¿Qué debemos tener en nuestro botiquín casero para una cura?

Hace algunas semanas hablábamos del botiquín casero y cómo es conveniente tener uno, en qué condiciones y qué elementos debemos guardar en él. Decíamos que debía contener algunos medicamentos que necesitemos puntualmente para molestias que no precisasen en principio de una valoración médica inmediata como analgésicos,  antitérmicos, antiinflamatorios, antidiarréicos… También los medicamentos que usemos por cualquier enfermedad crónica y además material para hacer unas curas básicas. De esto último trataremos hoy.

Muchas veces en nuestra propia casa pueden ocurrir pequeños accidentes domésticos que con un botiquín a mano podremos resolver sin más  y otras veces nos permitirá  hacer una primera cura antes de acudir a un centro sanitario. Debemos revisar  periódicamente que ese material  se encuentre en buen estado, que los elementos estériles que estén intactos, los envases bien cerrados y comprobar las fechas de caducidad. El material que se pueda volver a utilizar en próximas ocasiones debe guardarse limpio y/o  desinfectado, si se ha usado para una herida abierta.

Lo primero a tener en cuenta para realizar cualquier cura es  que  hay que realizarla en las mejores condiciones higiénicas y de asepsia que podamos conseguir en casa. El lavado de manos es imprescindible: agua y jabón, frotar durante un minuto las manos hasta las muñecas friccionando bien entre los dedos,  yemas de estos y  palmas. Si además tenemos un gel hidroalcohólico, mejor que mejor, pero no es imprescindible. Vamos a enumerar algunas cosas básicas  que nos pueden ser útiles tener:

  • Tijeras de punta redondeada que se tendrán solo para uso del botiquín. Se deben  lavar con agua y jabón  para retirar restos y desinfectar con alcohol de 70º siempre después de cada uso.
  • Pinzas: útiles  para extraer cuerpos extraños o astillas en la piel. También se deben limpiar correctamente después de cada uso y desinfectar. Además puede usarse una aguja intravenosa cuando los cuerpos extraños están más profundos o son muy pequeños porque permite cortar la piel con el bisel, sin hacer mucho daño. Se puede usar para romper una ampolla por una rozadura de zapato antes de limpiarla con antiséptico y cubrirla con un apósito. Si se usa, se debe eliminar en un contenedor adecuado para agujas.
  • Jeringa desechable: para lavados de heridas y lavados nasales, con suero fisiológico. También se usa para administrar jarabes ya que la dosis se puede dar más ajustada y se maneja mejor en su administración que la cuchara, por ejemplo en niños pequeños.
  • Tiritas, son mejor las de tela que las de plástico y apósitos de tejido sin tejer ,son un poco más grandes que las tiritas, de  tejido hipoalergénico , llevan un cuerpo central de algodón y permiten cubrir zonas más extensas.
  • Esparadrapo hipoalergénico para fijar apósitos, vendas.
  • Gasas estériles .  Sirven para la limpieza y secado de la herida así como para cubrir la misma posteriormente y evitar que se infecte. Son de un solo uso. No se debe utilizar algodón para tratar directamente sobre una herid , porque deja restos adheridos a ésta.
  • Vendas de algodón para sujetar las gasas tras una cura , vendas elásticas,   para cubrir  lesiones en muñeca , codo, rodilla, tobillo…, al ser elásticas , se adaptan mejor a estas zonas y evitan poner esparadrapo directamente sobre la piel. En un momento determinado podemos utilizarlas para hacer un cabestrillo improvisado.
  • Bolsa  térmica: Se recomienda aplicar frío después de un golpe, para disminuir la inflamación o en torceduras. El calor seco es más adecuado para otros procesos como lumbalgias o contracturas. 
  • Guantes desechables, de vinilo u otro material que no sea látex, para reducir el riesgo de contaminar al hacer la cura. Es mejor no utilizar guantes de látex por el riesgo de alergias a este material, que a veces es desconocido.
  • Termómetro digital, es el mejor por su lectura rápida y sobre todo porque no tiene mercurio. También están los óticos que son muy cómodos, rápidos y fiables.
  • Antiseptico de uso tópico. Los que debemos usar son: la povidona yodada  y  la clorhexidina .Se deben aplicar después de limpiar la herida.   Los antisépticos despejan la zona donde se aplican de agentes patógenos , microorganismos y esporas. De esta forma se garantiza una mejor cicatrización de la herida ya que se  disminuye el riesgo de infección. Las heridas infectadas no cicatrizan hasta que se ha eliminado la infección.

La povidona yodada ( Betadine) Es  el antiséptico más extendido, tiene un gran poder bactericida pero se inactiva en presencia de sangre, exudados por lo que se usará en heridas recientes sin restos de sangre o pus. Se absorbe por la piel por lo que las mujeres embarazadas y en período de lactancia, deben evitar la aplicación de povidona yodada en áreas extensas de la piel y en la zona vaginal, así como su uso prolongado, sin consultar antes al médico. Tampoco se debe usar en lactantes. El yodo se deja secar  durante un minuto una vez aplicado  antes de cubrirla herida  y no debe usarse si se sospecha de alergia .

La  clorhexidina, ( Cristalmina) es  uno de los mejores antisépticos para usar en casa (acaba con gran variedad de gérmenes). No es irritante ni se absorbe por la piel y a diferencia de otros antisépticos, no se inactiva en presencia de materia orgánica. Alcanza un efecto máximo en 20 segundos. . Por todas estas cualidades parece ser uno de los más indicados en la desinfección de heridas, usando sus concentraciones del 0.02 al 2%.

Los antisépticos no deben mezclarse, se usa uno u otro pero no se alternan. Los envases con que se aplican no deben tocar la piel ni las gasas para evitar que se contaminen para usos posteriores.

Hay otros antisépticos que quizás  utilicemos y que deberíamos abandonar para realizar curas, como el mercurocromo ( Mercromina) que tiene muy baja efectividad , el alcohol que solo es eficaz en piel integra ( vemos que lo usan para desinfectar la piel antes de poner una inyección o hacernos un análisis) pero que en heridas, deseca la piel y forma una costra (la postilla de toda la vida), debajo de la cual pueden acumularse bacterias y causar una infección; tampoco debe usarse el agua oxigenada , que en todo caso puede servir para limpiar la herida pero luego deberemos usar otro antiséptico.

  • Suero fisiológico , útil para limpieza de heridas de forma aséptica .También para lavados nasales  con jeringa, para descongestionar  en afecciones de vías altas  así como en lavado de ojos cuando hay secreciones o algún cuerpo extraño que molesta mucho. Tras cada utilización se debe rechazar el sobrante  o usarlo como mucho en las próximas horas.
  • Producto a base de amoniaco , útil para aliviar las molestias por picaduras de mosquitos y otros insectos, los encontramos fácilmente en la farmacia.
  • Pomada para quemaduras superficiales ( salpicaduras aceite, agua caliente, café, contacto con cosas calientes…), aunque  lo mejor ante una quemadura es sumergir la zona afectada en un recipiente de agua fría durante unos  20 minutos, ya que  el frio bloquea la inflamación y tiene efecto anestésico; así evitaremos que salga  ampolla o que sea menor. Si la quemadura es muy superficial , de primer grado, en la que solo hay enrojecimiento o hipersensiblidad , bastaría con una crema  a base de óxido de zinc tipo las que se usan para eritema de pañal de los bebés. También puede usarse alguna de Aloe vera porque reduce la inflamación y el enrojecimiento. Si la quemadura es de segundo grado superficia o con con ampolla, usaremos una con Sulfadiazina argéntica. Pero ya en este caso o si es  una quemadura grande o profunda lo mejor acudir cuanto antes a un centro sanitario.                                                       No se deben aplicar en las quemaduras productos tales como aceite, manteca, hielo , pasta dentífrica, etc.
  • Crema para quemaduras solares:  Siempre debe utilizarse un fotoprotector alto si nos vamos a exponer al sol , entre 30 y 50 FPS.  Pero si tras tomar el sol nos aparece una quemadura podemos usar lo mismo que en el caso anterior. Si hay quemaduras graves, extensas o con ampollas , se debe acudir a un centro sanitario para que las valoren y traten adecuadamente.
  • Pomada para escoceduras de la piel , debidas al sudor , roce de alguna prenda, contacto con algún agente irritante  que causan enrojecimiento y sensación de quemazón . El oxido de zinc actúa como desinfectante y además tiene un efecto secante ideal para aplicar en zonas con irritaciones húmedas, además de un efecto calmante. Podemos usar la misma que en las quemaduras leves.

En la farmacia nos indicaran varias cremas o pomadas con estos productos  que es conveniente tener en el botiquín casero.

Con todos estos elementos y productos que hemos enumerado podemos atender inicialmente y en muchos casos resolver esos pequeños accidentes o problemas que pueden surgir de repente en nuestra casa.

Elena Resines

Todo lo celebramos comiendo y bebiendo!!

La entrada anterior comencé diciendo que mientras millones de personas se mueren de hambre en el mundo, la obesidad adquiere caracteres de epidemia. También comenté que las dos principales causas de la obesidad son la falta de actividad física y el  mayor consumo de alimentos calóricos: grasas y azúcares.

Os habéis parado a pensar que: ¡todo lo celebramos comiendo y bebiendo!

A menudo el acto de comer tiene un valor, un sentido de gratificación  emocional independiente de nuestras necesidades calóricas, asociamos  de forma inconsciente comer y beber con  estados anímicos positivos, a veces cuando no nos sentimos bien lo compensamos comiendo o bebiendo, aunque no tengamos apetito, pero, cuando estamos contentos o queremos celebrar algo, también bebemos y comemos. Conclusión: Consumo excesivo de calorías.

Además las dietas tradicionales han sido reemplazadas por otras  con una mayor densidad energética, lo que significa más grasa, principalmente de origen animal. Menos verduras y fruta, menos fibra.

Tenemos menos tiempo, menos ganas de cocinar y utilizamos más alimentos precocinados y más comida rápida. Como resultado final un balance de energía  positivo, que se va acumulando año tras año, en forma de grasa. Si se ingieren más calorías de las que se        queman el cuerpo humano coge peso, engorda.

No hay alimentos buenos o malos, sino una dieta bien o mal equilibrada. Creo que es importante interiorizar que para comer saludablemente no es necesario hacer dieta, una alimentación saludable es compatible con el placer de comer y con el placer de celebrar y compartir.

Nuestro hijos, sobrinos o nietos observan nuestra manera de comer, nuestras costumbres, los adultos decidimos cuantas golosinas, bollería, cuantos helados y refrescos azucarados van a consumir. No penséis que estoy totalmente en desacuerdo, pero como todo en esta vida el sentido común y el conocimiento son necesarios; de ahí la importancia de impartir unos conocimientos básicos para la confección de menús equilibrados y sanos.

Ahí van  unos consejos para intentar cumplir:

  • Cuanta mayor variedad de alimentos exista en la dieta, mayor garantía de que sea equilibrada y contenga los nutrientes necesarios.
  • Los cereales (pan, pasta, arroz, etc.)las patatas, legumbres deben constituir la base de la alimentación, el 55% de las calorías de la dieta.
  • Se recomienda que las grasas no superen el 30% de la ingesta diaria.
  • Las proteínas deben aportar el 15%  de las calorías totales, combinando proteínas de origen animal y vegetal.
  • Consumir 5 raciones al día de frutas y verduras
  • Moderar el consumo de productos ricos en azúcares simples como golosinas dulces y refrescos.
  • Nunca prescindir del desayuno, que deberá ser completo, compuesto por lácteos, cereales, frutas.
  • Reducir el consumo de sal.
  • Beber entre uno y dos litros de agua.

 

piramide

 

La pirámide alimenticia es una guía para que las personas podamos escoger una dieta saludable. Una orientación sobre cómo debe ser una dieta sana y equilibrada.

Para finalizar, ¿qué os parece involucrar a todos los miembros de la familia en las actividades relacionadas con  la alimentación: Hacer la compra, decidir el menú, preparar y cocinar los alimentos?

Siempre que se tengan dudas a la hora de elegir alimentos o confeccionar una dieta consultar al profesional sanitario más cercano.

 

Itxaso Arévalo

Contradicciones de nuestra sociedad

Al mismo tiempo que millones de personas mueren de hambre en el mundo, la obesidad adquiere según la OMS (Organización Mundial de la Salud), caracteres de epidemia.

Una de las contradicciones de  nuestra sociedad.

Según la OMS más de mil millones de personas adultas tienen sobre peso y de ellas al menos 300 millones son obesas.

Unos amigos han estado en EEUU de vacaciones en el mes de Julio y me comentaron que les había llamado la atención la cantidad de personas obesas que habían visto. Pero no hace falta ir a los EEUU para ver personas con sobrepeso u obesas, en cualquier playa de nuestras costas podemos observar un número elevado de adultos y también niños y adolescentes con obesidad.

La obesidad y el sobrepeso se definen como una acumulación anormal o excesiva de grasa que puede ser perjudicial para la salud.

Para averiguarlo se mide el IMC (Índice de masa corporal) y ¿cómo lo calculamos?

Se calcula mediante el peso de la persona en kilogramos dividido por el cuadrado de la talla en metros. Cuando dicho Índice oscila entre 18,5 y 24,9 hablamos de una persona con peso normal. Una persona con un IMC igual o superior a 25  tiene sobrepeso y con un IMC igual o superior a 30 se estima que es obesa. Este índice es el que utilizan los profesionales sanitarios a la hora de  estimar si una persona es obesa o no.

Y no hablo de estética o belleza, hablo de salud. En la televisión, en las revistas, en los anuncios,  aparecen mujeres delgadas y seguro que rayando el IMC de bajo peso, que tampoco es saludable.

Hablo de SALUD, pues la obesidad y el sobrepeso son perjudiciales para la salud tanto por sí mismas como por ser factores predisponentes para otras enfermedades crónicas que acortan la esperanza de vida, además las personas obesas pueden sufrir rechazo social y discriminación.

Otra contradicción de nuestra sociedad: está de moda ser delgado pero cada vez hay más obesos. Según un estudio de SEEDO (sociedad española para el estudio de la obesidad), en la población adulta española, entre 25-60 años, el índice de obesidad es del 14, 5% y el de sobrepeso llega al 38,5%, siendo más frecuente en mujeres y conforme aumenta la edad aumenta la cifra de personas obesas.

¿Cuáles son las causas de la obesidad?

El mayor consumo de alimentos hipercalóricos (con alto contenido en azúcares y grasas…) y la menor actividad física.  

Así que junto con la alimentación el otro factor causante de la obesidad es el sedentarismo.

Y como siempre digo: “Nunca es tarde para empezar a hacer una actividad física”.

Resulta esencial elegir el tipo de actividad que más se adapte a las preferencias y habilidades de cada uno, en cada etapa de la vida.

La OMS recomienda practicar actividad física de forma regular, independientemente de la edad de la persona y del tipo de ejercicio que realice. La recomendación actual es de 30 minutos de ejercicio de intensidad moderada, como podría ser caminar a paso ligero, todos los días de la semana. No siempre se puede realizar todos los días de la semana, pero, podemos organizarnos ¿verdad?

Responder a nuestras preguntas de:

QUE, CUANTO, CUANDO y CON QUE FRECUENCIA…

Pero cuando la persona es obesa o tiene sobrepeso es más fácil incrementar la actividad física como estilo de vida rutinaria (caminar más, subir escaleras, reducir actividades sedentarias, no quedarse delante de la televisión más de 2 horas seguidas, etc.,) que el empezar a practicar un deporte o un programa de ejercicio físico debido a las condiciones físicas.

Además desde mi punto de vista  se debería dar ejemplo a los niños que tengamos a nuestro lado: hijos, nietos, sobrinos, etc.,  ser modelo con nuestros buenos hábitos.

Se debería acostumbrar a los niños a realizar ejercicio físico de forma cotidiana siempre que se pueda, ir andando o en bici a las ikastolas sería una medida estupenda, aun siendo consciente que no siempre se puede, practicar deporte en las ikastolas y también en su tiempo de ocio, sería otra buena medida.

La industrialización y la tecnología nos han facilitado  un gran número  de tareas y actividades que sin su ayuda comportaban un gran esfuerzo con una elevada carga física y gran coste energético. Ahora en el siglo XXI vivimos en una sociedad con un mayor confort que ha traído un conjunto de hábitos y costumbres que están siendo perjudiciales para mantener nuestro nivel de salud óptimo. Otra contradicción de nuestra sociedad.

Ha mejorado nuestro nivel de vida: todos tenemos uno o dos coches por familia, nuestras profesiones comportan en su mayoría un bajo grado de actividad física, nuestro ocio lo enfocamos al consumo de productos que nos mantienen sentados la mayor parte del  tiempo; en resumen: tenemos una sociedad moderna y cómoda pero con un bajo grado de actividad física y unos hábitos diarios sedentarios que perjudican nuestra salud.

Todavía estamos a tiempo de cambiar.

Itxaso Arévalo

El arte de escuchar

Recientemente he leído que escuchar a otra persona es regalarle un espacio para expresarse, para compartir, para crear por encima del sonido de tu propia voz que busca su protagonismo….., no puedo estar más de acuerdo¡¡.

Escuchar es un arte… y se puede cultivar..

Y no solo hablo de escuchar a los demás, hablo también de escucharte a ti mismo, que tiene aún más poder, ya que puedes entender, entenderte y darte cuenta.

En tu entorno más cercano, conoces a alguien que escuche? Alguien que sepa esperar con más o menos paciencia a que el otro termine de hablar?. Si reflexionas es dificil mantener una conversación de escucha ya que estás pensando -mientras supuestamente escuchas- lo que vas a responder, creando al final mas bien una mezcla de dos monólogos, el mío y el de enfrente, y así no hay conexión posible, es como si cada uno hubiera decidido ya tener razón -su razón-  y esperar nuestro turno para “argumentarla” y “demostrarla”.

También hay veces que usamos las palabras simplemente para llenar un espacio. ¿A quien no le ha pasado sentirse incómodo entre dos personas -o más- en silencio y hablar de lo primero que se pasa por la mente para llenar ese vacío?, es como si pensaras “dí algo para interrumpir ese momento incómodo y tapar el sentimiento que pueda haber detrás y así no me escucho a mi tampoco”.

Pues es fascinante lo que se puede llegar a sentir escuchando, haciendo de esto un propósito diario.

Este es otro gran tema que tratamos en los talleres junto con la comunicación.

Os dejo con una fábula que habla por si sola…

El joven discípulo de un filósofo sabio llega a casa de éste y le dice:

  • Oye, maestro, un amigo tuyo estuvo hablando de ti con malevolencia…….
  • !Espera¡ -lo interrumple el filósofo- ¿ya hiciste pasar por las tres rejas lo que vas a contarme?
  • ¿Las tres rejas?
  • Sí. La primera es la verdad. ¿Estás seguro de que lo que quieres decirme es absolutamente cierto?
  • No. Lo oí comentar a unos vecinos…
  • Al menos lo habrás hecho pasar por la segunda reja, que es la bondad. Eso que deseas decirme ¿es bueno para alguien?
  • No, en realidad, no. Al contrario..
  • ¡Ah, vaya!, la última reja es la necesidad ¿Es necesario hacerme saber esto que tanto te inquieta?
  • A decir verdad, no.
  • Entonces -dijo el sabio sonriendo-, si no es verdadero, ni bueno ni necesario, sepultémoslo en el olvido.

Existen  ejercicios muy buenos para aprender a escucharnos y escuchar, os voy a proponer uno, que es simple aunque dificil: Pasar una comida entera en la misma compañía que habitualmente – ahora que estais de vacaciones resultará más “sencillo”-  en SILENCIO TOTAL,  solo escuchar el sonido de los cubiertos, del pan al cortarse, del vaso al llenarse, de la servilleta, de la respiración, agudizaremos los sentidos porque estaremos más atentos. Seremos mucho más conscientes de como comemos, de como masticamos si es que lo hacemos en lugar de “engullir”. Nos entrará la risa, es posible, no pasa nada, reiros, y luego valorar como os sentís. Descubrireis  muchas sensaciones en las que no suseles reparar en tu día a día..

Ya me direis que tal, es un pequeño propósito para estas vacaciones, un día en el mes, o a la semana, poco a poco y recordar que una de las claves principales para establecer los propósitos es QUERER HACERLOS, aunque sea por curiosidad….

Yo tengo puesto en el movil una frase muy locuaz para mí: “muérdete la lengua”…….

Ani Galende

Entre deseos, objetivos, y propósitos (y III)

Hemos hablado estos días de que todos tenemos deseos de hacer las cosas mejor o de modo más conveniente, de los «me gustaría» y «debería». De como poder transformarlos en objetivos que nos inciten a conseguirlos, de vincularlos emocionalmente a los beneficios qu nos reportaría el alcanzarlos.  Comentamos también la importancia de responsabilizarnos con aquellas decisiones y conductas que nos aportan un beneficio en nuestra salud y en el control de nuestras enfermedades, responsabilizarnos con las decisiones que tomamos aunque nos resulten costosas.

Después de dos entradas teorizando sobre deseos y objetivos es el momento de pasar a la acción. En los talleres del programa paciente activo le damos mucha importancia a cómo plasmar aquello que queremos conseguir y que sabemos que nos va a  ayudar en el control de nuestra enfermedad en conductas concretas.

Uno de los aspectos claves es desmenuzar aquello que queremos conseguir en metas más pequeñas, en gestos o hábitos muy concretos y tangibles. Está bien querer perder 5 o 10 kilos de peso, o no abandonar la sal de las comidas, pero es una meta a largo plazo y nos tenemos que proponer alcanzar las conductas que nos lleve a ello. ¿Cambiar radicalmente nuestra forma de comer y hacer actividad física? Es una manera, hay quien lo consigue. Pero es probable que «arrastremos» un historial de intentos fallidos, de abandonos de intentos de cambio, etc… de tal modo que nuestra moral o nuestra confianza para intentarlo «una vez más» no sea lo suficientemente fuerte. Por lo tanto, probemos a escoger algo muy concreto, una conducta determinada: «voy a desayunar cereales y una pieza de fruta los lunes y miercoles», «saldré a caminar 20 minutos después de comer los lunes, martes y viernes», «los jueves me voy a meter a la cama a las 23:00 para dormir 7 horas», etc… Formulados así, parecen más accesibles que «voy a desayunar mejor», «voy a andar» o «quiero dormir más horas»

Desde el mismo momento en el que concretamos, nuestro cerebro se pone a trabajar, los deseos se transforman en objetivos. Además de esta manera contamos con un beneficio adicional: podemos determinar de un modo exacto cuando hemos alcanzado lo que nos hemos propuesto y cuando no. El planteamiento del objetivo es concreto, pero conviene dedicarle un par de minutos más a definirlo todavía más: en que momento del día, en que horario si hace falta, que necesitaremos para llevarlo a cabo, etc… y saber que sólo eso que nos hemos propuesto es lo que tenemos que hacer. No menos, pero tampoco más. Vincular el logro a emociones agradables y positivas es añadir motivación a la tarea, pero, insistimos, que el mero hecho de concretar facilita la tarea porque nuestra mente se activa para ello.

Hay una última cosa que hacemos cuando nos proponemos algo: valoramos la confianza que tenemos en lograrlo. Lo hacemos dándonos una nota, como si fuese una apuesta por nosotros mismos. Un pequeño gesto que aumenta mucho la probabilidad de alcanzar los propuesto. Porque igual no me veo capaz de «a partir de ahora no comer  más bollería para desayunar», pero es muy probable que si vea factible «los lunes desayunar una pieza de fruta y una taza de cereales» Alcanzar ese éxito tiene es un refuerzo positivo muy potente. Alcanzar lo propuesto es la forma mas eficaz de mantener y aumentar nuestra motivación.

¿Vamos a ello?

 

Entre deseos, objetivos y propósitos (II)

En la entrada anterior hablábamos de los deseos que nos planteamos cuando queremos adquirir hábitos de vida mas saludables o incorporar a nuestro día a día conductas que tengan una repercusión beneficiosa sobre las enfermedades que tengamos. Hacíamos hincapié en la idea de vincular a sensaciones positivas y afectivas o emocionales aquello que nos proponemos y que en ocasiones se nos hace difícil alcanzar. Pero parece ser que los expertos en motivación dicen que eso, aunque necesario,  por si solo no es suficiente.

Los objetivos deseables se convierten en objetivos deseados y es el momento de ponernos en marcha para alcanzarlos. Una de las características que definen a las personas activas en el cuidado de su salud es la responsabilidad. La responsabilidad empieza en el momento en que aceptamos lo que nos pasa y aceptar que en el cuidado de nuestra enfermedad hay cosas que no dependen de nosotros, pero hay otras muchas que si. Se trata de gestionar y asumir éstas: lo que nosotros podemos hacer, y ser consecuentes con nuestros objetivos, (aquellos  que hemos convertido en deseados y que hemos elegido querer alcanzar.) Responsabilidad significa asumir que nosotros somos el capitán al mando de las decisiones que nos van a suponer un beneficio.

El conocimiento de lo que nos pasa, de lo que podemos hacer, la ayuda de los profesionales sanitarios, involucrar a la familia y al entorno de alguna manera, son cosas que trabajar porque en alguna medida dependen de nosotros. Cultivar la confianza en que tenemos capacidad para conseguir mejoras en esos ámbitos es otra de las actitudes que aportan beneficio. Cada paso hacia la consecución de lo que nos proponemos cuenta, aunque sea pequeño. Para algunas personas convertir este compromiso con uno mismo en un reto ayuda a aumentar la motivación para conseguirlo.

Ya tenemos las dos caras de la misma moneda: la motivación. Deseos que son objetivos deseables,  transformados en algo deseado que nos impulsa  a adoptar cambios en nuestros hábitos, y responsabilidad y compromiso con nosotros mismos para convertir el impulso en acción mantenida y gratificante. En los talleres del programa recogemos todo eso y le de damos forma para hacerlo más sencillo y más eficaz. Nos hacemos propósitos, generalmente semanales. En la próxima entrada os hablaremos de ello para cerrar esta trilogía sobre deseos, objetivos y propósitos.

Entre deseos, objetivos y propósitos (I)

«Tengo que hacer ésto». «Debería de cuidarme en lo otro». «Me han dicho otra vez que me vendría bien….» Muchas de las recomendaciones y hábitos que tenemos que adoptar para cuidar nuestra salud y mejorar en control de nuestra enfermedad suelen venir «empaquetadas» en frases como las anteriores. El problema es que las vemos como obligaciones y las obligaciones siempre van asociadas a dificultad por conseguirlas, sufrimiento, privación,sacrificio, etc….O al menos nuestro cerebro las interpreta como tal y hace que el camino hacia la mejora siempre comience con una larga y empinada cuesta .

Es por todo lo anterior que nuestros triunfos a la hora de adquirir hábitos saludables comienzan ya desde el primer momento que los pensamos: cómo hacer un objetivo deseable y cómo transformar un deseo. Incluso eso mismo podemos plantearlo como una especie de «juego mental» que lo haga más divertido.

El primer paso consiste en convertir nuestro objetivo en algo deseado y que nos incite a la acción. ¿Cómo hacemos eso? Bien, existen varias posibilidades. Lo más común suele ser apelar a la razón y a la ciencia. Se sabe y nos dicen que el caminar ayuda a controlar nuestra tensión arterial y nuestro nivel de azúcar en sangre, que ciertos ejercicios de flexibilidad previenen o disminuyen dolores articulares, que desde el mismo momento que dejamos de fumar disminuimos muchos de los riesgos que el tabaco trae asociados, o que tomar la medicación, aunque no notemos ningún efecto es beneficioso a corto o largo plazo para la enfermedad que tenemos. Hasta ahí digamos que es lo que sabemos todos. Es,por otra parte, lo que los médicos y enfermeras que nos atienden nos dice, y lo que todo el mundo nos recuerda. Apelar a la razón y a la argumentación es importante. Pero suele ser insuficiente.

Necesitamos, dicen los expertos, conectar esos mismos deseos con nuestras emociones para que la fuerza que nos impulsa a conseguirlos sea más intensa. Comentábamos en la entrada anterior la importancia de pararnos a pensar en nuestros comportamientos y en las causas que los provocan. Éste sería un buen momento para hacer algo parecido. Conectar nuestros deseos con sensaciones de bienestar. Y ¿qué podemos hacer? «Detenernos»  y disfrutar en esa sensación de mayor agilidad que  sentimos cuando hacemos ejercicio físico, disfrutar de los olores o de la sensación de «aire puro» al respirar cuando dejamos de fumar, recordar la alegría que sentimos cuando al bajar de peso volvemos a ponernos aquella prenda de vestir que antes nos quedaba pequeña. o, (Por qué no?) asociar el momento de tomar la medicación a un mensaje o un recordatorio que creemos para la ocasión y que nos recuerde los beneficios del gesto. Por ejemplo, «ahora tomo esta pastilla y aunque parezca que no, se que me está provocando este X beneficio.»

Así que para hacer un deseo atractivo podemos utilizar, entre otras cosas, estrategias que aportan  puntos de vista desde el razonamiento y desde lo psicológico y lo emocional. Lograr convertir un objetivo en algo apetecible, que nos incite a la acción y que nos provoque satisfacción el conseguirlo es un modo de acercarnos más a su consecución. Pero convertir un objetivo en un deseo y quedarnos allí es quedarnos en el páramo en el que duermen todos los buenos deseos. Por eso mismo hay que iniciar el camino de regreso desde el mundo de los deseos intangibles y nebulosos a la vida diaria y al mundo de las responsabilidades y las actitudes personales. Hablaremos de ello en la próxima entrada. Eso sí, llevando en la mochila nuestro objetivo convertido en nuestro deseo.

Iñaki Etxebarria

Razones para cambiar o ..para seguir igual

En estos días de verano, cuando vamos muchos de nosotros a un hotel a pasar unos días siempre me fijo en uno de los momentos estrella de todas las vacaciones: el desayuno buffet. La verdad que muchas veces pienso que es un momento «sociológicamente muy interesante» y seguro que podríamos dedicar más de una entrada en este blog a los diferentes detalles que se observan en él. Pero hoy me ha venido a la mente porque estaba pensando en escribir sobre hábitos y costumbres. Una de las cosas que se repiten en los talleres cuando hablamos de comunicación es lo que le cuesta a la gente hacer un desayuno saludable. La excusa suele ser bastante común: «a mí nada más levantarme, a esas horas,  no me entra nada sólido» Y entonces yo me acuerdo del desayuno buffet, en el cual no solo comemos sólido, y bien sólido, sino que además comemos mucha más cantidad de lo que sería recomendable.

Nos pasa con el ejercicio físico algo parecido. «No tengo tiempo» o «No me da la vida» son dos de las frases más socorridas cuando intentamos justificar el nulo o poco tiempo que dedicamos a la actividad física. ¿Y si nos dieran 100 euros por cada hora de caminata que hiciéramos? Es posible que algunos y algunas encontráramos ese hueco preciso para la realización de ejercicio.  ¿De dónde habríamos sacado el tiempo entonces?

Tiene todo ésto que ver con las razones  que nos ponemos para no incorporar un nuevo hábito o costumbre en nuestra vida. En cambiar los hábitos está gran parte del secreto de nuestro camino hacia una vida más saludable y hacia un mejor control de nuestros problemas de salud. La fuerza aplastante de los hábitos es tal, que casi toda nuestra vida se construye con ellos. Y menos mal, porque es por eso que podemos vivir y realizar las tareas más cotidianas sin bloquearnos, sin tener que pararnos a cada momento para sopesar razones y decidir, y llevar una vida más fluida.

Pero muchos hábitos los tenemos arraigados desde hace tiempo en nosotros. Es posible que una parte importante de ellos las hayamos adquirido en nuestra infancia y por nuestra educación. De ese modo, nunca se deja nada en el plato, se comen el primero y el segundo, celebramos  con dulces, desayunamos leche con galletas, el ejercicio es algo que hacemos «si da tiempo», no podemos quedarnos con hambre al levantarnos de la mesa, tal o cual restaurante es más o menos bueno porque da raciones grandes o pequeñas, y …..cómo no nos vamos a levantar tres veces en el buffet  «si ya está pagado, mujer!»

En otras ocasiones podemos plantearnos si de verdad las creencias. los motivos y los pensamientos que tenemos son verdaderamente ciertos. Si es cierto que no tenemos tiempo para andar o ir a la piscina a nadar, si es cierto que no «nos entra nada sólido» en el desayuno, y hurgar un poco para ver si debajo de esas excusas no se encuentran otras razones como la pereza, la falta de organización del tiempo en el día a día, o no dar importancia suficiente a lo que la tiene.

Si queremos cambiar un hábito  o una costumbre, podríamos empezar por preguntarnos por qué hacemos lo que hacemos. Así, nos plantearemos cambiar  algo que no nos aporta beneficio ( y sí muchas veces perjuicio). Si a  veces vemos ésto tan sencillo y tan evidente,  ¿por qué seguimos haciéndolo? ¿acaso no vale más de 100 euros disminuir la probabilidad de que nos de un infarto, o de tener controlada una diabetes o una hipertensión arterial? ¿No escala algunos puestos en la lista de prioridades diarias el tener que hacer ejercicio físico, el comer sin sal o el plantearse dejar de fumar?

Puede incluso que se den situaciones tan curiosas como el hecho de que al plantearnos esos por qués lleguemos a la conclusión que hacemos muchas cosas por inercia y que hacerlas de otra manera no nos cuesta nada. Lo único que nunca nos habíamos detenido a pensar en ello. La mayoría de las veces no es tan sencillo y cambiar de costumbres no ocurre solamente por cuestionarnos la razón por la que hacemos las cosas, pero es un primer paso. Un imprescindible paso. Seguiremos hablando en el futuro de los hábitos, costumbres , su poder y cómo poder cambiarlos.

Iñaki Etxebarria

Las tentaciones del verano

iiio

 

 

Para quien más, para quien menos, el verano es época de parar el día a día y dedicarse a hacer esas cosas con las que soñamos que haremos durante  el resto del año. Lo que después suele ocurrir, es que en muchas ocasiones la realidad es muy diferente de lo soñado, pero eso ya es otra cosa.

Pensamos que el verano, tiempo de vacatas,  tendremos ese tiempo que de costumbre nos falta para hacer ejercicio, para comer limpio a base de ensaladas frescas cuyos componentes habremos comprado en un mercado tradicional, y que por fin dormiremos regularmente y tranquilamente  esas ocho horas, que el resto de año siempre tienen recortes.

Pero, ¿es eso lo que ocurre? O, ocurre todo lo contrario.  Que nos cebamos a base de paellas y pizzas, que las cañas nos entran como agua, que hace mucho caloret para salir a andar y que dormimos diez horas como sapos o no pegamos ojo con el torrijo.  Y por si fuera poco, mandamos a paseo a las dichosas pastillas, al carajo con las obligaciones, que estamos de vacaciones.

Esta parte vacacional del verano invita a cierta flojera mental y corporal, a ser más flexibles con los buenos hábitos, con las virtudes, y a dejar espacio a las tentaciones propias del tiempo de holgar.

Según Wikipedia, la tentación es el deseo de realizar una acción inmediatamente agradable pero probablemente dañina a largo plazo, por multitud de razones: legal, social, psicológica,  etc, y en ese etc, es donde tenemos que incluir las consecuencias sobre nuestra salud.

El verano, las vacaciones, lo que a primera vista se presenta como una oportunidad para mejorar nuestro funcionamiento vital y  de trabajar con nuestras “cronicidades”, a menudo se convierte en una gran trampa. Un tiempo lleno de riesgos contra nuestra salud, lleno de tentaciones de verano.

Estar consciente de ello nos puede ayudar a superar, si no todos, algunos. No bajar la guardia, pensar que para el cuerpo todos los días son iguales, que los excesos son eso, excesos, inconvenientes a nuestra salud y que al cuerpo no le importa si trabajas o estás de vacaciones.

Por lo tanto, conviene hacerse un plan especial para estos tiempos de perdición.

Primero, la medicación. Sigue siendo fundamental mantener dosis y frecuencias. Nada de, estamos de vacaciones.

Segundo, sigue cuidando la dieta. Tienes mejores oportunidades para dedicarte a preparar cosas interesantes, a experimentar platos saludables, a entretenerte comprando y probando cosas nuevas.

Tercero, aprovecha el buen tiempo, el campo, la playa, o donde estés, para caminar o hacer cualquier otro ejercicio, procurando evitar las horas de calor y tomando las precauciones que ya conocemos.

Cuarto, tira de agenda y llama, escribe o quedas a tomar algo con esas personas que por una cosa u otras has estado poco o nada con ellas durante el año. Cuida las relaciones como si fuesen flores, hay que  regarlas y abonarlas.

Cinco, si,  descansa, duerme lo que necesites, túmbate a la bartola y dedícate a leer esos libros que te han quedado amontonados desde las últimas navidades.

Por último, y después de hacer todo lo anterior, puedes, no hacer nada. También es algo estupendo, algo que a algunos cuesta aprender y otros nunca lo han experimentado. Y  verdaderamente, es una estupenda tentación para el verano.

Ánjel Irastorza

Los ángeles no tienen hélices.

En realidad ni siquiera creo que existan los ángeles, al menos tal y como nos los han pintado: niños desnudos con alas y pelito rizado o señoritas de largos cabellos,  también aladas y con largas túnicas. Pero tuve una experiencia que me hizo dudar.

Mi padre vivía sus últimas horas en este mundo, tumbado en el sofá de un triste salón en el que también en primavera entra poca luz. Y aquella era una oscura tarde de finales de octubre.

Mi madre estaba sentada junto a él, en su sillón de siempre. Tenía esa cara de circunstancias de quien está superado por lo que ocurre a su alrrededor, de quien prefiere obviar la crisis como si fuera un mal sueño que termina al despertar, que se olvida si no te ocupas de él.

Frente a ellos estaba yo, sin saber qué hacer para mitigar el sufrimiento de mi padre ni qué decir para hacer más llevadero el mal momento que mi madre vivía y no sabía expresar.

Y entonces llegó Julio. Sólo le vi aquella tarde y de él sólo recuerdo que tenía barba y cara amable. No nos conocía. Había contactado con él a través de mi cuñado. La única referencia que me habían dado era “es un buen tipo que tal vez te pueda ayudar en algo”. ¡Y vaya si lo hizo!

En cuanto entró en casa saludó y se centró en mi padre. No se entretuvo un solo instante en observar el lugar en el que se encontraba. Obviamente no era importante. Se acercó a él, le cogió de la mano y le preguntó cómo estaba. No obtuvo respuesta alguna, lo que no impidió que siguiera hablándole, como si mi padre pudiera escucharle. Y tal vez podía.

Tras unos minutos se dirigió a mi madre. “Pilar, ¿cómo estás? ¿Sabes lo que está pasando? ¿Cómo lo llevas?”. Y sucedió algo impensable, porque hasta aquel momento se podían contar con los dedos de una mano las veces que había exteriorizado sus sentimientos. Mi madre lloró, se liberó, aunque fuera sólo un ratito. Aquel desconocido había conseguido que se mostrase la mujer que también era y que había mantenido oculta años y años.

Y ya calmada me tocó a mi. Julio comprobó que todo estaba más o menos en orden y me animó a tomar un café, pero no en casa. Mejor en el bar de la esquina. Un café con leche y un americano con hielo y empezamos a hablar. “Han sido 3-4 meses duros desde que diagnosticaron a mi padre un tumor cerebral, pero mejor así que esas agonías interminables. Estamos teniendo tiempo de despedirnos…”.

Julio asentía, atento a lo que comentaba, hasta que preguntó: “Y tú ¿qué? ¿Cómo estás tú?”. Aún hoy, casi 11 años después, se me eriza el vello cuando recuerdo ese momento, cómo repentinamente me vi nítidamente reflejado en un espejo que hasta ese momento había evitado mirar. Y también lloré y también me liberé. Pero no para un rato sino lo suficiente para llevar con dignididad lo que después llegó.

Volvimos a casa y en segundos mi padre empeoró. Julio me animó a que avisara a mis hermanas porque se acercaba el momento. Y llegó a la mañana siguiente, rodeado de todos nosotros. Dejó de respirar y dejó de sufrir. Y ya sólo, en aquella habitación oscura junto al cuerpo que había albergado a mi padre, sólo podía pensar en el desconocido que la tarde anterior había llegado a casa como llovido del cielo, para poner orden y facilitar la despedida menos traumática. Ese hombre que no recuerdo cómo se fue ni cuándo. Lo recuerdo como si sencillamente hubiera desaparecido.

Si los ángeles existen seguro que son como él, seres absolutamente normales con una capacidad de empatizar enorme. No nos ofreció soluciones porque no las tenía. No nos contó nada de su vida porque en esos momentos eran nuestras vivencias las importantes. Sólo nos ofreció su comprensión y su hombro por si pudieran servir de ayuda.

Para mi, comunicador por obsesión, Julio es un ejemplo a seguir, su capacidad de decir sin hablar, de generar confianza sin explicarse. Y aún mejor, como él, a mi alrededor hay personas que jamás han intentado decirme cómo he de enfrentar mi diabetes. Y en mente tengo a mi mujer- que no es mía pero ya me entendéis-, que simplemente me ha hecho saber que ahí está, para lo que necesite.

¿Haces tú lo mismo con quien padece a tu lado? ¿Hacen lo mismo contigo? ¿Te comunicas con la gente de tu entorno, con tú médico? En los cursos de Paciente Activo encuentras claves para actuar y también algunas respuestas relevantes. Cuando das con ellas, lo ves. Sorprende que casi todas estaban ahí, ante tus ojos.

 

Jose Blanco

 

¡Ah! Julio es parte de la esencia del programa “Cuidando Contigo” del Hospital San Juan de Dios de Santurtzi.