El autocuidado

He visto a mucha gente cuidarse como si nunca fueran a enfermar, como si  creyeran  que son inmunes a muchas de las dolencias que hay hoy en día. Yo misma he sido una de ellas, y cuando llega, es cuando sientes que el mundo que un día construiste, en el que creías, se derrumba…

Creo que todos nosotros de alguna manera participamos en el proceso de enfermar a través de una combinación de factores. Tal vez tu caso es que hayas descuidado tu dieta, el ejercicio o el descanso. O tal vez tu caso sea que hayas estado muy tenso o con mucho estrés durante largos periodos de tiempo, tanto que incluso parecía que era ya tu forma de vivir y no te has dado ocasión para relajarte. Quizás tu caso es que hayas mantenido una carga de trabajo excesiva o te hayas dedicado tanto a satisfacer las necesidades de los demás que te hayas olvidado de satisfacer las tuyas. O quizás tu caso es que  hayas mantenido en el tiempo actitudes y creencias que de alguna manera te han impedido disfrutar de la vida y sus buenas experiencias. O tal vez, incluso, tu caso es la suma de todos, no has sido capaz de reconocer tus límites tanto físicos como emocionales porque estabas “ocupado” en sobrevivir.

Desde ese momento, desde el momento en que ignoramos nuestras necesidades, cuando no nos escuchamos porque no tenemos tiempo, de alguna manera estamos participando en la pérdida de salud. Cuando ignoramos las peticiones del cuerpo y la mente en relación a la relajación, descanso, ejercicio, alimentación saludable, gestión y expresión de las emociones…., el cuerpo puede comunicarnos esta falta de atención mediante la enfermedad.

Todo nuestro potencial personal, nuestros recursos naturales, tienen mucha más importancia en el mantenimiento de nuestra salud o en  su recuperación  de lo que imaginamos. Participamos en nuestra salud mediante nuestros sentimientos, nuestras creencias, nuestra actitud hacia la vida.

Aprender que puedo hacer mucho más por mi misma de lo que creo y en consecuencia mucho por  mi salud es  cuidarse a uno mismo. Autocuidarse requiere amarse y quererse, ser activo y estar dispuesto a ser proactivo, inquieto y disciplinado.

Porque sé que tengo los recursos para lograr lo que quiera, para realizar los cambios que considere dentro de mis hábitos de vida.

Y también sé que mi mente y cuerpo son un mismo sistema, por lo que si adquiero habilidades para gestionar la mente, afectará a la salud de mi cuerpo.

Y por último, sé que puedo modelar mi conducta en las situaciones que así lo requieran y que la forma más fácil para adquirir una conducta o solucionar un problema es dividirlo en partes pequeñas o PROPÓSITOS.

Todo esto es cuidarse, y nosotros en los talleres de Paciente Activo, te mostramos como hacerlo, ¿te apuntas?.

Ani Galende

Resistencia a antibióticos: un problema grave de salud

Acabamos de salir del invierno, pero en esta extraña primavera aún tenemos  riesgo de coger uno de esos cuadros catarrales, con tos que no cesa, dolor de garganta,  dolor de pecho, estornudos, en fin, un completo de primavera, que es lo que estoy padeciendo yo en este momento.

Es normal, ya no hay temperaturas tan bajas pero  sí cambios bruscos de las mismas, fresco de bufanda por las mañanas y calor en las horas del mediodía, en las que nos sobra el abrigo. Nos relajamos con la llegada del buen tiempo y relajamos las medidas de protección como abrigarnos, protegernos contra las toses o estornudos, cubrirnos cuando somos nosotros los que lo hacemos y finalmente lavarnos las manos  para evitar contagios. Normalmente este tipo de catarros no suelen ser alarmantes pero si bastantes molestos y aunque a veces parece que se alargan más de la cuenta, son autolimitados, es decir, terminan por si solos aunque la tos persistente tras un resfriado puede alargarse hasta 3 semanas. En la mayoría de los casos nuestro sistema inmunitario es capaz de vencer estas infecciones por sí solo.

La tentación vive arriba y esto hace que a veces aburridos, cedamos  y hagamos caso a alguien que nos recomiende tomar antibióticos, bien porque no encontramos el momento de acudir al médico o porque creamos erróneamente que así acortamos un proceso que se nos está haciendo demasiado  largo. Debemos aprender a cuidar de nosotros sin necesidad de tomar antibióticos. Estos no son analgésicos  y no alivian el dolor de cabeza, ni el malestar ni la fiebre y tomarlos no ayudará a reducir la intensidad de los síntomas, ni hará que nos encontremos  antes mejor. Solo son eficaces contra infecciones bacterianas y no nos ayudan en las producidas por virus, que son el 80% de las que afectan a nariz, oídos , garganta, pulmones.

Solo debemos tomarlos si están estrictamente indicados por el médico para cada caso en particular.

Pero no es  ésta la única razón por la que no debemos tomarlos por nuestra cuenta. Si se toman antibióticos de forma repetida e inadecuada se contribuye a aumentar la resistencia  de las  bacterias a los mismos y si en algún momento los necesitamos realmente, puede que no sean eficaces. La resistencia bacteriana a los antibióticos es un problema de salud serio y un peligro para la población porque puede hacer que haya infecciones difíciles de tratar.

La automedicación con antibióticos es un uso no responsable de los mismos. No debemos aprovechar restos  que nos hayan  sobrado de otros tratamientos ni pedirlos en la farmacia sin receta.

 

Sabemos que un antibiótico es un medicamento que destruye bacterias  o impide su crecimiento, pero no todos los antibióticos son eficaces contra todas las bacterias, hay más de 15 grupos distintos de ellos y un antibiótico puede ser eficaz contra un solo tipo de bacteria o contra varios.

Cuando hablamos de resistencia de un antibiótico queremos decir que éste  ha perdido su capacidad para destruir a una determinada bacteria y ésta puede sobrevivir en presencia del mismo por lo que sigue multiplicándose y prolongando la enfermedad   lo cual puede tener fatales consecuencias .Las infecciones producidas por bacterias resistentes requieren mayores cuidados  además  del uso de otros antibióticos alternativos , más costosos que en ocasiones pueden tener efectos secundarios más graves.

Hay otras  causas de resistencia a los antibióticos pero una de las más importantes y en la que tenemos   responsabilidad es el uso excesivo e inadecuado de los mismos haciendo que las bacterias resistentes  sigan desarrollándose. Estas pueden diseminarse y causar infecciones a otras personas que no hayan tomado ningún antibiótico.

Hacer uso inadecuado es tomarlos  por un motivo equivocado como serían la mayoría de resfriados y gripes; inadecuado es también tomarlos de manera incorrecta como acortar el tiempo del tratamiento  o  tomarlo menos veces al día de las  indicadas. Si no los tomamos bien, no habrá suficiente cantidad del medicamento en el cuerpo, ni el tiempo necesario y las bacterias sobrevivirán y se harán resistentes. Siempre tenemos que seguir las instrucciones del médico en cuanto a días de tratamiento, cada cuantas horas tomar y si los podemos ingerir o no con alimentos.

 

La resistencia a antibióticos en un problema grave de salud porque debido al mal uso se están encontrando bacterias resistentes a varios antibióticos a la vez, son las llamadas bacterias multirresistentes, que podrían incluso llegar a serlo a todos los antibióticos conocidos.

Antes del  descubrimiento de los antibióticos, miles de personas morían a causa de enfermedades bacterianas como una neumonía  o  una infección contraída tras una operación. Sin antibióticos  eficaces regresaríamos a la era anterior a los mismos .Las enfermedades bacterianas se propagarían y serían imposibles de tratar, con las graves consecuencias que esto traería.  Además situaciones como los trasplantes de órganos, la quimioterapia contra el cáncer, los cuidados intensivos, los partos complicados, la supervivencia de niños prematuros y otros muchos  procedimientos no serían posibles. Las cirugías, desde una simple apendicitis a la más compleja, como un trasplante de corazón no se podrían realizar. Desde que se descubrieron y empezaron a usar fueron apareciendo resistencias a los mismos, debido a esto y a que en los últimos años han aparecido pocos antibióticos nuevos, el problema de la resistencia es una amenaza importante para la salud pública.

 

Tenemos una responsabilidad compartida , estos  medicamentos son un bien común que debemos proteger y cuidar; podemos desempeñar un papel importante  en que sigan siendo eficaces ,contribuyendo a frenar el desarrollo de resistencias  y así proteger la salud de generaciones futuras.

 

El Plan nacional de frente a la resistencia a los antibióticos forma parte  de  planes de acción mundial para luchar contra la resistencia a  los antimicrobianos según recomendaciones de la OMS y la 68ª Asamblea mundial de la Salud celebrada  en mayo 2015.

Elena Resines

“VENCE A LA DIABETES”

Vence a la diabetes es el lema que nos propone la OMS, que celebra  el martes día 7,  el Día Mundial de la Salud.

El Consejero de Salud de nuestra Comunidad, Jon Darpón, nos recordaba recientemente la importancia de desarrollar hábitos de vida saludables que pueden prevenir hasta en un 90%,  la aparición de enfermedades como la diabetes mellitus tipo 2.

La vida sedentaria y los malos hábitos alimenticios son factores desencadenantes de esta  enfermedad crónica y otras asociadas, lo hemos comentado aquí en numerosas ocasiones. Las encuestas muestran que más del 10% de las personas mayores de 18 años de nuestra Comunidad están afectadas por la enfermedad y que prácticamente una tercera parte de la población son inactivos, es decir no desarrollan una actividad física mínima recomendada.

El Departamento Vasco de Salud recaba la participación de otros agentes como Educación, Universidades y Ayuntamientos, en una misión   de largo alcance que involucre a más y más población en torno a un objetivo como el que la OMS nos propone recordar hoy.

Para el próximo mes de mayo  se prepara el 1er Encuentro de la Red de Escuelas de Salud para la Ciudadanía, en Donostia-San Sebastián. Allí se planteará entre otras cosas, la necesidad de la alfabetización sanitaria de la población. Yo no tengo ninguna duda sobre su necesidad y de su rentabilidad social y económica.

Creo que muchos coincidiremos en que es tiempo de abordar un reto ambicioso que debe comprometer al conjunto de la sociedad, es decir a ti y a mí, en un proyecto de País en torno a la salud que vaya más allá de nuestra generación. Con horizontes a corto, medio y largo plazo, que apueste por una mejora de nuestros hábitos de vida haciéndolos más saludables, tanto en el entorno doméstico como en el laboral y el social, que vayan generando una transformación social que alumbre una nueva realidad socio económica, la de “Euskadi, Territorio Saludable”.

Quizá de esta manera, algún día no sea tan  necesario celebrar “días D”  recordatorios  de esta u otra enfermedad, y el Programa Paciente Activo y sus participantes hayan sido una palanca relevante para el cambio que esta sociedad necesita.

 

Ánjel

Paciente activo y eSalud Asturias

Estuvimos el viernes en las jornadas sobre esalud celebradas en Oviedo. Estuvimos compartiendo espacio con nuestros compañeros del programa Paciente Activo en Asturias (PACAS). Una de las cosas que suceden después de acudir a un evento de este tipo es que se escuchan y conocen una gran cantidad de reflexiones o iniciativas que parecen sobrepasar nuestra retentiva. Hemos dejado que lo visto y oído sedimenten estos días y vamos a compartir a modo de pinceladas, algo de lo que allí se compartió.

Tuvimos la satisfacción al conocer a personas que forman parte del programa paciente activo en Asturias. Genera un sentimiento de satisfacción estar con gente a la que te une la filosofía del programa. Tener la sensación de estar hablando un mismo idioma y de estar unidos, compartir reflexiones sobre experiencias y problemas comunes es algo muy gratificante. Sensaciones generadas al ver el vídeo y oír hablar de propósitos, de leer etiquetas,..etc..Escuchar  a las personas contar que asumir un papel más activo en el maneja de su enfermedad ha sido positivo en el control de la misma y en la relación con ella.

Luis Miguel Jiménez contó que asistir a los talleres y conocer la realidad de otras enfermedades crónicas a través de las personas que las padecen le sirvió de ayuda en su experiencia para recuperarse de un ictus y las importantes secuelas que le quedaron. Alba García nos habló de como afecto su enfermedad a su carrera de deportista y como ha ido adaptando su vida y el deporte a las limitaciones que iban apareciendo sin tener que renunciar a su práctica. Nos invitó a pasar por su blog Yes We Run. Los dos hicieron hinacipé en algo que no nos paso desapercibido: la importancia de la bidireccionalidad, aprender y poder enseñar desde la experiencia propia y la del otro.. Camino Gontán expuso desde su labor de investigación algunas ideas acerca de los recursos y la información sobre temas de salud que encontramos en internet. Nos quedamos con dos: la calidad de la información en las páginas webs de las organizaciones sanitarias públicas es muy mejorable en cuanto a accesibilidad, y sencillez en el lenguaje sería la primera. La segunda, que los estudios dicen que aunque los pacientes buscamos información sobre enfermedades y salud en la red la mayoría queremos validar esa información con nuestros profesionales sanitarios de referencia.

Nosotros fuimos a aportar algo de lo que vamos aprendiendo desde el programa y desde el blog. Contamos que en este espacio intentamos reflejar lo que hacemos en los talleres y  los temas y anécdotas que allá van saliendo. Y de nuestra apuesta por generar redes que nos vayan conectando. Se volvió a escuchar mucho la idea de que el paciente tiene que ser el eje del sistema sanitario  e ir dándole cada vez más protagonismo. Dejando a un lado la impresión de que cada vez que se utiliza ese concepto parece que nos referimos a cosas distintas, nos pareció importante subrayar la idea de punto de encuentro. La tecnología es una herramienta que está al servicio de las personas y nos tiene que ser servir según nuestras necesidades, en este caso, para trabajar juntos por los mismos objetivos.

Hoy, toca sexo

Contaba Josu un día, cuando hablaba de aquellas limitaciones que le producía su diabetes, que uno de los asuntos que más le costó comentar con su médico («años!» decía)  fue lo referente a su nula vida sexual desde hacía ya un tiempo. Como en tantas otras cosas había asumido con resignación una retirada a los cuarteles de invierno. Otra derrota, otra renuncia, y ésta para vivirla clandestinamente. Porque de muchas otras cosas se puede hablar pero no de esa, quizás por falta de costumbre, por educación o por no encontrar momentos y espacios adecuados. «Lo mío era miedo». Otra voz aportaba. «Después del infarto, al principio, lo cotidiano, lo de todos los días se vuelve una amenaza. Imagínate «eso». Entre las preocupaciones, tantas cosas en la cabeza, y los miedos…aquello no hay quien lo levante» Sonrisas nerviosas y comentarios jocosos. La risa, que tanto nos ayuda a hablar de los temas serios.

Y Miren nos contó que ella sintió alivio cuando su doctora le dijo que su falta de deseo podría ser en parte  por la depre, pero que era probable que también tuviera que ver el tratamiento que estaba tomando. También le costó hablar del problema. Y en su relato parecían visibilizarse algunas de las cosas que tantas mujeres viven o han vivido. «Yo quería sacar el tema y mi marido no me dejaba. Le daba más vergüenza a él que a mí. Y lo quería sacar porque la que lo echaba en falta era yo….aunque se que él también pero procuraba no decirmelo mucho para no agobiarme» Y resonó con cierto aire de reivindicación. «Era yo la que quería…..»

Marta me comenta muchas veces, entre el estupor y la sorpresa, que sigue alucinando con  lo mucho que cuesta hablar de sexo en las consultas de medicina y enfermería.Se lo dicen a ella las personas con las que trata en su trabajo en la comisión antisida. «Algunos echan de menos que les pregunten por ello, para poder hablar así sin eufemismos o medias palabras» El sexo como espacio saludable, como espacio de disfrute y goce, como algo inherente a nosotros, como una de las mejores maneras que tenemos de comunicarnos. Como lo que es, un ámbito más de nuestra vida.

Es cierto que muchas enfermedades pueden suponer una limitación, que algunos medicamentos, necesarios algunos, «negociables» otros,  pueden tener efectos secundarios que se traduzcan en falta de apetito sexual, o disminución de la libido. En no pocas ocasiones es un mal día o ese miedo del que hablábamos antes los que ejercen su papel de barrera…. Aunque es cierto que todo ello puede ser un problema para una cierta manera de entender y vivir el sexo. Pero quien sabe si quizás es cuestión de cambiar el enfoque, de adaptarnos o adaptarlo a las circunstancias del momento.Convertir el reto en un estímulo. Y no renunciar. Porque es el mundo de los afectos, porque es algo muy preciado para nosotros, porque es algo nuestro. No debiéramos conceder a la enfermedad que no nos permita sentirnos vivos.

La risa, o la sonrisa, cuando hablamos de temas serios. De la timidez a la celebración de los de los sentimientos  o de las sensaciones. Aquella conversación acabó por convertirse en una apología del sexo. Del buen sexo.

¿Tenéis plan para esta noche?  O cuando se pueda, vaya…..

Iñaki Etxebarria

El vaso se puede volver a llenar

Cuantas veces habremos escuchado la pregunta: ¿cómo ves el vaso, medio lleno o medio vacío?

Después de haber hecho un examen en el instituto o en  la universidad mi aita me preguntaba: ¿qué tal lo has hecho?, mi tendencia era siempre a contestarle que regular, creía que era mejor ser precavida, él pensaba que yo era pesimista. Siempre me decía que era mejor pensar en un vaso casi lleno que en un vaso medio vacío, tenía razón. Él pensaba que si se es una persona optimista, que si se enfocaba en lo positivo y agradable de las situaciones, se veía el vaso medio lleno, así se podía pensar en que te quedaba mucha agua por beber y que no todo estaba perdido. Siempre me repetía que si una persona tenía tendencia al pesimismo percibiría el vaso medio vacío y pondría toda su atención a los aspectos negativos de las situaciones.

¿Qué creéis que es la postura más acertada? Seguramente responderéis que el optimismo. Ver el lado bueno de las cosas es más beneficioso para nosotros. Pero, ¿podemos extraer en todas las situaciones algo positivo?

A veces ante una situación o noticia desagradable nos va a resultar francamente difícil.

Los seres humanos tenemos una capacidad llamada resiliencia que nos ayuda  y nos empuja  a adaptarnos y sobreponernos de situaciones dolorosas. ¿Qué es la resiliencia?

La resiliencia es la capacidad para afrontar la adversidad y lograr adaptarse bien a traumas, amenazas o a estrés severo; por ejemplo al diagnóstico de una enfermedad crónica.

No  significa no sentir malestar o dolor emocional o dificultad. El diagnostico de una enfermedad crónica es un suceso que puede crear sensación de inseguridad, incertidumbre, pero las personas con resiliencia logran por lo general sobreponerse y adaptarse a lo largo del tiempo.

Volver a llenar nuestro vaso, aunque creas que has tocado fondo, que has llegado al límite y que no encuentras sentido a lo que te sucede, siempre hay esperanza, siempre, porque la vida es cambio.

Un día estás viviendo una situación, crees que es para siempre y cuando menos lo esperas las cosas cambian, pero para que suceda hay que trabajar, hay que trabajar para que los cambios tengan lugar, no desesperanzarse y seguir sumando.

Así que no consiste en ser optimistas o pesimistas, es mucho mejor ser realistas. Darnos cuenta de que ante una situación negativa  a veces es difícil sacar algo bueno de ella pero es mejor pensar que  aunque sea espantosa o así lo creamos o sintamos, pasará, nos adaptaremos y nos curtirá.

Creo que lo realmente bueno es disfrutar el presente, con lo que tengas entre manos, si puedes hacer algo por añadir más agua a tu vaso, ¡genial!, por ejemplo ser responsable con tu enfermedad e intentar dar pasos positivos para mejorar  tu salud, esos propósitos de los que hablamos en los talleres para cambiar o mejorar, hábitos saludables que mejorarán nuestra salud.

A veces no podemos controlar las situaciones externas, ni a los demás, pero podemos controlarnos a nosotros mismos, tanto a nivel de pensamiento como de comportamiento.

Si eres de las personas que piensan en llenar el vaso, olvídate de no hacer nada, para obtener resultados hay que proponerse propósitos de cambio…El vaso no se llena si no hacemos nada por llenarlo, es decir, si nos quedamos de brazos cruzados viendo pasar la vida. Hemos de ser capaces de ser conscientes de lo que somos o tenemos, decirnos a nosotros lo que queremos modificar, lo que no nos gusta y lo que queremos cambiar. Ya es hora de volver a llenar nuestro vaso.

Y como siempre digo hacernos estas preguntas:

QUE, CUANTO, CUANDO y CON QUE FRECUENCIA, son las que utilizamos y las que nos hacemos a la hora de realizar un propósito.

Itxaso Arévalo

Otro enfoque

“Hola, soy Lucia Torre Galende, hoy es 23 de Marzo de  2012 y no he ido al cole, por esa razón estoy escribiendo. No he ido porque por la noche he tenido 39 de fiebre y también estoy resfriada, pero lo importante es que no le pegue la fiebre a mamá porque si no, le tendrán que ingresar en el hospital y eso a mi no me hace gracia por eso cuando toso o estornudo me tapo la boca para que los gérmenes no peguen a las defensas y a los leucocitos, porque ¿sabéis qué?, que hay que tener 3100 defensas y mami solo tiene 120 así que la estoy cuidando y mimando aunque yo esté malita”.

 

Este es el cuento que me he encontrado en uno de los libros de cuentos de mi hija, por ese entonces me estaban dando las últimas sesiones de quimioterapia y ella tenía 8 años. No pude evitar echarme a llorar cuando lo encontré. Es muy difícil ver en esos momentos como se siente tu hija con todo lo que ha pasado, cuando te ve así, cuando te ve llorar de miedo y de tristeza, cuando te ve sin fuerzas después de una sesión de quimio, el primer día que después de quince días viendo que se te cae el pelo a manadas, decido, mientras está dormida, afeitarme la cabeza, esa cara cuando me vio…, y yo con una sonrisa, procuré transmitirle tranquilidad.

En mi proceso de curación del cáncer, tuve que lidiar con muchas cosas, pero especialmente con una de las decisiones más difíciles e importantes en mi vida: “¿que hago?”, “¿como se lo digo a mi hija?”, o mejor “¿y si no se lo digo?” “¿que debo hacer?. Recuerdo que en el proceso un día me preguntó: “mamá, ¿y si la medicina no funciona?, ¿y si no te cura?”a  lo que respondí: “bueno, ¿ cuando tú te pones malita, te cura la medicina?, (ella asintió), pues entonces, porqué no va a curarme a mi?”, parece que se quedó tranquila con la respuesta…tampoco quería mentirle, en realidad no lo sabía.

Yo había leído mucho al respecto y me convenció el hecho de que tenía que saber la verdad quitándole todo el hierro que pudiera y por supuesto viéndome y sintiéndome positiva, siempre pensé que lo superaría y eso era lo que transmitía con mi actitud, a ella también.  Leí que no hay que mentir  y de ahí nació mi idea de ir explicándole como funcionaba el cuerpo como si fuera un cuento;  porqué me quedaba débil después de una sesión de quimioterapia, la importancia de seguir con las rutinas y dar mis paseos en cuanto me sintiera mejor, la importancia de comer sano, los alimentos que ayudaban a subir las defensas, descansar bien, escuchar al cuerpo y un largo etcétera que ella escuchaba siempre con los ojos muy abiertos y atenta a cualquier sensación. Empezamos a meditar por las noches juntas con un libro que traía un CD de meditaciones para niños (buenísimo por cierto) y aunque parezca extraño, establecimos un vínculo distinto y mayor de lo que ya teníamos de por sí.

Es cierto que después tuvo que vivir un episodio muy duro que me temo tiene grabado en su mente a fuego y del que no quiere hablar, cuando a causa de la cardiopatía que me produjo la quimioterapia, tuvieron que llevarme al hospital en ambulancia casi sin vida. De este episodio donde ella estaba presente, le han quedado muchos miedos. Lo último que recuerdo es verla llorando  asustada y darse la vuelta tapándose la boca con las manos, para que yo no la viera llorar…

La vida a veces es dura, aunque sigue siendo preciosa¡¡, y todo lo que nos ocurre nos enseña algo, yo estoy segura. Procuramos que nuestros hijos no sufran nada, pero eso no es posible en este mundo, no se puede vivir en una burbuja y siento que lo que hay que hacer es darles mucho amor y enseñarles a vivir en cualquier entorno por difícil o duro que sea.  tarea difícil aunque fascinante… Yo no elegí esta situación pero por alguna razón, ella también ha tenido que vivirla.

Ani Galende

El retorno de Calimero

Será por la incapacidad de todo viejuno que se precie para ponerse en la piel de quienes son mucho más jóvenes que él, será porque durante décadas he trabajado como periodista y hoy soy un obseso de la comunicación, será porque me resisto a entender aquello que no quiero aceptar… el caso es que estas nuevas formas de relación que la tecnología impone me superan.

Pertenecí a uno de esos grupos de Whats app que se crean entre padres y madres de niños jugadores de fútbol con la intención inicial, sólo inicial, de facilitar el intercambio de información entre sus integrantes, de asuntos relacionados con el deporte de equipo que practican sus descendientes. Pero la realidad es otra bien distinta. Al poco tiempo se convierte en el lugar ideal para reiterar agradecimientos innecesarios, en plataforma de lanzamiento de nuevos cómicos, en escenario en el que exponer el comentario más original e impactante. El fútbol deja de existir y la calidad de los uniformes, el mal tiempo, las fiestas de cumpleaños y la valoración de los profesores va cobrando protagonismo, sin olvidar esos mensajes enviados al grupo por error, tan sabrosos ellos y que tantos cuchicheos “privados” provocan después.

En una ocasión propuse una excursión para reforzar las relaciones de equipo. Varias más planteé la celebración de partidos amistoso que, ingenuo que soy, empecé a organizar. En ninguno de los casos logré el mínimo razonable de respuestas, siendo la indiferencia la tónica dominante. Aún así volvía a intentarlo, como alguno más, obteniendo siempre idéntico resultado. Así que abandoné el grupo.

Lo hice después de que alguien lanzó el típico comentario insulso sobre la película de la noche anterior, algo que animó el cotarro hasta saturar de mensajes el chat. Todo el mundo tenía una opinión, todo el mundo estaba conectado… Y entendí que ese no era mi lugar. No entendía hacer ese uso, sólo ese uso, de un medio de comunicación tan potente. Y como soy cabezón, como sé que volvería a tropezar con la misma piedra una y mil veces, abandoné. Y la que se organizó fue tremenda, que a ver qué me había creído yo!!!

Ahora mismo estoy en otro grupo más comprometido, de personas que sí estamos a lo que estamos… aunque no siempre. Hace bien poco puse sobre la mesa una cuestión de esas que a todos deberían interesarnos, pero de nuevo me encontré con esa cruda realidad que me resisto a aceptar. Logré un par de respuestas ahogadas entre millares de “como me ha gustado eso tuyo”, “vaya, yo aún no lo he visto”, “prometo hacerlo esta noche”, “viva mi tierra, que es la mejor”…

Menos mal que cerca tenía con quien hablar, alguien a quien urgía como a mí resolver la situación planteada. Nos sentamos ¡sí, nos sentamos! discutimos qué hacer y acordamos una posible solución. Y funcionó… Pero de nuevo me vi con el cascarón sobre la cabeza, lamentando mi propia naturaleza, frustrado perdido.

Y qué decir de esa chica con la que me cruzo tantas veces allí donde vivo, ambos corriendo haga frío o calor, ambos con diabetes mellitus tipo 1. Ella no sabe quién soy yo ni qué padezco, y yo sé lo suyo por pura casualidad. Tampoco sabe que ha hablado conmigo por correo electrónico, majísima y súper dispuesta a ayudar. Pero cada vez que coincide conmigo ni me mira, aunque en esos momentos un simple gesto de complicidad vale mucho más que un empujón, un sencillo aúpa, lo que sea. ¿Haría lo mismo si supiera? Seguramente no. Pero no seré yo quien se lo diga. Ha tomado una decisión basándose en una percepción, sin derecho a réplica, y hay que respetarlo.

Además, situaciones así refuerzan mi convicción de que tengo algo bueno entre manos, algo que hay que preservar, por lo que luchar. En cada taller de Paciente Activo en el que participo el móvil no tiene cabida, ni los grupos de whats app ni esas redes sociales refugio que tantos aprovechan para mirar sin ser vistos, sin arriesgar, que tantos utilizan para blasfemar y criticar desde el anonimato, arriesgando aún menos.

Allí nos vemos, hablamos con la voz y el cuerpo, utilizamos la expresión, nos reímos y lloramos, somos lo que somos y cada sesión más que la anterior. Recuperamos el viejo arte de la comunicación verbal y corporal ¡y no nos mandamos mensajes de un lado al otro de la mesa! Somos vestigios de lo que un día fue fundamental para nuestro desarrollo como personas. Nos miramos, nos tocamos, nos contamos, nos retratamos.

Aunque sólo sea por un momento vivimos nuestra enfermedad en grupo, abandonamos ese cubo sin luz en el que nos sumergimos lastrados por fracasos, síntomas, incertidumbres, miedo, diferencia… y nos reconfortamos. Lo noto en la mayoría de las personas y lo noto en mi. Y en esos talleres he hecho amigos y, sobre todo, una amiga ¡algo tan preciado como una nueva amiga!

Quedamos y nos contamos. Unas veces nos entendemos más, otras menos y otras nada. Y nuestra comunicación por Whats app, Twiter, Facebook o correo electrónico es entre mala y muy mala. ¿Será porque ambos somos un tanto viejunos o porque eso de la comunicación tradicional no está tan mal? Yo creo que hay de todo un poco y un mucho… pero que nadie me quite ese contacto que tantas cosas ciertas aporta!!!

Jose Blanco

En directo, por favor…

Os voy a contar diferentes situaciones que he vivido esta semana.

Ayer por la tarde salí a tomar algo con unos amigos. Estuvo entretenida la conversación, pero a cada duda que nos asaltaba, estábamos conectados al móvil para resolverlas. Ya las discusiones no son lo que eran, tienes toda la información que necesitas en el bolsillo.

Una amiga me contó que se había comprado ropa para una boda, y no necesitó explicarme nada, directamente me enseñó una fotografía en su móvil. A partir de ahí, comentamos las ideas para acabar de complementar su look.

Tengo otra amiga que estos días empezaba a trabajar en un comercio. Me envió fotos de los productos que vendían, así que cuando fui a visitarle, sabía ya perfectamente si había algo que me pudiera interesar.

Este miércoles, a media mañana me llegó un mensaje al móvil, del entrenador de mi hijo, mediante el cual nos comunicaba a todos los padres/ madres que se suspendía el entrenamiento de la tarde, a causa del temporal. De igual forma el día del partido, se cómo va el marcador al instante, e incluso me permito escribir mensajes de ánimo, como si los niños los pudieran recibir.

El martes tuve una conversación vía whatsapp, en la que acabe terriblemente enfadada con mi interlocutor, por un simple error de interpretación. Yo escribía las cosas en un tono diferente al que estaban siendo leídas. Todo ello nos costó malhumorarnos y tener que darnos una serie de explicaciones absurdas.

Además, no tengo la suerte de vivir cerca de mi familia, por lo que la mayoría de las veces la comunicación con ellos es telefónica. Soy muy dada a enviar imágenes, y agradezco mucho recibir las suyas. Lo entiendo como otra forma de compartir lo que estamos haciendo.

Esta semana también ha sido el cumpleaños de dos amigos. A los dos les felicite a través de Facebook. A una de ellas tuve la suerte de verle el mismo día, y poder darle dos besos en directo.

Os podría contar muchas más situaciones vividas esta misma semana de este tipo, pero acabaré contándoos la que me hizo reaccionar y reflexionar. El jueves, mi querida compañera Elena escribió un  precioso post sobre los abrazos, cosa que me encanta dar y recibir, porque soy una fiel creyente de sus beneficios. Y después de leerle y pensar en todas estas situaciones que os he descrito, me vine abajo. Solo pensaba que la propuesta de abrazarse más, me parecía terriblemente enriquecedora, pero como se puede compatibilizar con un mundo en el cada vez la comunicación es menos directa…?? Cómo puedo abrazar a alguien a través de un móvil…?? Valen igual las “cibermuestras” de cariño …?? Me mantiene igual de unida a los demás la comunicación telefónica…?? Me pierdo algo con ella…??

Reflexionar sobre las respuestas a estas preguntas y alguna más, fue lo que me hizo venirme abajo. Cuando era niña, jugaba con mis hermanos y mis primos. No necesitábamos móvil para juntarnos, sabíamos dónde encontrarnos. No había más que dos canales de televisión. El tiempo que le dedicábamos a verla era muy escaso, nos interesaba más jugar juntos. Si jugábamos a un vídeo juego era en un local, no en nuestras casas. Si nos teníamos que decir algo, lo hacíamos cuando nos veíamos. No existía la cultura de la inmediatez.

Soy consciente de que las nuevas tecnologías y las redes sociales nos aportan muchos beneficios, pero lo que no tengo tan claro, es si realmente nos acercan. No tengo dudas de mis preferencias en este sentido, me preocupa más cómo crecerá la generación que ya ha nacido inmersa en este nuevo mundo.

No sé si esto es fruto de la edad, pero lo que quiero es hablar con quien comparto espacio físico, pudiendo prescindir del móvil. Ver la cara de las personas con las que hablo y poder mirarles a los ojos. Así que he decidido que quiero que en mi vida haya más «directos»…!! Espero q os guste el vídeo.

 

 

Bego Belarra

Un fuerte abrazo

Hace unas semanas, mientras hacía un descanso frente a la máquina de café de mi Centro de Salud, observé una escena. Una mujer  sentada en una silla de espera   llamó por su nombre a otra que pasaba  por delante, se saludaron y  la primera le dijo que recordaba que ése era un día doloroso para ella. La otra mujer le agradeció y le respondió que sí, que era un día difícil, como difícil y duro había sido el último año desde que él ya no estaba. Lo decía con expresión contenida y ojos vidriosos, hablaron brevemente, de los hijos, y de la compañía que le hacían. La primera escuchaba atenta y la segunda tras suspirar profundamente dijo que tenía que marcharse porque su hija  esperaba fuera. Se despidieron,  – ¡cuídate! – le comentó la primera y la otra mujer se dio la vuelta para marcharse. Apenas dio dos  o tres pasos, volvió sobre sí misma, se acercó a la otra mujer y le dijo: ¿Quieres darme un abrazo? Lo necesito. La primera se incorporó, se abrazaron unos momentos, se miraron, sonrieron, le dio las gracias y se marchó.

Un abrazo

Hace dos días, en el mismo lugar,  iba a entrar en la consulta y reconocí a una mujer que también había perdido hacía pocos meses a su compañero, joven, tras un proceso doloroso. Una mujer serena, con hijos adolescentes, que tiene que  parecer fuerte aunque está rota por dentro. No nos veíamos desde la pérdida, nos saludamos, nos sonreímos y nos abrazamos, de forma intensa, decidída , sin dudar. Ella, imagino que permitiéndose un momento de debilidad ante mí que había la había acompañado  en una parte de los duros momentos finales. Y yo, porque es difícil no corresponder a quien te vuelca sus sentimientos  y porque aunque  eches mano de tus propios mecanismos para seguir en el día a día, en el contacto y en el calor humano, aunque sea sin palabras, encuentras como el bálsamo con el que calmar ansiedades intensas.

Otro abrazo.

Tengo la sensación de que nos abrazamos poco o si lo hacemos, son esos abrazos de rutina, protocolarios, de celebración, en los que apenas hay contacto o es tan breve que no llegamos a sentir el calor del otro. No es necesario celebrar algo o reencontrarse con alguien para abrazarse.

Es cierto que en muchos momentos sentimos la necesidad de dar y recibir un abrazo sentido, que nos hace sentir mejor, son esos abrazos  de felicidad, de apoyo, de amor, de consuelo.

Nuestro modo de vida es una fuente inagotable de stress, hay investigaciones científicas que demuestran que los beneficios de los abrazos van más allá de las emociones y que influyen directamente en nuestra salud sin importar la edad en que nos encontremos.

El contacto físico es muy importante para el desarrollo de las neuronas y para que éstas no  mueran es importante estimularlas desde que empezamos a vivir. Los abrazos benefician tanto a nuestra salud física como la emocional. Cuando abrazamos liberamos stress, reducimos la ansiedad y nos inunda una  sensación de confianza en nosotros mismos. Un estudio de la Universidad de Carolina del Norte afirma que al abrazar a otras personas se incrementa  la oxitocina , más conocida como hormona del amor, además se activa en el cerebro la liberación de serotonina y dopamina debido a que experimentamos una agradable sensación de bienestar, armonía y plenitud en el momento del abrazo. Además hay beneficios físicos  como que disminuye la presión sanguínea, se fortalece el sistema inmunitario, ayuda reducir el dolor…

Conociendo estos  beneficios, pensemos que nunca es tarde para empezar a abrazar o a hacerlo más  a menudo, a diario. El abrazo llena de energía tanto al que lo da como al que lo recibe. No esperemos a tener que felicitar, celebrar, consolar a alguien para abrazar. Si tantos beneficios tiene  el contacto físico, hagámoslo  a diario. Si lo pensamos bien, (teorías o estudios aparte) y recordamos nuestras experiencias cuando hemos abrazado de forma sincera,  recordaremos que nos hemos sentido, tranquilos, relajados, seguros, confortables…

Hay personas que igual tienen dificultad para el simple contacto físico y por tanto recibir un abrazo intenso  puede producirles cierto rechazo;  puede ser por falta de costumbre, quizás han recibido pocas muestras de amor en la infancia, quizás piensen que la demostración de contacto físico supone unos sentimientos que sobrepasan la amistad y recibir un abrazo cálido les ocasiona incomodidad, rigidez, de manera que no son capaces de devolverlo.

No os preocupéis, todo llega. Cuando se está preparado porque se conocen los beneficios y desaparecen los miedos a otras intenciones, el cuerpo se relaja y está preparado para abrazar y dejar que lo abracen.

Si quieres un abrazo, pídelo, al igual que hizo la señora que comenté al principio y si quieres darlo  pide permiso, verbalmente, o a veces es suficiente un gesto o una mirada. En ocasiones al hacerlo pueden aflorar sentimientos porque se desbloquean tensiones, es normal, se puede incluso llorar, no debe avergonzarnos, y nos lo permitiremos y lo permitiremos, con tranquilidad. Otras veces pueden fluir  comentarios o sonidos de alivio o placer. El abrazo puede durar mucho o poco, lo que la necesidad nos diga, y terminará cuando alguno de los dos haga un gesto que siempre comprenderemos y entonces cada uno volverá a su espacio. Finalmente, agradecemos la oportunidad que hemos tenido, por esos momentos  y por los beneficios que obtenemos.

No olvides empezar a abrazar más a menudo. Los abrazos son gratis, accesibles a todo el mundo y  muy saludables. ¡Ve y abraza a alguien!

 

Os invito a  ver este video donde se habla de los beneficios de los  abrazos

 

Elena Resines