El botiquín casero

Todos tenemos en casa un armario, una caja o cajón, lleno de medicamentos, a veces más de uno. Es como un tesoro al que acudimos cuando necesitamos aliviar algún mal  ya conocido o cuando queremos poner remedio a algún malestar  que no sea grave.  Es nuestro botiquín casero o familiar. Debe servir, para tratar  dolencias, molestias, síntomas leves o comunes que puedan aparecer en el ámbito doméstico.

Algunos  pequeños problemas  de salud no necesitan ser consultados en un centro de salud y otros, en cambio, necesitarán de un remedio o tratamiento  hasta que sean valorados por personal  sanitario.

El lugar o recipiente donde se va a guardar el material de un botiquín debe ser opaco, resistente y además fácil de manejar y transportar. Ha de estar en un lugar libre de humedad, protegido de la luz y de las altas temperaturas para que no se alteren las características y propiedades de los medicamentos, por lo que  la cocina o el baño no son lugares adecuados. Hay que ponerlo lejos del alcance de los niños y es aconsejable tenerlo siempre a mano y guardarlo siempre en el mismo sitio para que toda la familia pueda utilizarlo. Nunca debe emplearse para guardar cosas de otro uso.

El material de curas (pinzas, tijeras, gasas…) debe guardarse en perfecto estado, limpio, desinfectado y las gasas abiertas sin usar deben desecharse o usarlas para algo que no sea la cura de una herida. Un envase abierto no garantiza la esterilidad del producto. Antes y después de usar el botiquín hay  que lavarse las manos con el fin de evitar cualquier tipo de contaminación.

Todos los medicamentos y accesorios deben estar identificados con el nombre y mejor también anotar para que  dolencia se usan, es mejor guardados en su caja original, con su prospecto y deben mantenerse en  un cierto  orden, porque solo serán útiles si se sabe lo que se busca y se encuentra fácilmente. En el caso de los líquidos, mejor usar, en la medida de los posible, envases de plástico y evitar el cristal debido a su fragilidad.

botiquin

Es importante anotar la fecha de apertura de cualquier fármaco o producto. No se deben conservar medicamentos que hayan cambiado de forma, color, contengan posos o lleven abiertos demasiado tiempo sin usar.

La fecha de caducidad es fundamental. Debe estar  visible, resaltada y es  conveniente revisar el botiquín cada cierto tiempo, por ejemplo cada 6 meses.

El botiquín no es un almacén con restos de medicamentos. Si algún fármaco está a punto de caducar  o se ha terminado un tratamiento y ha sobrado medicamento que ya no se va a usar se puede llevar a una farmacia próxima, donde habrá un  punto de reciclaje, punto de recogida SIGRE.

¿Qué podemos llevar a un punto SIGRE?: medicamentos caducados, medicamentos que no se necesiten, cajas de medicamentos y envases vacíos o con restos.

Qué no debemos llevar a un punto SIGRE? : Agujas, termómetros, gasas, productos químicos, radiografías, pilas.

Es muy útil tener en el exterior o interior del botiquín o del lugar donde guardemos los medicamentos teléfonos de utilidad en caso de emergencia: centro de salud, emergencias  112, ambulancias o Centro Nacional de Toxicología.

¿Qué podemos tener en un botiquín casero? Podemos tener material para hacer unas curas básicas, algunos accesorios, y  medicamentos.

Por un lado  están los medicamentos que necesitaremos puntualmente para tratar molestias que no necesiten en principio de una valoración médica, teniendo en cuenta siempre que no haya antecedentes de alergias a ellos así como interacciones con otros medicamentos que usemos por cualquier enfermedad crónica. Aquí estarían  los analgésicos, antitérmicos, antiinflamatorios, antidiarreicos…

Por otro lado estarían aquellos medicamentos que tenemos que tomar habitualmente  y que nos han sido prescritos por nuestro médico de familia o algún especialista, y que  tomamos debido a alguna enfermedad crónica u otro proceso; nunca deberemos suspenderlos, a no ser que nos lo indiquen. Estos medicamentos pueden estar en una caja o lugar diferente al botiquín ya que son de manejo más frecuente.

En las próximas semanas desarrollaremos un poco más estos elementos…

Elena Resines

Cuidado de los pies

Llega el verano y con él el calor, la vitalidad, las actividades al aire libre, la piscina, o la playa.

Es el momento del año en el que podemos disfrutar más de pasear relajadamente con los amigos, de tomar algo sentados en una terracita.

Volvemos a casa mucho más contentos de lo habitual y con los pies hinchados la mayoría de las veces…

Nuestros pies, esa zona extrema que casi no miramos a no ser que nos duela.

Este es el momento también de ocuparnos más de ellos si cabe, porque es un periodo más delicado debido al calor y al cambio de calzado.

La diabetes puede causarnos daño en las pequeñas terminaciones nerviosas y en los pequeñísimos vasitos sanguíneos que riegan los pies.

Este daño puede causar sensación de”acorchamiento” y reducir la sensibilidad.

Como resultado de este daño es posible que los pies no se curen con facilidad si se produce una herida, una ampolla o cualquier otra lesión.

En los talleres de Paciente Activo enseñamos lo importante que es mantener los pies en buenas condiciones y que debemos hacer para mantenerlos. Vamos a recordar lo más importante.

  • Lo primero REVISAR LOS PIES TODOS LOS DIAS.
  • Buscaremos posibles rozaduras, ampollas, sequedad, moratones o cortes.
  • Rozaduras y ampollas se producen por el roce de la piel desnuda contra el calzado
  • Sequedad se produce por el hecho de llevar los pies al aire durante más tiempo y por el calor. Pueden aparecer grietas, sobre todo en los talones y la zona externa de los pies. Estas grietas se pueden convertir en cortes.
  • Vigilaremos también las zonas de entre los dedos y debajo de los dedos porque también se pueden producir grietas, en esta ocasión por un exceso de sudoración o un mal secado tras la ducha o el baño en la playa o la piscina.
  • Si no vemos bien todas las zonas pidamos a alguien que nos mire.

Cuidado-pies

¿Como prevenir los daños?

  • Elegir un calzado adecuado: cómodo, flexible y de material transpirable. Que se ajuste bien sin apretar
  • Evitaremos así en gran medida los roces y las ampollas.
  • El mejor momento para comprar calzado es a la tarde, los pies están más dilatados y si los zapatos no aprietan en ese momento luego tampoco lo harán.
  • No se aconseja el uso de sandalias a los diabéticos, pero si se usan, que sea siempre con calcetines, que deben ser transpirables y sin elásticos que se ajusten en exceso para evitar el efecto “faja”
  • Los paseos por la playa o la piscina tampoco se aconseja que se realicen descalzos, por el riesgo que existe de cortes y rozaduras. Si no queremos renunciar a pasear por la arena que sea con escarpines o sandalias que protejan lo más posible el pie. Nunca con chanclas. Pero si decidimos pasear descalzos NO olvidar revisar los pies al salir del agua y quitar la arena que se haya podido introducir entre los dedos y debajo de ellos con mucho cuidado.
  • Ponerse protección solar en los pies, se queman con más facilidad de lo que parece.
  • Al llegar a casa revisaremos los pies por si se ha producido algún corte.
  • Y es el momento de lavar los pies con agua tibia para quitar restos de cloro y sal que deshidratan secar con esmero entre los dedos y debajo de ellos sin frotar, ejerciendo presión.
  • Ahora toca HIDRATAR. Hacerlo todos los días después del lavado pero sin poner crema entre los dedos. Puede dar lugar a maceraciones y heridas
  • No olvidar tampoco el cuidado de las uñas. El corte debe ser recto, sin que ninguna uña ejerza presión sobre el dedo de al lado. Cortar siempre con tijeras romas, nunca con tijeras que tengan punta y después limar.
  • Si a pesar de todos estos cuidados apareciera alguna heridita, ampolla o corte la limpiaremos aplicamos un desinfectante y sin dudar acudiremos a la consulta de enfermería para que nos indiquen la mejor manera de resolver el problema

Deseo a todos un verano vital, feliz y libre de problemas.

Magdalena Vázquez

¿Quieres conocer una nueva web de información sanitaria fiable?

Una de las características que debemos tener los pacientes activos es que estemos informados sobre aquellas cosas que afectan a la enfermedad que cada uno de nosotros o la persona que cuidamos tenemos. Ya hemos hablado en algún otro post de lo importante que es que la información que leemos sea contrastada, fiable y válida. Por eso os quiero presentar una nueva web que cumple todos estos requisitos.

Este mismo lunes se ha presentado en el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad una nueva herramienta que nos va a venir muy bien a todos los ciudadanos, para facilitarnos la búsqueda de información sanitaria fiable, actualizada y comprensible. Es la web de la Red de Escuelas de Salud.

Pero claro……. te preguntarás…….¿qué es esto de la Red de Escuelas de Salud? Y a mí…… ¿en qué me puede ayudar?

La Red de Escuelas de Salud es un proyecto cooperativo promovido por el Ministerio, en el que participan representantes de las distintas comunidades y ciudades autónomas, representantes de asociaciones de pacientes y del Ministerio con el objetivo de ayudar a la ciudadanía a que adquiera conocimientos, habilidades y actitudes dirigidas a que cada uno de nosotros seamos más responsables en el cuidado de nuestra salud y que participemos activamente en los cuidados de nuestra enfermedad. Por supuesto, nosotros desde el programa Paciente Activo como parte de la Osakidetzaren Osasun Eskola formamos parte de esta red.

Para facilitar esto se ha diseñado una web hecha por, para y con los pacientes desde su inicio. Aquí podrás encontrar 4 apartados: Conócenos, Enfermedades, Podemos ayudar y ¿Nos ayudas?

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Desde aquí te invito a que entres, navegues por ella y si te apetece ¿Por qué no? aporta tu opinión u ofrécete voluntario para colaborar con la red. Tu ayuda será de mucha utilidad 🙂

Estibaliz Gamboa

Ha llegado el verano

Decir que el ejercicio es bueno para la salud ya no es ninguna novedad, en todas las entregas lo he comentado, en esta entrega he pensado que en verano puede ser más agradable comenzar a realizarlo.

El verano es una época que asociamos con el buen tiempo y con vacaciones, los días son más largos y es posible que tengamos más tiempo libre, estamos más animados, más optimistas, pues el sol, la luz,  nos recarga de energía.

El tener más tiempo libre y unas buenas condiciones climatológicas hace que podamos pensar en realizar algún tipo de actividad física, algún ejercicio  al aire libre en mejores condiciones y con más ganas que durante del año.

Caminar, pasear por la playa por ejemplo, pueden ser actividades para comenzar  en verano, época más agradable para realizarlas.

Caminar es uno de los mejores ejercicios que existen para mantener la salud, es un hábito que además de ser favorable para las piernas, nos ayuda a recobrar la salud tanto física como emocional. Y no me refiero a una caminata deportiva, no intento referirme a una caminata para adelgazar, que también podría ser, en este caso me refiero a salir a pasear como una acción de coger un hábito saludable, intentando usar menos el coche o el trasporte público o simplemente caminar para distraernos.

Y, ¿qué os parece si os planteo un paseo por el monte o un poco de senderismo?. Todos podemos intentar buscar paseos por los alrededores de nuestros pueblos o ciudades y seguro que ya existen rutas senderistas por descubrir. Cualquier distancia y dificultad es buena, cada uno pone sus límites y poco a poco sus objetivos de mejora.

Seguro que cualquier distancia y cualquier nivel que nos marquemos hará que nuestro estado físico mejore aumentando nuestra capacidad pulmonar y nuestra resistencia. Vamos a estar en plena naturaleza, así que el aire que respiraremos será de calidad o al menos mejor que el que respiramos todos los días. Limpiaremos nuestros pulmones y poco a poco respiraremos mucho mejor. Caminar nos ayudará a relajarnos y a desviar los pensamientos negativos rutinarios del trabajo, por ejemplo, disfrutando de la naturaleza.  Si además tenemos la tensión alta, este ejercicio de caminar nos ayudará a disminuirla o al menos a mantenerla en niveles controlados de normalidad.

Podemos caminar solos, pero si vamos con amigos es más agradable y más seguro, cada uno tiene sus gustos y sus hábitos. Aunque yo creo que siempre es más agradable disfrutar en compañía y además ir acompañado te “obliga” a vencer esa posible pereza.

Y, ¿qué os parece caminar descalzos por la arena de la playa?  Largos paseos sobre la arena con un poco de brisa y el sonido de las olas junto a nosotros. Podemos plantear este paseo, como un puro relax y también nos lo podemos tomar como un hábito diario y convertirlo en un paseo matutino, aprovechando la primera hora de la mañana, o del atardecer,  si tenemos la suerte de tener una playa cerca.

Puesta de sol

Este paseo va a mejorar la circulación, los paseos por la arena de la playa son una práctica excelente para mejorar la circulación sanguínea y muy recomendable para personas con varices. Si además lo hacemos a paso ligero, el masaje de la arena en las plantas de los pies activa la circulación venosa y linfática, y aún hay más, pues al romper las olas en la orilla, el agua masajea los tobillos, con lo que el ejercicio es todavía más completo.

Cuidado con la temperatura de la arena, y con posibles conchas o trocitos de madera o cualquier elemento que pueda producirnos una herida.

Si eres diabético al pasear por la arena de la playa, cuidado con posibles heridas o ampollas, por ello es recomendable usar algún escarpin o calcetín especial para ello.

Y como regalo… ¡exfoliante gratis! El roce de la arena es el mejor exfoliante natural. Lo que siempre digo: ¡más sanos y más guapos!

Así que tanto caminar, hacer senderismo o pasear por la playa, es una forma de realizar actividad física o ejercicio de forma placentera y saludable, sobre todo en verano, pero es conveniente tener en cuenta una serie de consejos:

Elegir la hora correcta preferentemente a primeras horas de la mañana o al atardecer para evitar las horas de más sol.

La hidratación es importante, debemos tener en cuenta la pérdida de líquidos que se acentúa cuando hace calor, por lo que se debe beber antes, durante y después del ejercicio.

Importante la protección solar, no sólo con cremas solares sino con gafas y viseras.

Y un calzado adecuado, dependiendo de por donde tenemos pensado caminar, no es lo mismo el hacer senderismo, que caminar por la ciudad, en el primero caso unas buenas zapatillas y en el segundo olvidarnos de los tacones por ejemplo y elegir un calzado cómodo.

Así que como siempre, ahora toca contestar… QUE, CUANTO, CUANDO y CON QUE FRECUENCIA.

¡ÁNIMO!.

Itxaso Arévalo

 

 

 

 

 

 

 

¡Que llegan las vacaciones!

Parece que por fin llega el merecido descanso. Se hacen especialmente largos los últimos días de trabajo. Quieres que pasen, pero es como si el reloj se ralentizara. Llevas tiempo queriendo dejar atrás los madrugones, el estar sujeto a un horario y a unas obligaciones, la tensión, el agobio o el stress.

Empiezas a planear que harás con tu tiempo libre. Quieres organizarlo para poder sacarle el máximo partido. Algunos buscarán paz, no hacer nada o simplemente poder tener tiempo que perder. Otros en cambio, compartirán tiempo con sus familias, visitándolas en los pueblos natales. Habrá quien se decante por el descanso en la zona de playa, o en la montaña, o quien se vaya a ver la mayor cantidad de ruinas que su cerebro sea capaz de procesar. Pero todos, todos los que tenemos enfermedades crónicas, «vacacionamos» con ellas.

He leído que tras el periodo vacacional, es cuando mayor número de divorcios se producen. ¡Qué pena que no podamos divorciarnos de nuestras enfermedades!. Aunque sea nos podrían conceder un » kit kat veraniego»……. No? Me temo que es imposible.

Y así, nos encontramos con que algunos durante sus periodos de descanso, echan por tierra todo el trabajo que habían hecho durante el resto del año para encontrarse mejor. Ganan el peso que habían perdido, dejan de hacer ejercicio y se encuentran cada vez más a disgusto consigo mismos, mas insatisfechos…. Por lo que he pensado proponeros un plan, o mejor me gustaría invitaros a la reflexión.

Soy de las que cree, que en cualquier circunstancia de la vida, tenemos más de una opción. Hasta  quedarnos quietos y no hacer nada, ya es una elección en sí misma. Pero también pienso, que sentir que has sido consciente de la decisión, te lleva a estar más seguro de ella, y esto a su vez, te proporciona la confianza y determinación necesarias para llevarlo a cabo….. Y para llegar aquí, el único camino que conozco es la reflexión.

Aquellos que este año vuelvan de sus vacaciones y se divorcien, habrán tenido que pasar por un proceso de análisis de la situación que tenían, y después de valorar todas las opciones posibles e  intentar negociar, deciden cual es la válida. Pues esto es lo que os propongo que hagáis con vuestra enfermedad…!! Dado que de ella no nos podemos divorciar, vamos a buscar la reconciliación. Os animo a que dediquéis algo de vuestro tiempo de descanso, a observar como os sentís, a identificar en que situaciones os encontráis mejor, a pensar como durante el año podemos dedicar algo de tiempo a las actividades necesarias para estar bien, a pensar para planificar, siempre con un objetivo claro, nuestro bienestar. En los talleres de paciente activo, compartimos los conocimientos necesarios para el autocuidado.  Ahora la pelota está en vuestro tejado, es tiempo de reflexionar sobre cómo estamos y como queremos estar….

Así que ya sabéis…. Es tiempo de reflexionar…. Y sobretodo…. ¡¡De «vacacionar»!!  Os dejo con una canción de verano…..

 

                                                                                                                                                                                                                          Begoña Belarra

Alimentación y verano

Ya estamos oficialmente en verano. Una semana casi llevamos. Es frecuente que determinadas fechas las vivimos como si fueran una brecha o un límite que pasamos para entrar en otra época con características diferentes. Nos pasa semanalmente con los lunes, que los vivimos como un nuevo punto de partida. Incluso para los propósitos que nos planteamos conseguir. El verano no es ajeno a todo ello y es considerada como una época distinta, generalmente apetecible, con predominio de sentimientos positivos y ganas de disfrute provocados por la época vacacional, el sol, la mayor cantidad de horas de luz y la posibilidad de estar o hacer más actividades al aire libre.

El verano también supone muchas veces algunos cambios en nuestras rutinas y nuestros hábitos. No debería de ser así pero ocurre con frecuencia. Estos cambios también afectan a nuestra manera de cuidarnos y hay que tenerlos en cuenta. Asimismo, debemos de tener en consideración algunas recomendaciones específicas de esta época para el cuidado de nuestra salud y el control de algunas enfermedades crónicas. Aquí os contamos algunas a tener en cuenta:

La creencia más generalizada es que el verano es época en la que se come más ligero. Apetecen más alimentos como ensaladas, gazpachos, frutas, etc… Es por ello una época en la que podemos aprovechar para apuntalar la el hábito de hacer de este tipo de alimentos la base de nuestra alimentación. Sin olvidar el resto del grupo de alimentos.

Otro aspecto importante que no conviene olvidar es el de la necesidad de hidratarnos. Siempre solemos recomendar beber agua, y mantener una buena hidratación. En estos meses con más razón si cabe. Las probables altas temperaturas hacen que el riesgo de deshidratación sea mayor y con repercusiones importantes en algunas enfermedades (diabetes, enfermedades del corazón, enfermedades respiratorias, …), en algunos tratamientos, o en determinados grupos de edad como en los ancianos. Mantenernos hidratados, con agua preferentemente.

Debemos de estar precavidos con la posibilidad de que esas altas temperaturas se conviertan en algún momento del verano en excesivas. No es infrecuente padecer una ola de calor durante unos días en según que zonas. Cuando esto ocurra, además de beber líquidos, conviene aprovechar las horas del día en el que el calor menos apriete, resguardarse en casa las horas centrales del día, refrescarse con frecuencia, y estar atento a las recomendaciones que las autoridades sanitarias o el personal sanitario de referencia nos digan.

Un apunte más sobre la alimentación en verano. Como hemos dicho al principio el verano se asocia generalmente a una vida más saludable pero también es una época en la que nuestras rutinas cambian y nos relajamos en el autocuidado. Es época de fiestas, barbacoas, cerveceras, paellitas, etc….En alguna entrada de este blog ya dijimos que no está reñido cuidarse y divertirse, solo que eso no debería de significar carta blanca ni vía libre. Para todo hay un momento y una forma….adecuados.

Iñaki Etxebarria

La confianza en hacer que las cosas sucedan

Autoeficacia es la confianza en la capacidad que tenemos de hacer que las cosas sucedan. Algunos de vosotras y vosotros es posible que leáis «autoeficacia» y no os suene a nada, otros y otras habréis encontrado definiciones mucho mejores, y probablemente más académicas que ésta con la que comienza esta entrada, pero a mí ésta es la que más me gusta. Y me gusta porque en una sola frase expresa todo un enfoque de cómo afrontar retos, metas y propósitos.

«Hacer que las cosas sucedan» Suena bien. Queremos que pasen cosas: queremos, más ahora en verano, que haga buen tiempo, que nuestro equipo gane esa competición, que la próxima película que vayamos a ver al cine nos guste o que mañana, cuando despertemos, hayan desaparecido todos esos problemas que sentimos como una nube constante sobre nuestras cabezas. Pero también queremos que NOS pasen cosas: bajar de peso, salir a caminar, no ir al frigorífico cada vez que tengamos el ánimo decaído, que ese dolor que nos martiriza no termine por amargarnos el día, etc… Hay diferencia entre el primer grupo de deseos y el segundo, ¿no? Hacer que nos pasen cosas implica que tenemos cierto, poco o mucho, margen de actuación, que depende de nosotros en alguna medida conseguir algo o todo de aquello que nos gustaría o nos proponemos. Y no dejar que “nos pasen las cosas”

«Capacidad» ¿Tenemos los conocimientos necesarios para saber cómo hacer las cosas? seguro que sí. Al menos, para conseguir algunos de los ejemplos que citábamos en el párrafo anterior. Y si no los tenemos, tenemos la capacidad de adquirirlos. En ocasiones se trata de saber cuál es el objetivo que deseamos alcanzar, en otras qué camino nos llevará con más seguridad a él, o, simplemente, pararnos a pensar cómo podemos tener una estrategia individualizada para aplicar esos cambios que nos llevarán al objetivo en nuestra vida diaria. ¿Le damos una vuelta al asunto?

«Confianza en nuestra capacidad» ¿Podemos? ¿Cuántas batallas damos ya por perdidas? «Yo no tengo fuerza de voluntad» «Lo he intentado muchas veces pero no me sale, yo no valgo para eso» «Me gustaría hacer deporte, pero el deporte no es lo mío», «Imposible saber para qué sirve todos los medicamentos que tomo. Yo no soy médico!»…  ¿Os suena todo eso? Está claro que no basta con saber qué es lo que hay que hacer, y querer hacerlo. Es fundamental sentirse capaz de hacerlo. Puesto que no hablamos de correr una maratón (aunque…¿por qué no?), ni de batir ningún record, ni de que mañana salga el sol, etc…estaría bien que nos parasemos a pensar un momento cuál son las razones que argumentamos para decidir que no podemos acceder a determinadas metas, o logros. Si confiamos en nuestra capacidad de hacer que las cosas ocurran, y lo hacemos poco a poco, asentando en cada logro conseguido un nuevo peldaño que nos permita aspirar al siguiente, y al siguiente, …..veremos que podemos más de lo que creemos. Y si en vez de pensar…sentimos un ¿por qué no?

¿Que cosas sabes, quieres y estás seguro de que puedes hacer para mejorar tu salud o controlar tu enfermedad? Nos encantaría que después de leer esta entrada la lista haya aumentado….

Iñaki Etxebarria

Enfermedad y virtud

Hace algunos días, mi admirado filósofo, profesor  y divulgador José Antonio Marina, decía en su artículo La reivindicación de la virtud, la gran fortaleza del ser humano”, que las virtudes son hábitos que nos  impelen a obrar bien, y que Platón distinguía entre las virtudes del conocimiento- pensar bien, crear, argumentar- y las virtudes de la acción- las encargadas de guiarnos hacia un comportamiento excelente.

En este artículo el profesor Marina hace una reivindicación de la palabra “virtud”, que con el paso del tiempo ha quedado medio en desuso,  afectada por su estrecha vinculación a  connotaciones  religiosas y de moral, que en la actualidad gozan de poco predicamento entre la parroquia. Hoy día  ha quedado prácticamente relegada  al ámbito artístico, especialmente al campo musical.

Sin embargo, lo antiguo termina volviendo y  a estar de nuevo de moda. Asociado a la palabra  inglesa “strengths”  (fortalezas),  las virtudes cuentan de nuevo con atención por parte del mundo académico y son objeto de estudio a lo largo del mundo de la mano del psicólogo y escritor Martin Seligman, considerado el padre de la psicología positiva, que  ha identificado seis virtudes universalmente valoradas: la sabiduría, la valentía, la compasión, la templanza, la justicia y la búsqueda del sentido o de la transcendencia.

Seligman y Marina, recalcan  la importancia que para la educación de los jóvenes tiene  la instrucción intelectual en las correspondientes  materias técnicas, científicas y sociales,  y además, la adquisición de destrezas emocionales, operativas y éticas, necesarias para enfrentarse a los retos con  éxito y vivir y convivir bien.

Podemos actuar de la misma manera si  en un momento de nuestra vida aparece una enfermedad que nos va a acompañar de forma crónica el resto de nuestros días. Una vez que aceptamos que la enfermedad es nuestra, que es para siempre, y que es uno mismo el primero que tiene que gestionarla,   comenzar a adquirir formación que nos ilustre de sus características  y de su tratamiento (instrucción). Y paralelamente, y a lo largo de toda la vida, podemos entrenar el carácter. Es decir, desarrollar las  fortalezas y virtudes de nuestra personalidad que nos impulsan a tener un comportamiento excelente, para llegar a gestionar la enfermedad de forma eficiente.

Sin embargo la realidad nos demuestra que lo que en la teoría parece sencillo, en la práctica resulta dificultoso. Frente a las virtudes, ya desde pequeños nos alertaban de los defectos del carácter humano (en versión catecismo: pecados), la pereza, la gula, la ira, y otras más, hacen que nuestros buenos propósitos se encuentren con dificultades que a algunas personas les resultan difíciles de superar, y más en solitario.

Los talleres del programa Paciente Activo son una fórmula estupenda para poder llevarlo a cabo compartiendo en compañía de otros y otras que, como a ti o como a mí, nos une el objetivo de dar la mejor versión de nosotros mismos para llevar a cabo el autocuidado de nuestra enfermedad de manera “virtuosa”.

Ánjel Irastorza

¡Escucharme, yo también tengo algo que decir!!!!!

Hace un par de días disfruté, junto con mi compañero Jose Blanco, de  una jornada muy interesante debatiendo con profesionales sanitarios de distintos ámbitos y pacientes sobre la importancia de la buena comunicación en la relación entre los profesionales sanitarios y los pacientes. Todos hemos sido, somos o seremos pacientes en algún   momento de nuestra vida por lo tanto esto es algo que nos atañe directamente a todos.

 

Seguro que todos hemos sufrido en nuestras propias  carnes problemas derivados de una mala comunicación con el profesional sanitario que tenemos enfrente,  pero no podemos echar balones fuera y decir siempre que la culpa la tiene el de enfrente. Hagamos un poco de autocrítica cada uno sobre nuestra actitud a la hora de comunicarnos y veamos si somos capaces de conseguir cambiar algo de esa mala costumbre que es comunicarnos mal.

 

Pero hoy no os quiero contar yo nada más. Os propongo un debate  abierto sobre  éste tema. Me gustaría que cada uno de vosotros me contarais qué es lo que vosotros podéis hacer para mejorar la relación  con el profesional o con el paciente, dependiendo del lado en el que estéis. Cada uno de nosotros  podemos aportar nuestro granito de arena para que entre todos nos demos cuenta de lo importante que es la comunicación.

 

Y como hacemos en los talleres del programa Paciente Activo voy a empezar yo…..

 

Yo tengo que escuchar más y hablar menos. Me gusta que cuando necesito decir algo, el que tengo enfrente me preste atención y sentirme escuchada, por lo tanto entiendo que cuando alguien necesita o quiere contarme algo también tengo que escucharle con todos mis sentidos porque…… ¿Para qué si no tenemos 2 orejas y una sola boca?

 

¿Y tú? ¿Qué debes mejorar? Tu opinión me importa y mucho……acuérdate voy a escuchar mas y hablar menos……Es tu turno ☺☺☺

 

Esti Gamboa

Mi madre tiene diabetes

Mi madre tiene diabetes. Ella nunca ha sabido de qué tipo y ahora ni le importa ni podría decírmelo. No se acuerda y tampoco recuerda cuándo empezó su particular calvario, básicamente porque sufre una demencia mixta producida en gran parte por su enfermedad y las complicaciones asociadas a ella, que ahoga recuerdos cercanos pero que le permite viajar en el tiempo sin ataduras, estar aquí y allá a discreción, ver en mí a su hijo o a su hermano, aquel que murió cuando tenía la edad que tengo yo ahora.

Desde hace dos semanas vive en una residencia, en Sopelana. Ella no da crédito porque le suena a sueño inaccesible… eso de vivir cerca del mar. Pero tampoco importa porque está bien, alejada de la atmósfera contaminada de su casa de siempre, esa a la que le falta la luz que en su nuevo hogar entra a raudales por ventanas y miradores, esa en la que sólo oía la tele. Sin despedirse ha dejado atrás a la joven boliviana con la que ha vivido casi 5 años y al hijo de esta, un jovencito que corre hacia los 6 y que la llamaba “abola”. Una curiosa pareja de valientes a la que ella ha olvidado sin quererlo ni pretenderlo y a la que nosotros, los hijos de mi madre, estaremos siempre agradecidos.

Ahora está razonablemente bien, mucho mejor que hace unos pocos años. Y aunque no controla ni sus pensamientos ni nada de nada, ha dejado de angustiarse. Lleva mejor sus graves problemas de visión, su sordera, sus dificultades para moverse, sus niveles de glucosa en sangre, sus problemas cardiovasculares. Está bien atendida 24 horas al día, controlada y vigilada por personas que saben qué han de hacer. Y cada día me pregunto qué habría sucedido si hubiera disfrutado de apoyo también para mejorar su alimentación, moverse un poco más, manejar esos episodios depresivos que antes, e incluso ahora, se intentaba ocultar por estar mal vistos.

Estoy convencido de que le habría ido mucho mejor de haber tenido compañeras y compañeros de fatigas con las que compartir angustias, miedos, incertidumbres y éxitos, que aunque pocos, seguro que también los hubo… como aquella época en la que llegó a perder 15 kilos a base de esfuerzo, de comer bien y andar lo que no está escrito, y gracias a la implacable vigilancia a la que se dejó someter.

Y estoy seguro de que todo habría sido mucho más fácil si en casa hubiéramos tenido la más mínima idea de cómo actuar, si nos hubiéramos preocupado cuando hacerlo habría dado resultados nítidos y claros. Si hubiéramos sido activos y responsables. Pero éramos jóvenes y no estábamos para esos rollos y mi padre estaba a su curro mal pagado, al que sumar otro también mal pagado y que sumado al anterior le ocupaba casi la totalidad del día y algo de la noche, para al final tener poco material y mucho emocional, especialmente cuando los hijos nos hicimos adultos y empezamos a valorar lo que habíamos tenido e ignorado siempre.

Me llama poderosamente la atención –en realidad me enoja que te pasas (o mazo, como ahora suena en colegios y botellones)- que quienes hoy sufren lo que en su día sufrió mi madre, puedan disfrutar de ayuda externa y no lo hagan. Me sorprende que sea porque el perezoso es una especie de humano más extendida de lo aconsejable y aún sean mayoría quienes esperan a ver las orejas al lobo para ponerse las pilas (bueno, todo lo que hay entre el hocico y la punta del rabo), sin olvidar que aún hay mucho profesional sanitario que no ve el potencial de la educación y ayuda de pacientes a pacientes, de gente que habla el mismo idioma, sufre similares padeceres y ha de superar a diario casi idénticas barreras y enfrentar muy parecidos retos.

Es más, me cabrea, y mucho, que no se recete Paciente Activo. Y me enfada aún más que dependa del lugar en el que vivas, aunque todos seamos vecinos de un pequeño país al que unos llaman vasco, otros Euskadi y algunos Euskal Herria, que no es lo mismo pero es igual, como tan bonito nos contaba y cantaba Silvio Rodríguez.

¿Qué hay detrás de esto? Pues no lo sé pero lo intuyo. Creo que hay excesivo afán de protagonismo, de dejar impronta, además de mucha apatía y bastante miedo. Creo, además, que mandan sobre otros los mensajes del tipo “el desastre es inevitable” o “no te muevas que fuera hace mucho frío”, esos que nos mantienen paralizados en nuestras falsas zonas de confort y que tanto nos satisfacen porque así evitamos el cansancio de movernos.

Mi madre nunca ha sabido nada de esto ni le importa lo más mínimo. No sabe que su vida podría haber sido mucho mejor de haber podido disfrutar de programas como Paciente Activo y de hecho poco importa ya porque su vida es la que es y nadie puede cambiar esa cruda realidad. Así que el mensaje va dirigido a quienes sí tienen a su alcance esa alternativa y pasan de ella, como va dirigido a quienes pueden recetarla y no lo hacen. A mi no me hacen falta ensayos clínicos para saber que funcionar… funciona!!!

Jose Blanco