido compañeras y compañeros de fatigas con las que compartir angustias, miedos, incertidumbres y éxitos, que aunque pocos, seguro que también los hubo… como aquella época en la que llegó a perder 15 kilos a base de esfuerzo, de comer bien y andar lo que no está escrito, y gracias a la implacable vigilancia a la que se dejó someter.

Y estoy seguro de que todo habría sido mucho más fácil si en casa hubiéramos tenido la más mínima idea de cómo actuar, si nos hubiéramos preocupado cuando hacerlo habría dado resultados nítidos y claros. Si hubiéramos sido activos y responsables. Pero éramos jóvenes y no estábamos para esos rollos y mi padre estaba a su curro mal pagado, al que sumar otro también mal pagado y que sumado al anterior le ocupaba casi la totalidad del día y algo de la noche, para al final tener poco material y mucho emocional, especialmente cuando los hijos nos hicimos adultos y empezamos a valorar lo que habíamos tenido e ignorado siempre.

Me llama poderosamente la atención –en realidad me enoja que te pasas (o mazo, como ahora suena en colegios y botellones)- que quienes hoy sufren lo que en su día sufrió mi madre, puedan disfrutar de ayuda externa y no lo hagan. Me sorprende que sea porque el perezoso es una especie de humano más extendida de lo aconsejable y aún sean mayoría quienes esperan a ver las orejas al lobo para ponerse las pilas (bueno, todo lo que hay entre el hocico y la punta del rabo), sin olvidar que aún hay mucho profesional sanitario que no ve el potencial de la educación y ayuda de pacientes a pacientes, de gente que habla el mismo idioma, sufre similares padeceres y ha de superar a diario casi idénticas barreras y enfrentar muy parecidos retos.

Es más, me cabrea, y mucho, que no se recete Paciente Activo. Y me enfada aún más que dependa del lugar en el que vivas, aunque todos seamos vecinos de un pequeño país al que unos llaman vasco, otros Euskadi y algunos Euskal Herria, que no es lo mismo pero es igual, como tan bonito nos contaba y cantaba Silvio Rodríguez.

¿Qué hay detrás de esto? Pues no lo sé pero lo intuyo. Creo que hay excesivo afán de protagonismo, de dejar impronta, además de mucha apatía y bastante miedo. Creo, además, que mandan sobre otros los mensajes del tipo “el desastre es inevitable” o “no te muevas que fuera hace mucho frío”, esos que nos mantienen paralizados en nuestras falsas zonas de confort y que tanto nos satisfacen porque así evitamos el cansancio de movernos.

Mi madre nunca ha sabido nada de esto ni le importa lo más mínimo. No sabe que su vida podría haber sido mucho mejor de haber podido disfrutar de programas como Paciente Activo y de hecho poco importa ya porque su vida es la que es y nadie puede cambiar esa cruda realidad. Así que el mensaje va dirigido a quienes sí tienen a su alcance esa alternativa y pasan de ella, como va dirigido a quienes pueden recetarla y no lo hacen. A mi no me hacen falta ensayos clínicos para saber que funcionar… funciona!!!

Jose Blanco

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